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El Antisemitismo y las Pandemias

Mi nuevo artículo «El Antisemitismo y Pandemias«

Sea una pandemia o una guerra, una inundación o un terremoto, una revolución o un colapso financiero, al final, siempre hay un culpable: los judíos. En EUA, también, ya muchos culpan a los judíos por la COVID-19, como es el caso de los disturbios que envuelve ese país atormentado.

En los años de 1950 y 1960, los judíos estuvieron hombro con hombro con los negros en su lucha por la igualdad de derechos. Nadie lo recuerda y nadie les da el crédito. Ahora, también, están hombro a hombro con los que protestan. Nadie lo recordará y nadie les dará crédito.

Los judíos donan a varias agencias de caridad y ONG más dinero que cualquier grupo étnico o racial. Pero ¿qué dice la gente? “Primero lo roban y después dan migajas para comprar nuestra gratitud”. Por supuesto, no todos lo dicen, pero muchos lo hacen y muchos más, en silencio, están de acuerdo. Siempre fue así y siempre será así, hasta que aprendamos el defecto fundamental que tenemos los judíos en nuestro enfoque.

Los judíos son la única nación que tiene la misión de llevar paz y amor al mundo. Nosotros dimos al mundo el lema más altruista jamás concebido, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, pero mostramos todo lo contrario: enemistad interna y odio. Debemos simpatizar con la pena de los extraños, pero detestamos a nuestros correligionarios. Y a pesar que no lo verbalizan, en el fondo, eso es lo que los que odian a los judíos, odian de los judíos: que se odien entre ellos.

Cuando nos convertimos en nación, se nos asignó una misión: unirnos “como un hombre con un corazón” y convertirnos “luz para las naciones”. Por siglos, hemos evitado, con todo, nuestra misión. Hablamos de moral, de ética, de justicia, pero nos rehusamos a hablar de amor.

La moral es un sustituto miserable del amor. Así como una madre no necesita moral para atender a su hijo, porque su amor la guía, si cultivamos amor entre nosotros no necesitaremos moral y nos trataremos bellamente. Así y sólo así, los no judíos dirán, “Ahora sí, los respetamos”

Para ampliar el tema, puedes leer: Como un Manojo de Cañas: Por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día

“¿Qué opina de que España implemente un ingreso básico universal permanente?” (Quora)

Michael Laitman, en Quora: “¿Qué piensa de que España implemente un ingreso básico universal permanente?” 

Rápidamente estamos haciendo una transición a una era en la que muchos empleos que una vez hubo serán obsoletos, debido al cambio de nuestras necesidades y además porque la tecnología reemplazará  cada vez más a los recursos humanos. 

En esa situación, el ingreso básico se convierte en necesidad. 

Apoyo el ingreso básico con la condición que sea entregado a cambio de estudiar y de ciertos tipos de contribución a la sociedad. 

El ingreso básico por sí solo, sin ningún requerimiento de parte de los que lo reciben, estancará a la sociedad. Creará una sociedad desinteresada e indiferente de gente que carecerá de motivos para esforzarse por avanzar en la vida. La indolencia y la apatía que envolverán a la sociedad terminarán haciendo erupción en nuestra cara. 

Por eso, en el caso de España, recomendaría que el gobierno de cursos, que  quienes reciben el ingreso básico necesitan completar. 

Los cursos pueden enfocarse en canalizar a la gente hacia ciertos empleos o áreas de contribución que mejoren a la sociedad española y también pueden ser usados para enseñar historia y cultura del país y su pueblo, para reforzar la identificación de sus ciudadanos con el país y además, los cursos pueden ser usados para enseñar las nuevas condiciones interdependientes a nivel global, que podemos encontrar hoy: que vivimos en una nueva era donde la responsabilidad y la consideración mutua son cada vez más esenciales para vivir vidas seguras, calmadas, felices y saludables. 

Mientras que los cursos idealmente buscarían desarrollar a la gente en ciertas áreas, donde podrían contribuir- desde encontrar nuevas carreras mejor adaptadas a nuestros tiempos, hasta convertirse en instructores y asistentes en el nuevo sistema educativo- el proceso educativo sería de beneficio en y por sí mismo. 

La idea que guía el proceso educativo es que todos mejorarán sus conexión social, se sentirán más conectados a su país y construirán el principio de una red social alimentada por consideración y responsabilidad mutua. 

Mientras más prospere y crezca esa red, más fuerte será la base que tendrán para navegar a través de futuras crisis, y además, inhibir los futuros disidencia y conflictos sociales. 

Foto por  Tom Morel en Unsplash.

 

La muerte de George Floyd: ¿el detonante de la locura?

Medium publicó mi nuevo artículo «La muerte de George Floyd: La muerte de George Floyd: ¿el detonante de la locura? 

