Biná es la cualidad de la fe en su forma abstracta, pero esta fe se realiza en Maljut, pues la fe solo puede aplicarse prácticamente donde existe la cualidad de la recepción. La voluntad de recibir aparece primero en la etapa de Jojmá, sin embargo no se realiza desde el lado del ser creado.
El deseo de otorgar aparece en Biná, pero aún sin realización práctica. De la combinación de ambas surge la cuarta etapa (Dalet), donde debe haber fe, y según la medida de la fe, hay recepción. El deseo de recibir en Maljut resulta del deseo de Biná de otorgar y del deseo de Jojmá de recibir, que Zeir Anpin une plenamente.
El 15 de Av (Tu B’Av) se considera uno de los días más propicios para Israel. Un buen día es aquel en que uno puede dar lo máximo al Creador. Tu B’Av simboliza la recepción para otorgar, pero como prenda para el futuro, cuando Maljut ya haya sido corregido. En la actualidad, aunque hay un ascenso de los mundos, se debe a un despertar de lo Superior y no al trabajo de lo inferior.
El final de la corrección tiene lugar en Purim. Tu B’Av representa la unión de los deseos de recepción de Maljut en todas las condiciones adecuadas, y surge de las cuatro fases, representadas como cuatro grupos de doncellas en busca de novio: Jojmá, Biná, Zeir Anpin, y Maljut.
«¿Qué dirían las bellezas entre ellas? Vuelve tus ojos a la belleza, porque una mujer es sólo para la belleza».
«¿Qué dirían los bien nacidos entre ellos? Pon los ojos en la familia, pues la mujer es sólo para los hijos». Bajo la mirada de Jacob añade: «Los ricos de entre ellos dicen: ‘Pon tus ojos en los ricos’. ¿Qué dirían los desagradables entre ellos? ‘Toma lo que tomes para el Creador, con tal de que nos coronen con monedas de oro'» (Rabash, «El Decimoquinto de Av»).
Así, pasarían todas las etapas –Jojmá, Biná, Zeir Anpin– hasta que le llegó el turno a Maljut, y se reveló que el Reino de los Cielos (Maljut Shamayim) debía ser pobre e indigente, no rico, bello ni noble. Solo a través de nuestro trabajo seremos capaces de permanecer leales a ella.
Este festival encarna nuestra búsqueda, nuestra desilusión con nuestra propia fuerza, nuestra disposición por cualquier medio a separarnos del deseo de recibir y permanecer leales al otorgamiento, a no exigir nada para nosotros mismos. Pido al Creador que me proteja de mi deseo de recibir, mi mayor enemigo. Debo llegar a odiar mi egoísmo tan profundamente que no sucumbiré a ninguna tentación.
Que mi ego simplemente muera: ¡no recibirá nada! Deja que yo mismo desaparezca, no importa, porque debo pasar a través del punto de restricción total y nacer al otro lado de la barrera, lo que significa la muerte de mi deseo de recibir para mi propio bien. Esto es vida y luz para mí, pues la vida solo existe más allá de esta barrera (Majsom).
Para ello, hay que llegar a la cuarta fase, Maljut, la novia poco atractiva, pobre y humilde llamada «fe». Si, a pesar de su pobreza y bajeza, puedo permanecer fiel a ella, significa que he alcanzado la fe. Esta es la condición para alcanzar Maljut: aceptar adherirse solo a ella, independientemente de todas las demás formas atrayentes.
La fe se acepta sin condiciones; de lo contrario no es fe, sino un cálculo o una transacción.
La fe no puede tener un fundamento egoísta, quiero librarme del cálculo egoísta. Sin esto, no puedo entrar en el mundo espiritual. Esta es la condición de entrada: limpiarse de deseos egoístas y permanecer solo en el otorgamiento. La cualidad del otorgamiento es la ausencia de cualquier cálculo para el beneficio propio.
Si me esfuerzo por alcanzar la fe, paso por todas estas etapas, una tras otra, y me encuentro con las «novias» que preceden a Maljut -la bella, la rica y la noble. Al final llego al punto en que no quiero otra cosa que liberarme de toda esta «nobleza». Quiero que solo exista el Creador, y que yo no exista. Solo entonces comienza la vida espiritual.
