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El remedio para la ansiedad económica causada por la pandemia del coronavirus

Mi nuevo artículo: «El remedio para la ansiedad económica causada por la pandemia del coronavirus«

A medida que la pandemia de coronavirus avanza a nivel mundial, es preciso pensar que nadie en el mundo estará exento de su impacto económico.

Así como el avance de la capacidad global para contener la pandemia de coronavirus es incierta, también lo es el pronóstico económico, se estima que el efecto de COVID-19 en la economía mundial, este 2020, superará el trillón dólares en pérdidas.

Sorprendentemente, el miedo a un terrible daño económico se vuelve más fuerte que la ansiedad por el daño a la salud. La pérdida de empleos está dejando estancada a mucha gente y esa amenaza, a diario toma nuevas formas.

Indudablemente, los ciudadanos comunes que dependen de un ingreso mensual básico o promedio, para poner comida en la mesa de su familia y cuya pareja se ve obligada a quedarse en casa para cuidar a los niños, se enfrentan a una nueva realidad aterradora. Las largas colas para comprar artículos de primera necesidad, como papel higiénico y las reglas que les advierten que se mantengan alejados de las multitudes, les producen temor por su vida, piensan en su destino y en la paralizante incertidumbre ante lo desconocido.

Los dueños de negocios, grandes y pequeños, están en grave peligro. Rápidamente, sus cuentas caen en déficits, su rutina diaria se rompe. Los clientes, proveedores y pedidos se detuvieron y nadie sabe cuándo ni en que medida se reactivarán. Nadie da nada a los dueños de negocios ¿quién se encargará de ellos? ¿quién puede garantizar que el virus será eliminado de la tierra mañana y que la vida volverá a la normalidad?

La sociedad humana se desintegra y se escurre de nuestras manos desinfectadas. Durante años hemos vivido unos de otros, de repente, en un momento, todo se congeló y neutralizó. La amenaza provocada por el coronavirus llegó a todas las esferas económicas, pero el golpe más fuerte es para el sector turístico. No hay vuelos ni hoteles ni restaurantes, es la sentencia de muerte para la industria del turismo.

Por eso, los gritos de desgracia y desesperación que surgen con cada nueva limitación y el nuevo nivel de severidad posterior, derivado de la pandemia, son comprensibles. Sin embargo, también podemos encontrar consuelo en que la humanidad se está viendo en el espejo, descubre que creó una sociedad disfuncional que exalta su propia importancia. Ahora, con la economía paralizada, tenemos en la boca, el fuerte sabor de los frutos en mal estado que cosechamos durante mucho tiempo, con nuestra conducta egoísta y debemos afrontar nuestra situación actual.

Así que, este es un momento exaltado para buscar el alma nacional y global. Es tiempo de preguntarnos ¿qué quiere la naturaleza de nosotros? ¿para qué nos dio la vida? ¿fue sólo para encontrar la forma de sobrevivir en este planeta? ¿qué hemos logrado? En los primeros treinta años de nuestra vida, pasamos por los niveles de educación primaria, secundaria y superior. Viajamos por el mundo, luego pasamos otra década construyendo una familia, trabajamos compramos casa, automóvil y criamos hijos.

¿Y que sigue? Nos arrojaron a un remolino del cual es difícil salir. Vivimos una forma moderna de esclavitud, encerrados en jaulas doradas y en redes sociales. Ahora, de repente, aislados de todo por el coronavirus, tenemos oportunidad de cambiar. Sólo tenemos que descubrir por qué nos llegó este problema global, para entender cómo aprovecharlo al máximo.

Este es el aspecto positivo del coronavirus. Ayuda a dilucidar el sistema integral en el que vivimos, el sistema de la naturaleza, que es interdependencia, donde cada parte ayuda a la otra. La excepción es el ser humano, que sabemos que está dispuesto a destruir todo, a invadir y conquistar, sólo para sentirse bien. No quiere integrarse con las leyes interconectadas e interdependientes de la naturaleza.

Luego, llega el coronavirus y destruye el edificio de anti-integración que creamos en la sociedad humana. Esto nos forzará a hacer un nuevo examen del orden de la vida y a comprender que si seguimos actuando de esta manera salvaje, como egoístas con mente estrecha y no atendemos sólo las necesidades básicas de nuestro cuerpo -igual que cualquier otro animal o planta en la naturaleza-, haremos daño a nosotros y al entorno. Esta “excepción” humana es lo que necesitamos equilibrar, para conectarnos con el sistema integral de la naturaleza, para que podamos ser felices y estar satisfechos con nuestra vida.

El programa de la naturaleza nos obliga a hacer este ajuste crítico. Anticipemos el antídoto contra el virus, abramos nuestros oídos a los mensajes de los cabalistas y a lo que está escrito en sus libros: que vivimos en un mundo donde todo es bueno, que sólo nosotros, los seres humanos, con nuestras relaciones egoístas, somos los que lo desequilibramos y sacamos de balance.

Si nos tratamos bien, con responsabilidad y consideración mutua, comenzaremos a descubrir la naturaleza plena y eterna en la que vivimos; tendremos, en la Tierra, una vida sin miedo, libre de presión, una vida larga, saludable y hermosa .

Debemos restaurar las conexiones espirituales en medio de la pandemia

Mi artículo en Newsmax: «Debemos restaurar las conexiones espirituales en medio de la pandemia«

No estamos acostumbrados al coronavirus. No tenemos idea de cómo terminará ni de hacia dónde nos llevará.

