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Conexión por encima de todas las diferencias

Pregunta: En estos días la tensión entre los ortodoxos y seculares es cada vez mayor. La diseminación de ustedes no presta demasiada atención a la necesidad de explicar a la comunidad no religiosa la esencia de la religión, sus raíces espirituales, etc. ¿Cómo ayudar a la sociedad a hacer frente a esta “guerra civil” de una manera práctica?

Respuesta: Nosotros estamos ocupados explicando el siguiente nivel de desarrollo a la sociedad, en la que todos, cada uno de los miembros de la sociedad, tienen que elevarse por encima de todas las diferencias y unirse mediante la comprensión de la unicidad de cada individuo.

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá tenemos que poner todas las diferencias entre nosotros por debajo de la unidad entre nosotros puesto que la ley de la naturaleza nos obliga a unirnos a pesar y por encima de nuestras diferencias.

Esto sólo puede lograrse al educar de forma gradual a la gente hacia la garantía mutua, mientras que se le da a cada uno la oportunidad de vivir de acuerdo a sus propias leyes y la unidad se logra por encima de los diferentes grupos en la sociedad y por encima de sus costumbres. Hay que saber separar las diferentes comunidades que viven de acuerdo a diferentes leyes, como lo hacen las comunidades musulmanas y judías.

Los urbanistas y planificadores del transporte público tienen que tener esto en cuenta. Los medios de comunicación externa deben mostrar respeto mutuo. En un estado joven como el de Israel, es simplemente irresponsable construir ciudades sin tener en cuenta los posibles conflictos futuros.

(65216)

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Baal HaSulam, “La esencia de la religión y su propósito”: En este artículo me gustaría resolver tres cuestiones:

A. ¿Cuál es la esencia de la religión?

B. ¿Es la esencia alcanzada en este mundo o en el mundo por venir?

C. ¿Es su propósito beneficiar al Creador o a las criaturas?

Evidentemente, esos tres puntos cubren todo el inmenso tópico de la religión ¿Entonces, qué es la religión?

Una persona que vive en este mundo tiene esas tres preguntas acerca de su vida. Él quiere saber: “¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Quién me gobierna? ¿Cómo existo? ¿Hacia dónde voy?”

A los animales no les preocupa esto. Nacen de forma natural, viven bajo el gobierno de sus instintos, y mueren sin hacerse ninguna pregunta. La pregunta despierta sólo en la raza humana, y no en todos. El noventa por ciento de las personas no piensan para nada en esto. Aceptan el nacimiento, la vida y la muerte como vienen. Lo que sucede es obvio y claro para ellos.

Sin embargo, ¿Y si una persona piensa en algo más grande, acerca de la razón? Esta razón viene del Creador.

Como sabemos, cada etapa está dividida en cuatro niveles de Aviut, es decir, la profundidad o grosor del deseo. Si la persona ha llegado a un nivel más profundo, más corrupto, ella tiene más preguntas. Experimenta varios miedos, quiere ganar dinero, busca la verdad, e indaga más profundamente. Así, las personas se vuelven científicos y filósofos, y en general, desarrollan una actitud particular hacia la vida.

En el último escaño de esta escalera, la persona comienza a relacionarse con lo que sucede de forma objetiva, independientemente de sí misma. No es sólo un enfoque científico; quiere descubrir el secreto de la vida a pesar del gran interés personal, mientras permanece independiente en su juicio tanto como le sea posible.

Un científico tradicional obtiene datos, ignorándose a sí mismo, sin revelar su propia relación con el tema. Estudia sólo la naturaleza material en la cual no hay respuestas a las preguntas acerca del significado. Es por eso que los científicos y filósofos no pueden descubrir la dimensión que está por encima de esta vida, que se despliega en los cinco órganos sensoriales corporales.

