Aún no comprendemos enteramente cuán seria es la tarea que tenemos entre las manos. Billones de años de la evolución del universo, toda la naturaleza de la Tierra, y la acumulación de la historia de la humanidad hasta nuestros días ejercen presión sobre nosotros (junto con los niveles, vegetativo, animado y humano de la naturaleza ubicados tras de nosotros) para que establezcamos una conexión con el Creador. Toda la masa de este deseo de recibir debe fundirse con el Creador a través de un diminuto agüero: el atributo de otorgamiento que debemos conseguir. Se nos ha confiado la responsabilidad de tirar de todo el egoísmo creado por el Creador para que pase a través del “ojo de la aguja”.
Sentimos que estamos frente a la pared de nuestro egoísmo, pero aún no entendemos de qué clase de pared se trata. La pared es la fuerza del Creador. ¡Nuestro egoísmo es la fuerza del Creador! Pensamos que es un vicio ordinario que podemos derrotar o descartar. No va a funcionar. Tendremos que reconocer que solamente el Creador puede cambiar nuestra naturaleza egoísta. Es Él que debe hacerlo, pero sólo a petición nuestra, con nuestra plegaria.
De hecho, todo el sendero del descenso por los mundos espirituales, desde el Mundo del Infinito mismo, desde arriba hacia abajo, incluyendo la evolución humana en el mundo corporal que le siguió, está llegando al punto culminante, la fusión con el Creador. Es nuestro deber atraerlo hacia la Luz. Tan sólo imaginen por cuánto ha pasado la creación, y ahora debemos implementar esta fusión.
Nuestra misión nos parece muy grande, pero el Creador la ha depositado en todos nosotros. Cuántas veces en la Torá no se queja Moisés con el Creador de que es incapaz de completar su tarea, pero el Creador le ordena continuar. Hoy en día, nos encontramos en los zapatos de Moisés; hemos recibido el deber de elevarnos por encima de nuestra naturaleza. Debemos desempeñar su papel en nuestra generación. (Moisés o Moshé, proviene del verbo Mosheh, jalar)
Es debido a esto que tenemos que entender que nuestra tarea es extremadamente delicada y sutil; trabaja a través del ojo de la aguja que difícilmente podemos discernir. Pero, si enfocamos los esfuerzos de todos los que estudiamos dentro de nuestro sistema alrededor del mundo, vamos a lograrlo.
Se nos entrega todo lo necesario para esta tarea desde lo alto; no cabe duda. Sencillamente necesitamos tener una visión clara de nuestra meta y pedir al Creador que nos ayude. Nosotros somos esa misma criatura que debe llegar a la adhesión con el Creador y a través de eso, le damos a todas las almas la oportunidad de ascender al estado de la perfección. A diferencia de los cabalistas del pasado que sólo preparaban el camino para nosotros, debemos completar este sendero al convertirlo en realidad en nosotros mismos y en los demás
La pared delante de nosotros es el Creador Mismo. El está de pié y espera que nosotros lo traspasemos para regocijarse de que “Sus hijos lo hayan derrotado”.
(De la charla durante la comida de la festividad del viernes el 25 de junio 2010)
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¿Para qué necesito este mundo?
Se entregó la religión al pueblo de Israel durante el periodo del exilio para desarrollar en la nación la comprensión de la mala naturaleza del egoísmo y la necesidad de la Luz que Reforma. Todos los otros pueblos tuvieron que desarrollarse por medio de sus religiones y creencias. En la antigua Babilonia, Abraham “dio regalos (los sistemas de las creencias) a los hijos de sus concubinas y les envió al Este”. Los pueblos cercanos recibieron estos “regalos”, bajo la forma de las religiones del mundo, el Cristianismo y el Islam. Se denominan regalos porque proceden del Creador y su misión es acercar a los pueblos al Creador. Sus seguidores también están convocados para llevar al ser humano a la comprensión de la naturaleza mala de su egoísmo.
Todas las religiones son la conexión “inversa” a lo espiritual que al final nos muestra cuán opuestos somos a la espiritualidad. Poco a poco revelamos que nuestro egoísmo se ha desarrollado hasta el punto de donde no hay retorno; es como un tumor canceroso que nos devora. Y todo esto se nos revela con la ayuda de la Luz. Todo nuestro desarrollo histórico sucedió bajo la influencia de la Luz Superior. Todo lo hace la Luz, con la influencia directa o en su forma inversa.