Si piensan que pasará en unas pocas semanas, no lo hará. Estamos en un nuevo estado que durará todo el verano y llegará al invierno.

¿Cuándo terminará esta pandemia?

Llegará a su fin cuando mejoremos nuestra conexión humana. Para entender por qué es así, necesitamos tener una conciencia más profunda de cómo funciona la naturaleza.

Antes de que el coronavirus cayera sobre nosotros, actuábamos con el deseo de bombear esteroides para nuestro beneficio, en detrimento de otros y cada uno satisfacía sus propios intereses.

La preocupación por otros y por nuestro planeta fue eclipsada por la preocupación por nosotros mismos. Así, nuestra preocupación nos hizo ver a la naturaleza y a los otros a través de una lente que nos indicaba cómo usarlos para beneficiarnos al máximo.

Por lo tanto, la naturaleza necesitaba enseñarnos una lección. Y lo hizo de manera muy dramática, astuta, cariñosa y rigurosa.

Parecíamos hermanos peleando por nuestro juguete y la naturaleza, como padre estricto, nos ordenó detener nuestras peleas, ir cada uno a nuestra habitación, pensar que nos comportamos mal y en cómo debemos comportarnos unos con otros, cuando la naturaleza nos permita salir de nuevo.

Por eso, espero que pensemos en serio en el período en el que estamos, que usemos el tiempo que tenemos para darnos cuenta de la estrecha interconexión e interdependencia, entre nosotros y con la naturaleza.

El coronavirus nos ayuda a ver que somos iguales. No distingue entre rico y pobre, jefe y trabajador, famoso y desconocido: todos somos iguales ante este golpe.

Entiendo que es muy complicado ver a todos iguales, porque fuimos educados para encasillar y clasificar a la gente de cierta manera, pero no tenemos otra opción: con este virus, la naturaleza nos muestra que para ella somos iguales. Si fuéramos prudentes trataríamos de vernos como lo hace la naturaleza.

Incluso las élites multimillonarias que escaparon a su isla privada o búnker subterráneo, no están a salvo del coronavirus. El virus apareció en muchos lugares y aún no entendemos cómo pudo haber llegado. Por eso, incluso en esas áreas de escape, la gente es propensa al virus, igual que todos, porque la presencia del virus tiene una razón totalmente diferente de la que pensamos actualmente.

Por lo tanto, cuanto antes nos relacionemos con todos como iguales, nos preocupemos por el mundo, tanto como nos preocupemos por nosotros mismos, podremos elevarnos más rápido por encima de este golpe que la naturaleza nos envió y lograremos una conexión cada vez mejor entre nosotros, en condiciones más tranquilas y pacíficas.

Coronavirus, una lección de humildad

KabNet publicó mi nuevo artículo: «Coronavirus, una lección de humildad«

Esta no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una pandemia peligrosa, pero COVID-19 o coronavirus es, sin duda, único en su tipo. Ninguna otra crisis de salud en el pasado se extendió por el mundo como tsunami, básicamente no dejó ningún rincón del planeta sin afectar. Y la razón es que, como nunca antes, el mundo está más interconectado e interdependiente. Este sistema tan confuso y complicado de la naturaleza, nos enseña que pereceremos separados o prosperaremos juntos. Es la lección principal que nos enseña la crisis del coronavirus.

La peste negra, el SARS y la gripe española, la pandemia más mortífera hasta ahora, que mató a alrededor de 50 millones de personas en el mundo en 1918, fueron brotes de enfermedades generalizadas que afectaron profundamente a la humanidad. Pero nunca antes hubo un evento como el coronavirus, de alcance tan amplio y global, que llegó a todos y le dio una vuelta a nuestra vida, en un abrir y cerrar de ojos. La prohibición de viajar se hizo efectiva de inmediato, congeló nuestra obsesión de ser viajeros sin importar a dónde, siempre que pudiéramos escapar. Nuestra perspectiva sobre el dinero también cambió desde la crisis, nos obligó a evaluar las prioridades en la vida. Nuestro consumismo sin fin y nuestra búsqueda compulsiva de placer  se frenó repentinamente y afortunadamente, lo más probable, nunca volverá a ser igual. Tendremos que adaptarnos a un nuevo estilo de vida, más básico, sedentario y tranquilo.

“La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.”

Guerra contra nuestra naturaleza.

Además de las pandemias, la guerra siempre deja devastación por todo el planeta, generación tras generación. Antes, el mundo se dividía en campos para zanjar conflictos: alemanes de un lado contra alemanes del otro, rusos y estadounidenses, chinos y occidentales, iraníes e israelíes. Ahora, el mundo se convirtió en un pueblo y el coronavirus lo demuestra. En comparación con las anteriores, esta crisis afecta a toda la humanidad, sin hacer distinciones de antecedentes, origen, creencias o estatus en la sociedad. Gente común, funcionarios de gobierno, cónyuges de líderes mundiales y celebridades- nadie escapa al contagio.

La situación muestra al mundo lo débiles y vulnerables que son los humanos frente a la naturaleza. Es una lección de humildad, cuando sentíamos que todo estaba a nuestro alcance, que era para nuestro uso y que teníamos derecho de explotar y usar lo que nos rodea sin tener en cuenta a los demás.

