Desde que recuerdo, siempre he tenido la tendencia a pensar globalmente, comprender la imagen total del mundo y toda su interconexión. Fue muy difícil para mí no hacerlo.
No me gustaba estar separado, por ejemplo, retirarme al garaje y ser buen mecánico, criar abejas o cultivar papas en el jardín.
Por supuesto, físicamente puedo vivir así, pero en mi interior necesito saberlo todo. Me siento mal sin hacerlo. Es mi defecto. Tengo que abrazar al universo dentro de mí. No la profundidad de todo: fisiología, biología, matemáticas, física o cualquier otra cosa ni siquiera el sistema del mundo superior, sino su interacción.
Quería consumir, absorber, sentir y comprender cómo sucede todo, para ser consciente, entenderlo y sentirlo, que todo viviera en mí. Esa ha sido siempre mi pasión, diría, una necesidad corporal.
Por eso, no podía encontrarme a mí mismo y me sentía deprimido. En el sentido corporal, mi vida era relativamente simple y fácil. Por supuesto, a veces fue difícil, pero por algunos años. Tengo una familia maravillosa y una esposa devota que crió a nuestros hijos, porque en realidad, no hice mucho con ellos. Todo el tiempo me consumía el deseo de sentirlo todo.
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