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La obscuridad de la «noche de los cristales» continúa

Mi nuevo artículo: «La obscuridad de la «noche de los cristales» continúa«

Foto: Vista general del Memorial del Muro de los Nombres de la Shoah, con los nombres de 64.000 judíos austríacos, que fueron asesinados en el Holocausto, antes de su inauguración en Viena, Austria, 9/nov/21. REUTERS/Lisi Niesner

Las palabras «noche de los cristales» pueden evocar la imagen de estrellas que brillan en el cielo nocturno despejado, pero no es nada por el estilo. Esta semana, hace 83 años, las fuerzas paramilitares del Partido Nazi (SA) rompieron las ventanas de sinagogas, escuelas y otras instituciones judías, irrumpieron en ellas y las prendieron fuego. El pogrom coordinado tuvo lugar en todo el Tercer Reich, en Alemania y Austria. Las ventanas rotas esparcidas por el suelo dieron a la noche su nombre, Kristallnacht (Noche de los Cristales) o la Noche de los Cristales Rotos. Más de 400 judíos fueron asesinados esa noche, 400 más murieron en campos de concentración poco después y muchos más se suicidaron como resultado de los pogroms.

Esta semana, Austria inauguró en Viena, un monumento para conmemorar a las víctimas de la «Noche de los Cristales Rotos» y la memoria de los 65,000 judíos austriacos que perecieron en el Holocausto. Este evento también es una oportunidad para reconocer que el antisemitismo se está intensificando muy rápido en todo el mundo y que otro Holocausto ya está en el horizonte.

Ojalá pudiera ser portador de buenas noticias, pero la realidad es que no hemos hecho frente a las razones que generaron ese odio violento y sus horrores posteriores. Aún estamos sumidos en la oscuridad que originó ese pogrom y todos los pogroms anteriores y posteriores.

Pero, no veo motivo para desesperarse. Al contrario, la clave para cambiar nuestra posición en el mundo está en nuestras manos; si tenemos la determinación, evitaremos que esas atrocidades aflijan a nuestra nación en el futuro.

Los días de conmemoración no deben centrarse en recordar a los muertos. Yo también perdí a la mayoría de mi familia en el Holocausto, pero recordarlos no evitará que les suceda a mis hijos o a nietos. Si queremos asegurar nuestro futuro, debemos centrarnos en lo que podemos hacer hoy para lograrlo, en lugar de llorar a los muertos, aunque eso también tiene su lugar.

En el espíritu de este enfoque proactivo, creo que deberíamos analizar qué podemos hacer con respecto al antisemitismo. A pesar de todos nuestros esfuerzos, vemos que las explicaciones razonables no desarraigan el odio. Podemos y debemos, prohibir expresiones de antisemitismo en línea y debemos hacer todo lo posible para frenar el odio abierto a los judíos y los ataques a Israel, que se ha puesto de moda entre políticos y líderes de opinión. Sin embargo, estas medidas sólo nos permitirán ganar un poco de tiempo; no evitarán la eventual intensificación del odio a niveles que estallarán en violencia a gran escala contra los judíos.

Para aprovechar el poco tiempo que tenemos, debemos centrarnos en nosotros mismos, en lugar de en quienes nos odian. Hay mucho que podemos hacer para que cambie la opinión del mundo sobre nosotros. A continuación, se muestra una lista de lo que se debe y no se debe hacer con respecto a lidiar con el antisemitismo.

No hacer:

  1. No debemos intentar apaciguar a quienes nos odian ni en el extranjero ni en Israel. Odian a los judíos y cualquier cosa que hagamos para calmarlos, sólo los animará y agregarán burla al odio.
  2. Deberíamos erradicar la idea de que el antisemitismo es el resultado de tal o cual política del gobierno israelí. La expulsión de España, los pogroms en Rusia, la Kristallnacht y por supuesto, el Holocausto, sucedieron mucho antes de que existiera un Estado judío. Por lo tanto, atacar a Israel es sólo una forma insinuada de expresar odio a los judíos.
  3. No discutas con los que odian a los judíos. El odio no necesita justificación; el que odia siempre se siente con derecho a odiar, las discusiones son pérdida de tiempo y de energía.

Hacer:

  1. Desarrollar la solidaridad entre los judíos. Nuestros antepasados ​​eran extraños que se unieron en torno a la ideología de crear una sociedad en la que la gente ame a otros como a sí misma. Hasta que se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón” se convirtieron en nación. Además, fuimos exiliados porque nos odiamos unos a otros, por eso, la base de nuestra nacionalidad restaurada debe ser la unidad.

Por cierto, unidad no implica analogía. Al contrario, las diferencias entre nosotros crearán una sociedad cuya fuerza esté en su diversidad. Los tonos y matices de la sociedad judía unida generarán una sociedad viva, dinámica y poderosa.

