Pregunta:
¿Qué es el estado animal y en qué se diferencia del doble ocultamiento?
Respuesta:
Un “animal” es una persona común con cinco sentidos y un deseo de disfrutar que se divide en deseos de placeres animales, dinero, honor y conocimiento. En el estado animal, uno busca disfrutar de todo lo que ve en el mundo material.
El doble ocultamiento se diferencia del estado animal en que uno mismo determina que se encuentra en doble ocultamiento, que no tiene conexión con la espiritualidad, que está en un estado de oscuridad, y que el Creador no lo mira ni se regocija con uno de ninguna manera. Por lo tanto, incluso en el doble ocultamiento existe cierto grado de revelación.
La Luz que brilla desde lo alto no nos ilumina con mayor o menor intensidad sin motivo alguno. Puede brillar de tal manera que defina la forma de su presencia o de su ausencia, manifestándose como un «Creador oculto» cuando siento que Él se esconde.
Si la Luz simplemente aparece, se le llama su «rostro» (Panim). Cuando muestra su ausencia, se le llama su «espalda» (Ajoraim). En esto reside la diferencia entre el camino de la Torá y el camino del sufrimiento. Si muestra su ausencia, despierta en ti el camino de los grandes sufrimientos; si brilla directamente, este es el camino de la Torá, el camino de la Luz. Todo depende de tus reacciones.
Resistir a las vasijas sin corregir
En este mundo, nuestra naturaleza es el egoísmo, con el que logramos lidiar o no. Pero cuando ascendemos y cruzamos el Majsom, nuestro trabajo se divide en tres líneas, y avanzamos por la del medio. Entramos en la espiritualidad con nuestro pequeño ego; aunque haya crecido, sigue siendo insuficiente. En cada grado, comenzamos a recibir vasijas (Kelim) de las Klipot.
En otras palabras, al salir de Egipto, hay que llevarse vasijas, por lo que huimos de los egipcios con «posesiones» (vasijas). Las luces llegan en cada grado, y nuestro trabajo consiste en crear la combinación correcta entre la vasija y la luz, a través de la cual ascendemos al siguiente grado, donde nuevamente establecemos la combinación correcta, ascendemos una vez más, y así sucesivamente.
En cada grado hay Klipot: Amalek, las siete naciones en la tierra de Israel, el desierto, y así sucesivamente, así como lo que aparece de repente dentro del mismo Israel, por ejemplo, la multitud mixta (Erev Rav).
Todo esto proviene del lado de la Klipá y representa nuestras vasijas internas que se están despertando constantemente. Las corregimos con la ayuda de la Luz circundante y, de ese modo, adquirimos un grado más alto cada vez. Y, por supuesto, nuestra guerra no cesa hasta el final de la corrección.
Debemos resistir constantemente a la Klipá, es decir, a nuestras vasijas no corregidas, porque la Klipá existe dentro de la persona. Esto no se detiene ni siquiera al entrar en la Tierra de Israel; aún queda mucho por hacer y corregir allí. Y una persona debe pasar por todo esto.
Una vasija que siente deficiencia El deseo de espiritualidad, para llevar al ser creado a la equivalencia
Nuestro camino se llama: «Porque la Torá saldrá de Zión»
Todo lo que necesitamos para poder dedicarnos a la Torá y a las Mitzvot (mandamientos) es la revelación. Es decir, revelar el deleite y el placer ocultos en ellos para que podamos verlos abiertamente (Rabash, «Acerca de Jésed [Misericordia]»).
Si nos diéramos cuenta de que el acto de otorgar contiene muchos placeres en el presente, entonces, como un ladrón, correríamos tras esa cualidad con el fin de obtener esos placeres.
Por un lado, nos impulsa a otorgar por el placer anticipado; por otro lado, el sufrimiento que sentimos en nuestro estado. Pero a medida que avanzamos por este camino, ¿nos damos cuenta de que se trata de un gran placer? ¿Se nos revela el beneficio de otorgar en nuestro deseo de recibir? ¿Ardemos en el deseo de otorgar, que promete placeres?
Si nos encontráramos en tal estado, seguiríamos a las Klipot. Nos veríamos envueltos únicamente en la búsqueda de los placeres de las Klipot y nunca podríamos salir de ello.
Por lo tanto, nuestro camino se llama: «Porque la Torá saldrá de Zión», es decir, de las «salidas» (Yetsiot), de las decepciones, de la confusión, y no de los placeres. Si fuera de los placeres, entonces sería a través de la Klipá, que te «compra» dándote placer: «Trabaja para mí».
Con nosotros, esto no ocurre, y eso es señal de que vamos por el buen camino, de que las acciones que se llevan a cabo sobre nosotros desde Arriba tienen, en efecto, el propósito de convertirnos en otorgantes.
No es sencillo, es difícil, porque en las vasijas de recepción, en nuestra percepción egoísta, resulta imposible discernir cómo hacerlo. Nuestro camino carece de placeres. No se nos ofrece ninguna recompensa a lo largo del camino por la que valga la pena esforzarse, solo una idea abstracta: la grandeza del Creador, la grandeza del grupo.
Y lo vemos en nosotros mismos. No avanzamos a través de los placeres, así que no tenemos nada de qué preocuparnos. Solo si somos verdaderamente capaces de realizar un acto de otorgamiento podremos disfrutarlo. Así es este «trato doble».
El contacto espiritual ¿De dónde podemos atraer las fuerzas de vida?

