El mayor placer proviene de la yuxtaposición de opuestos, de resolver un problema. En otras palabras, cuando vemos ciertos fenómenos, cualidades o partes que no encajan y de repente encuentran una solución, surge el placer del Creador, el placer de quien crea. Por eso este es el mayor placer: el placer de la creatividad.
Ese placer no solo reside en ti, en él, te vuelves equivalente al Creador. ¡Creas! ¡Construyes! No solo dibujas en un trozo de tela lo que te viene a la mente, ni cosas que has visto o imaginado en tu mente frenética, pintas dentro de ti. Esto es creación, creación de la nada.
No es como Isaac Levitan, quien observaba abedules y los pintaba. No le resto importancia a su talento. La creación interior es mil millones de veces mayor.
Cuando te enfrentas a estos opuestos y te atormenta cómo conectarlos, pues deben brindarte la armonía más alta, el siguiente nivel donde puedan conectarse, entonces te elevan. Son los dos cimientos de la escalera espiritual.
Creas los peldaños que ascienden en ti mismo al conectarlos con esos cimientos. Es cuando comprendes que estás creando, que estás en revelación, en el acto de crear algo nuevo, y no solo copiar abedules.