  1. Una vez que logremos unidad entre los judíos en Israel, debe extenderse y abarcar a los judíos de todo el mundo que deseen unirse. Siguiendo la misma idea de que la diversidad genera poder y vitalidad, cualquier judío que quiera contribuir con su estilo especial a la nación unida y rejuvenecida será bienvenido.
  2. Finalmente y lo más importante: la unidad judía nunca debe ser por sí misma. Todo el propósito de la existencia del pueblo judío es construir una sociedad ejemplar. En los breves períodos en los que tuvimos una sociedad así, prosperamos y las naciones admiraron nuestros logros. Cuando nos separamos, nos odiaron, pues nuestra división envió el mensaje opuesto al que estamos destinados a dar, que la unidad por encima de las diferencias crea una sociedad ideal y gente más feliz.

Como he demostrado en dos extensas publicaciones sobre el tema, La elección judía: Unidad o antisemitismo y Como un Manojo de Cañas: Por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día la historia demuestra que estos pros y contras funcionan. Ahora debemos tener el coraje de implementarlos.

La Palma: reflejo de nuestras relaciones tóxicas

Mi nuevo articulo: «La Palma: reflejo de nuestras relaciones tóxicas«

Foto: Lava fluye mientras el volcán Cumbre Vieja sigue en erupción, en la isla canaria de La Palma, España, 9/nov/21

La cordillera volcánica Cumbre Vieja en la isla española de La Palma, parte de las Islas Canarias, ubicada a unas 70 millas de la costa de Marruecos, en el noroeste de África, arroja lava desde el 19 de septiembre. La erupción ha continuado por más de 50 días sin signos de disminuir. Ya destruyó más de 2,600 edificios, cortó la carretera costera y formó una nueva península. La lava también destruyó el pueblo de Todoque y el flujo de humo llegó al pueblo de La Laguna. Esta erupción ya causó más daños que cualquier erupción anterior en La Palma, desde que comenzaron los registros y no muestra signos de que termine. Hay una forma de detener las erupciones o al menos mitigarlas de manera significativa y no tiene nada que ver con la forma en la que tratamos a la tierra, sino con la forma como nos tratamos entre nosotros.

Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones e incendios gigantes han sido más frecuentes e intensos en las últimas décadas. Pero las fuerzas que los desencadenan no están relacionadas con los fenómenos en sí, sino con la especie humana, que los intensifica y hace que estallen con mayor frecuencia y fervor.

El ecosistema de la Tierra está construido como pirámide. Su base es el nivel inanimado, las masas de tierra y océanos que forman el planeta. El siguiente nivel es la flora, las plantas que cubren la tierra, seguido de la fauna, el reino animal y en la cima está la humanidad.

Las fuerzas que gobiernan el planeta se extienden de arriba hacia abajo. Como en un huracán, el ojo de la tormenta es el menos turbulento, pero genera los poderosos vientos y torrentes que lo rodean y destruyen todo lo que tocan. Somos el ojo de la tormenta. Nuestras intenciones mutuas, sutiles pero siniestras, crean el caos que se desarrolla a nuestro alrededor. Por eso, somos nosotros y sólo nosotros, quienes podemos calmar la tormenta, porque su motor está en nosotros. Mientras no lo apaguemos, el planeta seguirá ardiendo.

La naturaleza no son sólo árboles, animales, nubes, la Tierra y el universo. La naturaleza es, ante todo, una fuerza que llena toda la realidad. Existimos dentro e influimos en ella con nuestra conducta. Cuando nosotros, la cima de la pirámide, nos comportamos positivamente, tenemos una influencia positiva en toda la naturaleza. Cuando nos comportamos negativamente, esta es la influencia que tenemos.

La estructura piramidal de la naturaleza impregna todos los niveles, incluidos nuestros pensamientos e intenciones. Por eso, cuando estropeamos nuestras intenciones mutuas, las plagas se propagan como cáncer que causa metástasis malignas. Si queremos una Tierra más tranquila y un clima más agradable, no necesitamos centrarnos en las emisiones de carbono ni en los desechos plásticos. Eso se arreglará cuando arreglemos la parte superior de la pirámide, el ojo de la tormenta, es decir, nuestra relación negativa.

La Conferencia de Glasgow sobre el cambio climático, no cambia nada

Mi nuevo articulo: «La Conferencia de Glasgow sobre el cambio climático, no cambia nada«

Cuatro activistas de Extinction Rebellion Glasgow University en el Memorial Gate de la Universidad de Glasgow, 29/oct/21 en Glasgow, Escocia.

A medida que el mundo se prepara para la Conferencia sobre el cambio climático, Glasgow 2021, cada vez más datos indican que los esfuerzos humanos, suponiendo que ha habido esfuerzos, han sido, en el mejor de los casos, insuficientes. Mientras los líderes mundiales divulgan muchas declaraciones sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la realidad les contradice. El Informe de la brecha de producción de la ONU rastrea la discrepancia entre la producción de combustibles fósiles planeada por los gobiernos y los niveles reales de producción global. El informe de este año revela que “a pesar de la mayor ambición climática y del compromiso Net-Zero, los gobiernos planean para 2030, producir más del doble de combustibles fósiles, de lo que sería consistente para limitar el calentamiento global a 1.5°C [2.7°F].”

