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Rosh HaShaná, una oportunidad para conquistar la separación que causó la Covid

Mi nuevo artículo: «Rosh Hashaná: una oportunidad para conquistar la separación de Covid«

Hace unos días, una vecina le contó a una de mis alumnas, que estaba muy triste porque sus hijas estaban discutiendo sobre las vacunas Covid. Como resultado, una de ellas, que se opone a la vacuna, no vendrá a celebrar Rosh HaShaná [víspera de Año Nuevo judío] con la familia. Lo que más le dolió a la vecina de mi estudiante, no fue la objeción de su hija a recibir la inyección ni siquiera que no asista a la comida festiva. Lo que realmente le dolió fue el odio que estalló entre ellas. En todas las familias hay disputas y riñas, pero el estallido venenoso de odio la devastó.

De hecho, el odio es la pesadilla de nuestra generación. Destruye todo, destroza comunidades y familias. Por eso, necesitamos trabajar en nuestras conexiones, para conquistar el odio y mantener unida a nuestras familias y comunidades.

Todos tenemos diferentes opiniones. El problema es cuando las opiniones diferentes exponen fisuras más profundas, ocultas hasta ahora. Si un miembro de la familia no quiere vacunarse, como en este caso y, no puede asistir a la comida de Rosh HaShaná, para no poner en riesgo a otros, no debemos odiarlo.

Debemos tomar los desacuerdos, no como motivos de odio, sino como oportunidades para estrechar lazos. Cuando superamos diferencias y disputas, fortalecemos nuestros lazos y aumentamos nuestro amor y unidad, incluso más que antes de que ocurriera la ruptura. Nuestro esfuerzo consciente por unirnos solidifica y fortalece nuestros lazos.

Cuando hablamos de conquistar la separación, no nos referimos a suprimirla, como si no existiera. Conquistar la separación es reconocerla, aceptarla y aún así, unirnos por encima de ella. Esa nueva unidad, que tuvo que formarse sobre la división, será invariablemente más fuerte que una unidad que nunca fue desafiada.

Por eso, siempre que surja una división, debemos examinar si valoramos nuestra conexión con la persona que está en desacuerdo con nosotros. En el caso del que me habló mi estudiante, el dolor de la madre evidentemente mostró que valora la conexión con sus hijas y la conexión entre ellas, más de lo que valora sus opiniones sobre la vacuna. Si puede transmitir sus sentimientos a sus hijas, ellas podrán superar su división y fortalecer sus lazos. Si no, su conexión se romperá, a pesar de todo.

La sociedad actual presenta innumerables situaciones en las que no estamos de acuerdo con otros. Si valoramos nuestras conexiones, debemos tratar esas situaciones como oportunidades para estrechar nuestro vínculo. Si lo hacemos, podemos convertir la pesadilla del odio en una bendición de amor mutuo y cercanía.
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Rosh HaShaná, un nuevo inicio

Mi nuevo articulo: «Rosh HaShaná, un nuevo inicio«

“El hombre es lobo para el hombre”, dice el proverbio latino Homo homini lupus. Describe acertadamente la forma en que nos tratamos en la sociedad actual. Podemos haber llegado al punto en el que pensamos que no hay nada de qué regocijarse, destruimos: la Tierra, familias, países, pueblos, cultura y educación. Llegamos a una coyuntura muy mala. Por otro lado, este punto bajo podría servir como oportunidad para escudriñar nuestro estado, reiniciar y elevarnos por encima de esta situación, en este Rosh HaShaná, este Año nuevo.

Todo depende de si nos juzgamos con agudeza a nosotros mismos, si evaluemos el tiempo que hemos perdido y enmendamos nuestro estado, si decimos “¡Basta!” y hacemos lo necesario para una nueva vida. Esta nueva vida no implica construir nada nuevo, sólo buenas relaciones mutuas.

Rosh HaShaná, de las palabras “cabeza” “comienzo” [Rosh en hebreo] y “cambio” [Shinui], representa el comienzo del cambio, la capacidad de transformar nuestra dirección actual de sufrimiento, inseguridad y vacío en un nuevo camino en la vida caracterizado por felicidad, confianza y satisfacción.