En la naturaleza nada sucede sin una causa. La situación actual ofrece a la humanidad una nueva dirección y una nueva perspectiva, pues el problema no está dirigido, en específico a ningún país, región o líder, como sucedía en el pasado. Esta vez, todos navegamos por aguas turbulentas y en el mismo barco, debemos reconocer que el único enemigo con el que tenemos que luchar es nuestra naturaleza egoísta, la fuente del desequilibrio del mundo. El virus y otros problemas del ecosistema son resultado directo del daño que los humanos infligimos al sistema de la naturaleza, con nuestro comportamiento imprudente y abusivo, tanto para el sistema como para otros. En verdad, todas somos parte integral del mismo mundo, que funciona como una enorme maquinaria de ruedas dentadas e interconectadas.

Una cura para la humanidad

No está prohibido ni disfrutar ni sentir placer en la vida. Nuestro deseo de placer es la base de nuestra naturaleza y su satisfacción es precisamente el propósito de la creación: hacer el bien y dar placer a los seres creados. La pregunta es: ¿con qué propósito disfrutamos y más importante aún, a expensas de qué o de quién?

Por lo tanto, por dolorosa e inquietante que parezca la pandemia, el coronavirus realmente puede convertirse en medicina para los males de la humanidad, si aprendemos su lección principal: el único ángel de la muerte es el ego humano y hasta que nos elevemos por encima de él, podremos disfrutar de una buena vida. Se nos da un despertar para cambiar el rumbo y conectarnos, para que juntos podamos aumentar la fuerza positiva de la naturaleza que se revela en nuestras relaciones armónicas. Esta revelación que cambiará el mundo, es motivo de gratitud.

Coronavirus: ¿una bendición disfrazada?

Thrive Global publicó mi nuevo artículo: «Coronavirus: ¿una bendición disfrazada?«

 

 

 

 

 

 

 

Soccer Football – Campeonato Gaucho – Gremio v Sao Luiz – Arena do Gremio, Porto Alegre, Brazil – March 15, 2020 Gremio players wearing masks before the match is played behind closed doors as the number of coronavirus cases grow around the world

REUTERS/Diego Vara

La vida volverá a la normalidad después del coronavirus, pero la normalidad no será lo que conocemos. Después de que desaparezcan los síntomas de abstinencia del abuso del consumismo, la gente despertará a una nueva realidad. Mientras más tiempo le tome a la humanidad superar COVID-19, más diferente será la vida posterior.

El mejor escenario predice que la vacuna contra el virus estará disponible a fines de 2020, ¿cuántas empresas sobrevivirán a un cierre forzado durante tanto tiempo? ¿cuántos lugares de recreación y entretenimiento pueden permanecer cerrados durante tantos meses? Y lo más importante, ¿cómo será nuestra vida sin todo eso?

En mi opinión, no será la aniquilación total de la recreación ni del entretenimiento, pero habrá mucho menos y de diferente forma, ¿puedes imaginarlo? ¿puedes imaginar una vida que no sea perseguir placeres ficticios que casi siempre terminan en soledad, lo que nos lleva a buscar el siguiente placer prometido, sólo para encontrar la siguiente promesa rota? ¿qué nos deleitará cuando la búsqueda inútil y fútil de satisfacción sea detenida por causa de fuerza mayor?

En este momento, hay más preguntas que respuestas en torno a la pandemia de COVID-19. Más allá de las obvias, cuándo se encontrará la vacuna, el germen activó preguntas muy profundas. Por ejemplo, dejamos de contaminar el mundo, al frenar de manera tan radical vuelos, transporte y producción, nuestra huella de carbono se redujo drásticamente, mejoró la calidad del aire, disminuyó el agotamiento de los recursos naturales y en general, hace que la humanidad sea un sueño hecho realidad para los entusiastas del medio ambiente, como Greta Thunberg y los millones de personas que sufren por el daño que le estamos causando al planeta. Viéndolo así, ¿el virus es tan malo? ¿tal vez es malo para nosotros, pero bueno para el resto de la realidad? Si ese es el caso, entonces, estamos en desacuerdo con la realidad y ciertamente no es bueno ¿cómo llegamos a esto?

Como dije, aún es muy temprano para responder estas preguntas; estamos en lo que los periódicos llaman “una historia en desarrollo”. Pero cuando el polvo baje, no hay duda, veremos una imagen diferente a la de antes de que fuera lanzado al aire.

Algunos puntos de reflexión

Estas son algunas de las cosas en las que reflexiono en estos días:

1. La naturaleza por sí misma, es armoniosa y equilibrada. Cuando se rompe el equilibrio, como cuando hay una sobrepoblación de una especie, la naturaleza encuentra la forma de equilibrarse, aumentando el número de depredadores de esa especie o eliminando el exceso de animales de una u otra manera. Si la naturaleza parece intentar sacrificarnos, creo que deberíamos preguntarnos por qué lo hace ¿nos hemos vuelto tan perjudiciales que se ve obligada a desechar a algunos de nosotros?

2. Si el virus es la forma en la que la Naturaleza sacrifica a la humanidad, ¿implicaría que si no nos comportáramos tan mal, el virus no hubiera sucedido?

