Desde el lado del Creador, la acción potencial llamada pensamiento es suficiente. Para el Creador, el fin de la acción ya está en el pensamiento inicial; es decir, los estados no corregido y corregido de la creación, existen juntos y forman un punto negro que se llama creación.
Todo lo demás es el desarrollo de este punto y su conciencia de sí mismo, y de sí mismo, la conciencia del Creador para entender de dónde vino, quién lo creó y lo desarrolla.
Es como una película que se desarrolla dentro de este punto. Todos nosotros, el universo entero, todos los mundos, existen dentro de él. La actitud del Creador, de la luz Superior hacia él, se llama el pensamiento de la creación.
Por lo tanto, solo hay un pensamiento del que surgió todo el universo: El pensamiento de la creación. Dentro de él, toda nuestra recompensa, esfuerzos y todas las experiencias a lo largo del camino ya están determinadas. Desde el punto de vista del Creador, no hay otro pensamiento. Pero nosotros, los seres creados, podemos captarlo solo cuando se separa de Él y comienza a actuar independientemente.
Dentro de este pensamiento, aparecen otros pensamientos adicionales: Las cuatro fases, los Partzufim, los mundos. Estudiamos lo que, en la práctica, emerge del punto negro, que contiene en potencia todo el pensamiento del Creador, todo el proceso originalmente incrustado en él.
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La actitud correcta hacia la realidad
La actitud correcta hacia la realidad es una etapa mucho más avanzada. Al fin y al cabo, el simple hecho de saber que el mundo está estructurado de cierta manera y que cada persona tiene su propia función y objetivo que debe alcanzar de alguna forma, una vez que este conocimiento llega a cada persona, comenzará a organizar el mundo entero correctamente.
Veremos hasta qué punto toda la materia, todas las acciones y todo lo que sucede en el mundo se alinea con las fuerzas que operan en él. Las fuerzas que actúan en el mundo son 100% las fuerzas del Creador.
Es solo el desacuerdo humano lo que hace que el mundo entero —inanimado, vegetativo, animado y, sobre todo, hablante— no esté en equivalencia de forma con la intención del Creador hacia la creación. Esto resulta en un sentimiento terrible para el ser humano que se encuentra en este mundo.
¿Por qué específicamente el ser humano en este mundo? Porque solo las personas en este mundo, y en especial en nuestra época, y particularmente nosotros, estamos obligados a elegir de manera libre cómo relacionarnos en forma correcta con la realidad.
El problema es que vemos el mundo como una masa de materia, pero olvidamos que la materia es simplemente el resultado final, inferior e inanimado que depende de la intención, de la actitud. Verán, cuanto más ocultas estén las fuerzas, más fuertes son. Si comenzamos a prestar aunque sea un poco de atención a las relaciones, veremos cómo, a través de ellas, lo transformamos todo, incluso la materia misma.
Equivalencia de forma Ser como el Creador
La intención cambia la realidad
¡No nos damos cuenta de hasta qué punto nuestra actitud hacia el mundo lo mejora! Solo ahora están descubriendo los físicos que los resultados de sus experimentos con la materia dependen del experimentador y de su actitud. Solo ahora estamos descubriendo que incluso una planta siente cómo me relaciono con ella.
No comprendemos que es precisamente nuestra actitud, es decir, nuestra intención, la que cambia toda la realidad. No lo vemos porque no vemos los resultados. Y no vemos las intenciones, no podemos aclararlas, verlas ni medirlas. Ése es el problema.
Sin embargo, solo esto opera en el universo; la materia se pone en movimiento específicamente por la actitud hacia ella. ¿Para qué sirve una materia por sí misma? No puede generar ningún movimiento por sí misma.
Nuestra implicación es únicamente educativa, difundiendo este conocimiento y llevando a todo aquel que lo desee a la actitud correcta hacia la realidad, la naturaleza y el mundo en el que vive.
Nuestra actitud hacia el mundo Controlar la realidad a través de la actitud hacia los demás