La Luz desarrolla nuestro egoísmo, explicándonos gradualmente nuestra naturaleza: que existimos en la naturaleza mala y egoísta, como un murciélago en la oscuridad, y sólo vemos en esta oscuridad aquello que nos beneficia. Gradualmente percibimos al egoísmo como malo, como la causa del mal en el mundo y en virtud de esto nos esforzaremos por llegar al bien.
Todo esto son las etapas necesarias de nuestro desarrollo.
(Extracto de la lección sobre el artículo Prefacio al comentario de la escalera, correspondiente al 29 de junio 2010).
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Pregunta: ¿Por qué se dice que la fuerza de la luz espiritual, que atrae la ciencia de la Cabalá, es incluso más potente que una explosión nuclear?
Respuesta: Sabemos que las fuerzas más poderosas en nuestro mundo son imperceptibles y ocultas. Para reemplazar la simple fuerza del puño, bastón o cuchillo, llega la fuerza de las armas de fuego y las explosiones. Pero actúa el mismo principio: dar un golpe.
Existe una actuación todavía más fuerte, cuando sentimos no el golpe en sí, sino sus efectos, como con la radiación. En nuestros días apareció incluso el armamento psicotrópico que actúa ya no sobre el cuerpo del hombre sino sobre su psique. La humanidad, en la medida de su desarrollo, utiliza cada vez una energía más potente que ya no sentimos y no distinguimos con nuestros órganos de la percepción. Sentimos sus efectos cuando nos enfermamos.
Pero por encima de todo está la fuerza espiritual. Se encuentra en la materia, en las ondas e incluso en los pensamientos. Esta fuerza es imperceptible para los detectores de este mundo. ¡Es imposible utilizar esta fuerza para el mal! Aquí actúa la prohibición de la primera limitación (Z”A). Se la puede utilizar solamente con la intención del otorgamiento, o sea para el bien de los demás, (del prójimo).
Todos los milenios de desarrollo nos sirvieron para llegar a la conclusión de que no podemos utilizar la fuerza del mal y que tenemos que limitar nuestro egoísmo utilizándolo sólo para el otorgamiento, por el bien del prójimo. El arma espiritual es el arma del amor. Es un arma muy poderosa. Tiene que enseñar al hombre que tiene que pasar a la otra percepción de la realidad, del mundo, de su vida. No es un bastón perfeccionado en la mano, sino, supongamos, una flor… Y tiene una fuerza extraordinaria si la sabes utilizar.
Cuando empieces a utilizar esta fuerza espiritual, la fuerza superior que rige todo el universo, va a actuar a tu lado y cumplir junto a ti este trabajo. Sólo tienes que atraerla para que te ayude y no buscar estas fuerzas dentro de ti. Tú atraes al Creador para que Él actúe.
Todo en este mundo depende del hombre que atrae la luz desde arriba y su “arma” es la difusión de la Cabalá.
(Extracto de la lección sobre el artículo Introducción al Libro, El Árbol de la Vida, correspondiente al 27 de junio 2010).
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Pregunta: ¿Si sólo es necesaria la Cabalá para la corrección del alma, por qué los sabios del pasado crearon tantos comentarios a la Torá, la Mishna y el Talmud?
Respuesta: Si después de algunos años de estudio de la Cabalá, alcanzas la corrección para el otorgamiento (Lishma), podrás abrir el Talmud y disfrutar todo lo que está escrito, porque empezarás a entender todas las leyes descritas allí, según su esencia interna, la ciencia Cabalá. Comprenderás sobre qué escribían todos estos grandes sabios del pasado.
Simplemente ahora su lenguaje te confunde y te oculta el mundo de la verdad. Después entenderás todo, porque estarás en el mismo grado desde el cual escribieron. Sentirás los mismos estados que los inspiraron para escribir estos comentarios. Para ti ya no habrá diferencia entre estos textos y los artículos de la Cabalá. En estas palabras: el buey, el burro, la vaca, el daño, el Templo, la Gran Asamblea (Sanedrín), los campos, las posiciones, expresan el proceso de la corrección del alma. Toda la Torá sólo habla de la corrección del alma y su semejanza al Creador. Toda ella es los nombres del Creador.
Un comentarista discute con otro y sus opiniones son divergentes. Es la eterna disputa entre las líneas izquierda y derecha, las medidas de la recepción y el otorgamiento, y la aclaración de cómo combinarlas de la mejor manera posible.
El Talmud explica los procesos espirituales en sus detalles más precisos. Esto sólo te confunde, porque piensas que se trata de miles de opiniones distintas. Pero después te darás cuenta que no se trata de mil opiniones, sino del punto de vista de un mismo fenómeno, que se puede corregir desde mil ángulos distintos.
