El Arca de Noé para la humanidad

Es sabido, por la ciencia de la Cabalá, que como resultado de todo nuestro desarrollo en este mundo, en el marco de las creencias y religiones, en el campo de la tecnología, la vida pública y social, en el campo del gobierno y las relaciones internacionales, debemos llegar a una completa decepción en este desarrollo, detenernos y admitir: “No sabemos qué hacer a continuación”. Intentamos lograr algo, satisfacer nuestros deseos, y no logramos nada. Esta carrera sin fin no ha llevado a nada.

 

Por supuesto, cuando una persona llega a esa conclusión por sí misma, no se siente feliz al respecto. Pero es precisamente ese estado de ansiedad lo que le hace detenerse y pensar en qué hacer a continuación.

Entonces, en medio de la desesperanza y la impotencia, comienza a descubrir que existe otra forma de desarrollo. Pero esta no puede revelarse hasta que una persona haya alcanzado la completa desilusión con el presente y la desesperanza en el futuro en toda esta vida, que supuestamente nos ha sido dada por casualidad en este planeta donde vivimos como animales, sin comprender por qué ni para qué. Y, de hecho, si nos miras desde fuera, desde cualquier lugar del universo, toda nuestra vida en este planeta te parecerá muy extraña, porque nos destruimos constantemente a nosotros mismos. ¿Para qué?

 

Cuando uno reflexiona sobre “¿por qué necesito toda esta vida?”, empieza a darse cuenta de que necesita un guía que le oriente y le dirija en el camino. Y entonces llega a los libros verdaderos, cuyos autores ya han comprendido una nueva forma de vida, no en la delgada y frágil capa de la corteza terrestre que cubre este planeta -donde existimos en completa dependencia de ella en todo- sino la vida en una dimensión completamente diferente. Después de todo, además de nuestra Tierra, nuestro universo y otras galaxias, existe un avance hacia otra dimensión superior.

 

Por supuesto, esto requiere un guía que nos oriente en el camino. Pero es como si toda la humanidad estuviera en el Arca de Noé, que ahora debe separarse de este mundo y entrar en la siguiente dimensión.

 

Esta guía es una fuerza especial que viene de Arriba, a la que El Zóhar llama “el conductor de burros”. Los burros (Hamorim) somos nosotros. Hamorim proviene de la palabra “Homer” (material, el deseo de disfrutar), que necesita desarrollarse, es decir, avanzar, mostrándole cómo alcanzar una forma diferente de existencia.

Por lo tanto, “El conductor de burros” es un artículo especial del Libro del Zóhar. Al leer este artículo debemos intentar conectar con esta fuerza, nuestro conductor, que nos guía hacia adelante, siempre y cuando podamos aferrarnos a él y queramos seguirlo.

 

El Zóhar habla alegóricamente de esta fuerza, el conductor de burros, como un hombre que va delante de las personas a las que conduce sus burros, picando con un palo afilado para que sigan avanzando. Después de todo, el burro solo entiende una cosa: si le duele, avanza; si no le duele, se detiene. Así es como se comporta nuestra materia.

 

Y por eso necesitamos esa fuerza externa que nos “estimule”, y entonces tendremos que avanzar, de lo contrario nos quedaremos estancados. Al fin y al cabo hemos sido creados por el deseo de disfrutar y no somos capaces de “apuñalarnos” a nosotros mismos ni de invocar esa fuerza desde fuera. ¿Cómo puedo provocarme sufrimiento voluntariamente?

 

Por lo tanto, según El Zóhar, esta fuerza externa se envía a las personas que ya son capaces de ascender a una dimensión superior y además de la vida en este mundo que sienten en su cuerpo, en su “burro”, adquirir una vida adicional en la dimensión espiritual.

 

Esto es muy posible, pero hay que escuchar al conductor de burros que se envía desde arriba a cada persona. Este conductor despierta en nosotros y nos mueve. Solo tenemos que ser sensibles a sus acciones.

 

Así que busquemos esa fuerza dentro de nosotros mismos y deseemos elevarnos.

El conductor de burros

 

Aunque todos nacemos con nuestra propia raíz del alma, única en su género, en diferentes niveles y con distintos deseos, al existir una integración mutua entre las almas, cada persona puede adoptar los deseos de los demás. Se dice que cualquiera puede alcanzar el nivel de Moisés. Pero ¿Cómo es posible si nací con una raíz del alma pequeña?

 

¡Todo depende de cada persona! Incluso si uno nace con una raíz del alma pequeña puede conectarse con deseos más elevados, corregirlos, y elevarse al nivel más alto.

 

Esto se llama el Creador enviándole un arriero (burro, «Jamor» de la palabra «Jomer«, material), un alma que le ayuda a conectar con deseos superiores y también a corregirlos. Cualquiera puede ascender al nivel de los Patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob), las almas más grandes, así como al nivel de Moisés, el más grande de los profetas.

 

Cuando una persona nace (se da a luz a sí misma) en el mundo espiritual, puede recibir los deseos de los demás y, al usarlos, alcanzar la misma importancia que el alma suprema. En esto, las almas no interfieren entre sí. Todas se elevan al nivel máximo de corrección, hasta la luz plena de NaRaNJaY.

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