Sin embargo, si la persona se da cuenta que debe revelar la esencia de la vida por encima de su naturaleza, aparte de sí mismo, entonces debe desconectarse de esta vida, elevarse por encima de ella, y volverse un verdadero científico. No puede permanecer prisionero de su propia naturaleza que le dicta su visión del mundo y su comportamiento.

Entonces, en busca del significado de la vida, debemos alcanzar el nivel en el que somos realmente independientes de nuestra naturaleza, aquel que es más objetivo y está completamente separado de todo lo que existe dentro de nosotros ¿Cómo puede ser esto? Es un gran problema, y la sabiduría de la Cabalá trata con esto sobre todo.

Nuestro progreso en la vida está dividido en dos etapas. En la primera etapa, debemos elevarnos al nivel de independencia, armados con todas las comodidades, herramientas, y detalles de percepción necesarios para ocupar la “tierra de nadie” donde no le debemos nada a nadie: ni a este mundo, ni al mundo futuro, ni al egoísmo, ni al otorgamiento, ni a la buena inclinación, ni a la inclinación malvada, ni al Creador, o la criatura. Debemos permanecer en el medio, en el lugar llamado Klipat Noga o el tercio medio de Tifferet.

No entendemos cómo podría ser esto. Al fin y al cabo, no existe nada sino el Creador y la criatura, nada excepto la Luz y la vasija. Y ya que estamos hablando de nosotros mismos, de la criatura, entonces por definición, estamos en la vasija del deseo creado ¿Cómo podemos ser llevados a un estado en el que no dependemos ni de nosotros mismos, ni de la Luz? ¿Cómo caminar al filo de la navaja? ¿Quién toma decisiones en realidad en esta situación, y qué lado debemos elegir si somos neutrales?

Aquí, debemos entender que hacer un análisis imparcial de nuestra vida es posible sólo si nos elevamos por encima de nosotros mismos, por encima de nuestras propiedades. Entonces estando en el aire, nos volvemos independientes de nosotros en primer lugar. Entonces nosotros, probablemente, encontraremos que estamos bajo la autoridad del Creador y tendremos que deshacernos de eso también ¿Cómo podría ser de otra manera?

Entonces, para responder la pregunta acerca de la esencia de la religión, es necesario entender el origen de mi vida, quién me controla, y hacia dónde voy. Después de todo, soy llevado por la corriente, ¿pero saber esto me ayudará? ¿Puedo mejorar mi destino? ¿Revelando el significado de la vida, puedo mejorarla, o por el contrario, mi ignorancia es una dicha?

Al final, sucederá lo que tenga que suceder. Por lo tanto, la pregunta acerca de la religión es muy compleja, y al abordarla, tenemos que resolver algunas tareas preliminares.

(61648 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/24/2011, “La esencia de la religión y su propósito”)

La causa, el destino, y la consecuencia

Pregunta: ¿Es posible dar a la noción de la religión una definición moderna? Después de todo, hoy en día el fútbol y el baloncesto cautivan a las personas de la misma manera.

Respuesta: No, después de todo eso no es realmente la religión. La “religión” es algo que responde a mis preguntas sobre el significado de la vida, acerca de la recompensa y el castigo.

Supongamos que yo vivo una vida normal de setenta años desde el nacimiento hasta la muerte. Además de eso, me hago preguntas acerca de la causa y el resultado de mi vida, acerca de mi destino. En otras palabras, deseo alcanzar aquello que existe por encima de mí, algo que no puede ser revelado a través de sensaciones regulares.

El fútbol responde a estas preguntas. Sólo me permite llenar mis setenta años de existencia con algo, junto con otros placeres por comida, sexo, familia, dinero, respeto y conocimiento. Sin embargo, deseo elevarme por encima de estas cosas.

Yo entiendo que ellos son evocados para confundirme y “ensordecerme”. No quiero meterme más profundamente en este fango de lo que mis necesidades vitales requieren. No importa qué, yo sólo uso la comida, el sexo, la familia, el dinero, el respeto, el conocimiento, la envidia, y las pasiones con el fin de revelar la esencia.