No son los sabios que discuten entre sí, sino las almas que se encuentran en el sistema común. Te explican cómo cada cualidad está relacionada con todas las restantes, cómo cada órgano, cada alma en particular, pertenece al trabajo del alma común Adam.
(Extracto de la lección sobre la Introducción al Talmud Eser Sefirot (TES), correspondiente al 31 de mayo 2010).
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Todo nuestro problema en el avance espiritual consiste en que nos acercamos la Cabalá —y la revelación del Mundo Superior— con una teoría científica cual se viene a entender con la razón y a través de nuestros propios esfuerzos.
Pero la Cabalá nos propone una forma totalmente original de obtener estas nuevas cualidades. Y hasta que esta nueva cualidad no se aparezca en el hombre, él no sabrá qué es lo que dice la Cabalá.
Toda la Cabalá es una metodología del desarrollo en el ser humano de una nueva cualidad “el amor al prójimo” (y ella se denomina “el Creador”), de su negación total hasta su completa revelación. Nuestra mente y nuestras sensaciones iníciales, “terrenales”, no tienen ninguna relación con la revelación del Creador.
La revelación del Creador es la instauración de su cualidad dentro del ser humano. La Cabalá es la metodología de la formación de la cualidad del otorgamiento dentro de nosotros: el estado del Creador. Toda nuestra realidad consta de dos partes: las sensaciones y la razón.
El hombre crea en sí una imagen del Creador, recibe razonamientos y sensaciones nuevas que suplen a las anteriores y de este modo pasa de la percepción (sensación) de este mundo a la percepción (sensación) del Mundo Superior.
La sensación nueva se denomina “el Creador” —Bore— que significa “Ven y ve” y que también se denomina el alma.
El más grande obstáculo para los principiantes es la incapacidad de vincular todo su desarrollo con la Luz que debe corregirnos y traernos una nueva mente y nuevas sensaciones.
Nos agarramos a las formas externas y deseamos entender el texto cabalístico con nuestra mente y nuestras sensaciones terrenales, adaptando lo espiritual a nuestra existencia material.
Pero en todo lo que está descrito en la Cabalá no hay ni una sola palabra sobre nuestro mundo. Necesitamos nuestro estado sólo para atraer con ayuda del estudio y del grupo la fuerza para atraer la Luz que retorna a la fuente, y esperar en nosotros el nacimiento de una razón y unas sensaciones nuevas. Ellas nos darán la percepción de una realidad nueva.
Y toda la lucha contra nuestra naturaleza consiste en cómo llegar a tener nuevos instrumentos de la percepción del mundo y, después, a la sensación y percepción en ellos.
(Extracto de la lección según el artículo Matan Torá (La entrega de la Torá) de Baal HaSulam, correspondiente al 04 de mayo 2010).
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Pregunta: Yo había llegado a la ciencia de la Cabalá, la ciencia que trata sobre la recepción, para recibir. Y de repente veo que en ella se estudia cómo aumentar el deseo. ¿Dónde está la recepción en esto?
Respuesta: Esto es la recepción. Porque si recibo del Creador una fuerza especial llamada “el amor”, de la cual no entendemos nada, con la ayuda de esta fuerza adjunto a mí todos los deseos que existen en la realidad. Todos ellos se convierten en mis deseos y yo los recibo ya llenos.
Esto se llama la ciencia de la Cabalá: cómo recibir los deseos llenos de todo el bien. Todos ellos son tuyos. Te falta sólo sentir el amor hacia ellos. Entonces descubrirás que todos ellos están al Final de la Corrección. Y todo esto es tuyo.
Obteniendo la fuerza del amor, empiezas a sentir los deseos del prójimo mejor que él mismo. Y entonces le llenas según tus sensaciones. Como una madre que siente las necesidades de su hijo.
En la espiritualidad, el superior sabe mejor lo que necesita el inferior. El inferior simplemente grita haciéndote saber su deseo. Pero tú conoces todos sus deseos, él no. Porque tú eres el superior. Si eres el otorgante, si tú lo llenas, entonces tú eres superior a él. Y sabes de él más, que él mismo.
Así es la ley superior del amor que no tiene nada que ver con los conceptos que tenemos nosotros de la palabra “amor” en nuestro mundo.
(Extracto de la lección según el artículo Matan Torá (La entrega de la Torá) de Baal HaSulam, correspondiente al 3 de mayo 2010).
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Preparación para la Lección, Shamati #29 “Cuando los Pensamientos le llegan a la Persona”
Una persona tiene que elevar continuamente la importancia de la meta espiritual por encima de los pensamientos y deseos.
