Si tuviera un hijo, le diría que el mundo presenta un divertido cambio de escenarios y que no se debe buscar en él ni un plan sabio ni una meta elevada.
Si aprende a aceptar los giros del destino, a amar la variabilidad de la vida y a no resistirla con todas las fuerzas de su alma, entonces se convertirá en la persona que Dios quiso que fuera (Milán Füst)