Este es el tipo de actitud que yo debo desarrollar ante la vida. Lo que debería ser importante para mí son la causa, el destino, y la consecuencia, no lo que hay por debajo de ellos.

Naturalmente, hoy nos llenamos con los placeres corporales en ese segmento entre el nacimiento y la muerte. ¿Esta es la razón por la cual los medios de comunicación moldean la opinión social, a pesar de lo que son en esencia? ¿Qué entienden ellos? Vemos los resultados de sus acciones con nuestros propios ojos. Sin embargo, al público no le importa quién da forma a su opinión. Deje que el futbol lo haga.

Sin embargo, al menos este es el menor de los males. Los medios de comunicación aplacan a las masas y les dan de comer productos sustitutos. Por ejemplo, el Internet es un sedante real con un montón de beneficios. Las personas pueden perder la cabeza sin que haya peligro, al no ser capaces de aplicarlos ellos mismos. La persona aporrea el teclado chateando con sus amigos virtuales, y busca cosas sin sentido en la red, mientras que el reloj no deja de correr, y la muerte se acerca. Imagínense lo que haríamos hoy sin Internet.

Sin embargo, cuando la persona alcanza el nivel de preguntas sobre el significado de la vida, empieza a investigar el para qué de la vida. Quiere saber ¿por qué comenzó a investigar?, ¿por qué está viviendo?, ¿por qué se le dio una oportunidad para un análisis?, ¿quien estableció esto, y como será el resultado? La persona no busca sólo por curiosidad; sino que está buscando un propósito. Todo esto cae bajo el concepto de “religión”.

Esta no se refiere a la filosofía o a las fantasías, sino a la evaluación más alta de nuestras vidas, una evaluación que se lleva a cabo en vasijas que se encuentran por encima de nuestro cuerpo. Son estas vasijas las que tenemos que desarrollar, nuevas vasijas en las que es realmente posible estudiar la causa, el destino, y la consecuencia.

Todo esto está programado en mí desde el principio. A mi sólo se me ha dado una pequeña chispa que yo hago saltar para abrirme. ¿Cómo puedo hacer eso? Yo lo hago a través de un entorno único, el grupo, que me arrastra hacia arriba a partir de este mundo con su influencia.

Cuando estoy entre mis amigos, yo poco a poco agrando nuevas vasijas en mi interior que son diferentes a cualquier cosa que yo haya experimentado en nuestro mundo. Estas no están en contra de esto, el mundo se queda como estaba. Mi cuerpo animal, con sus cinco sentidos, no cambia.

Al mismo tiempo, yo me desarrollo en un entorno espiritual y manifiesto cinco nuevos sentidos junto con mis amigos. Ellos son llamados KHB-ZON en el lenguaje de la Cabalá. Descubro la “religión” en ellos: la fuerza superior como el origen, su programa, y el propósito de este programa.

(61642 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 24 de Noviembre del 2011, “La esencia de la religión y su propósito”)

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Una vez más sobre la religión…

La “religión” en general es una actitud ante la vida. Ella determina la forma en que percibimos la vida y cómo yo descubro el secreto de su esencia. ¿Tengo una herramienta por la que descubro la razón por la que hemos nacido, la razón de nuestra existencia y la razón de nuestra muerte, los cambios en la vida y de los tiempos, la razón fundamental de toda la realidad y de este mundo, y tal vez las de los otros mundos también?

Todo esto es la “religión”, es el medio por el que yo abro todas las puertas, comprendo y siento todo, y soy incorporado en todo. De aquí proviene la palabra hebrea “religión” (Da’at), la cual significa saber, percibir, estar familiarizado con, descubrir, alcanzar.

La gente le ha dado el nombre de “religión” a algo que no los lleva a ningún logro, sino que sólo les da una garantía psicológica de algún tipo de recompensa por su sufrimiento. ¿De dónde viene eso?

