Revelación de sentimientos

Comentario:

Siempre he visto el mundo a través de la razón y la lógica. Pero hoy, durante la reunión de amigos, he empezado a sentir muchas cosas a través de las emociones, y he pensado que me estaba volviendo loca; por un lado, quiero aferrarme a este sentimiento que experimenté en la convención, pero por otro, tengo miedo de lo que pueda pasar después.

Mi respuesta:

Al escucharte, me acordé de mí mismo. Yo también solía percibir el mundo solo a través de las leyes. Sigo siendo así, así me crearon, necesito ver el sistema, sus leyes, cómo está dispuesto claramente, dónde está la entrada, dónde está la salida, la fórmula por la que funciona, las interferencias, su regulación, etc. Esa es mi naturaleza.

Cuando empecé a estudiar la Cabalá también estaba centrado solo en el sistema. Antes de venir a Rabash, ya llevaba cuatro años estudiando Cabalá, estudiando la estructura de la creación: mundos, Partzufim, Sefirot, ¡leyes claras!

Todo lo que tenía que ver con sentimientos, lo dejaba de lado. Ni siquiera podía abrir esos libros. Me parecían ficción, desahogos sentimentales, una especie de algodón de azúcar. No podía soportarlo, no podía compararlos, aunque estuviera escrito que se trataba de una ciencia. No podía entender la relación entre uno y otro.

 

Recuerdo haber tenido profundas luchas internas. Pero simplemente las dejaba de lado como si no existieran. Como solemos decir: “No me lo creo”. Ya está, me ocuparé solo de lo que pueda comprender.

Pero cuando empecé a estudiar con Rabash, vi cómo todo confluía en él. Estudiamos seriamente el sistema: Yo preguntaba y él respondía a todo con claridad, matemáticamente, con una lógica de hierro porque estábamos estudiando la física de dos fuerzas.

Básicamente, ¿qué hay? Hay dos fuerzas que interactúan entre sí según leyes exactas. Como se dice, es un sistema de fuerzas que desciende desde arriba hacia abajo, según leyes precisas, con el objetivo de revelar el Creador a una persona en este mundo; en otras palabras, es un sistema, eso es todo.

 

Hay una especie de esqueleto, una mecánica y unas fuerzas que actúan a través de este mecanismo sobre la persona, de modo que a través de este sistema puede comprender la fuerza que opera en ella. Esto estaba muy claro para mí y se alineaba con mi estructura interior natural. Mi profesión también coincidía con esto. La elegí deliberadamente porque me atraía una visión sistemática del mundo.

 

Pero después de estudiar con Rabash cuando de repente sentí que hablaba de sentimientos, no pude entender que tenían que ver con nada. ¡La revelación está en la razón! Y él dice: “La revelación está en los sentimientos”. Yo le miraba con devoción, como un perro a su amo, pero no entendía qué quería de mí. Él hablaba y yo asentía. Me preguntaba: “¿Entiendes?”. Y yo respondía: “Sí”.

 

Esto duró mucho tiempo. No entendía lo que me pedían. ¿Qué sentimientos? Gráficos, diagramas, esquemas… Yo preguntaba y él respondía. ¡¿Pero qué tienen que ver los sentimientos con esto?! Yo no tenía ninguno.

Solo más tarde, al cabo de dos o incluso tres años, cuando empecé a darme cuenta de que la materia es deseo, comprendí que pasa por los sentimientos. No podía entenderlo. ¿Qué significa “la materia es deseo”? ¿Materia? Sí. ¿Funciona? Sí. ¿Deseo? Eso es más y menos. Pero, ¿dónde está en mí? No pude conectar lo que estaba escrito conmigo mismo, con mis propios sentimientos.

Entonces empecé a comprender que, efectivamente, no puede estar relacionado con mis sentimientos porque soy un animal. Pero de lo que se habla aquí es de otro tipo de sentimientos, a un nivel superior. Se trataba de los sentimientos de otorgamiento y recepción, que no existen dentro de mí o para mí, sino que están aislados de mí por la primera restricción (Tzimtzum Álef) y operan fuera de mí. Allí, el otorgamiento y la recepción no están dentro de mí, sino en el otro.

Es decir, tengo que aislarme y empezar a pensar constantemente en el otro, en que en él está la recepción, en que en él está el otorgamiento, y en cómo mi sistema interactúa con el suyo. De repente todo empezó a encajar para mí como una parte normal del sistema porque me desprendí de la percepción de que el mundo está dentro de mí. Ahora, “el mundo en mí” significa la sensación de mí mismo fuera de mí, en los demás.

Entonces me resultó más fácil, porque no eran las mismas emociones corpóreas en las que me confundía constantemente. Es un método totalmente distinto, un sistema de relaciones diferente. Está separado de mí. Coloco una barrera y empiezo a construirla fuera de mí, bajo el control de la razón, bajo el control del sentimiento. Estos sentimientos no vienen de mi corazón, sino de la intención de salir de mí mismo y sentirme en otro.

Cuando esta imagen se unió para mí, empecé a entender de qué habla la Cabalá. Recuerdo lo difícil que fue para mí, porque creo que era más insensible que tú. Pero por otro lado, fue una gran alegría, una revelación tan poderosa. Es asombroso que alguien tan tosco, bajo y egoísta como yo fuera constantemente empujado hacia este trabajo.

Por eso lo más importante es comprender que la Cabalá habla de “fuera de mí”, “fuera de mi piel”. Yo solía imaginarlo todo de otra manera, como si cogiera una manzana y le quitará la piel. Del mismo modo, pensaba que tenía que pelar mi propia piel, y entonces sentiría el mundo.

Pero resulta que no es así. Tienes que salir y sentir todo fuera de ti, solo en los demás; ahí es donde existes. Tu cuerpo sigue siendo un animal; existe como animal. Solo te ocupas de vivir en los demás, ahí es donde están tus sentimientos, tu mente, tu Kli (vasija).

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