Sin embargo, incluso si los gobiernos tuvieran la intención de cumplir con sus compromisos, no se revertiría el cambio climático. Si comparamos la cantidad de gases efecto invernadero que produce la humanidad, con la cantidad emitida por una erupción volcánica, por incendios forestales y el deshielo acelerado del permafrost en Alaska, Groenlandia, Canadá y Siberia, quedará claro que la naturaleza se encamina hacia un cambio climático acelerado con o sin nuestra “ayuda”.

El cambio climático no es la única crisis que enfrenta la humanidad. Hay crisis en todas las áreas de la participación humana: tensiones internacionales y extremismo religioso en aumento; tensiones raciales y culturales dividen a los países desde dentro y la economía mundial se tambalea al borde de la estanflación. Si no es suficiente, el tenaz coronavirus aún perturba la vida y la recuperación económica en el mundo, las cadenas de suministro se están rompiendo y llevan a escasez de gas, alimento y otros productos básicos y por el cambio climático, los desastres naturales se intensifican en frecuencia y ferocidad. Es claro que debemos dejar de enfocarnos en problemas específicos y comenzar a pensar de modo más sistémico

El mundo está construido como pirámide. En la base de la pirámide está el nivel mineral, por encima está la flora, luego la fauna y el hombre en la cima de la pirámide. No somos parte del reino animal aunque, si bien nuestro cuerpo es similar al de los primates, nuestra mente nos permite reflexionar sobre el pasado, el futuro y hacer planes a largo plazo, para nosotros y para el planeta. Pero, a pesar de nuestra mente superior, no estamos “por encima” del sistema; somos parte de él. Como tal, afectamos a todos los niveles por debajo de nosotros. Por eso, cualquier mal funcionamiento en la parte superior, en el nivel humano, “se filtra” a toda la pirámide y estropea los otros niveles.

Es fácil ver que el problema radica directamente en la humanidad. Además, dado que los problemas abarcan todos los ámbitos de la participación humana, es evidente que frenar las emisiones de gases no resolverá nada. Si queremos arreglar el mundo, necesitamos arreglar a la humanidad. Cuando examinamos a la humanidad, cada persona tiene habilidades y rasgos únicos. En sí, estas características no son problemas sino ventajas. La diversidad de pensamiento, enfoques, cultura, ideas y creencias humanas, crea un tapiz cuyos hilos se entrelazan en una entidad poderosa que, teóricamente podría lograr todo. Por eso, el problema no está en la gente, sino en la forma en la que se conecta.

Actualmente, los hilos del tapiz de la humanidad tratan de romperse unos a otros. En lugar de fortalecernos, apoyarnos y animarnos mutuamente, competimos por la supremacía y el poder.

En lugar de trabajar para que la tela sea lo más fuerte y hermosa posible, tratamos de ser el hilo más fuerte, ¿es de extrañar que estemos agotados? ¿es de extrañar que estemos enfermos por las interminables luchas y la mala voluntad que nos rodean? ¿es de extrañar que la depresión sea la enfermedad más común de nuestro tiempo? Y finalmente, ¿es de extrañar que nuestro mundo, nuestro único hogar, esté arruinado? Ahora, creo que sabemos en qué debemos centrarnos realmente, cuando se trate de salvar a nuestro planeta.

«¿La evolución es realmente aleatoria?» (Quora)

Michael Laitman, en Quora: «¿La evolución es realmente aleatoria?«

La evolución no es aleatoria. Si percibimos así a la naturaleza, sólo nos parece aleatoria porque no comprendemos cómo funciona realmente. Las leyes de la naturaleza están determinadas con mucha claridad. Nada en la historia sucede por coincidencia, tampoco hoy, nada es casualidad.

La fuerza impulsora de la evolución es el crecimiento constante del deseo en cuatro niveles: inanimado, vegetal, animal y humano. El creciente proceso de globalización que ahora vivimos, se debe a que los deseos alcanzan su saciedad y de un desarrollo lineal, donde siempre pudimos encontrar nuevas soluciones dentro de nuestra gama de deseos, hemos llegado a una etapa en la que nos estamos volviendo cada vez más “redondos”, es decir globalmente interconectados e interdependientes.

Cuando comprendemos las fuerzas que actúan sobre nuestra evolución, podemos comprender qué se requiere para seguir esa evolución de forma dolorosa o armónica. El camino doloroso es por las crisis crecientes que conducen a la reducción de la población humana y el camino armónico es implementando una educación que enriquezca la conexión, para revelar a la humanidad el mundo real y la naturaleza en la que vivimos.