Las protestas por el asesinato del afroamericano George Floyd durante un arresto fallido, cuando un oficial de policía blanco se arrodilló en su cuello durante casi nueve minutos, se convirtieron en una campaña total contra la policía. En la ciudad de Nueva York, el alcalde Bill de Blasio anunció que recortaría los fondos para la policía y los desviaría a servicios sociales. En Minneapolis, donde ocurrió el incidente, el ayuntamiento votó por disolver la policía por completo.

No está claro qué pasará con la ley y el orden, a la luz de disturbios, saqueos y violencia que se extienden por todo el país, pero estas decisiones muestran claramente que las autoridades se están dando cuenta de que perdieron la confianza del público. Por un lado, es bueno que las autoridades se dan cuenta de que están desconectadas del público al que deben servir. Por otro lado, recuperar la confianza requiere más que un parche revolucionario de solución rápida, cuyas consecuencias no se han probado.

La gente necesita saber que, si quiere volver a encarrilar su vida, las autoridades están allí para ayudarla. Y para construir esa confianza, se requiere un nuevo tipo de pensamiento y un nuevo tipo de proceso educativo.

En estos días, en que cada trauma, ya sea el colapso de un banco, la propagación del virus o la muerte injustificada de un hombre, se convierte en crisis global, debemos ser conscientes de nuestra dependencia del entorno social y de tener protección de la autoridad, contra cataclismos inesperados. Por eso, la autoridad -gobierno federal, estatal o concejos municipales- debe tener un plan que combine educación con ingreso.

Dado que el desempleo y la falta de trabajos ya son muy altos y que crecerán aún más (tal vez con algunas fluctuaciones), los desempleados son candidatos ideales para el programa. Recibirían suficientes beneficios para mantenerse ellos mismos y a su familia, pero todo dependerá de su participación en cursos que van desde el manejo de finanzas personales hasta la comprensión del lugar individual en un mundo globalizado.

Los cursos deben formularse de tal manera que los participantes, no sólo aprendan sobre el sistema mundial interconectado que determina nuestra vida hoy, sino que también aprendan a convertirse en elementos positivos y activos. Los cursos deberían aumentar el sentido de responsabilidad del individuo ante la comunidad, la ciudad y en última instancia, el país. Al mismo tiempo, el país, la ciudad y la comunidad deben atender las necesidades de la gente y darle respaldo financiero.

Si hay gente que vive en la calle, es señal de que toda la comunidad está enferma. Del mismo modo, si sienten que saquear e incendiar la propiedad de otros es una forma legítima de expresar enojo, indica el nivel de alienación y apatía en la sociedad. Por esa razón, los cursos deberían mejorar el sentido de pertenencia, interconexión y responsabilidad con la comunidad, la ciudad, el estado y el país.

Desde la perspectiva de las autoridades, estos cursos no deben considerarse servicio, sino inversión. La disminución en la tasa de crímenes, uso de sustancias tóxicas, violencia, abuso doméstico, depresión y otros trastornos mentales, compensarán con creces los fondos invertidos en el programa de aprendizaje y salarios. Como resultado, los fondos que se liberarán pueden reinvertirse en instalaciones y actividades comunitarias para mejorar aún más la solidaridad.

Para darle a la comunidad una mentalidad de solidaridad y rendición de cuentas, los trabajadores también deben hacer un “deber de curso”, similar al “deber de jurado”. Y, se les pagará por su tiempo en el curso, sólo, si aprueban los exámenes.

Es necesario un esfuerzo integral y masivo para darle nuevos valores en la comunidad y al mismo tiempo, asegurar su sustento, Estados Unidos tiene la oportunidad de evitar el caos que se aproxima. En este momento, está al borde de la locura y requiere medidas urgentes.

La segregación de los corazones

Mi artículo : «La segregación de los corazones«

Entre lo que parece ser una batalla desesperada contra el coronavirus, una guerra comercial con China, un año de elecciones rencorosas y disturbios, parece que Estados Unidos realmente lo hizo mal esta vez. Las opciones ahora son claras y simples: seguir tratando de apagar cada fuego por separado, o aceptar y finalmente reconocer las diferencias y regocijarse  de los beneficios que brindan a la nación.

Actualmente, el abismo entre afroamericanos y blancos es insuperable. No ha habido acercamiento desde la liberación de la esclavitud y no se hará en ningún momento en el futuro, si continúan por el mismo camino. Incluso sin segregación oficial, la segregación en los corazones reina en ambos lados y es el centro del problema.

