Escuché una historia sobre un actor famoso que era alcohólico. Un día estaba sentado en un bar con otro hombre. Este hombre comenzó a contarle al actor sobre su propio éxito, planes y gran proyecto que lo haría rico y famoso, además relató que solo él sabía cuál era la verdad. Entonces el hombre se levantó, salió corriendo del bar, los frenos chirriaron y este tipo se fue.
La historia tranquilizó al alcohólico que dejó de beber y adoptó el principio: Ten calma, nunca te apresures. No hagáis reír al Señor con vuestros planes; no luches con espuma en la boca, martillando tu verdad en la cabeza de los demás. Recuerda, tu alegría y tu muerte te llegarán a su debido tiempo, en el momento adecuado. No puedes hacer nada al respecto.
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