¡Por supuesto! ¿De qué otra forma? En cuanto a mí, son estudiantes, en su desarrollo espiritual, son niños. Es natural que me sienta así por ellos y los califique: este es pomposo, este es hosco, este intimida y este es demasiado diligente, este tiene sentimientos embotados, este tiene una mente aguda y así sucesivamente; todos tienen diferentes combinaciones con propiedades y cualidades internas, pero todos son niños.