Toda la gente y las naciones son diferentes. No son mejores ni peores por su color, carácter, lengua o cultura. De hecho, sin importar el origen étnico, en el fondo, todos somos egoístas hasta la médula. Es la naturaleza humana o como dice la Biblia: “La inclinación del corazón de un hombre es malvada desde su juventud”. La pregunta no es quién tiene razón y quién está equivocado, pues cuando se actúa con odio, siempre se está equivocado. Todos creen que tienen razón, pero siempre están equivocados, porque no sólo quieren deshacer la injusticia, sino vengarse y humillar al otro. Si no lo crees, observa los disturbios en tu ciudad y decide por ti mismo si protestan por la muerte de George Floyd o si sólo desatan su odio y violencia.

La situación es aún más difícil porque un año electoral siempre destaca las diferencias, pues los partidos intentan obtener votos al avivar el odio entre las etnias y las religiones. Pero parece que, ahora, EUA no tiene otra opción; está al borde del colapso. La situación es extremadamente volátil y la precaución y la atención son obligatorias en este momento.

La gente debe reconocer que las facciones de la sociedad son interdependientes y no pueden vivir una sin la otra. EUA está formado por blancos, afroamericanos, hispanos y muchas otras etnias y religiones. En ese estado, las tensiones están destinadas a suceder, la única opción es que todos aprendan a vivir juntos.

Por aprender a vivir juntos, no me refiero a la separación y hostilidad que existen hoy. Juntos significa que cada elemento de la sociedad aporta sus cualidades únicas al recipiente común y se fusiona en el conjunto, que es más grande, más hermoso y mucho más poderoso que cualquiera de sus partes individuales.

El poder de la sociedad estadounidense está en su diversidad; simplemente no se han dado cuenta. Cada faceta tiene su belleza, cualidades y características únicas. Cuando se emplean esos rasgos para el bien común, Estados Unidos puede, literalmente, lograr lo que quiera, pero debe decidir trabajar como una nación unida, en lugar de como una masa de tierra fracturada.

Quizá el mejor ejemplo de colaboración de diferentes elementos es la Madre Naturaleza misma. Cuando ves a cualquier ser en la naturaleza, encontrarás que consta de innumerables órganos únicos. Incluso los órganos duales como los pulmones no son idénticos. Al mismo tiempo, todos los órganos contribuyen por igual al cuerpo, con todo lo que pueden, para mantener su bienestar. A pesar de las diferencias entre los órganos y, a veces, incluso oposición, no hay odio entre ellos. Por el contrario, hay apoyo y aprecio o no podrían colaborar para mantener un cuerpo sano y vibrante.

Como es en la naturaleza, así es en EUA o en cualquier país. Cualesquiera que sean las facciones, están allí como órganos y existen para trabajar juntos en beneficio del país. Cualquier otra perspectiva causará luchas interminables y la eventual desintegración. Ahora podemos ver más claro que nunca que la elección de Estados Unidos es: elevarse por encima del odio y colaborar por el bien de esa sangrante nación, o dejar que sangre hasta que no haya nación.
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Una madre amorosa para una humanidad mejor

Thrive Global publicó mi nuevo artículo: «Una madre amorosa para una humanidad mejor«

Los dolores de parto de la humanidad podrían nacimiento a un mundo saludable.

Michael Laitman

Después de la pandemia actual, ningún otro poder en el mundo es tan crucial para el nacimiento de una nueva sociedad, que la figura materna. El mundo se reveló como un sistema integral y global. Esto significa que el mundo nos está obligando a tratarnos unos a otros, de la misma forma que nuestra madre nos trata, creando un ambiente lleno de cualidades de otorgamiento y amor.

Más allá de la celebración del Día de la Madre, marcado en el calendario como un recordatorio del importante papel de las mujeres que han dado a luz a cada generación, hay una profunda importancia en su contribución esencial a un mundo nuevo. Justo en la maternidad existe un poder especial que puede mejorar la realidad.

“El brote global de COVID-19 aceleró el proceso de trabajo para el nacimiento de una nueva realidad”.

Michael Laitman

Aunque con ayuda del hombre, vemos que la madre es la que concibe, entrega el embrión, amamanta, alimenta y cría al bebé, hasta que está preparado para la vida. Del mismo modo, todas las madres, todas las mujeres del mundo, necesitan ver en este proceso crítico de transición por el que atraviesa el mundo, su oportunidad de llevar a la humanidad a un nivel superior de existencia, a relaciones armoniosas mutuas, como un embrión a punto de nacer.

El brote global de COVID-19 aceleró el proceso de trabajo para el nacimiento de una nueva realidad. Está causando dolor y mucho esfuerzo, pero el resultado podría ser un mundo vigoroso y saludable, en lugar del anterior que nos llevó a la crisis que actualmente tratamos de superar.

