Una persona puede existir dentro de los deseos de un «esclavo», una «mujer» y un «niño», los comprenda o no. Después de todo, un niño es tan pequeño que no comprende su propio estado. Una persona puede decir: «Soy pequeño». ¿Por qué? Porque uno ve al «grande». Pero, ¿qué significa ser «pequeño»? Hay que hacerse «grande» para examinar lo que significa ser «pequeño».
Una persona no puede comprender el nivel en el que se encuentra, no puede superarlo, porque la causa de su nivel y todas las fuerzas que actúan sobre él existen en un nivel superior, quizá ni siquiera en el superior más cercano, sino en un nivel que contiene a Rosh, Toj y Sof actuando en relación con su estado actual.
Un niño puede tener dos, tres o cuatro años; todos estos son niveles, pero no niveles desde los que pueda saber lo que es realmente un niño pequeño.
Por lo tanto, en cualquier caso, cuando hablamos de personas inmersas en el amor propio que están de hecho bajo el control del deseo de recibir, entonces, por estar bajo su influencia, no están libres de él.
Y para hacerlos avanzar, para arrastrarlos de nivel en nivel, de estado en estado, hasta que salgan del deseo de recibir y adquirir la propiedad de Biná, para que sean capaces de analizar críticamente este deseo y determinar su relación con él al menos hasta cierto punto de forma independiente, debemos relacionarnos con ellos de forma que su propio deseo quiera avanzar. De lo contrario, ¿con qué medios avanzarían?
Por lo tanto, uno debe suplir su deseo de recibir con las satisfacciones apropiadas cada vez.
Esto es exactamente lo que aconsejan los sabios, los cabalistas que comprenden la naturaleza humana.