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Un Shaná Tová (buen año) depende de nosotros

Mi nuevo articulo: «Un Shaná Tová (buen año) depende de nosotros«

Estamos en el umbral de una revolución total, un cambio importante en nuestra actitud, hacia nosotros mismos, hacia la sociedad, hacia la humanidad y hacia toda la naturaleza. Rosh HaShaná –es en hebreo y significa “cabeza” o “inicio” de “año”-, llega en un momento especial, como nunca antes, en medio de una pandemia mundial. Somos conscientes del impacto de gran alcance del virus, pero debemos preguntar ¿con qué propósito llegó? La respuesta a esta pregunta es la clave para un buen año nuevo, un Shaná Tová 5781.

El coronavirus nos muestra que nuestro comportamiento individualista y egocéntrico nos lleva a la destrucción y al dolor. Viéndonos a los ojos en el espejo, con total honestidad podemos preguntarnos ¿queremos reformar y corregir nuestra naturaleza, cambiarla por una que sólo quiera cooperación mutua y unidad?

Los crecientes desafíos y predicamentos por los que estamos pasando, despiertan la introspección mundial para entender que el camino actual que recorre la humanidad no nos lleva a un buen lugar. Este reconocimiento, por sí solo, ya es un paso muy importante en nuestro desarrollo. El coronavirus resultó ser una fuerza que despierta a la humanidad para hacer una revisión completa de su estado.

Nuestra comprensión actual de lo que está sucediendo se reduce a la conciencia de que el virus nos golpea.

Pero nuestra razón no profundiza más. No tenemos idea de hacia dónde nos dirigen los golpes ni de dónde vienen ni, lo más importante, cuál es su propósito. Estamos tan desamparados y desorientados como un bebé recién nacido que siente dolor y llorar, sin comprender el motivo de la situación.

Así, nuestro desafío prioritario es descubrir el motivo del coronavirus, no en el sentido biológico, sino su sentido esencial, desde su mismo origen. Distanciamiento social, mascarillas, evitar multitudes, la carrera mundial por la vacuna, tratamientos experimentales: todas son medidas que buscan aliviar el problema de la Covid-19. Pero, ninguna será la solución integral al fenómeno del coronavirus.

La naturaleza, como padre amoroso, siempre trabaja por el bien de su creación. Los golpes, presiones y angustias, tan dolorosas como las siente cada individuo, no son para perjudicarnos, sino para equilibrarnos con la naturaleza y lograr una vida mejor. Su propósito es agudizar la conciencia de nuestras prioridades en la vida, de lo que realmente importa: relaciones armoniosas; entre nosotros y con la naturaleza.

La pandemia tiene como meta hacer que nos acerquemos adecuadamente al entorno que nos rodea, de forma integral y como complemento. Con el deseo de hacer bien a los demás y a nuestro entorno. La naturaleza es global, integral y unida. La tendencia del desarrollo evolutivo es hacer que nos identifiquemos con esas cualidades, a pesar de que fuimos creados muy diferente y que estamos distante unos de otros.

La era del coronavirus está cambiando nuestra vida, literalmente, por la fuerza. Nos lleva hacia un mundo superior y más avanzado, en el que todas las partes están unidas.

Hasta ahora, el mundo se ve justo al revés, lleno de juegos del ego, violencia, corrupción, luchas y disturbios, es parte del proceso de desarrollo. Si al inicio de la pandemia aún veíamos manifestaciones de solidaridad y ayuda mutua, hoy se agotó la paciencia de todos. Además, la ilusión de que nos tratamos bien está rota y ya es claro que es parte de la naturaleza humana cuidar sólo de uno mismo.

La impotencia que sentimos nos llevará a buscar la guía de nuestros sabios que, a lo largo de miles de años, crearon un método de unidad para este momento especial, para llevar a la humanidad a un nuevo horizonte. Este método atemporal desarrolla el enfoque y el sentimiento de que todos estamos dentro de un sistema. Una vez que se nos inculca firmemente esta noción, se vuelve natural tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, hasta que seamos “como un hombre con un corazón”. Y cuando finalmente nos conectemos con armonía, sentiremos que el poder único de la naturaleza que lo guía todo, en realidad, sólo nos hace el bien.

Entonces, ¿qué debemos desearnos para el nuevo año? Primero, reconocer nuestra naturaleza humana egoísta como la fuerza autodestructiva que nos separa. Segundo, desear cambiar de dirección y conectarnos por el bien de todos. Así, activaremos la fuerza de la naturaleza que irradia un mundo sano y sereno. Nuestra intención y deseo de construir una conexión profunda entre nuestros corazones, sanará el coronavirus en su raíz y asegurará que el siguiente año sea el más dulce que jamás hayamos vivido, realmente un Shaná Tová.