La humanidad está aprendiendo a arrastrarse

Nuestro desarrollo humano ha pasado por dos etapas generales. La primera se desarrolló con los hombres y se caracterizó por guerras, inestabilidad financiera, varios eventos mundiales desafortunados y golpes que no habrían sucedido bajo el cuidado de la mujer. Ahora entramos en una etapa en la que precisamente, la madre, la mujer, debe tomar el papel de educar al mundo y delinear el mundo futuro que tenemos que imaginar. Por eso, este momento crítico es el tiempo de la mujer. Para implementar este noble objetivo, las mujeres deben aprender a conectarse entre sí, elevarse por encima de su ego personal en bien de la corrección del mundo. Por difícil que sea, no hay otra opción y el trabajo debe hacerse.

Unidad es una linda palabra, pero difícil de poner en práctica. Ni hombres ni mujeres nacen con inclinación a unirse, pero llegamos a una etapa en nuestro desarrollo donde no nos queda otra alternativa que conectarnos. Es cuestión de supervivencia para nuestros hijos y para la humanidad en general. Por eso, cualquier paso hacia la conexión, no importa si es pequeño, es un gran paso para dar a luz a una nueva humanidad y hacerla crecer, elevarse y mantenerse firme. Sólo la mujer puede desempeñar este papel crucial, educar y dar ejemplo de cómo unirse. Exigirán que los hombres se conecten correctamente y al mostrar el camino, guiaremos al mundo entero hacia la corrección.

¿De qué conexión hablamos?

Como parte de la evolución humana, estamos obligados a desarrollar una nueva cualidad: preocupación por toda la sociedad. Cuando surge el deseo compartido de conectarnos, como si fuéramos un todo y, el deseo del bienestar de todos, como si fueran nuestros hijos, se manifiesta una fuerza especial de unidad, una fuerza positiva que mejora la realidad.

Para conectarnos, las madres deben aprender a superar la distancia natural entre ellas y trascender sus intereses personales. Las mujeres deben sentir que si algo le sucede a alguien, es como si le sucediera a su propia familia. La preocupación mutua nos permitirá construir y garantizar; paz, seguridad y felicidad para todos los niños de todas las generaciones.

Con el ejemplo de la madre, la naturaleza nos enseña que al conectarnos y podemos salvarnos de todos los daños. Si las madres forman un deseo común de mantener a todos juntos, si crean una fuerte demanda de que todos realmente se conecten como uno solo, podrán cambiar el mundo. Nada puede resistir al poder femenino unido.

Por encima de nuestro pequeño yo

Medium publicó mi nuevo artículo «Por encima de nuestro pequeño yo«

Detectar nuevas fases en el desarrollo de la humanidad es fácil: si surge un nuevo nivel de interconexión e interdependencia, es señal de que pasamos a una nueva fase. El COVID-19 es un caso clásico de que nace una nueva etapa.

Hasta el momento, incluso en los peores momentos que la humanidad sufrió; las dos guerras mundiales y la Peste Negra, no toda la humanidad estuvo involucrada. El coronavirus provocó la primera pandemia que realmente merece ser llamada así. Es una señal clara de que la realidad evolucionó y entró en una nueva fase. Mientras más rápido lo aceptemos y dejemos de esperar que la vida regrese al modo pre-coronavirus, mejor será para todos.

Este súper germen no es sólo otro virus. Su impacto en el mundo nos obliga a elevarnos a nuevos niveles de conexión. Hasta hace poco, muy pocas personas pensaban tanto en la salud de los demás. Ahora pensamos en la salud de todos, aunque claramente tenemos un motivo egoísta, pero existe un nivel de conexión que nunca antes tuvimos. Incluso, a medida que descienda el contagio en la sociedad, seguiremos pensando en la salud de los demás, pues no queremos que se enfermen y pongan en peligro nuestra propia salud. Así nos conectó el virus, inadvertidamente, y nos obligó a considerar a los demás.

Una vez que se manifiesta ese nivel, la interconexión e interdependencia no disminuirán. A partir de ahora, tendremos que calcular todos nuestros movimientos como sociedad y no como individuos. Es evidente que es un cambio muy difícil para nuestro ego, pero la evolución no entiende de egos. La evolución avanza en su camino, que siempre ha sido complejo y progresivo, mayor interconexión e interdependencia y por consiguiente, mayor consideración hacia el otro. El hecho de que el ego se sienta incómodo, es irrelevante. Este virus o el siguiente o el que seguirá después, nos impulsará a aprender y pensar en los demás, no menos de lo que ahora pensamos en nosotros mismos. En la medida en que nos neguemos a hacerlo así, será nuestro dolor.