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El Libro del Zohar – Selecciones, Capítulo “Shemot (Éxodo),” Artículo 324
Los disturbios aparecen solamente con el propósito de impedirme estar satisfecho con mi situación actual.
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Beit Shaar HaKavanot, Artículo 85, Lección 30
Todos mis deseos se cumplirán cuando aprenda a usarlos de acuerdo a las leyes de la naturaleza; esta es con intención altruista.
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Rav Yehuda Ashlag “La Paz en el Mundo”
El proceso de la corrección ocurre en niveles: Con cada paso yo revelo solamente lo que soy capaz de unir a la unidad.
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¿Qué es la vida y la muerte? En la ciencia la Cabalá estas nociones están determinadas sólo con respecto de la unión con el Creador.
El estado semejante al Creador se llama la vida y el opuesto a Él se llama la muerte.
Por eso, los deseos egoístas (Klipot) se llaman muertos y “el veneno de la muerte” es la fuerza que divide al Creador y a la creación.
La muerte no es la pérdida de la existencia, como vemos en desaparición de la forma en nuestro mundo (en nuestro escalón).
Todo lo creado (el deseo) cambia solamente con el acercamiento al Creador o con el alejamiento de Él. Es decir, el cambio es sólo en la intención del otorgamiento. La creación es invariable en todo lo demás (en su deseo). Por lo tanto, el alejamiento del Creador, la pérdida de la unión con Él, se llama “la muerte”. La obtención de la unión con el Creador, la adquisición de la cualidad del otorgamiento se llama “la vida”.
Baal HaSulam escribe en el artículo La esencia de la sabiduría de la Cabalá que la ciencia de la Cabalá es el método de la revelación del Creador a las criaturas en este mundo. Revelar al Creador significa asemejarse a Él en cualidades.
Aunque existimos en el mundo de la materia muerta, vegetal y animal, hallando el nivel hablante en la semejanza al Creador, sentimos la existencia eterna y perfecta, como el Creador.
La ciencia de la Cabalá nos cambia hasta la elevación al escalón siguiente. Nos vemos, no desaparecidos, sino cambiados en el nivel de nuestra existencia.
(Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 21 de abril 2010).
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Pregunta: ¿Tengo la posibilidad de hacer algo fuera de los límites de la película en que vivo, de “mejorar” el escenario?
Respuesta: Además de un escenario planificado tienes la posibilidad de profundizar en la ciencia interna estudiándote a ti mismo.
No puedes limitarte sólo a las ciencias exteriores: la psicología, la cultura, la sociología, la política. Todas las formas externas con las que percibimos el mundo en realidad no nos dicen nada y por ello estamos constantemente equivocándonos.
A través de ellas, no podemos entender nada sobre este mundo, ni sus leyes, ni la dirección en la que cambian.
Después de todo, los psicólogos, sociólogos, políticos, etc. dibujan la imagen que perciben como externa. Cada uno la ve conforme a sus metas y objetivos que no conoce, según sus propios estándares.
Por eso nos es tan necesaria la ciencia de la Cabalá, porque allí profundizamos en nosotros mismos “hasta el nivel de las partículas elementales” y estudiamos nuestro verdadero material. Éste sin duda está más cerca de la verdad que todas nuestras fantasías psicológicas subjetivas.
Si pudiéramos ahondar en nosotros mismos, y entender qué es lo que pasa en el nivel más bajo pasando a través de todas las membranas colocadas como capas de cebolla, si pudiéramos traspasar las múltiples formas en las que percibimos el mundo exterior, entonces dejaríamos de equivocarnos.
Si nos examináramos a nosotros mismos, veríamos qué es lo que sucede en la realidad y por qué, que acciones nos mueven y que es lo que nos favorece y que perjudica. Pero todo esto sucede sólo con la condición de que el hombre alcance la verdadera visión.
Para realizar esto en las ciencias externas, debemos construir un colisionador, un acelerador de partículas elementales. Lo mismo tenemos que conseguir en nuestra propia visión interna.
El colisionador se encuentra dentro de mí. Tengo que conseguir una resolución tan fina y precisa que empiece a entender las fuerzas que actúan en mí. Luego, tengo que hacer un trabajo interior como hace el acelerador.
Esto es lo que nos permite hacer la ciencia de la Cabalá. Entonces entenderemos exactamente cómo empezó la creación, donde estamos y a donde tenemos que llegar al final del camino.
Y entonces veremos en cada instante como ir en una optima dirección y dejaremos de equivocarnos.
(Extracto de la lección por el libro Zohar, correspondiente al 15 de abril 2010).