Actualmente no percibimos mucho de lo que nos rodea y no tenemos ni idea de las fuerzas que actúan sobre nosotros. No sabemos lo que pensaremos y desearemos en el siguiente momento. De repente, surge un pensamiento o un deseo, ¿de dónde? Nos llega de la parte secreta oculta de la realidad que necesitamos revelar. La sabiduría de la Cabalá es un método, llamado «ciencia secreta», que nos permite revelar esa parte oculta de la realidad.

Cuando percibimos todo el sistema, nuestras relaciones a nivel humano y con los otros niveles de la naturaleza, naturalmente comenzamos a pensar y actuar de forma equilibrada e integral con la naturaleza y cambiamos evolución en dirección positiva.

Basado en la charla con el cabalista, Dr. Michael Laitman, «Close Up«. Escrito / editado por estudiantes del cabalista, Dr. Michael Laitman.

Rosh HaShaná, una oportunidad para conquistar la separación que causó la Covid

Mi nuevo artículo: «Rosh Hashaná: una oportunidad para conquistar la separación de Covid«

Hace unos días, una vecina le contó a una de mis alumnas, que estaba muy triste porque sus hijas estaban discutiendo sobre las vacunas Covid. Como resultado, una de ellas, que se opone a la vacuna, no vendrá a celebrar Rosh HaShaná [víspera de Año Nuevo judío] con la familia. Lo que más le dolió a la vecina de mi estudiante, no fue la objeción de su hija a recibir la inyección ni siquiera que no asista a la comida festiva. Lo que realmente le dolió fue el odio que estalló entre ellas. En todas las familias hay disputas y riñas, pero el estallido venenoso de odio la devastó.

De hecho, el odio es la pesadilla de nuestra generación. Destruye todo, destroza comunidades y familias. Por eso, necesitamos trabajar en nuestras conexiones, para conquistar el odio y mantener unida a nuestras familias y comunidades.

Todos tenemos diferentes opiniones. El problema es cuando las opiniones diferentes exponen fisuras más profundas, ocultas hasta ahora. Si un miembro de la familia no quiere vacunarse, como en este caso y, no puede asistir a la comida de Rosh HaShaná, para no poner en riesgo a otros, no debemos odiarlo.

Debemos tomar los desacuerdos, no como motivos de odio, sino como oportunidades para estrechar lazos. Cuando superamos diferencias y disputas, fortalecemos nuestros lazos y aumentamos nuestro amor y unidad, incluso más que antes de que ocurriera la ruptura. Nuestro esfuerzo consciente por unirnos solidifica y fortalece nuestros lazos.

Cuando hablamos de conquistar la separación, no nos referimos a suprimirla, como si no existiera. Conquistar la separación es reconocerla, aceptarla y aún así, unirnos por encima de ella. Esa nueva unidad, que tuvo que formarse sobre la división, será invariablemente más fuerte que una unidad que nunca fue desafiada.

Por eso, siempre que surja una división, debemos examinar si valoramos nuestra conexión con la persona que está en desacuerdo con nosotros. En el caso del que me habló mi estudiante, el dolor de la madre evidentemente mostró que valora la conexión con sus hijas y la conexión entre ellas, más de lo que valora sus opiniones sobre la vacuna. Si puede transmitir sus sentimientos a sus hijas, ellas podrán superar su división y fortalecer sus lazos. Si no, su conexión se romperá, a pesar de todo.

La sociedad actual presenta innumerables situaciones en las que no estamos de acuerdo con otros. Si valoramos nuestras conexiones, debemos tratar esas situaciones como oportunidades para estrechar nuestro vínculo. Si lo hacemos, podemos convertir la pesadilla del odio en una bendición de amor mutuo y cercanía.
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Rosh HaShaná, un nuevo inicio

Mi nuevo articulo: «Rosh HaShaná, un nuevo inicio«

“El hombre es lobo para el hombre”, dice el proverbio latino Homo homini lupus. Describe acertadamente la forma en que nos tratamos en la sociedad actual. Podemos haber llegado al punto en el que pensamos que no hay nada de qué regocijarse, destruimos: la Tierra, familias, países, pueblos, cultura y educación. Llegamos a una coyuntura muy mala. Por otro lado, este punto bajo podría servir como oportunidad para escudriñar nuestro estado, reiniciar y elevarnos por encima de esta situación, en este Rosh HaShaná, este Año nuevo.

Todo depende de si nos juzgamos con agudeza a nosotros mismos, si evaluemos el tiempo que hemos perdido y enmendamos nuestro estado, si decimos “¡Basta!” y hacemos lo necesario para una nueva vida. Esta nueva vida no implica construir nada nuevo, sólo buenas relaciones mutuas.

Rosh HaShaná, de las palabras “cabeza” “comienzo” [Rosh en hebreo] y “cambio” [Shinui], representa el comienzo del cambio, la capacidad de transformar nuestra dirección actual de sufrimiento, inseguridad y vacío en un nuevo camino en la vida caracterizado por felicidad, confianza y satisfacción.