El objetivo de la naturaleza no es torturarnos. Su objetivo es llevarnos a un gozo mayor y mucho más profundo de lo que podemos imaginar hoy. Su objetivo es abrirnos los ojos a una realidad plena y total, para hacernos omniscientes. Sin embargo, la naturaleza sólo puede hacerlo si nos elevamos por encima nosotros mismos y del enfoque hacia mi. Nos tiene que elevar, y desde esa cima poder ver el mundo entero, no solo nuestro pequeño cuerpo. Para hacerlo, debemos elevar nuestra mirada por encima de nuestra mezquindad.

Así como una madre dolorosamente presiona a su bebé, para que salga fuera de su útero por el estrecho canal del parto, la humanidad está siendo expulsada de su antigua visión del mundo hacia una nueva realidad, un mundo nuevo. El bebé, no tiene más remedio que nacer, así naceremos en el nuevo mundo, de angustia en angustia, así es como nuestra conciencia aceptara la realidad de nuestra interconexión. Y una vez que la aceptemos, descubriremos que el mundo en el que habíamos vivido era oscuro, obtuso y limitado.

En nuestra simpatía por los demás, aprenderemos qué es el verdadero amor, la responsabilidad mutua y que cada uno es único, que el mundo no está completo si no estamos todos para poner nuestra parte. Viviremos en una realidad de expresión personal total y de absoluta devoción hacia la humanidad, todo al mismo tiempo. Nos sentiremos satisfechos y seguros y transmitiremos ese sentimiento a todos los que nos rodean y a toda la realidad. La vida dejará de ser una pesadilla y comenzará a ser el mundo que soñamos, como sentíamos que debería ser.

Lograr estos objetivos depende completamente de nuestra contribución mutua. Sólo si todos colaboramos, emergerá el nuevo mundo. Y hasta que no empujemos juntos, tendremos que soportar los golpes del coronavirus.

COVID-19 y antisemitismo: una conexión invisible

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «COVID-19 y antisemitismo: una conexión invisible«

El coronavirus 2019 o COVID-19, como cualquier crisis en la historia, desde el inicio del pueblo judío, encenderá una ola de antisemitismo. Ya podemos verlo brotar en las redes sociales, en los medios tradicionales, en los grafitis y en la agresión en las calles. La gente no sabe por qué odia a los judíos y se aferra a cada pretexto para desahogar su odio innato hacia esa enigmática nación, pues le parece que su gente colabora para controlar el mundo, aunque en verdad, muchos judíos no tienen la menor idea ni empatía hacia su propia gente ni a su propio Estado-nación.

No tiene sentido razonar con antisemitas; su odio es irracional. Cualquiera razón que haya, se usa como pretexto para odiar a los judíos con la misma amargura. Cuando dos razones opuestas explican el mismo fenómeno, significa que ninguna es correcta. Cuando se trata de antisemitismo, hay un proceso de tres etapas para revelarlo: primero hay odio latente y subconsciente, luego se desencadena en forma de alguna crisis y finalmente, los judíos son acusados de causarla.

Los judíos no saben por qué los odian. No cometieron ninguna de las acusaciones contradictorias que los antisemitas les atribuyen. Y debido a que los antisemitas los odian por una razón diferente a la dicen, refútalos no mitiga el odio.

La verdadera razón del odio a los judíos está arraigada en el pasado, en la antigua Babilonia, en la cuna de la civilización, En aquel entonces, Abraham, de quien surgió el judaísmo, el cristianismo y el islam, estaba profundamente preocupado por la creciente tensión social que observaba en su pueblo, los babilonios. Después de un profundo escrutinio, se dio cuenta de que el pueblo se volvía cada vez más egoísta y les pidió que superaran esas tendencias y restauran su unión.

No mucha gente escuchó a Abraham. Fue expulsado de Babilonia y vago hacia la tierra de Canaán. En el camino, explico lo que había encontrado e invitó a todos a que se unieran a su grupo. Su única condición era estar de acuerdo con el principio de unidad por sobre todas las diferencias.

La comitiva de Abraham creció y próspero. Al pie del monte Sinaí, se comprometieron a ser ”como un hombre con un corazón” y oficialmente fueron declarados, nación: “la nación de Israel”. En ese evento, también se les asignó la tarea de compartir su unidad con el respeto del mundo, como Abraham pretendía hacerlo desde el principio. Esa era la misión de Israel; ser “luz para las naciones”.

Mientras tanto, los que permanecieron en Babilonia y no siguieron a Abraham, cayeron en un egoísmo desenfrenado y desarrollaron resentimientos hacia los que siguieron la “otra” idea: la unidad por encima de todas las diferencias. Este antiguo “puntaje” es la raíz del odio que ahora llamamos antisemitismo.