Influencers y la Generación Z

Mi nuevo articulo: «Influencers y la Generación Z«

Solían ser autores, pensadores, filósofos y personas altamente educadas, quienes nos inspiraban. Ahora, blogueros, estrellas de los reality shows, modelos de Instagram con poca ropa y celebridades de YouTube, son los paradigmas a seguir. Rara vez leemos más. La gente es influyente por la cantidad de suscriptores y seguidores que tiene en las redes sociales, y no lo logran con palabras, sino con imágenes que suelen ser provocativas, evocadoras y exudan un aire de derecho.

Sin embargo, a pesar de la superficialidad de la Generación Z, no es necesariamente malo que haya dejado de leer porque sí. Hay una buena razón: son mucho menos ingenuos que nosotros. No creen en la buena voluntad de nadie; quieren respuestas claras y son sobrios sobre la vida que les espera. Están desilusionados y eso es bueno. Tomarán lo que les ayude y rechazarán lo que no, depende de nosotros, que construimos el mundo en el que viven, darles respuestas y soluciones útiles.

Los jóvenes de hoy tienen poco respeto por títulos académicos, por políticos, poderosos y súper ricos. En su mayor parte, no aspiran a parecerse a ninguno de ellos. Quieren divertirse y no creen que ni títulos ni estatus social los hagan felices. Tienen razón y son inteligentes.

Aunque, también se deprimen porque no ven futuro. Si todo lo que hay que buscar es diversión, ¿por qué no drogarse con algo y olvidarse del mañana? Pero cuando descienden, descienden a la desesperanza.

Sufren, pero el dolor les trae preguntas reales y profundas sobre el sentido de la vida. Quizá el mejor testimonio de la intensidad de esta pregunta, sea el aumento de las tendencias suicidas entre jóvenes. Según un ensayo publicado en Business Insider, “El suicidio es la segunda causa de muerte de la Generación Z, es una epidemia peor que cualquier otra que hayan enfrentado los millennials en esa edad”.

Es nuestro trabajo, de los millennials y de la generación X, darles respuesta. Somos nosotros los que debemos exponerles los beneficios de la conexión humana, la confianza y seguridad que sólo podemos encontrar entre personas en las que confiamos. Somos nosotros los que debemos mostrarles, con nuestro propio ejemplo, que es gratificante quitar la vista de la pantalla del celular y vernos.

Nosotros, sus padres, debemos demostrar que la comunicación y la conversación en unidad social, crean una comunidad fuerte y sólida y que socializar es divertido. Somos nosotros los que debemos entender que la tensión que sentimos, el odio entre campos rivales y la ira que desahogamos libremente, no aportan nada positivo para nosotros ni para nuestros hijos. Al contrario, están destruyendo nuestra sociedad y sin una sociedad fuerte, no tenemos futuro, ni siquiera a nivel físico.

Por eso, debemos observar los modelos que siguen los jóvenes, no con desaprobación, sino alarmados porque los dejamos llegar a ese vacío, porque no les dimos metas que los hicieran realmente felices. Deberíamos observarlos y cambiar nosotros mismos, para que ellos también cambien.

Debemos enseñarles que, si alguien no está de acuerdo conmigo, no es mi enemigo, sino una parte inseparable del tejido social y que los desacuerdos me ayudan a comprender mis propias ideas y sentimientos. Debemos predicar con el ejemplo y demostrar que sólo cuando aceptamos lo diferente y apreciamos nuestra diversidad, construimos una sociedad unida en la que es emocionante vivir y una base sólida para el futuro.

La supervivencia del más apto es una mentira que nos decimos a nosotros mismos

Mi nuevo articulo: «La supervivencia del más apto es una mentira que nos decimos a nosotros mismos«

Cada día que pasa, tenemos que entender que, a pesar de las crecientes tensiones, odiamos al enemigo equivocado. Pensamos que el enemigo es el que apoya a la otra parte o el que pertenece a otra raza o el privilegiado de algún modo, el rico, el inteligente, el guapo, el afortunado o cualquier otra cosa que nos gustaría ser o tener.

Ninguno de ellos es mi verdadero enemigo. Siempre ha habido y habrá gente con más éxito que nosotros. Pero no nos sentíamos mal ni sentíamos que los queríamos fuera de nuestra vida o tal vez, incluso fuera de la existencia. Siempre estuvieron aquí, pero nosotros éramos diferentes. Éramos menos susceptibles, menos ensimismados o simplemente, menos egoístas. Sí, nuestro propio ego, es el enemigo.

No podemos controlarlo; crece en nuestro interior y es tan parte de lo que somos que ni siquiera sentimos que sea el problema. Pero si no aprendemos a trabajar con él, nos llevará a una guerra civil, porque no podremos tolerar la existencia de nadie más que la nuestra y la de aquellos que piensan como nosotros y se parecen a nosotros.