Los símbolos de la festividad de Rosh HaShaná se asemejan al estado que anhelamos alcanzar. Manzanas con miel, representan el deseo de un año nuevo dulce y feliz. Comer una granada con todas sus semillas simboliza las buenas obras que debemos hacer. Una barra redonda de pan horneado, es la vida perfecta y completa que queremos lograr. Y la cabeza del pez, nos recuerda “ser la cabeza y no la cola”. El pez también simboliza al animal que vive en el agua y el agua es la gracia. Es como tener un niño recién nacido, rodeado de agua dentro del útero de su madre. Todos estos son signos de que estamos en el umbral de una nueva era, una nueva vida.

¿Dónde exactamente deberíamos comenzar este proceso de cambio? El primer paso hacia un nuevo inicio es tomar conciencia. Es importante darse cuenta de que las relaciones humanas, ya sean buenas o malas, determinan toda nuestra vida. No sólo nos afectan a nosotros, sino a todos los niveles de la naturaleza: inanimado, vegetal, animal. El nivel humano es el más alto en la escala de la naturaleza, por eso, si corregimos la forma disfuncional e imprudente como nos tratamos, esta corrección impregnará el resto del sistema.

Los problemas crecientes que vivimos a nivel mundial deberían despertar en nosotros una profunda introspección, hasta el punto en el que entendamos que todo depende de nosotros, de nuestra actitud hacia nuestro destino, hacia la naturaleza, hacia todos. Una evaluación exhaustiva de la calidad de nuestras relaciones revelará lo dañinos que fuimos durante el último año y que esa fue la causa fundamental de los dolores y tristezas que sentimos.

En consecuencia, un buen año nuevo estará determinado por nuestro deseo de implementar la gran regla de la Torá, “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Tenemos que examinarnos a nosotros mismos de acuerdo con este principio, ya sea que nos hayamos portado bien o mal con los demás.

Con todas las fuerzas del mal que se revelan en la sociedad humana y en la naturaleza, esperemos ser lo suficientemente inteligentes como para darnos cuenta de que nuestra fuerza reside en nuestra unidad. Por eso, nos conviene acelerar nuestro cambio de dirección, de separación a integración. Así, en lugar de devorarnos unos a otros como lobos, nos comportaremos como una comunidad fuerte de seres humanos cariñosos que constantemente se apoyan y aprecian. ¡Feliz Rosh HaShaná!
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Tu B’Av, más que el día judío de san Valentín

Mi nuevo articulo: «Tu B’Av, más que el día judío de san Valentín«

¿Cómo es posible que, aunque el amor es el motivo de casi todas las actividades en las que se involucra la gente, lo que vemos a nuestro alrededor sea odio, separación y disputas sin fin? Reflexionemos, qué es el amor verdadero.

La mejor explicación de este concepto se puede encontrar en el significado de Tu B’Av (15 de Av), día del amor. Es justo después de Tishá B’Av (9 de Av), día de la destrucción. Hasta después de esta crisis inigualable, donde se revela el mal y el odio entre nosotros, podemos corregirnos y alcanzar el amor verdadero. Ahí inicia un nuevo período de equilibrio. Pero, para lograrlo, primero necesitamos reconocer que nuestro estado actual es totalmente opuesto.

En otras palabras, el reconocimiento del odio infundado que habita en nuestro corazón, es la condición previa para lograr amor incondicional. Como está escrito, “Tu B’Av es corrección y mitigación de Tishá B’Av“. (Likutey Halajot).

También está escrito en la Mishná: “Ningún día fue tan bueno para Israel como el 15 de Av, el día en el que a las tribus se les permitió mezclarse e impartir la bondad de cada uno, a su amigo”. (Tifferet Shlomo)

Tu B’Av es el día más grande, en el que según la tradición, las jóvenes de Jerusalén salían vestidas de blanco a cantar en los huertos y viñedos. Los jóvenes se unían a ellas para elegir a su novia. Estas son las imágenes que caracterizan esta festividad.

A pesar de la idea romántica, no es el amor terrenal de hombres y mujeres jóvenes en los viñedos, de lo que habla Tu B’Av, sino un tipo de amor totalmente diferente: uno construido sobre el egoísmo (interés propio en lugar de preocupación por el bienestar de los demás) que destruyó el Primer y Segundo Templos el 9 de Av y que acabamos de conmemorar. Los días oscuros entre el 17 de Tamuz y Tishá B’Av, le recuerdan al pueblo judío la destrucción de los dos templos y también otros problemas y aflicciones que hemos sufrido. Más tarde, cuando termina el odio infundado, comienza un nuevo período en el que buscamos corrección.

Buscamos un compañero espiritual que nos ayude a lograr la transición que deseamos, el compañero espiritual tanto para hombres como para mujeres es la fuerza superior de amor y otorgamiento, el Creador. Nos conectamos con Él y juntos recibimos plenitud, placer, iluminación absolutos y la revelación del mundo real que existe en esa realidad sublime y total, no sólo en un pequeño fragmento de ella, al que conocemos como nuestro mundo. Todo el proceso de la unidad de Tu B’Av simboliza nuestra corrección final, la reconstrucción del Templo y nuestra transición del odio al amor.

