Pregunta:
¿Cómo se puede aprender a aceptar todos los giros del destino? Aquí dice: «Acepta todos los giros del destino. Es una imagen lúdica», etcétera, etcétera. ¿Cómo se puede aprender eso? Hoy en día, el destino da giros bruscos.
Respuesta:
Debes percibir todo esto con cierta emoción, como un juego. Cuando tu oponente hace un movimiento en el tablero de ajedrez o juega una nueva carta sobre la mesa, empiezas a ver tu siguiente movimiento. Debes alegrarte de estar conectado con un «jugador» así. Y deseas, a través de esta conexión con él, revelar al Creador.
Pregunta
Entonces, ¿cada uno de mis movimientos de respuesta es la aventura? Mi aventura interior. Y todos mis pensamientos son «¿cómo y qué?».
Respuesta:
Sí.
Pregunta:
Y luego usted dijo la frase: «Te encuentras en conexión con el Creador». Aunque ese pensamiento no exista realmente dentro de mí, ¿es precisamente eso lo que me lleva a emprender ese viaje por la vida?
Respuesta
Sí, eso es lo que deseas alcanzar.
Los deseos expanden la mente
Un pensamiento es el resultado del deseo (Baal HaSulam, Shamati 153, (“Un pensamiento es el resultado del deseo”).
Esto es en efecto cierto, porque lo más importante en una persona es el deseo. Los pensamientos solo aparecen para satisfacer estos deseos.
Los deseos surgen en el corazón, y solo escuchamos a este. La mente solo se activa cuando es necesario realizar los deseos que provienen del corazón. Por lo tanto, lo principal es el deseo, mientras que el intelecto es simplemente una herramienta auxiliar, un medio para lograr lo que se desea.
Una persona piensa en lo que quiere. No pensará en lo que no quiere.
En nuestro mundo esto es natural. Puedes mirar a cualquier persona y al comprender sus deseos, adivinar qué pensamientos tiene. Todos sus pensamientos se dirigen únicamente hacia la realización de lo que desea. Y en la medida en que sus deseos tienen una jerarquía, puedes saber qué pensamientos dominan y cuáles son menos importantes, qué le ocupa más o menos. En otras palabras, los deseos prácticamente nos gobiernan.
Por ejemplo, una persona nunca piensa en el día de su muerte. Por el contrario, siempre contemplará su eternidad, ya que eso es lo que desea. Por lo tanto, uno siempre piensa en lo que es deseable para él.
El pensamiento es secundario, auxiliar. Se desarrolla solo porque una persona tiene deseos. Y por lo tanto, uno desarrolla el intelecto para alcanzar lo que desea. Como dice el refrán: “Un hombre golpeado vale por dos que no lo han sido”. Porque el que es golpeado, el que es forzado y obligado, se vuelve más sabio porque busca formas de realizarse a sí mismo.
Por lo tanto, la mente siempre crece cuando hay grandes deseos. Y a la inversa, si no hay deseos, no hay una gran mente. Por lo tanto, si deseas desarrollar a tus hijos, debes despertar en ellos grandes deseos, no malcriarlos.
Mimar significa intentar imponer algún tipo de satisfacción a un niño antes incluso de que él lo desee. Por el contrario, dejemos que desee, dejemos que experimente un poco de carencia, dejemos que busque cómo conseguir lo que quiere. De esta forma se desarrollará su intelecto. Solo así, y de ninguna otra manera.
Un pensamiento es el resultado del deseo Subiendo los escalones de los deseos hacia el Creador
Un mensaje único de cada alma
Quien desee trabajar para el Creador debe incluirse en todas las creaciones, es decir, sentir sus deseos, unirse a todas las almas e incluirse en ellas y ellas en sí mismo.
Se reserva lo necesario para la conexión con el Creador y todo el resto de su deseo se incluye en la creación general. El deseo nos es dado para este propósito: conectarse con todos.
Para ello, es necesario conectarse con todas las creaciones y elevarlas a su raíz. Resulta que solo queda un punto en el corazón en cada uno de nosotros, todas las demás cualidades, deseos e intenciones son necesarias para conectar con todos, para conectar a todos con el Creador a través de este punto en el corazón, y a través de este punto en el corazón para transmitir la respuesta del Creador a todos los demás.
Una persona que trabaja de esta manera se llama “Adam” y es la vasija de toda la enorme vasija de una sola alma. Cada uno de nosotros puede convertirse en tal persona porque todos tienen su propio punto en el corazón a través del cual se conectan con el Creador y transmiten un mensaje único de todos al Creador y del Creador a todos.
Resulta que cada persona es un Adam completo, toda la estructura que es creada por el Creador, por el alma, pertenece a todos. Pero cada persona tiene la suya propia, está conectada a través de su punto en el corazón.
Al darnos a cada uno un punto en el corazón, el Creador permitió que todo lo demás se conectará a Él, y lo convirtió en un alma específica, individual y personal de cada uno. Luego todos los puntos en el corazón se unen en un Kli común: Adam.
Interesante tema Todos los días de mí vida…

