La presencia del Creador no necesita ser clara ahora y no puede serlo. Se revela en la medida de la equivalencia de forma. Pero debe existir una exigencia de Su presencia como fuerza dentro del grupo que brinda la garantía mutua (Arvut).
Es como una garantía que recibes de un banco y vienes a mí y me dices: “El banco me lo garantizó”.
Debe haber un sentido de que Él es el garante, el socio, la fuente que da fuerza, apoyo y quien también cumple las cosas si tomamos la decisión correcta.
Es como cuando los niños le consultan sobre qué pedirle a su padre: «Queremos esto, aquello y lo otro». Pero si se unen en grupo y finalmente encuentran la petición correcta, éste cumple inmediatamente su deseo.
Supongamos que el padre quiere comprarles nueces, pero ellos quieren helado. Hasta que no sientan el deseo correcto —por las nueces—, el padre no les comprará nada, no estará con ellos. Parece demasiado simple, pero al final, así es como Baal HaSulam describe nuestra relación con el Creador.
Como el Creador está oculto para nosotros, podemos plantearnos en el trabajo esta pregunta: “¿Qué quiere Él de nosotros?”
Estamos disponibles el uno para el otro y en todos los giros y vueltas que atravesamos, podemos discernir cuál es el deseo del Superior, qué significa adhesión (Dvekut), cuál es la intención correcta en aras del otorgamiento, etc.
Con el grupo, todo se puede hacer como en un laboratorio. Pero con el Creador, no es así, porque Él está oculto. Es muy similar a la relación entre los hijos y su padre: Si encuentran la petición correcta que corresponde a lo que el padre ha preparado para ellos, inmediatamente descubren su deseo y reciben su cumplimiento.