Libros que atraen la luz de los mundos superiores

Pregunta:

¿Cómo podemos nosotros que somos tan pequeños, mover de repente los mundos? Usted dijo que cuando un niño pequeño da un grito, su madre corre inmediatamente hacia él y hace lo que quiere.

Respuesta:

Sí, el más pequeño es el más fuerte.

Pregunta:

¿Incluso los que acaban de empezar su ascenso?

Respuesta

¡Pero lo están haciendo! Quieren entrar en contacto con el Creador. Sí, son los más fuertes.

 

Aunque no entiendan nada, como un bebé que está tumbado en una cuna y grita. El bebé ni siquiera se da cuenta de que está llorando; sólo siente dolor, y es un grito natural. No se da cuenta de que así se puede llamar a una madre que vendrá a darle algo. No comprende la cadena de acciones que invoca. Grita porque es una reacción natural a lo que le ocurre.

Pregunta:

¿Podemos decir que alguien que está tratando de leer por ejemplo, la Torá o fuentes cabalísticas comienza a dar este grito?

Respuesta:

Sí, por supuesto, pero no sólo para leer especialmente la Torá. La Torá no ayudará aquí, uno necesita El Libro del Zóhar o otros libros cabalísticos.

.Comentario

Pero no me refiero al principio externo de la lectura, sino al interno: la búsqueda de uno mismo, la búsqueda de lo que hay dentro de mí.

Mi respuesta:

No, además de esto, se necesita un libro que pueda evocar la luz superior más brillantemente. El Libro del Zóhar es el más efectivo.

Pregunta:

Es decir, ¿su consejo es leer sin entender?

Respuesta:

Ese es mi consejo, porque pasé por esto con Rabash. Ese es mi consejo porque así es como funciona. Solíamos leer El Libro del Zóhar sólo media hora por la noche antes de acostarnos. Y era sólo lectura sin ningún comentario.

 

Había 20 personas sentadas alrededor de la mesa con Rabash a la cabeza y durante media hora nos turnamos para leer: el primero, luego el segundo, el tercero, y así sucesivamente. Leímos una o dos páginas y nos íbamos a casa. Así terminaba el día.

Pero cuando Rabash y yo estudiábamos solos en viajes, en conversaciones personales o en clases, la actitud era distinta. Llegábamos al parque, paseábamos y luego nos sentábamos en un banco. Yo sacaba un libro y discutíamos sobre él o simplemente hablábamos durante unas dos horas. Después, volvíamos a pasear y nos íbamos a casa. Y así fue durante 12 años.

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