Dentro de todos los no judíos que odian a los judíos o los judíos a los que no le gusta su propio pueblo, hay una lucha inconsciente entre dos enfoques: “yo primero” de Babilonia o “nosotros primero” de los judíos. La lucha que se desarrolla dentro de ellos es la razón por la que los judíos, a menudo, son acusados de egoísmo y parcialidad hacia su propia gente, pues el mundo los juzga con un estándar moral mucho más alto de lo que juzga a cualquier otra nación.

Pero ni la perfecta moral judía ni el desinterés absoluto, disolverán el odio a los judíos. Los judíos se convirtieron en nación, hasta que se comprometieron, de todo corazón a ser “como un hombre con un corazón”. Tras su declaración de nacionalidad, los judíos tenían la tarea de ser “luz para las naciones”, es decir, compartir con las naciones del mundo el camino para lograr unidad. Esa tarea coincidió con la aspiración inicial de Abraham de compartir su idea de unidad con todos los babilonios.

Especialmente hoy, si los judíos cumplen con su misión, terminará el resentimiento que los descendientes de los babilonios que no siguieron a Abraham, sienten por los descendientes de los que sí lo siguieron. Se disolvería el antisemitismo.

Ahora, en los días del COVID-19, el mundo siente más que nunca que estamos en un barco, que hay un agujero en él, y nadie sabe que lo causa ni como taparlo. Como siempre, culparán a los judíos e inventarán innumerables teorías de conspiración para justificarlo. Pero en verdad, la única falla de los judíos es que no dan ejemplo de unidad por encima de las diferencias. Esto es todo lo que el mundo necesita para superar el coronavirus o cualquier otra situación que este al acecho en la obscuridad del futuro.

Si la raza humana se uniera, no sería problema superar ninguna crisis, La responsabilidad mutua es el producto más requerido en estos días y nadie podrá suministrar ese recurso hasta que los judíos, con su ejemplo, muestren el camino.

Por lo tanto, lo único que los judíos deben hacer hoy, es unirse para dar ejemplo de unidad al resto del mundo. Y cuando el mundo se una, los problemas desaparecerán.

El remedio para la ansiedad económica causada por la pandemia del coronavirus

Mi nuevo artículo: «El remedio para la ansiedad económica causada por la pandemia del coronavirus«

A medida que la pandemia de coronavirus avanza a nivel mundial, es preciso pensar que nadie en el mundo estará exento de su impacto económico.

Así como el avance de la capacidad global para contener la pandemia de coronavirus es incierta, también lo es el pronóstico económico, se estima que el efecto de COVID-19 en la economía mundial, este 2020, superará el trillón dólares en pérdidas.

Sorprendentemente, el miedo a un terrible daño económico se vuelve más fuerte que la ansiedad por el daño a la salud. La pérdida de empleos está dejando estancada a mucha gente y esa amenaza, a diario toma nuevas formas.

Indudablemente, los ciudadanos comunes que dependen de un ingreso mensual básico o promedio, para poner comida en la mesa de su familia y cuya pareja se ve obligada a quedarse en casa para cuidar a los niños, se enfrentan a una nueva realidad aterradora. Las largas colas para comprar artículos de primera necesidad, como papel higiénico y las reglas que les advierten que se mantengan alejados de las multitudes, les producen temor por su vida, piensan en su destino y en la paralizante incertidumbre ante lo desconocido.

Los dueños de negocios, grandes y pequeños, están en grave peligro. Rápidamente, sus cuentas caen en déficits, su rutina diaria se rompe. Los clientes, proveedores y pedidos se detuvieron y nadie sabe cuándo ni en que medida se reactivarán. Nadie da nada a los dueños de negocios ¿quién se encargará de ellos? ¿quién puede garantizar que el virus será eliminado de la tierra mañana y que la vida volverá a la normalidad?

La sociedad humana se desintegra y se escurre de nuestras manos desinfectadas. Durante años hemos vivido unos de otros, de repente, en un momento, todo se congeló y neutralizó. La amenaza provocada por el coronavirus llegó a todas las esferas económicas, pero el golpe más fuerte es para el sector turístico. No hay vuelos ni hoteles ni restaurantes, es la sentencia de muerte para la industria del turismo.

Por eso, los gritos de desgracia y desesperación que surgen con cada nueva limitación y el nuevo nivel de severidad posterior, derivado de la pandemia, son comprensibles. Sin embargo, también podemos encontrar consuelo en que la humanidad se está viendo en el espejo, descubre que creó una sociedad disfuncional que exalta su propia importancia. Ahora, con la economía paralizada, tenemos en la boca, el fuerte sabor de los frutos en mal estado que cosechamos durante mucho tiempo, con nuestra conducta egoísta y debemos afrontar nuestra situación actual.