Una vez, antes de la destrucción del templo, la religión era la sabiduría de la Cabalá. En esa vida, nosotros alcanzamos el mundo superior. En Babel, Abraham descubrió este paradigma, esta actitud hacia la naturaleza, al hombre y al desarrollo, y se lo pasó al grupo de cabalistas que el reunió. Su camino desde Babel hasta la destrucción del segundo templo fue realizado por un método llamado religión o Cabalá.

Más tarde, sin embargo, este grupo se había convertido en una nación, cayó desde el nivel espiritual de la corporeidad, y perdió la religión, el reconocimiento espiritual, la comprensión espiritual, y la conexión con la fuerza superior. La descendencia de Abraham solo se quedó con las costumbres externas que eran realizadas en el nivel corporal, mientras que la verdadera religión desapareció y se ocultó de ellos. Ahora nosotros estamos retornando a ella.

Mientras tanto, durante siglos, otros métodos que se basan en el egoísmo, en el ocultamiento y la ignorancia acerca de los elementos del mundo han reemplazado a la religión.

En “Los escritos de la generación futura” Baal HaSulam dice que nosotros no estamos luchando por los errores de nadie. Después de todo, todo este proceso es parte del plan de desarrollo que la humanidad tiene que pasar. No culpamos a nadie por nada, ni por las nuevas “religiones” que aparecieron. Por el contrario, a través de ellas, nos hemos desarrollado mientras estábamos en el exilio.

Ahora, cuando estamos despertando a la revelación espiritual, nosotros descubrimos la misma y única religión inicial, que también es llamada “La sabiduría de la Cabalá”. Al mismo tiempo, todos los otros métodos aún existen: cada individuo puede seguir con ellos de acuerdo a su nivel de compromiso. Incluso si la persona se ha elevado por encima de ellos y no está conectada a ellos por la fe, aún, como los cabalistas dicen, nosotros respetamos sus costumbres, que se han convertido en las culturas de diferentes personas. Así que siempre hay espacio para ellos. Constituyen el entorno externo que protege a la persona y crea un cierto marco en el que uno vive.

En cualquier caso, la verdadera religión es la actitud de la persona hacia su existencia, hacia su visión de la vida, por el que organiza todos los aspectos de su vida.

(62279 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/20/11, “Introducción al TES”)

La victoria sobre el Creador

El propósito de nuestros estudios es desarrollar el reconocimiento del mal en nosotros. Por otra parte, incluso sin estudiar, las personas pueden identificar el mal dentro de sí mismas. Estamos educados en un cierto espíritu y adquisición de valores culturales; por lo tanto, somos incapaces de robar, golpear o matar a alguien. Llegamos a ser mejores, más abiertos de corazón; empezamos con caridades y ayuda al enfermo y al necesitado. Por lo tanto, aprendemos a distinguir el bien del mal e intencionalmente queremos hacer el bien.

Al mismo tiempo, todas las personas en este mundo sin importar cuán altamente desarrolladas o mal educadas sean, actúan de acuerdo a sus deseos egoístas. Algunas personas ayudan a otras porque tienen miedo de caer en una situación similar en el futuro. Otras sienten pena cuando miran la aflicción de sus vecinos y quieren calmar su propia pena. Nuestro egoísmo contiene múltiples bases para el comportamiento “altruista”, es decir, el cuidando de nuestro prójimo

Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la auténtica corrección. Todas las buenas y malas cualidades así como todos los principios de nuestro mundo tienen sus raíces en el egoísmo. La persona puede ser la quintaesencia de la bondad, estar totalmente preocupada por su entorno, ser amorosa con todos, pero aún está gobernada por su amor propio.

 En términos cabalísticos, la persona permanece en el nivel animado ya que no tiene el control de sus propiedades; más bien, sus propiedades la controlan. No importa cuán maravillosa sea, ella no es quién dirige su comportamiento, sino más bien, su ego está a cargo de ella. Podemos llamar a tal persona “un ángel” de acuerdo a su clasificación espiritual, es decir en el nivel “animado”.

