Debemos crearnos a nosotros mismos en un pueblo que existirá en la mutua propiedad del amor y la completa conexión de unos con otros. De este modo nos asemejamos, no a la naturaleza de nuestro mundo, sino a la naturaleza del mundo Superior, que podrá pasar a través de nosotros y verterse en nuestro mundo.
Entonces todas las naciones del mundo -y posteriormente toda la naturaleza: animal, vegetativa e inanimada- recibirán esta fuerza vitalizadora Superior.
Sin ella, el mundo simplemente se marchitaria hasta explotar y desaparecer. Esto es cierto según las verdaderas leyes espirituales de la naturaleza. Por espiritual, quiero decir basado no en egoísmo, sino en la cualidad de otorgamiento. Esto es lo que debemos transmitir al mundo. Si no lo hacemos, el mundo nos lo exigirá instintivamente.
No podemos seguir existiendo en nuestra forma actual. Este es un pueblo incapaz siquiera de pensar que debe cambiar. Como dice el refrán, «un pueblo de cuello tenso», así es.
Nada, absolutamente nada despierta a los judíos. Las naciones del mundo sí, pero los judíos no. Aquí radica, tal vez, una cierta oportunidad de salvación a través de las naciones del mundo de una manera buena y rápida, tal vez todavía obliguen al pueblo de Israel a pensar en su misión.
Entonces este será un punto serio de nuestro recuento correcto con el Creador. No tenemos a nadie en quien confiar sino solo nuestra conexión con Él. Y tendremos que establecer esta conexión correctamente.