Así que, este es un momento exaltado para buscar el alma nacional y global. Es tiempo de preguntarnos ¿qué quiere la naturaleza de nosotros? ¿para qué nos dio la vida? ¿fue sólo para encontrar la forma de sobrevivir en este planeta? ¿qué hemos logrado? En los primeros treinta años de nuestra vida, pasamos por los niveles de educación primaria, secundaria y superior. Viajamos por el mundo, luego pasamos otra década construyendo una familia, trabajamos compramos casa, automóvil y criamos hijos.

¿Y que sigue? Nos arrojaron a un remolino del cual es difícil salir. Vivimos una forma moderna de esclavitud, encerrados en jaulas doradas y en redes sociales. Ahora, de repente, aislados de todo por el coronavirus, tenemos oportunidad de cambiar. Sólo tenemos que descubrir por qué nos llegó este problema global, para entender cómo aprovecharlo al máximo.

Este es el aspecto positivo del coronavirus. Ayuda a dilucidar el sistema integral en el que vivimos, el sistema de la naturaleza, que es interdependencia, donde cada parte ayuda a la otra. La excepción es el ser humano, que sabemos que está dispuesto a destruir todo, a invadir y conquistar, sólo para sentirse bien. No quiere integrarse con las leyes interconectadas e interdependientes de la naturaleza.

Luego, llega el coronavirus y destruye el edificio de anti-integración que creamos en la sociedad humana. Esto nos forzará a hacer un nuevo examen del orden de la vida y a comprender que si seguimos actuando de esta manera salvaje, como egoístas con mente estrecha y no atendemos sólo las necesidades básicas de nuestro cuerpo -igual que cualquier otro animal o planta en la naturaleza-, haremos daño a nosotros y al entorno. Esta “excepción” humana es lo que necesitamos equilibrar, para conectarnos con el sistema integral de la naturaleza, para que podamos ser felices y estar satisfechos con nuestra vida.

El programa de la naturaleza nos obliga a hacer este ajuste crítico. Anticipemos el antídoto contra el virus, abramos nuestros oídos a los mensajes de los cabalistas y a lo que está escrito en sus libros: que vivimos en un mundo donde todo es bueno, que sólo nosotros, los seres humanos, con nuestras relaciones egoístas, somos los que lo desequilibramos y sacamos de balance.

Si nos tratamos bien, con responsabilidad y consideración mutua, comenzaremos a descubrir la naturaleza plena y eterna en la que vivimos; tendremos, en la Tierra, una vida sin miedo, libre de presión, una vida larga, saludable y hermosa .

Debemos restaurar las conexiones espirituales en medio de la pandemia

Mi artículo en Newsmax: «Debemos restaurar las conexiones espirituales en medio de la pandemia«

No estamos acostumbrados al coronavirus. No tenemos idea de cómo terminará ni de hacia dónde nos llevará.

Si piensan que pasará en unas pocas semanas, no lo hará. Estamos en un nuevo estado que durará todo el verano y llegará al invierno.

¿Cuándo terminará esta pandemia?

Llegará a su fin cuando mejoremos nuestra conexión humana. Para entender por qué es así, necesitamos tener una conciencia más profunda de cómo funciona la naturaleza.

Antes de que el coronavirus cayera sobre nosotros, actuábamos con el deseo de bombear esteroides para nuestro beneficio, en detrimento de otros y cada uno satisfacía sus propios intereses.

La preocupación por otros y por nuestro planeta fue eclipsada por la preocupación por nosotros mismos. Así, nuestra preocupación nos hizo ver a la naturaleza y a los otros a través de una lente que nos indicaba cómo usarlos para beneficiarnos al máximo.

Por lo tanto, la naturaleza necesitaba enseñarnos una lección. Y lo hizo de manera muy dramática, astuta, cariñosa y rigurosa.

Parecíamos hermanos peleando por nuestro juguete y la naturaleza, como padre estricto, nos ordenó detener nuestras peleas, ir cada uno a nuestra habitación, pensar que nos comportamos mal y en cómo debemos comportarnos unos con otros, cuando la naturaleza nos permita salir de nuevo.

Por eso, espero que pensemos en serio en el período en el que estamos, que usemos el tiempo que tenemos para darnos cuenta de la estrecha interconexión e interdependencia, entre nosotros y con la naturaleza.

El coronavirus nos ayuda a ver que somos iguales. No distingue entre rico y pobre, jefe y trabajador, famoso y desconocido: todos somos iguales ante este golpe.

Entiendo que es muy complicado ver a todos iguales, porque fuimos educados para encasillar y clasificar a la gente de cierta manera, pero no tenemos otra opción: con este virus, la naturaleza nos muestra que para ella somos iguales. Si fuéramos prudentes trataríamos de vernos como lo hace la naturaleza.

