Puede que no sea lo mejor, pero si podemos obligarnos a hacer algo por el Creador incluso cuando no experimentamos ningún placer, todavía se considera otorgamiento: trabajar para corregir nuestros deseos.
No puedo obligarme a divertirme y ser feliz porque estoy trabajando. Si lo hago, entonces me interesa saber qué logro como resultado de hacerlo.