Los símbolos de la festividad de Rosh HaShaná se asemejan al estado que anhelamos alcanzar. Manzanas con miel, representan el deseo de un año nuevo dulce y feliz. Comer una granada con todas sus semillas simboliza las buenas obras que debemos hacer. Una barra redonda de pan horneado, es la vida perfecta y completa que queremos lograr. Y la cabeza del pez, nos recuerda “ser la cabeza y no la cola”. El pez también simboliza al animal que vive en el agua y el agua es la gracia. Es como tener un niño recién nacido, rodeado de agua dentro del útero de su madre. Todos estos son signos de que estamos en el umbral de una nueva era, una nueva vida.

¿Dónde exactamente deberíamos comenzar este proceso de cambio? El primer paso hacia un nuevo inicio es tomar conciencia. Es importante darse cuenta de que las relaciones humanas, ya sean buenas o malas, determinan toda nuestra vida. No sólo nos afectan a nosotros, sino a todos los niveles de la naturaleza: inanimado, vegetal, animal. El nivel humano es el más alto en la escala de la naturaleza, por eso, si corregimos la forma disfuncional e imprudente como nos tratamos, esta corrección impregnará el resto del sistema.

Los problemas crecientes que vivimos a nivel mundial deberían despertar en nosotros una profunda introspección, hasta el punto en el que entendamos que todo depende de nosotros, de nuestra actitud hacia nuestro destino, hacia la naturaleza, hacia todos. Una evaluación exhaustiva de la calidad de nuestras relaciones revelará lo dañinos que fuimos durante el último año y que esa fue la causa fundamental de los dolores y tristezas que sentimos.

En consecuencia, un buen año nuevo estará determinado por nuestro deseo de implementar la gran regla de la Torá, “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Tenemos que examinarnos a nosotros mismos de acuerdo con este principio, ya sea que nos hayamos portado bien o mal con los demás.

Con todas las fuerzas del mal que se revelan en la sociedad humana y en la naturaleza, esperemos ser lo suficientemente inteligentes como para darnos cuenta de que nuestra fuerza reside en nuestra unidad. Por eso, nos conviene acelerar nuestro cambio de dirección, de separación a integración. Así, en lugar de devorarnos unos a otros como lobos, nos comportaremos como una comunidad fuerte de seres humanos cariñosos que constantemente se apoyan y aprecian. ¡Feliz Rosh HaShaná!
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Tu B’Av, más que el día judío de san Valentín

Mi nuevo articulo: «Tu B’Av, más que el día judío de san Valentín«

¿Cómo es posible que, aunque el amor es el motivo de casi todas las actividades en las que se involucra la gente, lo que vemos a nuestro alrededor sea odio, separación y disputas sin fin? Reflexionemos, qué es el amor verdadero.

La mejor explicación de este concepto se puede encontrar en el significado de Tu B’Av (15 de Av), día del amor. Es justo después de Tishá B’Av (9 de Av), día de la destrucción. Hasta después de esta crisis inigualable, donde se revela el mal y el odio entre nosotros, podemos corregirnos y alcanzar el amor verdadero. Ahí inicia un nuevo período de equilibrio. Pero, para lograrlo, primero necesitamos reconocer que nuestro estado actual es totalmente opuesto.

En otras palabras, el reconocimiento del odio infundado que habita en nuestro corazón, es la condición previa para lograr amor incondicional. Como está escrito, “Tu B’Av es corrección y mitigación de Tishá B’Av“. (Likutey Halajot).

También está escrito en la Mishná: “Ningún día fue tan bueno para Israel como el 15 de Av, el día en el que a las tribus se les permitió mezclarse e impartir la bondad de cada uno, a su amigo”. (Tifferet Shlomo)

Tu B’Av es el día más grande, en el que según la tradición, las jóvenes de Jerusalén salían vestidas de blanco a cantar en los huertos y viñedos. Los jóvenes se unían a ellas para elegir a su novia. Estas son las imágenes que caracterizan esta festividad.

A pesar de la idea romántica, no es el amor terrenal de hombres y mujeres jóvenes en los viñedos, de lo que habla Tu B’Av, sino un tipo de amor totalmente diferente: uno construido sobre el egoísmo (interés propio en lugar de preocupación por el bienestar de los demás) que destruyó el Primer y Segundo Templos el 9 de Av y que acabamos de conmemorar. Los días oscuros entre el 17 de Tamuz y Tishá B’Av, le recuerdan al pueblo judío la destrucción de los dos templos y también otros problemas y aflicciones que hemos sufrido. Más tarde, cuando termina el odio infundado, comienza un nuevo período en el que buscamos corrección.