Hay preguntas aún más profundas que podemos hacer:

1. Hasta ahora, el coronavirus ha sido bastante “gentil” con nosotros. El número de víctimas es relativamente bajo y los síntomas, la mayoría de las veces, son leves. Al mismo tiempo, vemos que de alguna manera, el virus desenreda todos nuestros lazos; nos está aislando, desajustando nuestra forma de vida anterior, aunque no nos amenaza con matarnos de hambre, ¿qué significa eso, para nosotros? ¿podría ser la forma en la que la naturaleza nos dice que el problema radica en nuestra conexión? Si fuéramos más empáticos y más considerados entre nosotros, ¿influiría eso en la enfermedad? Tal vez no sería así y deberíamos haber sido más empáticos y considerados desde antes. Ahora, es demasiado tarde, tendremos que salir de la tormenta e intentar ser diferentes cuando termine. Pero, tal vez sería…

2. Además, la naturaleza, como dijimos, es equilibrada. Pero los humanos, es evidente que no lo son. Somos condescendientes con la naturaleza, somos condescendientes entre nosotros y nunca dejamos de jugar. Pensamos, que nadie piensa, que somos superiores a la Naturaleza, que podemos vencerla si sólo nos esforzamos lo suficiente y durante suficiente tiempo ¿pudiera esta incongruencia entre la naturaleza general y la naturaleza humana, ser la causa del brote?

De una forma u otra, el virus, a su manera, es una bendición disfrazada. Necesitamos reflexionar y hoy hay tanta gente preguntando o simpatizando con quien pregunta, que me hace sentir optimista. Vamos a encontrar una vacuna contra el coronavirus, pero la pregunta que más me inquieta es, si vamos a encontrar una vacuna contra la enfermedad que nos ha afectado durante siglos: nuestra naturaleza humana egoísta.

Coronavirus y la nueva humanidad

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «Coronavirus y la nueva humanidad«

El brote del COVID-19 (coronavirus) nos agarró fuera de guardia. Al inicio, al mundo no le importó realmente, porque era en China y el oeste sólo ve a china como una gran fábrica. Después, pensamos que era un poco más que un nuevo tipo de gripe. Cuando comenzó a propagarse, no pensamos que pudiera llegar a nuestro país ni a nuestra  ciudad y menos a nuestro vecindario. Cuando los gobiernos declararon cuarenta obligatoria a las personas que regresaban del extranjero o cierre de espectáculos de entretenimiento o cancelación de juegos deportivos o cierre de escuelas y universidades, aún pensamos que entraban en pánico sin razón.

Pero ya lo sabemos mejor. Si no queremos que nuestro país luzca como Wuhan o Lombardía, debemos seguir atentamente las instrucciones.

Casi un mensaje positivo 

Si no fuera tan triste, podríamos decir que el mensaje del coronavirus suena casi positivo: nos dice ” todos estamos unidos”. Es el mensaje universal de responsabilidad mutua, donde las medidas tomadas por un gobierno tienen efecto en cada individuo del planeta. Sólo piensa en como empezó: alguien en Wuhan, China, tuvo un extraño resfriado en noviembre, tres meses después, miles de personas están muertas, el mundo cierra negocios, cientos de miles están encarcelados dentro de su propia casa o atrapados en su ciudad. Rusia y la OPEP declararon la guerra del petróleo, Estados Unidos piensa que ambos están dispuestos a ganar y todo por una persona que tuvo un resfriado extraño.

Es un hecho, todos estamos juntos, universalmente conectados.

En la sabiduría de la Cabalá, existe el concepto “última generación”. Básicamente dice que cuando el ego de la generación le llegue hasta la médula, surgirá un nuevo paradigma de unidad y responsabilidad mutua. Ahora, de acuerdo con El libro del Zóhar, libro primordial en Cabalá, estamos en el inicio de esa última generación.

Nacimiento de una nueva humanidad 

Es cierto que estamos en medio de una crisis global. Pero la palabra “crisis” no merece su mala reputación. En griego, crisis es “punto de inflexión, para bien o para mal, en una enfermedad aguda” o “momento decisivo en un asunto grave y de consecuencias importantes” o “cambio radical en el desarrollo de un proceso”, según el diccionario de la lengua española. Por lo tanto, no necesariamente es malo, pero, sin duda, es una situación dramática.

La palabra hebrea para “crisis” es aún más interesante. Mashber, crisis en hebreo, es la palabra que los textos antiguos usaban para denotar nacimiento. Mashber era una silla especial en la que la mujer en trabajo de parto se sentaba hasta que daba a luz (Talmud, Arachin 1: 4). Además, en la Biblia (Isaías 37: 3), la palabra Mashber denota la apertura del canal de parto, justo antes de que el bebé emerja al mundo.

En el caso de la crisis actual y de hecho, del proceso que hemos observando durante algunas décadas, el bebé recién nacido es la nueva humanidad. La diferencia entre ahora y, digamos, hace diez años, es que porciones representativas de la humanidad empiezan a reconocer que la responsabilidad mutua y la interdependencia no son sólo palabras elegantes que pueden usar para decorar sus publicaciones en redes sociales; es la dolorosa realidad que debemos tener en cuenta en nuestra vida diaria. Antes, a nadie le importaba si querías ir a una discoteca o al cine para distraerte de la carga de la vida. ¡Hoy, literalmente, la vida de otros podría depender de tu decisión! No hay nada más, mutuamente responsable, que eso.

Disposición vs no disposición para colaborar con la realidad

La realidad eligió por nosotros:  todos dependemos unos de otros. Pero podemos elegir cómo hacerlo. Igual que “crisis”, interdependencia no es malo en sí. Imagina cómo sería la vida si no hubiera alguien que haga la comida para que la compremos en el supermercado, nadie que fabrique coches para poder ir a donde queramos y nadie que haga ropa, casas, electrodomésticos y los artefactos que tanto disfrutamos ¿cómo sería la vida?

El problema no está en la dependencia mutua en sí, sino en que tratamos de usarla en nuestro beneficio personal, en lugar de en beneficio de todos. Cuando usamos la interdependencia egoístamente, el resultado es la crisis financiera de hace doce años, la depresión que sentimos por nuestra insatisfacción con la vida y que es causa de abuso de sustancias que cobra decenas de miles de vidas cada año y la pandemia actual que no sabemos cuándo ni cómo terminará.

