Si una persona se esfuerza por alcanzar la armonía desde un estado simple, normalmente lo consigue disminuyendo sus acciones: moviéndose menos, pensando menos, preocupándose menos, oyendo menos, viendo menos, etc. Lo mejor es tomar un somnífero y dormirse.
Es decir, no tenemos armonía, pero intentamos alcanzarla equilibrando correctamente las fuerzas que actúan sobre nosotros. A esto lo llamamos armonía, aunque no es armonía en absoluto, sino neutralización mutua de estímulos.