Buscamos un compañero espiritual que nos ayude a lograr la transición que deseamos, el compañero espiritual tanto para hombres como para mujeres es la fuerza superior de amor y otorgamiento, el Creador. Nos conectamos con Él y juntos recibimos plenitud, placer, iluminación absolutos y la revelación del mundo real que existe en esa realidad sublime y total, no sólo en un pequeño fragmento de ella, al que conocemos como nuestro mundo. Todo el proceso de la unidad de Tu B’Av simboliza nuestra corrección final, la reconstrucción del Templo y nuestra transición del odio al amor.

Por eso, la fiesta de Tu B’Av alude a la época en la que construiremos el Tercer Templo. Esa alusión no se refiere a una edificación física, sino a una que construimos en nuestro corazón, entre nosotros. Habla de un estado en el que la humanidad está conectada positivamente y en el que la fuerza de unidad que mantiene al mundo y a la realidad, se revela entre nosotros.

¿Qué es amor verdadero? Amor verdadero, no el amor en el nivel corporal en el que solemos pensar, es un sentimiento especial de conexión mutua que nos eleva a las alturas de la eternidad, la integridad y a la expansión infinita de nuestros sentimientos y pensamientos. Cuando sentimos que existimos en total plenitud, cuando nos relacionamos con otros con ese amor supremo.

En nuestro estado actual, incluso si sentimos que amamos a alguien, es porque amamos lo que ese alguien nos hace sentir. Como resultado, dejamos de amar cuando ya no sentimos alegría en la relación, o sea, en realidad, no había amor verdadero. Amar de verdad es desear sólo la felicidad de esa persona, querer darle todo.

Aunque, hay una condición especial antes de que podamos alcanzar el amor verdadero. El amor surge hasta después de revelar el estado de fragmentación, nuestro estado actual y después de reunir todas las piezas rotas en un espíritu de interés mutuo y reciprocidad.

El nuevo estado de conciencia, este nuevo entendimiento y sentimiento, nos eleva al nivel más alto de la realidad perfecta, por encima de las limitaciones de nuestra vida terrenal. Tu B’Av nos impulsa al estado único de “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Oportunidad de avanzar hacia la conexión

Mi nuevo articulo: «Oportunidad de avanzar hacia la conexión«

El caos actual que se apoderó de la sociedad israelí no parece prometedor. Sin embargo, si queremos ver las cosas de manera constructiva, debemos verlo como oportunidad para avanzar hacia la conexión, porque esto es lo que nuestro país realmente necesita hoy. La conexión sólo puede ocurrir cuando todas las partes involucradas quieren conectarse. Hay dos pasos para crear una conexión: 1. Las partes deben querer conectarse y 2. Deben hacer lo que sea necesario para conectarse.

El primer paso es, en realidad, el más difícil. Requiere revisar dónde estamos, darnos cuenta de que estamos desconectados y decidir que el odio que brota de todas las facciones de la nación hacia todas las facciones rivales es inaceptable. En otras palabras, tenemos que pasar de culpar a los demás por nuestros males a admitir que nuestro propio odio no contribuye a enmendar la situación. Si todos participan en este proceso, todo cambiará y será mejor. Sin embargo, nos llevará a una conclusión muy difícil: no podemos implementar el paso 2. Simplemente no podemos conectarnos con el otro lado, que creemos que es responsable de todos nuestros problemas. No podemos dejar de odiar.

Sin embargo, nuestra sensación de impotencia es exactamente lo que necesitamos; este es el comienzo del paso 2. En este punto, nos damos cuenta de que no podemos superar nuestro odio, porque está arraigado en nuestra psique; es nuestra propia naturaleza, como está escrito, “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21). Entendemos que no es un adagio bíblico; es un hecho de la vida; ¡Es lo que somos!

La belleza de este proceso es que, en ese momento de crisis, cuando sentimos que no estamos haciendo nada para conectarnos ni podemos hacer nada al respecto, porque nuestro odio es más fuerte que nosotros, es todo lo que se requiere: querer que la conexión suceda y darnos cuenta de que no podemos hacer que suceda. Cuando todos o al menos una cantidad idónea, lo deseemos lo suficiente, aparentemente sucederá por sí solo; nuestro corazón se abrirá a otros y entrará un nuevo sentimiento.