Pero si usamos nuestra interdependencia para el bien común, estaremos encantados de contribuir con nuestra mejor habilidad y esfuerzo con la sociedad y todos harán lo mismo ¿te imaginas una sociedad en la que todos sus miembros trabajen por el bien común? ¿imaginas que haya tristeza allí? ¿puedes ver enfermedades? ¿encontrarás soledad? ¿habrá crimen, analfabetismo o drogas en esa comunidad? Una comunidad que funcione con responsabilidad mutua nunca permitirá que nada de eso suceda.

COVID-19 es un maestro severo. Pero por dolorosas que sean sus lecciones, es mejor que aprendamos ya la lección de nuestra interconexión y responsabilidad mutua, del nuevo paradigma de la vida. La realidad ya decidió que ahora es el momento del nacimiento de una nueva humanidad; es nuestra elección hacerlo suave y feliz o resistirlo y soportar el método de parto asistido de la naturaleza…

Cómo responder a las preguntas acerca de la muerte en la era del coronavirus

Mi nuevo artículo: «Cómo responder a las preguntas acerca la muerte en la era del coronavirus«

A medida que el Coronavirus continúa en su viaje mundial y el pánico penetra en el conglomerado humanos, algunos encaran la pregunta radical y última acerca de la muerte.

¿Cómo deberíamos responder ante la muerte? ¿qué es la muerte? ¿qué nos ocurre luego de la muerte?

La naturaleza nos rodea con sabiduría y grandeza. Nacemos y nos desarrollamos dentro de la naturaleza. Muchos sistemas funcionan con base en el momento, para sostener nuestro cuerpo por 70, 80 e incluso 100 o más años.

“Parte de nuestro problema a escala global es el despertar global de preguntas más profundas de la vida.”

¿Por qué? ¿para qué se supone que debemos nacer, vivir y luego morir?

Soportamos años difíciles y dolorosos entre el nacimiento y la muerte ¿cuánto placer exprimimos realmente esos años? Cuidamos nuestro cuerpo a la manera de Sísifo y sentimos cada vez menos energía para seguir adelante.

Es como si cambiaramos, de ser organismos vivos que respiran, a una etapa biodegradable y después nos desintegramos por completo.

¿Hay algún beneficio para esa existencia? ¿o se supone que luchemos por años para abrirnos camino en la vida lo mejor que podemos hasta que finalmente morimos?

Evalúa el propósito de la vida en los cuatro niveles de la naturaleza

En la naturaleza, todos y cada uno de los detalles, aún los más finos, tienen beneficios y continuidad.

Existen tres niveles distintos en la naturaleza: inanimado, vegetal y animal. El hombre en su etapa actual de desarrollo, pertenece al mundo animal. La humanidad, sin embargo, es diferente, como nivel “hablante”, es más alto que el animal.

Entonces, ¿qué hace a los humanos diferentes de los animales?

Somos fundamentalmente mamíferos que respiran, tenemos dos piernas y las necesidades básicas de los animales; comer, beber, dormir y reproducirse. Además, tenemos una capacidad mental y emocional adicional, que nos permite absorber conocimiento y sabiduría. Criamos niños, pasamos el conocimiento de una generación a la siguiente, desarrollamos herramientas y a nuestra sociedad para sentirnos mejor y más cómodos.

En otras palabras, tenemos las necesidades básicas de supervivencia; alimento, vivienda, sexo, familia, también tenemos necesidades sociales. Nos comparamos con los demás y, nos separamos unos de otros, nos vestimos, alojamos y encontramos satisfacción llenando nuestra casa y cuerpo con innumerables productos a los que hacemos publicidad entre nosotros.

Así que, ¿somos simplemente “animales inteligentes” que descubrimos cómo sentirnos más cómodos en el mundo?

Diferencia fundamental entre humanos y animales

La diferencia fundamental entre humanos y animales es que nosotros, los humanos, tenemos una aspiración más profunda, sembrada en nuestro interior, de ir más allá de los límites de nuestro cuerpo temporal de proteínas.

También tenemos la habilidad de reconocer esta aspiración. En tanto animales, le tenemos miedo a la muerte y queremos vivir. Pero en adición a nuestra condición animal, sólo nosotros, los humanos, nos preguntamos para qué vivimos.

No todos los humanos se preguntan sobre el significado de la vida. Alrededor de una décima parte de la población adulta lo hace, todos los niños lo preguntan, pero pronto se olvidan.

Por lo tanto, el coronavirus, los conflictos entre diferentes países y facciones, la caída de los mercados y la feroz división social: o sea, el daño que las células de la sociedad se hacen a sí mismas, se propaga como enfermedad en el cuerpo de la humanidad.

Parte de nuestro problema a escala mundial, es el despertar global de preguntas más profundas de la vida.

Viaje a la última sensación de nuestro origen común

Espero que con esas preguntas, el hombre busque respuesta, que rechace los millones de influencias materiales que lo distraen de su viaje hacia la percepción sublime y hacia la sensación de nuestro origen común, que en el camino, aprenda e implemente las leyes de esa realidad perfecta.

Si buscamos activamente descubrir la respuesta a nuestras preguntas, es como si peláramos las capas de una cebolla, comprendemos más profundamente la necesidad de conectarnos positivamente con los demás. Con nuestra conexión positiva, entramos en la sala de control de la realidad, equilibramos nuestra actitud con la actitud de la naturaleza de amor mutuo y otorgamiento en una totalidad interconectada e interdependiente.

