Estados que experimentamos cuando nos acercamos al Creador

Cuando una persona alcanza el reconocimiento del mal y se da cuenta de cuán lejos está, tanto en mente como en corazón, de que todo está bloqueado y velado, y no ve ningún resquicio por el que se haga posible ser recompensado con Dvekut (adhesión) con el Creador, a este estado se le llama el «Trono de Cobertura» (Rabash, Artículo 2, «¿Cuál es el significado del fracaso en el trabajo?»).

Pregunta:

El que sube, el que no teme ni huye, se acerca al «trono de la gloria». ¿De qué podemos tener miedo y cómo podemos vencerlo?

Respuesta:

Está escrito que el Creador está rodeado por una pared de fuego, así que, acércate a Él con precaución.

 

Incluso en el primer verso del artículo que estamos leyendo, uno puede sentir la gran turbulencia, la gran cautela y el miedo que envuelven a aquellos que alcanzan al Creador, cuando comienzan a acercarse a Él. Es como el agua que hierve con el fuego.

 

Escuchamos lo que nos dicen los cabalistas y generalmente estamos de acuerdo con ellos porque sus palabras no nos contradicen; de hecho, a menudo encontramos en ellas respuestas para ciertos estados que experimentamos.

 

Sin embargo, aunque deseemos intensamente revelar al Creador, deseo que es inherente y con el que nacemos, esto varía de intensidad y forma de una persona a otra. Pero cuando realmente comenzamos a acercarnos al Creador, es decir, a interactuar con Él directamente, sentimos una cualidad dual en Su relación con nosotros.

 

Por un lado, nos atrae, por otro nos aleja; y lo que es más importante, hay veces en que no sentimos ni lo uno ni lo otro, o ambas cosas a la vez, lo que nos deja sin saber qué hacer; por lo tanto, nuestro deber es aclarar esos estados en los que no sabemos qué hacer.

 

Creo que en un futuro próximo, incluso antes de que comience el nuevo año, nos esforzaremos por revelar al Creador. Y después de eso, creo que empezaremos a alcanzarlo.

Estados que experimentamos : Un hombre sabio mira a la distancia

Desear acercarse al Creador 

Pregunta:

Los cabalistas escriben que si hemos realizado todas las acciones de volvernos hacia el Creador, debemos adquirir la confianza de que la plegaria es aceptada. Pero, ¿cómo podemos adquirir esta confianza?

Respuesta:

Depende de qué tipo de Luz descienda sobre una persona desde el Creador. Exigir, pedir y sentir la necesidad de ello es lo que debes hacer; y gradualmente, esta Luz vendrá a ti como la sensación de que el Creador está en constante buena conexión contigo.

Pregunta:

¿Cómo se puede pasar de un estado de gratitud a la plegaria y a la petición?

Respuesta:

Si deseamos acercarnos al Creador, debemos pedírselo precisamente en aquellos estados en los que nos esforzamos hacia Él.

La acción de dos fuerzas

 

En el universo solo actúan dos fuerzas.  La egoísta es aquella en la que existimos ahora. Es artificial e imaginaria, y de hecho no existe porque es solo un reflejo de la propiedad del Creador: «No hay nadie más aparte de Él».

 

Para determinar que no hay nadie más aparte de Él, es necesario que haya algo opuesto, ya que la creación está hecha de tal manera que solo puede obtener luz de la oscuridad, bien del mal, y así sucesivamente. De lo contrario, no podríamos sentir ni un solo efecto, acción o propiedad.

 

El camino hacia los nuevos estados

 

Nuestra actitud correcta hacia el Creador se manifiesta si estamos en un grupo de nuestra propia clase y vemos la manifestación de la cualidad de otorgamiento, la cualidad de amor, que son cualidades irreales entre amigos que no son de nuestro mundo; y al mismo tiempo vemos cómo el grupo respeta estas cualidades, cómo las acoge, las eleva y las valora.

Entonces puedo aprender de esto y entender que yo también quiero dar y amar porque por esto seré apreciado, respetado y mi egoísmo será llenado por ello.

 

Se podría decir que este camino nos lleva a un egoísmo aún mayor. Por supuesto, pero, al mismo tiempo, este trabajo también es contra uno mismo; es decir, puedo pedirle al Creador: “Dame la cualidad de tratar mejor y correctamente a los demás”. Sigue siendo una cualidad egoísta para mi propio beneficio, pero quiero atraer sobre mí la Luz que comience a cambiarme.

 

Y aquí empezamos a entrar en un sistema de relaciones diferente por completo. Es decir, aunque yo soy un egoísta que le pide al Creador que me haga aparentemente un ser más egoísta, es egoísta en el sentido espiritual de la palabra, pero en el mundo donde existo, no es egoísta.

 

Resulta que mi acción tiene dos consecuencias: por un lado, pido llenar mi egoísmo de vanidad y respeto a los demás para poder realizar mi envidia y seguir adelante.

Por otra parte, la Luz que me afecta me cambia en la dirección opuesta, evoca en mí la cualidad de otorgamiento, y entonces de repente descubro que las cualidades de otorgamiento son valiosas en sí mismas, que quiero existir en ellas incluso sin ninguna consecuencia para mi egoísmo.

 

Esto sucede gradualmente. Así es como llegamos a los nuevos estados.

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