Por eso, la fiesta de Tu B’Av alude a la época en la que construiremos el Tercer Templo. Esa alusión no se refiere a una edificación física, sino a una que construimos en nuestro corazón, entre nosotros. Habla de un estado en el que la humanidad está conectada positivamente y en el que la fuerza de unidad que mantiene al mundo y a la realidad, se revela entre nosotros.

¿Qué es amor verdadero? Amor verdadero, no el amor en el nivel corporal en el que solemos pensar, es un sentimiento especial de conexión mutua que nos eleva a las alturas de la eternidad, la integridad y a la expansión infinita de nuestros sentimientos y pensamientos. Cuando sentimos que existimos en total plenitud, cuando nos relacionamos con otros con ese amor supremo.

En nuestro estado actual, incluso si sentimos que amamos a alguien, es porque amamos lo que ese alguien nos hace sentir. Como resultado, dejamos de amar cuando ya no sentimos alegría en la relación, o sea, en realidad, no había amor verdadero. Amar de verdad es desear sólo la felicidad de esa persona, querer darle todo.

Aunque, hay una condición especial antes de que podamos alcanzar el amor verdadero. El amor surge hasta después de revelar el estado de fragmentación, nuestro estado actual y después de reunir todas las piezas rotas en un espíritu de interés mutuo y reciprocidad.

El nuevo estado de conciencia, este nuevo entendimiento y sentimiento, nos eleva al nivel más alto de la realidad perfecta, por encima de las limitaciones de nuestra vida terrenal. Tu B’Av nos impulsa al estado único de “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Oportunidad de avanzar hacia la conexión

Mi nuevo articulo: «Oportunidad de avanzar hacia la conexión«

El caos actual que se apoderó de la sociedad israelí no parece prometedor. Sin embargo, si queremos ver las cosas de manera constructiva, debemos verlo como oportunidad para avanzar hacia la conexión, porque esto es lo que nuestro país realmente necesita hoy. La conexión sólo puede ocurrir cuando todas las partes involucradas quieren conectarse. Hay dos pasos para crear una conexión: 1. Las partes deben querer conectarse y 2. Deben hacer lo que sea necesario para conectarse.

El primer paso es, en realidad, el más difícil. Requiere revisar dónde estamos, darnos cuenta de que estamos desconectados y decidir que el odio que brota de todas las facciones de la nación hacia todas las facciones rivales es inaceptable. En otras palabras, tenemos que pasar de culpar a los demás por nuestros males a admitir que nuestro propio odio no contribuye a enmendar la situación. Si todos participan en este proceso, todo cambiará y será mejor. Sin embargo, nos llevará a una conclusión muy difícil: no podemos implementar el paso 2. Simplemente no podemos conectarnos con el otro lado, que creemos que es responsable de todos nuestros problemas. No podemos dejar de odiar.

Sin embargo, nuestra sensación de impotencia es exactamente lo que necesitamos; este es el comienzo del paso 2. En este punto, nos damos cuenta de que no podemos superar nuestro odio, porque está arraigado en nuestra psique; es nuestra propia naturaleza, como está escrito, “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21). Entendemos que no es un adagio bíblico; es un hecho de la vida; ¡Es lo que somos!

La belleza de este proceso es que, en ese momento de crisis, cuando sentimos que no estamos haciendo nada para conectarnos ni podemos hacer nada al respecto, porque nuestro odio es más fuerte que nosotros, es todo lo que se requiere: querer que la conexión suceda y darnos cuenta de que no podemos hacer que suceda. Cuando todos o al menos una cantidad idónea, lo deseemos lo suficiente, aparentemente sucederá por sí solo; nuestro corazón se abrirá a otros y entrará un nuevo sentimiento.

Pensamos que determinamos la realidad con acciones, pero en realidad la decretamos con nuestros deseos. Cuando queremos hacer daño a los demás, creamos un mundo abismal. Cuando queremos la alegría de los demás, engendramos un mundo hermoso. Cuando odiamos, pero queremos amar, pasamos de enemigos a amantes y el mundo que nos rodea cambia con nosotros.

Por eso, lo único que necesitamos es plantar en nuestra mente y corazón, la importancia de desarrollar buenas conexiones, amistad, solidaridad o cualquier otra emoción positiva que se te ocurra y desarrollarla en toda la sociedad, abarcando todas las facciones del país. Cuando sea lo suficientemente importante para tener estos sentimientos, vamos a querer sentirlo de verdad. Y cuando realmente lo deseemos, sucederá.

Israel y el pueblo de Israel, ¿a dónde van?

