¡Es muy simple!, directo y obvio. Si alguien quiere golpearme, matar la posibilidad de mi corrección. Mi vida se acorta; se acaba la oportunidad de corregirme, de llevarme hacia la meta de la creación. Sólo si quiere aniquilarme, debo golpearlo.
Si no tiene esa intención, tengo que pensar en corregirlo. Corregir esta cualidad en mí, para que cambie en mí y fuera de mí, verlo como un amigo, no aceptando sus condiciones, corrigiendo su imagen en mí.