El otorgamiento no es coercitivo

Por lo tanto, una vez que todos los miembros de la nación estuvieron de acuerdo, se les entregó de inmediato la Torá, pues ahora eran capaces de observarla. Pero antes de que se convirtieran en una nación completa y, ciertamente, durante la época de los patriarcas, que fueron únicos en la tierra, no estaban capacitados para observar la Torá en una forma deseable, ya que con un número reducido de personas es imposible siquiera comenzar a comprometerse en cumplir las Mitzvot entre personas, hasta el punto de «Ama a tu prójimo como a ti mismo»… Por esta razón no se les entregó la Torá (Baal HaSulam, «Matan Torá [La Entrega de la Torá»).

 

Es necesario distinguir entre la Torá de los antepasados y la Torá de la época del exilio egipcio. En Egipto, el egoísmo alcanzó el grado del Faraón y tuvo que ser corregido por la Luz que regresa a la fuente (la Luz que reforma). Pero los deseos revelados en la época de los antepasados eran muy puros y no requerían esta Luz.

 

Incluso después, durante casi mil años, hasta la era de los sabios del Talmud, fue necesario humillar los propios deseos mediante el ascetismo y el estudio de la Torá. Solo gracias a las correcciones realizadas por los sabios del Talmud, basta con que nos comprometamos en el estudio colectivo, que trae la Luz que regresa a la fuente.

En cualquier caso, la forma de corrección de los antepasados difería de la nuestra. En la etapa actual de desarrollo, debemos alcanzar el amar al prójimo como a nosotros mismos, y de esto se desprende claramente cómo debe aplicarse la Torá, es decir, el método cabalístico. Al final del Prefacio del Libro del Zóhar, Baal HaSulam explica que, primero, debe realizarse en el pueblo de Israel y, después, en el mundo entero.

 

La aplicación del método cabalístico es posible entre un gran número de personas que se apoyan mutuamente y se convierten en garantes. Cada uno está obligado a cuidar de los demás, y así, las personas no se preocupan por sí mismas. Incluso sus necesidades básicas están cubiertas porque otros se preocupan por ellas. Como resultado, la persona se desconecta completamente de su deseo egoísta y lo restringe.

 

Esta restricción no se basa en métodos forzados ni es coercitiva. No significa restringir el comer un delicioso trozo de pastel. Eso sería una dieta, no una restricción. De lo que hablamos es de la acción de la Luz, que eleva en mis ojos el otorgamiento por encima de la recepción, y entonces simplemente no puedo recibir nada de forma egoísta. Dentro de mí persiste el deseo de recibir, pero por encima de él reina el deseo de otorgar.

Obligar al Creador a ayudarnos

Pregunta

¿Cómo puede uno impulsarse a sí mismo para un mayor progreso? ¿Puede la meta convertirse en el principal y único estímulo?

Respuesta:

Sí. Depende del entorno. El grupo debe transmitirte constantemente la grandeza de la meta y crear la sensación de que esta es la más importante. Con lo mínimo necesario, es suficiente. El resto reside en el crecimiento interior, en las relaciones dentro del grupo.

Acudamos rápidamente al Creador a través de la decena y pidámosle que nos ayude para que se revele dentro de ella. Podemos hacerlo.

Comentario:

Pero se ha hecho tanto en este mundo: se han descubierto tantas leyes, se han realizado tantos actos heroicos.

Mi respuesta:

No fueron las personas las que hicieron todo esto, sino el Creador. Él los impulsó al sufrimiento, a los actos heroicos y a los crímenes. Por eso se le llama «la obra del Creador» (Avodat HaShem).

 

Nuestro avance también es obra suya; es obra de la Luz sobre el deseo. El deseo mismo es absolutamente inmóvil. Solo puede moverse en la medida en que siente el resplandor de los placeres o el empuje del sufrimiento. Esta es la propiedad de nuestro mundo, de nuestra materia.

 

No tiene sentido atribuirle a una persona una acción especial que no podría realizar por sí sola. Incluso las personas con una gran sensibilidad interior dirán que una persona es así y otra, de otra. Un adivino puede predecir nuestro futuro.

 

No hay nada que dependa de una persona excepto una cosa, su propia aspiración hacia el Creador al entrar en un entorno que le haga avanzar hacia el Creador más rápido de lo que Él le atrae.

 

Esta es la esencia del libre albedrío. Espero sinceramente que lo alcancemos.

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