No habrá ganadores en esta guerra porque no es la guerra correcta. La guerra correcta es contra nuestro propio ego y sólo podemos derrotarlo si la libramos específicamente junto a aquellos que son diferentes de nosotros, que nos disgustan y que desaprobamos, pues es la única alianza que nuestro ego nunca apoyará.

Pero tiene que ser una decisión común, tomada por toda la sociedad en todas sus facciones o, estará destinada a fracasar. Podrás preguntarte ¿por qué debería la gente cooperar con gente a la que odia o incluso relacionarse positivamente? La respuesta es que no tenemos opción. Si no lo hacemos, todos caeremos. Llegamos a un estado en el que somos totalmente dependientes unos de otros y somos más dependientes de aquellos que más nos disgustan.

No sólo nosotros, toda la realidad está compuesta de opuestos que se complementan. No se gustan, pero son totalmente dependientes unos de otros y su propia existencia garantiza y sostiene la existencia de su opuesto o “rival”. Piensa en la “noche” sin el “día”, “invierno” sin “verano”, “seco” sin “mojado”. O cuando se trata de la gente, piense en “negro” sin “blanco”, “republicano” sin “demócrata”, “liberal” sin “conservador”. ¿Te imaginas una moneda con un solo lado? Así de dependientes somos nosotros.

Pensamos que cuando Darwin descubrió el principio de “Supervivencia del más apto”, quiso decir que sólo los más mezquinos y beligerantes sobreviven. Es una mala interpretación de sus palabras, que nuestro belicoso ego nos impone. Un libro reciente de Brian Hare y Vanessa Woods titulado Survival of the Friendliest  (Supervivencia de los más amigables) escribe que, “para Darwin y los biólogos modernos, la “supervivencia del más apto” se refiere a algo muy específico: la capacidad de sobrevivir y dejar atrás una descendencia viable. No se pretende ir más allá”. Además, añaden que “Darwin estaba muy impresionado por la amabilidad y la cooperación que observaba en la naturaleza” y citan su libro Descenso del Hombre, que dice: “Las comunidades, que incluían el mayor número de miembros cariñosos, florecían mejor y tenían el mayor número de descendientes”.

Vamos en la dirección opuesta. Estamos rompiendo el tejido social, desgarrando nuestras comunidades y desmantelando el país. En esas circunstancias, nosotros mismos no sobreviviremos. Y el único culpable es el ego humano. Ahora estamos en un punto en el que, o nos unimos contra él y nos ayudamos a superarlo animándonos a conectarnos y tratando de unirnos con los que son diferentes o, el ego ganará y todos lo perderemos todo.

Rosh HaShaná, ¿estará peor, antes de estar mejor?

Mi nuevo articulo: «Rosh HaShaná, ¿estará peor, antes de estar mejor?«

Estamos a punto de celebrar el Año Nuevo judío, un Rosh HaShaná como ningún otro. Las sinagogas del mundo están ajustando sus servicios a las restricciones de la Covid-19 que limitan las reuniones físicas. Además de la pérdida de vidas, miembros individuales y congregaciones enteras, se han visto profundamente afectados por los golpes económicos que causan estragos en olas y que alientan a los antisemitas a culpar a los judíos por la creación y propagación del virus. Un futuro sombrío parece el escenario más realista, pero esto definitivamente puede cambiar si tan sólo vemos nuestro destino como un proyecto único y perfectamente compartido.

Ahora está sucediendo lo contrario. Dentro de los judíos de Estados Unidos, la división, el odio mutuo y las disputas, señalan una fragmentación interna que pone en peligro la continuidad de una vida judía vibrante, ahora y, para las generaciones venideras. En Israel, la política y quién es considerado judío, son temas, entre otros, que provocan enfrentamientos candentes dentro de nuestra comunidad.

Curiosamente, la Covid-19 llegó sin poner atención en quién es religioso o secular, de izquierda o de derecha. Pero, no vemos el panorama total, que es una crisis amenazante, causada por un virus, que no ignora a nadie. La Covid-19 apareció y detuvo en seco la vida normal con el claro propósito de hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras perspectivas egoístas hacia los demás y hacia el entorno.

¿Cómo podemos captar una visión global cuando estamos tan ocupados con disputas y peleas?

Lamentablemente, entramos en la temporada de fiestas con los ojos vendados, preocupados por volver a la rutina y a nuestras luchas de poder habituales y sólo por nuestros intereses personales.

Ya es hora de que nos detengamos y nos aferremos firmemente al nuevo año como una oportunidad única para introspección y cambio. Rosh HaShaná, del hebreo “Rosh HaShinui”, marca no sólo el comienzo del calendario hebreo, también simboliza la renovación, un tiempo para la evaluación interna de nuestros pensamientos hacia los demás y de la intención detrás de nuestras acciones.

