Un matrimonio administraba un hotel para gente sencilla. Un día, llegó un comerciante adinerado, la esposa del matrimonio observó las pertenencias del adinerado y le dijo a su esposo: “Tengo un polvo llamado “olvida todo”, se lo agregaré a su arroz y él olvidará algo de sus hermosas posesiones”; ella procedió.
El huésped cenó, elogió la cena y partió al amanecer. El matrimonio corrió a la habitación para buscar algo de valor, que el huésped hubiera olvidado, de pronto el esposo gritó: “¡Lo olvidó, lo olvidó!…. “¿Olvidó qué?”, ella exclamó gustosamente, “Él se olvidó de pagar la noche de hospedaje”.
La cuestión es esta: Siempre queremos defraudar la confianza, lo cual es nuestra condición —una sonrisa, buenas acciones, hechos y demás; la persona puede estar sentada junto a su anciano padre o pariente, pensando que su propiedad se volverá suya, las mujeres se casan con maridos millonarios, etc. Todas las novelas se construyen sobre esta base, a la persona no se le castiga por eso, así es la forma en que recibe, es nuestro mundo. En la parábola, ellos son castigados —el comerciante olvidó pagar.
Por favor, dígame, si aún por esto una persona sigue recibiendo castigo, por intentar dormir a otro y tomar algo de él.