Pensamos que determinamos la realidad con acciones, pero en realidad la decretamos con nuestros deseos. Cuando queremos hacer daño a los demás, creamos un mundo abismal. Cuando queremos la alegría de los demás, engendramos un mundo hermoso. Cuando odiamos, pero queremos amar, pasamos de enemigos a amantes y el mundo que nos rodea cambia con nosotros.

Por eso, lo único que necesitamos es plantar en nuestra mente y corazón, la importancia de desarrollar buenas conexiones, amistad, solidaridad o cualquier otra emoción positiva que se te ocurra y desarrollarla en toda la sociedad, abarcando todas las facciones del país. Cuando sea lo suficientemente importante para tener estos sentimientos, vamos a querer sentirlo de verdad. Y cuando realmente lo deseemos, sucederá.

Israel y el pueblo de Israel, ¿a dónde van?

Mi nuevo articulo: «Israel y el pueblo de Israel, ¿a dónde van?«

El 10 de mayo de 2021 comenzó la Operación Guardián de los Muros. Durante doce días seguidos, los cohetes traumatizaron a los ciudadanos israelíes. A medida que se reavivó el conflicto árabe-israelí, un levantamiento de árabes israelíes sembró miedo en el corazón de los judíos israelíes, el antisemitismo en el mundo se intensificó y la hostilidad de la comunidad internacional hacia el Estado de Israel, estalló. Sin embargo, mientras que el Estado de Israel y el pueblo judío en su conjunto se enfrentan a una terrible tormenta, gran parte de la nación ignora el peligro. Para comprender cómo llegamos a la situación en la que nos encontramos, debemos ir hacia atrás, no sólo en nuestra propia historia, también a la historia de la humanidad, para ver cómo se entrelazan las dos.

Detrás de todas las vicisitudes y trastornos en los anales de la humanidad, se encuentra un único motor: el ego. A lo largo de eones, evolucionó, se transformó y se convirtió en un caudillo enloquecido e insaciable, que maneja a nuestros gobernantes, define nuestras conexiones sociales y lleva a la humanidad hacia el abismo. En síntesis, no tenemos otro problema, sólo nuestro propio ego. Si lo resolvemos, habremos resuelto la mayoría de nuestras dificultades.

Ha habido varios puntos de inflexión en la evolución del ego humano. El primer punto fue hace aproximadamente 3,800 años en el Creciente Fértil, en el momento en que el Imperio de babilonia estaba en su apogeo. Fue un período relativamente corto, en el que la tranquilidad social y la vida relajada que caracterizaba a la población que residían entre los dos grandes ríos, Tigris y Éufrates, se vio teñidas de mala voluntad y beligerancia.

La desintegración de la sociedad llevó a un hombre a preguntarse qué estaba sucediendo y ese hombre se convirtió en uno de los individuos más importantes en la historia de la humanidad: Abraham. Cuando Abraham investigó por qué la gente se estaba volviendo hostil, se dio cuenta de que la causa era el creciente ensimismamiento. Para combatir este desorden, hizo circular la idea de que se debe cultivar unidad y solidaridad para remediar el creciente egoísmo. Por eso, hasta hoy, Abraham simboliza los atributos de misericordia y bondad.

Las autoridades babilónicas no estaban interesadas en las ideas de Abraham. Finalmente, expulsaron al rebelde revolucionario, que creía en el amor a los demás, junto con los que adoptaron sus ideas. A medida que Abraham se dirigía hacia el oeste, hacia Canaán, su séquito crecía y más y más gente se daban cuenta del beneficio de elegir responsabilidad mutua y amor por los demás, por sobre la individualidad y hostilidad mutua.

El grupo de Abraham soportó innumerables pruebas a su compromiso mutuo y (principalmente) a la idea de unidad por sobre el odio. Cada prueba lo hacía más fuerte y se unía más, hasta que finalmente, después de siglos de lucha por la unidad, su vínculo se volvió tan fuerte que el grupo de extraños se convirtió en una nueva nación en el mundo, única en todos los sentidos, compuesta por personas sin parentesco físico, pero juntas por la idea de la unidad misma.

Aún después de que engendraron la nación, el pueblo israelí siguió alternando entre división interna y total solidaridad. No es coincidencia que esta nación, que vivió de primera mano innumerables variaciones de conexión y desconexión, le dio al mundo dos de las nociones más altruistas jamás concebidas: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) y “Lo que odias, no lo hagas a los demás” (Masejet Shabat, 31a). De hecho, los judíos, que aprendieron que “la inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21), también aprendieron que la solución al odio no es la guerra, sino amar a los demás como a nosotros mismos.