Actualmente nos gobierna nuestro intelecto que inmediatamente hace cálculos sobre cómo perseguir mejor las relaciones egoístas en beneficio propio, provocando separación y conflicto. Llegó el momento de inspirarnos en una mentalidad superior, más integral y estable, que nos ayude a abrir los ojos, a reconocer nuestras luchas agotadoras e infructuosas en la vida y a elegir el cambio.

¿Cómo se puede hacer una transformación tan importante?

Con el poder de la naturaleza, una fuerza que trabaja consistentemente para unir todos los detalles de la realidad que nos rodea y que conecta a todos como uno, que trasciende nuestros puntos de vista limitados y egoístas y, asegura un cambio profundo.

Nuestro problema es que actualmente estamos en estado opuesto a la naturaleza, en ella todo funciona en equilibrio. Con nuestra falta de integración con el sistema en el que vivimos, con nuestras relaciones mutuas rotas, la naturaleza seguirá aumentando el impacto de la pandemia hasta que reaccionemos y nos unamos.

Nuestra vida está regida por cierres, restricciones, incertidumbres y cada golpe sucesivo será aún más doloroso que el anterior, hasta que hagamos esfuerzos por mejorar la conexión de nuestras relaciones humanas.

Sin embargo, no es necesario esperar a que la situación empeore. Las cosas pueden mejorar si nos preguntamos cuál es la causa principal del coronavirus, si aprendemos de la vida lo que es esencial para que existamos y nos acercamos a otros de forma más sana y considerada. Igual que el mundo natural, redondo y conectado que nos rodea, la naturaleza trata de enseñarnos a vivir en armonía y paz, con el deseo de hacer el bien a los demás, implementando el principio judío fundamental, “ama a tu prójimo como a ti mismo” y transformando nuestro corazón.

Despertamos la fuerza que impulsa el cambio positivo, cuando damos un paso hacia la conexión, cuando nos acercamos y reducimos las enormes brechas entre nosotros. Podemos hacerlo en contra de nuestro deseo o de forma proactiva con el corazón abierto. Ni siquiera necesitamos borrar los sentimientos negativos ni nuestros desacuerdos, sólo superarlos con el espíritu de “el amor cubrirá todos los delitos”. (Proverbios 10:12)

En pocas palabras, el poder del amor que activamos en la conexión de nuestros corazones, por encima de todo lo que nos desgarra, es precisamente lo que endulzará nuestro destino como pueblo judío y como individuos y nos mantendrá fuertes y saludables. ¡Feliz Rosh HaShaná!

Vida social en un mercado laboral cambiante

Mi nuevo articulo: «Vida social en un mercado laboral cambiante«

Piénsalo, una realidad en la que se necesitan dos salarios para sostener a la familia, simplemente no tiene sentido. Ambos padres salen la mayor parte del día, cuando vuelven a casa están agotados y apenas si tienen energía para atender a sus hijos. En familias con un solo salario, por supuesto, la situación es mucho peor; porque sólo hay un padre para criar a los hijos, ese padre soltero, a menudo tiene que trabajar en dos empleos, para satisfacer sólo las necesidades básicas de la familia.

Es una situación antinatural e insalubre, cuyo resultado es una generación de niños descuidados, abandonados por sus padres cautivos que luchan por mantener un techo sobre la cabeza de sus hijos y ponerles pan en la boca. Pero lo más raro de este estado miserable es que pensamos que es “normal” e incluso “deseable”.

Afortunadamente, el coronavirus nos obliga a reconstruir nuestro mundo. Somos rebeldes, contenciosos, pero nos dobló las manos y nos obligará a cumplir.

La Covid hará añicos la economía, por mucho que nos resistamos, nos obligará a mantener a los que han sido golpeados por el colapso y nos obligará a pensar en los demás y no sólo en nosotros mismos. Tendremos que hacerlo o el colapso también nos golpeará.

La Covid dejará muy poco excedente para complacernos en lo que alguna vez pensamos que era necesario, pero no nos dejará con las manos vacías. Al contrario, nos mostrará lo que realmente tuvimos todo el tiempo, pero no nos dimos cuenta: unos a otros. El virus nos enseñará lo obvio: que nada importa más que familia y amigos cariñosos y nada nos hace más felices que tenerlos cerca. Nos hará reconstruir nuestra vida y poner en el centro de nuestra atención a la gente y no al dinero, así debe ser, porque sólo cuando vemos a otros y ellos nos ven, podemos ser felices.