Cuando alcanzamos equivalencia de forma con la naturaleza, nos convertimos en parte saludable y provechosa en el sistema de nuestra existencia y entramos en contacto directo con la cualidad fundamental de la naturaleza, amor y otorgamiento y sentimos una vida nueva y perfecta, libre de miedos, errores y problemas.

El pánico por el coronavirus llega a Israel. Esto es lo que podemos aprender de él

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «El pánico por el coronavirus llega a Israel. Esto es lo que podemos aprender de él «

El coronavirus hizo Aliyá en Israel. Los israelíes ahora están en pánico por el virus que llena los titulares de los medios. Nadie sabe cómo se propaga, a través del agua o del aire, de aves migratorias o de un grupo de turistas surcoreanos. Hasta que se encuentre la raíz del virus, todas y cada una de las respuestas pueden ser “correctas”.

Sin embargo, parte de la responsabilidad está en nosotros, es decir, en la humanidad. Todos estamos bajo una presión especial y requiere que contribuyamos un poco en el trabajo con este fenómeno. Por lo tanto, además de las pautas y recomendaciones del Ministerio de Salud, debemos equilibrar el juicio y tratar de diagnosticar la causa raíz detrás de la propagación de ese virus amenazante, la causa general de todos nuestros problemas.

Según la sabiduría de la Cabalá, la naturaleza humana es el deseo de disfrutar. Este deseo crece y requiere el máximo placer con la mínima inversión. Mientras más crece, sin restricción, más queremos disfrutar a expensas de los demás. Así, el deseo egoísta, donde todos queremos disfrutar a expensas de otros, contrarresta el deseo general de la naturaleza: el deseo de dar placer.

Cuando no estamos en equilibrio con la naturaleza armónica, que opera de manera altruista, recibimos retroalimentación que indica que necesitamos revisar nuestra dirección y alinearnos con la naturaleza. Esa retroalimentación puede aparecer como brote viral, protesta en la sociedad, tiroteo masivo, huracán, ataque terrorista, es decir, cualquier forma a escala personal, social o ecológica.

Todos los altibajos que experimenta la humanidad, incluidas turbulencias del mercado, crisis entre individuos y países, ruptura de la unidad familiar, son resultado del desequilibrio entre el deseo de recibir, la naturaleza individual y el deseo de dar, la naturaleza global.

Se podría argumentar que el dolor nos ablanda y nos hacen más hábiles para acercarnos a la naturaleza, pero nadie desea sufrir y no hay mandamiento que nos ordene sufrir.

Por eso, hasta que aprendamos a conectarnos positivamente en la sociedad, por encima de nuestro deseo de disfrutar, sólo en beneficio propio, continuaremos cayendo una y otra vez, de muchas maneras diferentes.

La expresión más poderosa del ego es rechazar nuestra conexión.

La naturaleza nos lleva a acercarnos unos a otros, pero si nos fortalecemos dentro de nuestro ego, la naturaleza nos golpea mucho más fuerte.

Los golpes de la naturaleza podrían aumentar hasta el punto en el que los humanos no tendremos más remedio que entender que sólo juntos podemos lidiar con los golpes, de lo contrario moriremos.

La naturaleza, gradualmente nos lleva a un estado de conexión perfecta y en nuestro camino, necesitamos lidiar con el ego que resiste la conexión. Eventualmente llegaremos a un estado en el que, si no logramos conectarnos, todos caeremos, si tenemos éxito en nuestra conexión, todos alcanzaremos un nivel más alto de conciencia.

Si conociéramos el sistema total de la naturaleza, nos sorprendería ver que la más mínima conexión o desconexión entre nosotros, influye en el sistema colectivo de la naturaleza, para bien o para mal.

¿Por qué el sistema total de la naturaleza nos está oculto?

Porque si se revelara, no tendríamos conciencia: seríamos como rocas, plantas o animales, que actúan en equilibrio instintivo con la naturaleza, sin libre albedrío.

Dado que nuestros lazos de conexión son invisibles, regularmente necesitamos escuchar explicaciones de cómo estamos conectados y cómo podemos descubrir esa conexión, para discutir el sistema total de la naturaleza y nuestro papel en ella y así reconocer nuestro deseo egoísta de disfrutar, que es opuesto a la cualidad altruista de la naturaleza y amplificar nuestra necesidad de unirnos.

Además, no necesitamos esperar a que las crisis nos conecten por la fuerza. Podemos despertar y simplemente conectarnos, porque estaremos mucho mejor al conectarnos que al dividirnos. En otras palabras, existe una fuerza positiva en la naturaleza que revela nuestra conexión, al descubrir esa fuerza, experimentamos estados mucho más altos de felicidad, confianza, amor, libertad y paz de los que experimentaremos si fallamos al conectarnos.

Mis artículos en los medios, enero-febrero 2020

En inglés:

Newsmax:

   “Coronavirus Means China Must Realign Its Worldview

Medium:

   “The Coronavirus Is a Wake-Up Call for China to Upgrade Its Attitude to the World

   “Maybe We Have Yet to See Kobe Bryant’s Greatest Achievement

   “Nature’s Life-Giving Secrets That We Can Learn from Chernobyl

   “The Single Most Important Thing to Remember During the Holiday Season

   “What Is the Ego?