Además, los judíos antiguos aprendieron que es imposible borrar la inclinación al mal, que, de hecho, si no la tuviéramos, no tendríamos ningún incentivo para forjar unidad. Por eso, el rey Salomón, el más sabio de todos los hombres, concluyó sucintamente: “El odio suscita contiendas, pero el amor cubrirá todas las transgresiones” (Proverbios 10:12).

Los grandes logros de los judíos no pasaron desapercibidos. Durante el período del Segundo Templo, tanto expertos como laicos vinieron a Jerusalén para aprender de los hebreos. Los filósofos griegos aprendieron de los profetas, Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a setenta sabios a su capital, Alejandría, donde le enseñaron a gobernar y tradujeron el Pentateuco al griego y la gente común llegó a Jerusalén para presenciar “la prueba definitiva de unidad”, como lo describió el filósofo Filón de Alejandría.

Pero nuestra nación no mantuvo su altura. Desde el cenit de ser modelo a seguir y luz para las naciones, nos sumergimos en el nadir del odio mutuo, que generó dos sangrientas guerras civiles. En el apogeo de la primera, el Imperio seléucida destruyó el Templo y conquistó Jerusalén, pero finalmente fue expulsado por los Macabeos. En la segunda, nuestro odio mutuo minó nuestra fuerza y ​​resiliencia y los romanos conquistaron la tierra, destruyeron el Templo y exiliaron a la nación.

Desde entonces, estamos en el exilio. Hemos dado a la humanidad innumerables innovaciones tecnológicas, ideologías revolucionarias, artistas, novelistas, intérpretes y pensadores ilustres, pero el mundo no perdona que traicionemos nuestra misión: ser modelo de unidad, luz para las naciones. Henry Ford, mientras vilipendiaba al judaísmo moderno, añadió un consejo a sus lectores: “Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo en el papel, harían bien en investigar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos”.

Es hora de que cambiemos de ruta. Aquí en Israel y en el mundo, los judíos deben reconectarse con su legado: el amor cubre todas las transgresiones y la unidad trasciende todas las divisiones. Con su odio, el mundo nos dice que no quiere lo que le damos. Es claro que no nos agradece nuestras innovaciones, nuestras contribuciones culturales, nuestra magia financiera ni nuestro ingenio político.

Si queremos ganarnos el favor del mundo, debemos darle lo que quiere y ser una vez más, el pueblo de Israel: unirnos por encima de la división. En estos fatídicos días para nuestra gente, debemos recordar lo que llegamos a ser, lo que se supone que debíamos lograr y lo qué estamos destinados a dar al mundo. Posteriormente, debemos cumplir nuestro juramento de unirnos “como un hombre con un corazón” y convertirnos, una vez más, en la nación que elige responsabilidad mutua y amor por los demás, sobre la individualidad y la hostilidad.

El cambio que Israel necesita

Mi nuevo articulo: «El cambio que Israel necesita«

Después de cuatro agotadoras campañas electorales en dos años, Israel va camino a formar un nuevo gobierno, el “gobierno del cambio”. Si bien, es probable que los próximos días sean críticos para esta frágil conexión, la tendencia de cambio es clara.

El pueblo de Israel necesita milagros visibles. Por naturaleza no podemos vivir juntos ni en este pequeño pedazo de tierra en el Medio Oriente ni si fuéramos un país ubicado en Europa o aislados en el Polo Norte. Somos un pueblo egoísta y terco. Las tensiones internas en la sociedad israelí alcanzaron el punto de ebullición en el último mes y la situación se está saliendo de control.

No creo que el nuevo gobierno pueda reparar las brechas y llevar al Estado de Israel a una costa segura. Está encabezado por un grupo de políticos que tiran en su propia dirección y no están dispuestos a comprometerse en favor de la unidad real del pueblo. Por ahora, están dispuestos a renunciar a su ego y a conectarse, pero como manada de lobos que tienen el objetivo de devorar al ciervo e inmediatamente después de la caza, todos volverán a su propia trama, reacios a dejar de lado sus intereses individuales en favor de la unidad dentro de la sociedad israelí.

La agitación política actual en Israel, es la oportunidad para cambiar la perspectiva sobre el futuro de la nación. Se nos dieron estas circunstancias para comprender en qué mundo vivimos, quién es el pueblo de Israel y cuál es nuestra misión en la Tierra.