De hecho, los niveles de desarrollo del inanimado, vegetativo y animado son considerados “ángeles” ya que implícitamente cumplen “órdenes” de la naturaleza. Esto se aplica a todos en este mundo. Esto explica porqué no existe tal cosa como castigo o recompensa; Estos se aplican sólo a aquellos que trabajan en la superación propia con el fin de acercarse al Creador. El resto son simplemente “derivados” ordinarios; es inútil esperar más de ellos.

Nosotros estudiamos Cabalá porque  somos provocados por el punto en el corazón, el cual nos permite diferenciar entre la recompensa y el castigo en nuestro camino espiritual.  Lo que nos preocupa es si nos elevaremos por encima de nuestra naturaleza que de hecho es el Creador. Quisiéramos tener poder sobre este.

¿Qué quiere decir esto? ¿Realmente queremos dominar al Creador? Sí. Se nos dice: “Mis hijos me han vencido. Yo creé la inclinación al mal y ellos exigieron que creara una fuerza que la corrija”.

Una persona se desarrolla con el fin de validar su existencia en vez de  someterse ciegamente a la naturaleza. Su desarrollo depende del reconocimiento del mal. ¿Qué tipo de mal debo revelar en mí? Tal vez soy un ladrón o un mentiroso… Pero es el Creador quien me hizo de esta forma.

La habilidad para diferenciar entre un ser humano y el Creador es de hecho un genuino reconocimiento del mal. Sólo en comparación con Él, mi inclinación al mal se revela a sí misma. Se trata del deseo que identifico como opuesto al Suyo.

Pero ¿Cómo es posible que yo pueda compararme con el Creador? Para esto, necesito un grupo. Esta es mi única oportunidad, mi único estandarte, y mi único criterio para evaluarme a mí mismo. Mi mentalidad negativa hacia mis amigos y el desapego del grupo me permiten reconocer mi inclinación al mal. Entonces, me uno con mis amigos con el fin de acercarme al Creador.

Así, existen tres componentes: el grupo, el Creador y yo. De acuerdo a ellos evaluamos las buenas y malas inclinaciones, recompensas y castigos, y todos los otros detalles de nuestra percepción que ponemos a la altura del hombre (Adam en hebreo) aquel que es similar al Creador. El resto es simplemente irrelevante.

Básicamente, esta es la manera de separar la creación. Este acercamiento enfoca precisamente mi atención a la meta. El grupo llega a ser un método para llegar al Creador; el Creador está oculto detrás del grupo y se revela a Sí mismo según el grado en el que yo me sumerja en este.

Después me incorporo en el grupo y me doy cuenta que el Creador también es parte de este. Así, el grupo es un territorio común entre Él y yo.

Revelo mi inclinación al mal a través de mi relación con el grupo, mientras trato de unirme con mis amigos en el grupo. Así como cuando salimos de Egipto, el Monte Sinaí surgió entre nosotros; esta es la montaña del odio (Sina en hebreo).

Por otra parte debemos unirnos y ser como un hombre con un corazón en la desesperación. La brecha entre la unidad y el gran odio constituye la inclinación al mal. Es la razón por la que elevamos nuestra demanda por la corrección.

(62173 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/30/11, “La esencia de la religión y su propósito”)

Detrás de los caprichos de la Naturaleza

¿Qué es lo que cada persona desea al final del día? Ella quiere saber exactamente que es aquello que lo influye. ¿Es una fuerza, o tal vez son dos? ¿Quizás haya miles de ellas en cada lado? “No importa. Lo principal es mantenerse conectados con estas fuerzas y hacer que ellas nos hagan sentir bien. Entonces, estaremos bien”.

Esto es lo que nuestro egoísmo demanda. A medida que nuestro ego evolucionó, nuestra actitud hacia el destino también cambió. La gente empezó a creer que sus vidas dependían de diversos factores externos. Es sobre esta base que los credos y las religiones fueron creados.

