Incluso si no entiende, para él no es tensión mental y trabajo en algunas cosas extrañas. Está en constante vaciado y llenado, como se siente generalmente en la vida corporal, pero a un ritmo interior tremendo.
Digamos que tiene hambre, va a un restaurante y está satisfecho con una comida exquisita de acuerdo con su deseo. Sale de ahí, camina diez pasos, se encuentra con alguien, habla cinco minutos con él y de repente, bum, vuelve a surgir un gran deseo.
Vuelve a ver un letrero y de nuevo hay una mesa delante de él, un plato lleno de manzanas, buen vino y música. De nuevo, en una amena conversación con sus amigos, bebe, merienda, disfruta de todo y vuelve a llenarse a partir de los olores, la música, de la luz, la comida y todo. Este es el estado que experimenta un cabalista todo el tiempo.