El pueblo judío tiene un mérito particular con el cual subirá o bajará y nada lo cambiará. Es el valor de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Si nos esforzamos por lograr una conexión cordial, garantía mutua, una unidad cada vez mayor, las ruedas de la sociedad avanzarán hacia un destino bueno y amable. En el intento por unirnos, evocamos un enorme poder de conexión, una fuerza suprema de amor y otorgamiento que cubrirá todas las diferencias, sin importar cuán profundas sean. De otra forma, nunca lo lograremos.

Nuestra conexión no depende de ningún gobierno. La política no debería definir quiénes somos y lo más importante, qué nos une. A partir de este período, la atención se centra en la conexión entre la gente, una conexión que debe emanar desde el nivel de base, desde la propia gente.

No es necesario ocultar ni desvanecer la separación y la división. Debemos reconocer que estamos infectados por el ego y,  antes de que el ego nos supere y se eleve por encima de nosotros, debemos preguntarnos: ¿Por qué estamos atrapados en un ciclo interminable de crisis? ¿por qué no logramos elevarnos por encima de las fisuras sociales? ¿a dónde se fue el sentimiento de vergüenza?

¿Sabemos cómo nos ve el mundo? Por ahora, el mundo se aprovecha de nuestra habilidad e innovación, pero al mismo tiempo, en el fondo de su corazón, nos odia, se ríe de nosotros en los pasillos de la arena internacional y afila las flechas que pronto nos lanzará, porque nos ven divididos y débiles. En condiciones tan precarias, el problema más grave que debemos abordar es nuestra falta de visión para el futuro.

Pero esta situación puede tomarse como oportunidad para volvernos a conectar con el método de conexión heredado de nuestros sabios. Incluso un simple pensamiento o esfuerzo por acercarnos en nuestro corazón y comprender que la única alternativa para sobrevivir es conectarnos, nos llevará a un desarrollo importante. Se nos da una oportunidad de oro para darnos cuenta de que enfrentamos tiempos de transformación sustancial, pero si queremos que ese cambio sea positivo, debemos comenzar dentro de nosotros con una relación más cálida y de apoyo mutuo.

Hora de recuperar la sobriedad

Mi nuevo articulo: «Hora de recuperar la sobriedad«

Israel está en el umbral de una nueva era. Hasta ahora hemos celebrado como niños imprudentes, somos esclavos de nuestro ego y causamos mucho daño. Ese tiempo se acabó. La Operación Guardián de los Muros marcó su final y el surgimiento de un nuevo gobierno es la inauguración de un nuevo período. Es hora de recuperar la sobriedad. En mi opinión, este período sólo debería ser para reconocer el mal, comprender todo lo que está mal en nosotros y por qué no podemos detener el deslizamiento cuesta abajo.

Nuestro país está en un estado vergonzoso. Todo el mundo se burla de nosotros; nos convertimos en el hazmerreír. Todos nos odian, nadie quiere reconocer nuestro derecho a vivir aquí. Lo único que quieren es usar nuestro intelecto y nuestras habilidades tecnológicas tanto como puedan, pero nadie quiere estar cerca de nosotros.

Este lamentable estado puede ser trampolín para un cambio positivo, si somos suficientemente valientes para lograrlo. Pero también puede llevarnos a la total alienación, donde el mundo entero se una contra nosotros. Lo único que puede evitar este horrible escenario es nuestra unidad. Si nos unimos, el mundo se unirá a nuestro alrededor; si seguimos despreciándonos unos a otros, el mundo se unirá contra nosotros.

Un nuevo gobierno marca el comienzo de una nueva etapa, pero no debemos pensar que esta etapa, tiene algo que ver con la tecnología o la política. El comienzo de la nueva era debe mostrar el comienzo de nuestra unidad. En la trayectoria actual, el mundo se volverá contra nosotros con tanta intensidad que no vamos a querer quedarnos aquí, pero no tendremos a dónde ir; no se nos permitirá ir a ninguna parte.

No nos queda más remedio que buscar construir un nuevo espíritu en este país, un espíritu de unidad, por encima de todas nuestras diferencias, como está escrito, “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes” (Ezequiel 36: 26). Con espíritu de unidad y con un corazón solidario, debemos comenzar a construir un nuevo país.