The Times of Israel:

   “Racist Attitudes Toward Ethiopian Jews Displays Need to Unite Above Differences

   “Unlocking the Ancient Book of Zohar to Understand Today’s Anti-Semitism

   “The Jewish Choice and the Undetected Burglar

   “Flashbacks of the Nazi Era in Present Time: Are Jews At Risk As Before?

   “How to Reconstruct a World in Pieces and Attain Peace

   “Tackling the Question of Jewish Identity After the Jersey City Shooting“

Newsrael:

   “BiShvat

   “Anti-Semitic incidents in New York

Quora:

    “How do you celebrate Tu Bishvat?

   “What did dictionary.com name its word of the year for 2019?

JewishBoston:

   “What a Hanukkah for Humanity (Not Just Jews) Looks Like

KabNet:

   “Maybe We Have Yet to See Kobe Bryant’s Greatest Achievement

   “Nature’s Life-Giving Secrets That We Can Learn from Chernobyl

   “The Single Most Important Thing to Remember During the Holiday Season

   “What Is the Ego?

Blog:

   “Trump’s Peace Plan: Its Success Depends on Israel

Facebook:

    “Tu BiShvat

   “We Wear Clothes to Cover the Shame of Being Egoists

   “The Coronavirus Is a Wake-Up Call for China to Upgrade Its Attitude to the World

   “Maybe We Have Yet to See Kobe Bryant’s Greatest Achievement

   “The Single Most Important Thing to Remember During the Holiday Season

   “What Is the Ego?

En español:

BlogActive:

    “La luz de Janucá para sanar un mundo dividido – Uniting Europe
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Por qué el estrés entre médicos en su lugar de trabajo puede conducir al suicidio

KabNet publicó mi nuevo artículo: «Por qué el estrés entre médicos en su lugar de trabajo puede conducir al suicidio«

Si un problema como el suicidio, ya es tan angustiante en sí mismo, el suicidio entre médicos es particularmente preocupante. Cientos de médicos se quitan la vida cada año a una tasa de más del doble que el de la población general.

¿Por qué tantos médicos, una profesión ampliamente respetada y bien remunerada, terminan suicidándose?

Doctores o más específicamente médicos, a menudo se encuentran bajo presión muy aguda, limitaciones de tiempo muy estrictas y se enfrentan a casos más allá de su capacidad de manejo. Aunque están entrenados para actuar con un intelecto agudo y una calidez amistosa, algunos simplemente no pueden soportar la carga y enfrentan profunda depresión y estrés.

Asumen los problemas de sus pacientes y  al hacerlo, los mismos médicos se convierten en pacientes. Su dedicación les impide abandonar su trabajo, pero el peso mental y emocional que soportan los sofoca. Algunos llegan a tal desesperación que no ven otra opción que renunciar a la vida.

“Sólo la conexión positiva en el cuerpo de la sociedad humana tiene poder para curar los sistemas de nuestra vida, desde el cuerpo humano hasta los confines más distantes de la sociedad”.

Recientemente, en enero de 2019, un interno en el Centro Médico Soroka en Beersheva, Israel, puso fin a su vida. Se convirtió en el cuarto médico que se suicida en israelí desde 2018. Los otros tres eran médicos de alto rango. El ambiente agotador y estresante de tratar con salas de emergencia abarrotadas, atender a pacientes que pueden provenir de poblaciones difíciles, así como un trabajo que exige realizar cirugías, capacitar a pasantes, trabajar largas horas en departamentos congestionados, rodeados de enfermedades infecciosas durante sus largas horas de trabajo, todo pasa factura.

La profesión médica tiene una responsabilidad sobre sus hombros, más allá de su capacidad de sobrellevarla. Cada año los profesionales de la medicina intentan servir a los enfermos que necesitan ayuda y comportarse como ángeles del cielo, pero sucede que también son mortales de carne y hueso.

En Israel, el sistema de atención médica padece, a pesar de no carecer de fondos. Los pacientes, a menudo esperan en largas filas para que alguien los libere del dolor. Médicos, enfermeras y personal de hospital trabajan dedicada y devotamente, día y noche, para garantizar la salud de todos. Pero, las enfermedades se vuelven más agresivas, los pacientes requieren más trabajo agotador y los medicamentos son menos efectivos. En última instancia, los médicos se sienten confundidos y luchan contra una abrumadora complejidad, en todos los ámbitos.

Quizá, una situación tan desesperada nos obligará a reconocer la enfermedad única y definitiva, que necesita sólo una cura.

Cuando no hay conexión positiva entre los “órganos” de la sociedad humana, cuando fallamos en pensar y actuar con consideración mutua, nuestro “cuerpo social” enferma y muere y con él, también nuestros cuerpos físicos. Sólo la conexión positiva en el cuerpo de la sociedad humana tiene el poder de curar los sistemas de nuestra vida, desde el cuerpo humano hasta los confines más distantes de la sociedad.

El cabalista Yehuda Ashlag, reconocido como el más grande cabalista del siglo XX, escribió lo siguiente sobre este fenómeno:

“Observando la vida, vemos que el proceso de una nación es igual al proceso de un individuo. El funcionamiento de cada uno dentro de la nación, es como el funcionamiento de los órganos en un cuerpo. Debe haber armonía total entre los órganos: los ojos, ven y asisten al cerebro para pensar y consultar, las manos trabajan o luchan y las piernas caminan. Así, todos están en guardia y hacen su papel. Así mismo, los órganos del cuerpo de la nación (consejeros, empleadores, trabajadores, transportistas, etc.) deberían funcionar en total armonía. Son necesarios para la vida normal de la nación y para una existencia segura.