Incluso las élites multimillonarias que escaparon a su isla privada o búnker subterráneo, no están a salvo del coronavirus. El virus apareció en muchos lugares y aún no entendemos cómo pudo haber llegado. Por eso, incluso en esas áreas de escape, la gente es propensa al virus, igual que todos, porque la presencia del virus tiene una razón totalmente diferente de la que pensamos actualmente.

Por lo tanto, cuanto antes nos relacionemos con todos como iguales, nos preocupemos por el mundo, tanto como nos preocupemos por nosotros mismos, podremos elevarnos más rápido por encima de este golpe que la naturaleza nos envió y lograremos una conexión cada vez mejor entre nosotros, en condiciones más tranquilas y pacíficas.

Coronavirus, una lección de humildad

KabNet publicó mi nuevo artículo: «Coronavirus, una lección de humildad«

Esta no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una pandemia peligrosa, pero COVID-19 o coronavirus es, sin duda, único en su tipo. Ninguna otra crisis de salud en el pasado se extendió por el mundo como tsunami, básicamente no dejó ningún rincón del planeta sin afectar. Y la razón es que, como nunca antes, el mundo está más interconectado e interdependiente. Este sistema tan confuso y complicado de la naturaleza, nos enseña que pereceremos separados o prosperaremos juntos. Es la lección principal que nos enseña la crisis del coronavirus.

La peste negra, el SARS y la gripe española, la pandemia más mortífera hasta ahora, que mató a alrededor de 50 millones de personas en el mundo en 1918, fueron brotes de enfermedades generalizadas que afectaron profundamente a la humanidad. Pero nunca antes hubo un evento como el coronavirus, de alcance tan amplio y global, que llegó a todos y le dio una vuelta a nuestra vida, en un abrir y cerrar de ojos. La prohibición de viajar se hizo efectiva de inmediato, congeló nuestra obsesión de ser viajeros sin importar a dónde, siempre que pudiéramos escapar. Nuestra perspectiva sobre el dinero también cambió desde la crisis, nos obligó a evaluar las prioridades en la vida. Nuestro consumismo sin fin y nuestra búsqueda compulsiva de placer  se frenó repentinamente y afortunadamente, lo más probable, nunca volverá a ser igual. Tendremos que adaptarnos a un nuevo estilo de vida, más básico, sedentario y tranquilo.

“La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.”

Guerra contra nuestra naturaleza.

Además de las pandemias, la guerra siempre deja devastación por todo el planeta, generación tras generación. Antes, el mundo se dividía en campos para zanjar conflictos: alemanes de un lado contra alemanes del otro, rusos y estadounidenses, chinos y occidentales, iraníes e israelíes. Ahora, el mundo se convirtió en un pueblo y el coronavirus lo demuestra. En comparación con las anteriores, esta crisis afecta a toda la humanidad, sin hacer distinciones de antecedentes, origen, creencias o estatus en la sociedad. Gente común, funcionarios de gobierno, cónyuges de líderes mundiales y celebridades- nadie escapa al contagio.

La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.

En la naturaleza nada sucede sin una causa. La situación actual ofrece a la humanidad una nueva dirección y una nueva perspectiva, pues el problema no está dirigido, en específico a ningún país, región o líder, como sucedía en el pasado. Esta vez, todos navegamos por aguas turbulentas y en el mismo barco, debemos reconocer que el único enemigo con el que tenemos que luchar es nuestra naturaleza egoísta, la fuente del desequilibrio del mundo. El virus y otros problemas del ecosistema son resultado directo del daño que los humanos infligimos al sistema de la naturaleza, con nuestro comportamiento imprudente y abusivo, tanto para el sistema como para otros. En verdad, todas somos parte integral del mismo mundo, que funciona como una enorme maquinaria de ruedas dentadas e interconectadas.

Una cura para la humanidad

No está prohibido ni disfrutar ni sentir placer en la vida. Nuestro deseo de placer es la base de nuestra naturaleza y su satisfacción es precisamente el propósito de la creación: hacer el bien y dar placer a los seres creados. La pregunta es: ¿con qué propósito disfrutamos y más importante aún, a expensas de qué o de quién?

Por lo tanto, por dolorosa e inquietante que parezca la pandemia, el coronavirus realmente puede convertirse en medicina para los males de la humanidad, si aprendemos su lección principal: el único ángel de la muerte es el ego humano y hasta que nos elevemos por encima de él, podremos disfrutar de una buena vida. Se nos da un despertar para cambiar el rumbo y conectarnos, para que juntos podamos aumentar la fuerza positiva de la naturaleza que se revela en nuestras relaciones armónicas. Esta revelación que cambiará el mundo, es motivo de gratitud.