Muy por delante de todos

Mi nuevo articulo: «Muy por delante de todos«

Un estudiante me contó un chiste que leyó en Internet: Israel está muy por delante de todos. Mientras que el resto del mundo aún está lidiando con la Covid-19, Israel ya está dos desastres por delante: el desastre por la estampida en el monte Merón y la campaña militar contra Hamas. El humor de la horca no es divertido ni está destinado a serlo. Pero, apunta directamente a la verdad. En nuestro caso, lo cierto es que no aprendemos de la experiencia y por eso sufrimos.

En lugar de examinar por qué Covid-19 vino a nosotros, tratamos de deshacernos de él lo más rápido posible, para poder seguir con nuestra vida. Covid nos dio tiempo para pensar, pero en lugar de pensar por qué vino, pensamos sólo en lo que haremos cuando se acabe. Ahora que lo superamos, estamos recibiendo otros golpes, pues no aprendimos el mensaje que Covid vino a enseñarnos: que el problema está en nuestra relación mutua.

De hecho, esa es nuestra enfermedad principal: nuestras malas relaciones enfermas por la mala voluntad. Como no lo aprendimos con Covid, sufrimos golpes en forma del desastre de Merón, la campaña del Guardián de los Muros y los disturbios de los árabes en todo Israel. Al ritmo actual, el siguiente golpe está a la vuelta de la esquina.

El único cambio que veo de nuestros días “pre-Covid”, es que ya no estamos tan apegados a nuestros trabajos ni siquiera al concepto de trabajo, como lo pensábamos antes. Aprendimos a dejar de lado la carrera de ratas y es una buena señal. Sin embargo, es demasiado poco para hacer un cambio real.

Un cambio positivo en nuestra vida, vendrá hasta que aprendamos a enfocarnos en nuestras conexiones y tratemos de construir una sociedad donde todos sean responsables de los demás y se cuiden unos a otros. Si dejamos de querer sentirnos superiores y empezamos a querer sentirnos conectados, tendremos influencia en el mundo entero.

Dado que los seres humanos estamos en la cima de la pirámide, todo lo que hacemos o decimos, pero principalmente, pensamos, se filtra a todos los niveles de la realidad. Cuando tenemos malos pensamientos hacia otros, hay malos resultados en todos los niveles de la realidad. Al desear hacer daño a los demás, desequilibramos el mundo y suceden cosas malas. Si lo pensamos por un momento, nos daremos cuenta de que ningún otro ser tiene mala voluntad hacia otros seres. Pero nosotros, los humanos, lo hacemos en abundancia. De hecho, es lo único que tenemos, como está escrito: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21).

Por eso, si el único ser que tiene mala voluntad hacia otros, deja de desear daño a los demás y comienza a desear el bien, en consecuencia, todo cambiará. Si cambiamos nuestros pensamientos de malo a buenos, no necesitaremos ir de mal en peor; Iremos de bien a mejor.

Maestros y alumnos: escritura de artículos

Comentario: A menudo le da sus alumnos diferentes consejos, por ejemplo, cómo escribir artículos. Pero hay estados en los que no se tiene el corazón para escribir, los pensamientos desaparecen por completo. Hay un sentimiento de gran pesar porque el pacto del maestro no se pueda cumplir.

Mi respuesta: Yo mismo no he escrito durante mucho tiempo. Hay Facebook, Twitter, varias fuentes donde puedes escribir. Básicamente, a veces twitteo pequeñas «balas» para mis alumnos. El mismo día, se traducen a diferentes idiomas y la gente los lee.

Se basan en el material de la lección pasada o en lo que está sucediendo en el mundo o en el tema de la siguiente lección planeada para mañana.

A veces me levanto a media noche y escribo algunos tuits antes de clase, a veces lo hago durante el día. Creo que lo que escribo ahí es muy importante y me alegro de tener una oportunidad así, es limitada y te sientas y calculas, realmente calculas, para que cada palabra tenga su propio peso y el mensaje no vaya más allá del número  de letras permitidas.

No escribo artículos. Ni siquiera calumnio un artículo detallado, pero doy mis ideas a los que tienen esa habilidad. Y son ellos los que escriben, principalmente en cuatro idiomas: inglés, español, ruso y hebreo.

Por eso, si en alguna parte encuentras artículos, firmados por «Michael Laitman», son mis ideas expresadas por mis alumnos.

Pregunta: ¿No están distorsionados por esto?

Respuesta: No. Conozco muy bien y controlo a los que escriben, por eso hablo con tanta calma. Puedes tomar esos artículos como totalmente míos.

