Debido al congreso, sentimos que nos alejábamos ligeramente de nuestra decena y nos acercábamos de nuevo, como un péndulo que oscila hacia adelante y hacia atrás, cambiando el grado de nuestra conexión entre nosotros o con el Creador y nuestra actitud hacia el estudio. La fuerza y el deseo disminuyen, la debilidad se instala y luego la fuerza vuelve. Cada período completo del movimiento del péndulo hacia adelante y hacia atrás, subiendo y bajando, no pasa desapercibido; deja una huella en nosotros.
Pareciera que una persona de fe firme siempre debe encontrar la fuerza para superar cualquier situación sin perder la conexión con el Creador, ya sea en la tristeza o en la alegría, como si nada pudiera sacudirla o desconectarla de la unión eterna.
Pero en realidad, este no es el caso. Una persona que aspira al Creador experimenta cambios constantes. Debe sentir una debilidad cada vez mayor, pero al mismo tiempo saber cómo lograr más confianza y adhesión con el Creador. Así es como uno sigue avanzando y creciendo.
Si una persona no siente esos cambios en sí misma, ni impotencia ni incertidumbre, ni descensos, ni miedo a desviarse del camino correcto hacia el Creador y el propósito de la vida, si no se preocupa por ello, entonces eso es precisamente un motivo serio de preocupación.
Es necesario comprometerse con el grupo lo más rápido posible, con todas las fuerzas, para que a través de él la persona pueda comenzar a recibir la Luz circundante que la transformará.
Si nos parece que todo está en orden y nada nos molesta, entonces es hora de preocuparse.
Sugerimos leer Creando un Kli común
En este mundo, se considera fuerte a quien avanza sin sentir una carga pesada. Le añaden otros diez kilos a la espalda y sigue caminando, otros veinte y sigue adelante como si nada hubiera pasado. ¡Este es un hombre fuerte, un héroe!
Pero en la espiritualidad es todo lo contrario. Un héroe es alguien que es muy sensible a cada gramo que se le añade en el camino y que inmediatamente se dirige al Creador con una petición para que corrija la falta de confianza y fuerza para otorgar.
El avance espiritual es diferente; consiste en una mayor sensibilidad. El Creador nos enriquece en calidad y cantidad, y siempre tenemos la oportunidad de pedirle nuevas fuerzas a través del entorno, y así avanzar.
Avanzar en el camino depende únicamente de los cambios que uno siente, los que el Creador despierta en uno. Cada vez, necesito comprender mi debilidad y cómo fortalecerme para poder continuar. Naturalmente, me falta fe y la fuerza de otorgar. Por lo tanto, cada vez necesito más al entorno y al Creador para complementarlo, para recurrir al Creador a través de él y así continuar en el camino.
Todos deben analizar los cambios que el congreso ha provocado en ellos. Uno siente rechazo, otro siente atracción y un tercero tiene la mente y los sentimientos confusos. Algunos no se reconocen en el grupo de la decena; miran a sus amigos y no los sienten ni los ven en su corazón como antes. La participación en el grupo más amplio de la decena lo afectó de tal manera que perdió la antigua conexión que tenía con sus amigos.
Hay muchos fenómenos posteriores al congreso que no podemos ignorar mientras esperamos volver a nuestra rutina habitual. Necesito comprobar qué me está pasando y por qué, y cómo me ha afectado el congreso. Esto es muy importante.
Cada uno de la decena siente algo diferente, y debemos comprobar si podemos volver a nuestro estado anterior o si nuestro nuevo estado es mucho más claro, elevado y nítido.
Después de todo, comenzamos a apreciar más la conexión entre nosotros y a comprender por qué volvemos a nuestra decena para estar juntos. No solo seguimos el consejo de los cabalistas, sino que ya nos damos cuenta de que sin él no tendremos la confianza ni la fuerza para avanzar; no habrá ningún lugar del que sacar fuerzas ni al que recurrir para acercarnos al Creador.
La decena se convierte en una fuente espiritual para nosotros, un manantial. Nos sentimos capaces de estabilizarnos en ella y volver a la corrección. Cada uno de nosotros tiene una propiedad especial, como las diez Sefirot. Por lo tanto, somos muy diferentes. Pero estamos conectados por un trabajo común y un objetivo común. Así, a partir de diez personas, y no menos, podemos formar una actitud completa hacia el Creador.
La decena se convierte en una vasija, una herramienta con la que podemos cambiar algo, influir en algo y conectarnos con un nivel más amplio o superior.
El centro de la decena es el ojo de una aguja diminuta a través del cual paso al mundo espiritual. Para ello, tengo que restringir todos mis pensamientos y deseos y comprimirlos en un solo punto que me conduzca al mundo Superior a través del centro de la decena.
Será de gran interés La decena es una unidad espiritual
