Aunque vemos que los cuerpos cambian de generación en generación, esto solo aplica a los cuerpos; pero las almas, que son la esencia del cuerpo mismo, no desaparecen para ser reemplazadas, sino para moverse de cuerpo en cuerpo, de generación en generación.
Así, en nuestro mundo no hay nuevas almas y es completamente irrelevante el hecho que ahora cada una cambie de cuerpo varios miles de veces, porque la esencia del yo del cuerpo, llamado “el alma”, no sufre en absoluto por estos cambios (Baal HaSulam, “La paz”).