Mi nuevo articulo: «Israel y el pueblo de Israel, ¿a dónde van?«

El 10 de mayo de 2021 comenzó la Operación Guardián de los Muros. Durante doce días seguidos, los cohetes traumatizaron a los ciudadanos israelíes. A medida que se reavivó el conflicto árabe-israelí, un levantamiento de árabes israelíes sembró miedo en el corazón de los judíos israelíes, el antisemitismo en el mundo se intensificó y la hostilidad de la comunidad internacional hacia el Estado de Israel, estalló. Sin embargo, mientras que el Estado de Israel y el pueblo judío en su conjunto se enfrentan a una terrible tormenta, gran parte de la nación ignora el peligro. Para comprender cómo llegamos a la situación en la que nos encontramos, debemos ir hacia atrás, no sólo en nuestra propia historia, también a la historia de la humanidad, para ver cómo se entrelazan las dos.

Detrás de todas las vicisitudes y trastornos en los anales de la humanidad, se encuentra un único motor: el ego. A lo largo de eones, evolucionó, se transformó y se convirtió en un caudillo enloquecido e insaciable, que maneja a nuestros gobernantes, define nuestras conexiones sociales y lleva a la humanidad hacia el abismo. En síntesis, no tenemos otro problema, sólo nuestro propio ego. Si lo resolvemos, habremos resuelto la mayoría de nuestras dificultades.

Ha habido varios puntos de inflexión en la evolución del ego humano. El primer punto fue hace aproximadamente 3,800 años en el Creciente Fértil, en el momento en que el Imperio de babilonia estaba en su apogeo. Fue un período relativamente corto, en el que la tranquilidad social y la vida relajada que caracterizaba a la población que residían entre los dos grandes ríos, Tigris y Éufrates, se vio teñidas de mala voluntad y beligerancia.

La desintegración de la sociedad llevó a un hombre a preguntarse qué estaba sucediendo y ese hombre se convirtió en uno de los individuos más importantes en la historia de la humanidad: Abraham. Cuando Abraham investigó por qué la gente se estaba volviendo hostil, se dio cuenta de que la causa era el creciente ensimismamiento. Para combatir este desorden, hizo circular la idea de que se debe cultivar unidad y solidaridad para remediar el creciente egoísmo. Por eso, hasta hoy, Abraham simboliza los atributos de misericordia y bondad.

Las autoridades babilónicas no estaban interesadas en las ideas de Abraham. Finalmente, expulsaron al rebelde revolucionario, que creía en el amor a los demás, junto con los que adoptaron sus ideas. A medida que Abraham se dirigía hacia el oeste, hacia Canaán, su séquito crecía y más y más gente se daban cuenta del beneficio de elegir responsabilidad mutua y amor por los demás, por sobre la individualidad y hostilidad mutua.

El grupo de Abraham soportó innumerables pruebas a su compromiso mutuo y (principalmente) a la idea de unidad por sobre el odio. Cada prueba lo hacía más fuerte y se unía más, hasta que finalmente, después de siglos de lucha por la unidad, su vínculo se volvió tan fuerte que el grupo de extraños se convirtió en una nueva nación en el mundo, única en todos los sentidos, compuesta por personas sin parentesco físico, pero juntas por la idea de la unidad misma.

Aún después de que engendraron la nación, el pueblo israelí siguió alternando entre división interna y total solidaridad. No es coincidencia que esta nación, que vivió de primera mano innumerables variaciones de conexión y desconexión, le dio al mundo dos de las nociones más altruistas jamás concebidas: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) y “Lo que odias, no lo hagas a los demás” (Masejet Shabat, 31a). De hecho, los judíos, que aprendieron que “la inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21), también aprendieron que la solución al odio no es la guerra, sino amar a los demás como a nosotros mismos.

Además, los judíos antiguos aprendieron que es imposible borrar la inclinación al mal, que, de hecho, si no la tuviéramos, no tendríamos ningún incentivo para forjar unidad. Por eso, el rey Salomón, el más sabio de todos los hombres, concluyó sucintamente: “El odio suscita contiendas, pero el amor cubrirá todas las transgresiones” (Proverbios 10:12).

Los grandes logros de los judíos no pasaron desapercibidos. Durante el período del Segundo Templo, tanto expertos como laicos vinieron a Jerusalén para aprender de los hebreos. Los filósofos griegos aprendieron de los profetas, Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a setenta sabios a su capital, Alejandría, donde le enseñaron a gobernar y tradujeron el Pentateuco al griego y la gente común llegó a Jerusalén para presenciar “la prueba definitiva de unidad”, como lo describió el filósofo Filón de Alejandría.

Pero nuestra nación no mantuvo su altura. Desde el cenit de ser modelo a seguir y luz para las naciones, nos sumergimos en el nadir del odio mutuo, que generó dos sangrientas guerras civiles. En el apogeo de la primera, el Imperio seléucida destruyó el Templo y conquistó Jerusalén, pero finalmente fue expulsado por los Macabeos. En la segunda, nuestro odio mutuo minó nuestra fuerza y ​​resiliencia y los romanos conquistaron la tierra, destruyeron el Templo y exiliaron a la nación.