El mundo produce y seguirá produciendo abundantes alimentos y todo lo que se necesita en la vida. No habrá escasez. La única pregunta es qué tan rápido aprenderemos a distribuirlo entre todos y a garantizar que todos estén alimentados, vestidos, vivan en un hogar adecuado y reciban educación y atención médica. Cuando lo aprendamos y actuemos de acuerdo con esa percepción, lo único que quedará por hacer es aprender a relacionarnos favorablemente entre nosotros, eso dejamos de hacerlo en las últimas décadas. Y finalmente, este aprendizaje nos hará felices.

Vivimos años que nos transforman. Si nos unimos, podremos fluir por ellos con facilidad y alegría y emergemos del otro lado como una sociedad unida y solidaria. O podemos sentirlos como dolorosos y opresivos y aún así, finalmente entenderemos que todo fue sólo por nuestro bien. De cualquier modo, el coronavirus hará que aprendamos a cuidarnos.

Israel: el primero en ser último

Mi nuevo articulo: «Israel: el primero en ser último«

Israel es ahora el líder mundial en nuevos casos de enfermedad por coronavirus. Es decir, todos los países del mundo tienen menos infecciones de coronavirus per cápita que Israel. Los datos de la Universidad Johns Hopkins revelan que Israel promedió 199.3 casos nuevos por día por millón de residentes, en la semana que terminó el 2 de septiembre. Desde entonces, Israel sólo ha ampliado la brecha.

Cuando apareció la COVID-19, los países se alinearon para alabar a Israel por su manejo de la pandemia. Pero en la segunda ola, la realidad se alineó con nuestro comportamiento y caímos del cenit al nadir. Incluso si cerramos la economía una vez más, ponemos todas las ciudades en cuarentena y todos los hogares bajo órdenes de quedarse en casa, no encontraremos más que una recaída momentánea en el contagio, hasta que hagamos lo que debemos: cambiar nuestra actitud mutua. Así, y sólo así, venceremos al virus.

Cuando apareció el virus por primera vez, dije que no era un virus común.

Les advertí que no vino a cerrar la economía, sino a enseñarnos a relacionarnos entre nosotros. Hasta ahora, fracasamos estrepitosamente y el virus celebra con índices de infección récord, la impotencia total de las autoridades y la depravación que nos recuerda los últimos días del imperio romano.

A primera vista, parece haber una batalla entre quienes quieren mantener la economía en funcionamiento y sustentar los medios de vida y quienes quieren restringir las actividades económicas y públicas y sustentar la vida. En mi opinión, mientras nos tratemos con tanta burla y desdén, no sostendremos ninguno.

El problema de las medidas que se tomaron para evitar el contagio, no son las medidas en sí, sino que las estamos tomando para protegernos a nosotros mismos en lugar de a los demás. Cuando el motivo es tan egoísta, los jóvenes, sanos y que no están en grupos de riesgo o que creen que la enfermedad no es más que otra noticia falsa, no tienen porqué cumplir las instrucciones. Al no cumplirlas, no sólo aumentan el riesgo para quienes están en riesgo, también aumentan el odio y la alienación en la sociedad y este es el verdadero problema.

Necesitamos tratar los cubrebocas, las vacunas y todas las demás medidas, no como herramientas médicas, sino como herramientas sociales que nos ayudan a retratar nuestras relaciones. Si cambiamos, podremos abrir la economía sin límites y el virus desaparecerá en poco tiempo. Pero primero, debemos mostrar nuestro esfuerzo por cambiar nuestra actitud hacia los demás y la forma de demostrarlo pasa por usar cubrebocas, mantener el distanciamiento social y hacer lo necesario para preservar la vida y la salud de los demás. No es nuestra vida, sino la de los que nos rodean.

El Estado de Israel siempre está en el centro de atención.

Así como los países se alinearon para elogiarnos cuando logramos frenar el virus al principio, ahora están desconcertados por nuestro colosal fracaso en hacer lo mismo en la segunda ola. Si le mostramos al mundo que la forma de expulsar al virus es con unidad, el mundo seguirá el ejemplo, el resultado será una nueva sociedad unida en todo el mundo.

Debemos recordar que el Estado de Israel, igual que el pueblo de Israel, no es un país más. Fue establecido para que cumpla con su misión para con el mundo: dar ejemplo de unidad por encima de las divisiones y mostrar a las naciones que pueden hacerlo también. Israel está destinado a convertirse en “luz para las naciones” a unirnos “como un hombre con un corazón”.

A pesar de los acuerdos recientes, el mundo árabe no hará las paces con nosotros y el mundo no apoyará que estemos aquí si no hacemos las paces entre nosotros. En cambio, las naciones nos culparan por incitar guerras y tomar una tierra que no es nuestra, como dice la UNESCO desde hace varios años.