Estoy dispuesto a abandonar todos los cálculos y aferrarme al Creador sin ninguna deliberación. Así, me convierto en un embrión espiritual. Quiero que el programa del Creador me gobierne, que determine todo mi comportamiento, pensamientos y deseos. Que otro motor opere dentro de mí.
Ahora mi motor egoísta gira y busca cómo ganar más, tener más éxito y deleitarme a mí mismo. Pero yo quiero un nuevo motor, uno que constantemente me oriente hacia el Creador y no busque nada para sí mismo, para que un nuevo programa de otorgamiento actúe dentro de mí. Esto significa que la luz Superior se revela dentro de mí y me concede una nueva visión de la vida y, con estos nuevos ojos, veo el mundo Superior.
De todas las «novias», de todos los deseos, después de largos discernimientos, elegimos la que no exige más que adhesión, para basar toda su recepción únicamente en la fe. Esta novia le parece fea al deseo de recibir: carece de nobleza, de riqueza, de belleza. Sin embargo, precisamente cuando no recibo nada para mi egoísmo, puedo ser totalmente leal al Creador. Estoy dispuesto a morir mientras pueda permanecer leal a Él. Esta es la condición para cruzar el Majsom.
Tu B’Av es la elección del Reino de los Cielos (Maljut Shamayim). Después del 9 de Av, no queda nada para mí. Todo se ha derrumbado, el Primer Templo y el Segundo. Y entonces llega el 15 de Av, cuando puedo basar mi relación con el Creador únicamente en la cualidad del otorgamiento. Esta es la razón por la que el 15 de Av se considera la mayor festividad.
Gracias a la revelación de la ruina el 9 de Av, el 15 de Av obtengo la capacidad de aferrarme al Reino de los Cielos, de elegir a la verdadera novia, Maljut.
Las cuatro novias que elegimos son nuestras actitudes hacia el grupo. Esperamos recibir del grupo riqueza, conocimiento y nobleza, pero al final veo que no recibiré nada excepto una cosa: a través de la lealtad a ellos, alcanzaré la lealtad al Creador. Y este es mi mayor tesoro.
Todo esto parece feo a mi deseo de recibir, no veo nada bueno en este grupo y con gusto lo rechazaría; sin embargo, es precisamente a través de esta forma que puedo llegar al Creador si lo acepto. El mundo entero muestra cómo me odia por dedicarme al otorgamiento, y cómo me apoyaría si yo fuera tan egoísta como todos los demás.
El mundo se vuelve muy agudo en este aspecto. Nadie me acusa por la recepción egoísta, pero todos me atacan por esforzarme por el otorgamiento. Y si cambio, se me promete inmediatamente una buena vida y el regreso de las tres novias favorables -las etapas Álef, Bet, y Guimel.
Aquí uno debe ser muy directo y no entrar en ningún compromiso. El Creador me confundirá de todas las maneras, pero la condición para cruzar el Majsom es decir: «Mejor muerte que una vida así». Entonces veré cómo todas estas ilusiones se disuelven y se desvanecen.
La verdadera novia es la que permanecerá conmigo a condición de que yo esté dispuesto a aceptarla tal como es, incluso la más fea del mundo. No tiene ni belleza, ni riqueza, ni nobleza, nada atractivo. ¿Por qué, entonces la amo y me siento atraído por ella? Porque solo de esta forma puede llevarme al Creador.
Veo que es el Creador quien juega conmigo con todas estas ilusiones. Me tienta con riqueza, inteligencia, conocimiento y nobleza, y soborna mi vanidad. Pero al final comprendo que la grandeza del Creador está en la modestia; por lo tanto, debo rebajar mi orgullo y mis exigencias, y no buscar la belleza ni la nobleza, la sabiduría o la riqueza, sino solo el deseo de unirme con todo mi corazón, y entonces podré «casarme.»
El período del 9 de Av es un tiempo de muerte y destrucción. Pero desde el 15 de Av en adelante, desde el día alegre de Tu B’Av -cuando elegimos el verdadero Maljut Shamayim– comenzamos la preparación para el congreso, para la conexión entre nosotros y la adhesión con el Creador, ahora con el deseo correcto.
Te encantará El punto primordial del amor