Desde entonces, estamos en el exilio. Hemos dado a la humanidad innumerables innovaciones tecnológicas, ideologías revolucionarias, artistas, novelistas, intérpretes y pensadores ilustres, pero el mundo no perdona que traicionemos nuestra misión: ser modelo de unidad, luz para las naciones. Henry Ford, mientras vilipendiaba al judaísmo moderno, añadió un consejo a sus lectores: “Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo en el papel, harían bien en investigar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos”.

Es hora de que cambiemos de ruta. Aquí en Israel y en el mundo, los judíos deben reconectarse con su legado: el amor cubre todas las transgresiones y la unidad trasciende todas las divisiones. Con su odio, el mundo nos dice que no quiere lo que le damos. Es claro que no nos agradece nuestras innovaciones, nuestras contribuciones culturales, nuestra magia financiera ni nuestro ingenio político.

Si queremos ganarnos el favor del mundo, debemos darle lo que quiere y ser una vez más, el pueblo de Israel: unirnos por encima de la división. En estos fatídicos días para nuestra gente, debemos recordar lo que llegamos a ser, lo que se supone que debíamos lograr y lo qué estamos destinados a dar al mundo. Posteriormente, debemos cumplir nuestro juramento de unirnos “como un hombre con un corazón” y convertirnos, una vez más, en la nación que elige responsabilidad mutua y amor por los demás, sobre la individualidad y la hostilidad.

El cambio que Israel necesita

Mi nuevo articulo: «El cambio que Israel necesita«

Después de cuatro agotadoras campañas electorales en dos años, Israel va camino a formar un nuevo gobierno, el “gobierno del cambio”. Si bien, es probable que los próximos días sean críticos para esta frágil conexión, la tendencia de cambio es clara.

El pueblo de Israel necesita milagros visibles. Por naturaleza no podemos vivir juntos ni en este pequeño pedazo de tierra en el Medio Oriente ni si fuéramos un país ubicado en Europa o aislados en el Polo Norte. Somos un pueblo egoísta y terco. Las tensiones internas en la sociedad israelí alcanzaron el punto de ebullición en el último mes y la situación se está saliendo de control.

No creo que el nuevo gobierno pueda reparar las brechas y llevar al Estado de Israel a una costa segura. Está encabezado por un grupo de políticos que tiran en su propia dirección y no están dispuestos a comprometerse en favor de la unidad real del pueblo. Por ahora, están dispuestos a renunciar a su ego y a conectarse, pero como manada de lobos que tienen el objetivo de devorar al ciervo e inmediatamente después de la caza, todos volverán a su propia trama, reacios a dejar de lado sus intereses individuales en favor de la unidad dentro de la sociedad israelí.

La agitación política actual en Israel, es la oportunidad para cambiar la perspectiva sobre el futuro de la nación. Se nos dieron estas circunstancias para comprender en qué mundo vivimos, quién es el pueblo de Israel y cuál es nuestra misión en la Tierra.

El pueblo judío tiene un mérito particular con el cual subirá o bajará y nada lo cambiará. Es el valor de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Si nos esforzamos por lograr una conexión cordial, garantía mutua, una unidad cada vez mayor, las ruedas de la sociedad avanzarán hacia un destino bueno y amable. En el intento por unirnos, evocamos un enorme poder de conexión, una fuerza suprema de amor y otorgamiento que cubrirá todas las diferencias, sin importar cuán profundas sean. De otra forma, nunca lo lograremos.

Nuestra conexión no depende de ningún gobierno. La política no debería definir quiénes somos y lo más importante, qué nos une. A partir de este período, la atención se centra en la conexión entre la gente, una conexión que debe emanar desde el nivel de base, desde la propia gente.

No es necesario ocultar ni desvanecer la separación y la división. Debemos reconocer que estamos infectados por el ego y,  antes de que el ego nos supere y se eleve por encima de nosotros, debemos preguntarnos: ¿Por qué estamos atrapados en un ciclo interminable de crisis? ¿por qué no logramos elevarnos por encima de las fisuras sociales? ¿a dónde se fue el sentimiento de vergüenza?

¿Sabemos cómo nos ve el mundo? Por ahora, el mundo se aprovecha de nuestra habilidad e innovación, pero al mismo tiempo, en el fondo de su corazón, nos odia, se ríe de nosotros en los pasillos de la arena internacional y afila las flechas que pronto nos lanzará, porque nos ven divididos y débiles. En condiciones tan precarias, el problema más grave que debemos abordar es nuestra falta de visión para el futuro.

Pero esta situación puede tomarse como oportunidad para volvernos a conectar con el método de conexión heredado de nuestros sabios. Incluso un simple pensamiento o esfuerzo por acercarnos en nuestro corazón y comprender que la única alternativa para sobrevivir es conectarnos, nos llevará a un desarrollo importante. Se nos da una oportunidad de oro para darnos cuenta de que enfrentamos tiempos de transformación sustancial, pero si queremos que ese cambio sea positivo, debemos comenzar dentro de nosotros con una relación más cálida y de apoyo mutuo.