Covid-19 nos da oportunidad de cambiar nuestras relaciones y así, cambiar la relación del mundo con nosotros y la relación de las naciones entre sí. No subestimemos nuestro poder para hacer el bien o el mal, al mundo entero. Si aceptamos el desafío y nos unimos, expulsaremos al coronavirus, el mundo también aprenderá que la solución a la pandemia está en las relaciones positivas y hará lo mismo, la pandemia desaparecerá y la sociedad global mejorará.

La guerra que todos luchamos

Mi nuevo articulo: «La guerra que todos luchamos«

Largas filas de vehículos que esperan durante horas para obtener una caja de suministros de los centros de distribución de alimentos, son una escena común en todo Estados Unidos.

La Covid-19 acentúa el profundos desequilibrios y desigualdad social hasta el punto de que, según el pronóstico de la ONU, para fines de año, el hambre podría matar a más gente en el mundo que la propia pandemia. La situación es similar a una guerra, pero el enemigo contra el que luchamos no es sólo económico; es una guerra para establecer lo que debería ser el valor más alto y el pilar de cualquier sociedad: responsabilidad y cuidado mutuos.

Se han inyectado billones en paquetes de estímulo a la economía en EUA y en otros países desarrollados importantes, pero mucha gente aún está sin trabajo y sin medios para llevar comida a la mesa familiar. Los datos de la ONU muestran que más de 5 millones de estadounidenses (el 2% de la población del país) no puede pagar una dieta básica saludable, que prevenga la desnutrición. Y como la mayoría de nuestros desafíos actuales, la crisis alimentaria es global. Se espera que, para finales de 2020, en el mundo, la cantidad de personas afectadas drásticamente por la inseguridad alimentaria se duplique a 270 millones, según organizaciones de beneficencia.

De repente, comunidades enteras se quedaron sin satisfacer las necesidades básicas de la vida, debido a la pandemia y la seguridad que tenían se les escapó entre los dedos.

Al mismo tiempo, hay tendencia creciente entre la gente a ayudarse y echarse una mano, porque ya no creen (y con razón) que las clases altas o los líderes vendrán en su rescate.

Incluso si no tienen más que ofrecer a otros, que el deseo de ayudar, esto ya mejora la situación general. La preocupación mutua endulza la amargura de la vida. De hecho, llegamos a un punto en el que nos damos cuenta de que no podemos esperar nada de nadie excepto de nosotros mismos.

Si aceptamos que sólo nosotros podemos ayudarnos a nosotros mismos, ya es un paso importante en la dirección correcta. Sólo podemos resolver nuestros problemas con una conexión correcta. Si lo entendemos estaremos en un camino seguro. Al poner en práctica esa conexión, podemos asegurarnos de llegar con éxito al destino deseado.

Derrotar al ego, el enemigo entre nosotros

Debemos esforzarnos por unirnos, no sólo para salir de la difícil situación que enfrentamos, sino para, realmente, llegar a ser “como un hombre con un corazón”. ¿Por qué? Porque todo lo que sucede en el sistema global de la naturaleza se impulsa de acuerdo con el nivel de conexión integral favorable entre sus partes. Mientras más nos conectemos, más nos armonizamos con la fuerza general que opera el sistema de acuerdo con la ley de garantía mutua. De hecho, todos los problemas que surgen lo hacen para acercarnos más y más hacia el estado de unión final. Cuando la humanidad alcance ese estado de existencia, ya no sufriremos más luchas por control, respeto, dominio ni hambre. Cuando finalmente alcancemos ese estado, la felicidad y los medios para existir ya no serán a expensas de los demás.

Debemos entender con claridad que la distribución de alimentos y medicina -en general ayudarnos mutuamente sólo en el nivel material- no será suficiente para corregir nuestros desequilibrios y disparidades. Necesitamos ser conscientes de que, en lo que respecta a la naturaleza, la humanidad es un sistema. Por eso, debemos elevarnos por encima de todas las formas de odio y rechazo mutuo, por encima de nuestro enfoque egoísta que constantemente nos separa y nos aleja unos de otros. Es vital que tratemos de acercarnos internamente, de corazón a corazón y que evaluemos la intención detrás de todas nuestras acciones.

Tenemos oportunidad de hacer realidad esta conexión y debemos saber que la naturaleza nos está provocando deliberadamente con estas situaciones incómodas como el coronavirus y otros problemas, para empujarnos a dar este paso: unir a la humanidad. Por eso, sólo la lucha contra nuestra división traerá la tan esperada victoria de unidad, abundancia y un futuro más brillante.