Pregunta: ¿Pero en Twitter escribe personalmente?

Respuesta: Si. Ese soy yo personalmente.
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De Kabtv Maestro-Discípulo” 7/feb/19

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El colapso de Europa, un reflejo del mundo

Mi nuevo articulo: «El colapso de Europa, un reflejo del mundo«

REUTERS: Cientos de manifestantes sin mascarillas se enfrentan a la policía antidisturbios holandesa, en una protesta ilegal contra las nuevas medidas de bloqueo en los Países Bajos en Museumplein,17/ene/21 en Ámsterdam, Países Bajos. Foto de Robin Utrecht/ABACAPRESS

Observa lo que sucede en Europa: el gobierno holandés renunció en su totalidad por un escándalo con subsidios para el cuidado de niños; el gobierno italiano está al borde del colapso; la canciller de Alemania, Ángela Merkel, renunciará y el futuro político es incierto; el primer ministro de Estonia, Juri Ratas, dimitió por un escándalo de corrupción y su gobierno colapsó. Si esto no es suficiente, en Bélgica y Francia, estallaron disturbios violentos cuando inmigrantes y miembros de grupos políticos radicales rompieron ventanas, incendiaron automóviles y una comisaría de policía e hirieron a decenas de agentes. Además de lo anterior, el coronavirus se está propagando como nunca antes, cobra miles de vidas cada día, a pesar de las vacunas y del aislamiento.

No es coincidencia. Estamos advirtiendo la integralidad del mundo, su inexorable interconexión. Dependemos unos de otros en todos los niveles. La Covid-19 nos obligó a reconocer que el contagio en un lugar, es contagio en todas partes. Ahora tenemos que avanzar a la siguiente fase de nuestro despertar y darnos cuenta de que una crisis en algo, es una crisis en todo. El coronavirus destrozó la economía mundial, destrozó a la sociedad en innumerables países, como resultado, los gobiernos se están desmoronando. Todo es parte del mismo proceso: el colapso del viejo mundo, impulsado por el individualismo, se está desmoronando en un efecto dominó global.

La crisis está en todas partes. La interdependencia global afecta a la coordinación y colaboración global. Tiene sentido que, si dependemos unos de otros, cooperaremos para mejorar las cosas para todos.

Aunque muchos ya se dieron cuenta de que dependemos de los demás, no es suficiente. ¡Ahora también debemos darnos cuenta de que somos responsables unos de otros! Actualmente, los países se están comportando como escaladores de montañas trepando un acantilado increíblemente empinado. Se dan cuenta de que están atados unos a otros, pero en lugar de usar su dependencia mutua para ayudarse a llegar a la cima, tratan de romper las cuerdas que los unen y trepar por encima del otro en su camino hacia la cima. Cualquier escalador novato te dirá que esa actitud sólo puede tener un resultado y no será bueno. La única forma de subir es juntos, cuidándonos unos a otros, asegurar que todos tengan un buen agarre en la roca y que si alguien se resbala, los demás aguanten hasta que pueda volver a ponerse de pie.

La escalada del caos mundial debería enseñarnos que nuestra interdependencia es absoluta y que no tiene sentido tratar de derribar a ningún país, porque todos nos hundiremos con él. Ve lo que sucedió en las elecciones presidenciales en Estados Unidos: de repente, nos damos cuenta de que todos se están entrometiendo en las elecciones de EUA: Rusia, China, Ucrania, Irán y otros países. No tiene sentido fingir que no lo sabíamos. ¡No puede ser de otra manera! Si lo que sucede en un país influye en los demás países, naturalmente, esos otros países querrán influir en lo que sucede en todas partes. Todos se lo hacen a todos, así que no tiene sentido fingir que no sucede.

El problema es que un juego así no puede durar mucho y nos estamos acercando a su fin. El colapso en espiral de gobiernos y sociedades indica que nos estamos acercando al colapso total. Cuando eso suceda, nos quedaremos con una de dos opciones: la primera y menos probable, es que, en el último minuto, los gobiernos controlen su hambre de poder y acuerden establecer conexiones equilibradas que sean aceptables y garanticen el bienestar de todos los países del mundo. La segunda opción, lamentablemente más probable, es que el tira y afloja despiadado terminará en la destrucción total, una guerra mundial nuclear. Los colapsos locales de los últimos meses han sido señales de alerta. Si no les hacemos caso, vendrá el gran colapso.
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