“Así como la muerte natural del individuo es resultado de la falta de armonía entre sus órganos, el declive natural de la nación es resultado de alguna obstrucción entre sus órganos, como testificaron nuestros sabios (Tosfot, Baba Metzia, capítulo 2), “Jerusalén fue arruinada por el odio infundado que existía en esa generación”. En ese momento, la nación fue invadida y murió, sus órganos se dispersaron en todas direcciones”. Yehuda Ashlag, La Nación.

La separación causa, tanto la muerte del cuerpo humano como la de la sociedad. Todas las partes que componen cualquier sistema delicado deben estar en relación simbiótica perfecta. El espíritu de consideración y responsabilidad mutua debe fluir entre todas las partes de todos los sistemas para su funcionamiento saludable.

Para lograr relaciones así, se requiere un proceso de curación profunda, arraigado en la sociedad en su conjunto, uno en el que no sólo los médicos, sino todos, vigilen día y noche para ayudar a cualquier persona en apuros.

En resumen, sólo podremos asegurar nuestra sociedad con médicos sanos mental y emocionalmente y cuando aceptemos nuestra responsabilidad de construir una sociedad emocionalmente sana, con relaciones humanas positivas, por encima de todos los procesos de división.

Causa y solución más profundas del coronavirus, según la Cabalá

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «Causa y solución más profundas del coronavirus, según la Cabalá«

Surgieron signos de caos total en Wuhan, China, la ciudad donde el coronavirus comenzó a extenderse. 60 millones de ciudadanos están bajo toque de queda, las escuelas en toda la región están cerradas hasta nuevo aviso y las autoridades recomiendan evitar cualquier contacto innecesario con otras personas, incluso darse la mano. La extraña plaga también se extendió con rapidez más allá de las fronteras de China, causando pánico en todo el mundo.

Si vemos esta situación con la lente de la sabiduría de la Cabalá, no hay nada nuevo. Todo se desarrolla de forma natural. La línea de pensamiento egoísta incrustada en nosotros nos hace imaginar un mundo fijo e inmutable, donde sólo nosotros, los humanos nos movemos en nuestra realidad. Nos colocamos en el centro del mundo e imaginamos que, con nuestra naturaleza egoísta y miope, tenemos control sobre el sistema de la naturaleza. Sin embargo, brotes como el coronavirus nos muestran que este no es el caso.

Con nuestros cinco sentidos de percepción, no podemos ver que las variaciones que suceden en nuestro mundo en constante cambio, ahora se desarrollan con una trayectoria negativa hacia nosotros. En nuestra ignorancia, desafiamos a la naturaleza.

La materia prima de la creación, denominada en la sabiduría de la Cabalá, “deseo de disfrutar”, está en constante crecimiento. En los humanos, este deseo se expresa con una cualidad egoísta adicional, nuestro objetivo es satisfacer ese deseo de disfrutar a expensas de los demás. Por eso, presumimos nuestra importancia personal, nos separamos mental y emocionalmente unos de otros. Los cabalistas describen nuestra tendencia destructiva y egoísta de disfrutar a expensas de los demás como, “inclinación al mal”.

Con esta naturaleza tan egoísta, nos encontramos ante una seria paradoja: por un lado, es natural desear disfrutar, estar en reposo y usar a cualquiera y cualquier cosa, para lograr lo que imaginamos que es agradable. Por otro lado, si no cubrimos la inclinación al mal con una buena inclinación, con la intención de beneficiar a los demás, nos estamos preparando para la autodestrucción.

El ritmo de expansión de la epidemia de coronavirus debe verse como advertencia para que seamos conscientes de que estamos a punto de enfrentar desafíos de la naturaleza que serán inmanejables. Hasta hoy, el desequilibrio entre las fuerzas del bien y del mal, es decir, entre el deseo de beneficiar a los demás y el deseo de disfrutar sólo en beneficio propio, surgió lenta y gradualmente con pequeños incrementos. A ese ritmo pausado, tuvimos tiempo suficiente de desarrollar anticuerpos para combatir las mutaciones, aunque sólo fuera temporalmente.

Sin embargo, con esta tasa de cambio acelerada exponencialmente, podríamos enfrentarnos a plagas funestas en el futuro, a menos que aprendamos a equilibrar nuestras cualidades: nuestra inclinación humana de vivir a expensas de otros, con la característica de la naturaleza que exige conexión altruista con todos los aspectos del ambiente, incluido el hombre. Por el momento, tontamente nos enfrentamos a la naturaleza, la batalla está perdida.

No hay crueldad por parte de la naturaleza. La naturaleza opera con leyes fijas y absolutas para llevarnos al estado perfecto, equilibrado y armonioso. Por lo tanto, sólo necesitamos determinar cuál es nuestro papel en naturaleza y tratar de convertirnos en un elemento activo y útil.

Nuestra misión clave en el sistema de la naturaleza es funcionar como un componente esencial que trae equilibrio al mundo, abrazando la ley primaria de la naturaleza, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Según la sabiduría de la Cabalá, cuando tratamos de conectarnos con hilos de amor, nos alineamos con la fuerza positiva de la naturaleza y nos volvemos similares a ella. Al hacerlo, formamos un “virus de amor” que surgirá entre nosotros y se propagará a través de nosotros a la naturaleza en todos sus niveles, inanimado, vegetal, animal y humano. En resumen, las conexiones humanas positivas, en las que cada uno aspire a beneficiar al otro, equilibrarán todos los males del mundo.