Hay un Jessica Krug en cada judío

Mi nuevo articulo: «Hay un Jessica Krug en cada judío«

Hace unos días, Jessica Krug, una profesora de historia africana de la Universidad George Washington, confesó que durante muchos años había fingido ser descendiente afro-latina, pero, en realidad, es blanca y judía. Como parte de su identidad, incluso habló contra el estado de Israel y la brutalidad policial. Según JTA, “declaró virtualmente, en una reunión del Concejo de la Ciudad de Nueva York en la que criticó al Departamento de Policía de Nueva York porque fue entrenado por el ejército israelí”.

La confesión dejó a todos en estado de shock y ella, aparentemente se encuentra profundamente arrepentida. “Definitivamente no debería existir”, escribió. “Deberían excluirme totalmente, yo misma me excluyo”, continuó. Hacia el final, escribió: “Tengo que descubrir cómo ser una persona que antes no existía”.

Sin embargo, Jessica Krug no es excepción. Es una expresión excéntrica de un problema que padecen la mayoría de los judíos y los judíos estadounidenses son el ejemplo más claro. El problema del que hablo es la negación de la esencia y el propósito del judaísmo.

Nos gustaría pensar que podemos ser como los demás, pero no lo somos. El mundo lo sabe y nos trata de manera diferente, es hora de que hagamos lo mismo. Nos culpan por sus guerras y problemas y no ayudará decirles: “No es culpa nuestra”; no nos creerán.

Tenemos que entender que nuestra “culpa” como escribí en La elección judía: unidad o antisemitismo, es porque no traemos unidad al mundo, por esto las naciones nos odian, porque hacemos que se odien entre sí. Reitero: El mundo siente que somos causantes de su odio mutuo, por esto nos odian.

Por supuesto, no tratamos de hacer que la gente se odie, pero tampoco tratamos de unirnos nosotros. Y como nos monitorean de cerca y vigilan cada paso que damos, somos ejemplo constante del odio, desunión y mala voluntad en nuestras relaciones mutuas, cotidianas. Al hacerlo creamos una atmósfera de beligerancia y odio entre las naciones, en consecuencia, sienten que el odio se origina en nosotros y nos culpan por causar sus guerras.

Ser “luz para las naciones” no es un lema metafórico y obsoleto. Nos convertimos en nación, precisamente con ese propósito y no para ser estadounidenses, alemanes o chinos. No es coincidencia que se nos ocurriera el lema increíblemente altruista: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Aquí es donde radica nuestra singularidad: intentar vivir según ese lema. Incluso si fallamos, simplemente intentándolo nos convertiremos en el ejemplo que el mundo admirará y tratará de emular.

Pero no lo entendemos, tal como Jessica Krug afirmó, no deberíamos existir. En esta creencia ella no es la excepción; ¡ella es la norma entre nosotros! Yo, que aprendí de mis maestros que los judíos deben unirse por encima de sus diferencias, servir como modelo de unidad para las naciones y que esta es nuestra vocación como nación, soy la excepción.

Oro porque pronto, más judíos me escuchen para que mis advertencias no pasen desapercibidas, como lo fueron las advertencias de Baal HaSulam, padre de mi maestro, en Polonia en la década de 1930.

Fe y creencias en tiempo de crisis

Mi nuevo articulo: «Fe y creencias en tiempo de crisis«

Cuando las cosas van mal, la gente busca en el cielo respuesta y consuelo. Desde la antigüedad, se ha buscado algo a qué aferrarse en momentos de crisis y angustia y, es natural que esta pandemia haya desencadenado la búsqueda de una fuerza superior, como confirman los estudios. Este clamor acelerará nuestro descubrimiento del significado de la vida y nos ayudará a internalizar la respuesta que se encuentra en el poder de nuestro amor mutuo.

De acuerdo con una encuesta del Centro de Investigación Pew, una cuarta parte de los estadounidenses dicen que la COVID-19 fortaleció su fe religiosa, 2% afirma que se debilitó. Otros estudios confirman un vínculo directo entre desastres naturales y momentos de crisis, con mayor tendencia a recurrir a un poder superior. En 75 países, el número de búsquedas, en Google, de la palabra “oración” casi se duplicó, desde el comienzo de la crisis del coronavirus.

La gente necesita sentir que tienen un ancla, que hay algo en qué confiar o de qué aferrarse.

Como el niño se aferra a su madre y no la suelta, porque la perciben como el lugar más seguro, nosotros también, aunque seamos adultos, necesitamos una fuente de seguridad. Y en el mundo que nos rodea, no la encontramos.

La humanidad una vez buscó en las fuerzas inanimadas de la naturaleza, como sol y luna, el poder regente. Hoy, sin nada a dónde acudir y nada en qué creer, solo queda un poder superior. Pero exactamente quién o qué es, no estamos seguros. Hay un sinfín de discusiones, hipótesis, percepciones y creencias en torno a estas preguntas. Pues, nuestro corazón anhela la certeza de que algo administra y arregla esta vida.

Finalmente, podemos preguntarnos si el principio exacto de un poder supremo importa, siempre que su existencia nos ayude a sentirnos más seguros en nuestra corta vida en este mundo. Si nuestra fe calma nuestra psique cansada, elegimos aferrarnos a ella.

Y cuando el hombre se siente mejor, es bueno para quienes lo rodean, porque las personas tranquilas son más amables entre sí. Están menos dispuestas a pelear o a herir a otros. Aunque los detalles y las costumbres en torno a las creencias pueden diferir, cada uno de los ocho mil millones de personas en el mundo cree en algo y su fe es aceptada como normal por casi todos.

Esta noción de fe también está relacionada con el concepto de oración. Desde el brote del coronavirus, las creencias de las personas las han unido en oraciones comunes que se transmiten en vivo en las redes sociales. El resultado de las oraciones colectivas, también es positivo, porque cuando la gente cree que puede acceder a una fuerza poderosa, uniéndose en una súplica común, se conecta y pide como uno solo. Si hay algún problema en nuestra vida, nos une a todos. Cuando estamos más unidos, nuestra unidad, ciertamente, genera una respuesta.

Cuando superamos la distancia que nos separa y expresamos el deseo de unirnos en una petición común y de ir por encima del ego individual, que es el único factor que nos mantiene separados, mejoramos el destino de todos.

Si pedimos por el bien de todos, sin detrimento de nadie, nuestra oración es aceptada. Al final, no importa en absoluto en qué creemos, a quién recurrimos, la religión o método específico que practicamos e incluso en qué idioma rezamos. Lo que importa es nuestro deseo y solicitud común.

Como resultado de la pandemia, alcanzamos una nueva etapa en nuestro desarrollo, que nos impulsará a un nuevo grado de vida, un nuevo enfoque de la humanidad, como una sola familia. Los problemas que enfrentamos nos ayudan a avanzar. Nos llevan a descubrir que el poder supremo es uno y es para todos y que se puede acceder a él con nuestra conexión. La humanidad está descubriendo el poder del amor que se revela en nuestra unidad.

Cuando el dique se rompe

Mi nuevo articulo: «Cuando el dique se rompe«

No fue sorprendente descubrir que Jacob Blake, padre del afroamericano Jacob Blake Jr., quien fue tiroteado el 23 de agosto por un oficial de policía blanco en Kenosha, Wisconsin, tiene en redes sociales y medios de comunicación, una larga historia de publicaciones racistas y antisemitas. El antisemitismo está creciendo en todas partes; la tensión está en el aire e incluso donde todavía está tranquilo, se siente como si el suelo temblara bajo los pies. Cuando el dique se rompa y comience la inundación, nadie lamentará ver a los judíos ahogarse.

El nivel de antisemitismo se está disparando, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Pero en Estados Unidos, donde la comunidad judía es la más grande y poderosa del mundo, será el epicentro del cataclismo.

Es difícil saber cuándo llegará el punto crítico, pero si la trayectoria no cambia, seguramente llegará y los judíos sentirán lo que cada diáspora judía sintió desde que comenzó el exilio hace dos mil años: extinción y expulsión.

En un mundo tan lleno de odio y tan desprovisto de compasión, no podemos ignorar nuestra misión: ser “luz para las naciones”, dar ejemplo de unidad y responsabilidad mutua.

No necesitamos complacer a las naciones ni apaciguarlas. No nos juzgan por nuestra relación con ellas; ¡Nos juzgan por cómo nos relacionamos entre nosotros! Cuando nos odiamos, nos culpan por sembrar guerra entre ellas. Simplemente, sin ejemplo de unidad, no pueden unirse y comienzan a luchar. Y en el fondo, sienten que es nuestra culpa.

Le dimos al mundo ciencia y tecnología, arte y cultura, conocimiento y sabiduría, pero el mundo nos odia cada vez más y no nos muestra ninguna gratitud. Es hora de que nos demos cuenta de que eso no es lo que espera de nosotros; espera que seamos ejemplo de Arvut Hadadit (responsabilidad mutua).

Nos convertimos en nación cuando nos unimos “como un hombre con un corazón” al pie del monte Sinaí (montaña del odio). Inmediatamente después, se nos ordenó ser “luz para las naciones”, traer al mundo la unidad que logramos. La ausencia de esa luz de unidad, es la causa del mundo caótico en el que vivimos y nuestra obligación es traer esa unidad, ser ejemplo.

Podemos negarlo, pero la negación no nos eximirá de nuestro deber ni convencerá al mundo de que no tenemos la culpa. Así que, podemos elegir unirnos por encima de nuestro odio, hacer lo que el mundo espera de nosotros y ganarnos su favor por primera vez en la historia o aceptar el castigo de la humanidad, como lo hicimos en Europa hace ochenta años.