La separación en “bien y mal” es subjetiva. Nosotros “introducimos” una imagen exterior dentro de nosotros mismos y marcamos las cosas con nuestros “pros” y “contras”. Si nosotros no hiciéramos eso, podríamos considerar que todo lo que nos ocurre es “para nuestro bien”. Sin embargo, percibimos cualquier fenómeno natural a través del prisma de nosotros mismos, y es por eso que no podemos distinguir entre ellos.

Miles de detalles positivos y negativos de la naturaleza surgen en nuestra imaginación. En la medida en que nuestros deseos egoístas crecen, nosotros sentimos la necesidad de detectar los factores que influyen en cada uno de sus nuevos aspectos. Nosotros les asignamos a ellos un significado divino superior, ya que dependemos de ellos, para bien o para mal.

Así es como se desarrolla nuestra actitud, a través del cambio de nuestra forma de pensar, hacia el destino y hacia aquello o aquel que nos da a luz y luego nos envía a la muerte llevándonos a quien sabe dónde. Finalmente, a nuestros ojos, toda la naturaleza se divide en varios elementos y fuerzas desconectadas.

Si dejamos de asociar deseos, sentimientos, y poderes con estas fuerzas, veremos que estamos hablando simplemente de la naturaleza. En tal caso, diversos factores no están vestidos con atuendos humanos y no tienen deseos. No son más que “naturaleza ciega”, nada más que eso. La naturaleza deja de ser caprichosa, al manifestarse a sí misma como “positiva o negativa”, más bien actúa de acuerdo a unas rígidas leyes.

Debido a que no hemos aprendido las leyes de la naturaleza y a que no tenemos un control de la imagen general de lo que se está elaborando en ella, constantemente nos enfrentamos a situaciones inesperadas. El punto es que nosotros, simplemente no tenemos conocimientos de las leyes objetivas de la naturaleza; que no dependen de nada excepto de ellas mismas.

El problema es que no vemos las causas de los acontecimientos. Digamos que todo desciende a nosotros desde un nivel más alto, del cual nosotros no somos conscientes, mientras que las cosas obvias salen de las leyes de la naturaleza ciega. Sin embargo, la persona no puede ejercer ese enfoque, porque depende de múltiples factores, que a sus ojos, son independientes. Por lo tanto, empieza a asociarlos con los caprichos de la naturaleza.

La persona no se remonta a sus raíces y no ve el origen de sus acciones, juicios y sensaciones, ni siquiera sospecha que opera de acuerdo a un programa especial instalado en ella. Sólo ve la parte observable, por eso se considera a sí misma, y a otros, como seres independientes y arbitrarios. Como resultado, le asigna el mismo concepto a la naturaleza y empieza a creer, erróneamente, que tiene cierta fuerza de voluntad propia que puede ser modificada dependiendo de las circunstancias.

Ella confía en que debe tratar a la naturaleza positivamente, que debe convencerla, pagarle, y paga a los que aparentemente están cerca de la naturaleza y pueden protegerlo. En esta etapa, la persona deja de despersonalizar a la naturaleza, pero le atribuye sus propios deseos, pensamientos, y propiedades a ella. Esta es la raíz de las creencias y las religiones.

Hoy en día, vemos que nuestros deseos egoístas, que se han cultivado durante siglos, nos conducen a través de estas teorías y actitudes diferentes a la divinidad. Al final, todo se derrumba. Algunos se inclinan a sostener fanáticamente una cierta teoría que de manera artificial se separa del resto del mundo por causa de una supuesta estabilidad, a pesar de que esto les impide un mayor crecimiento. Esta actitud se puede rastrear en el fanatismo religioso y el fascismo, es decir, el tipo de egoísmo mental estrecho, en el que la unidad en un principio trae estabilidad, pero al final descompone, y hace imposible alcanzar un mayor avance a la sociedad.

En la medida en que el egoísmo de la gente crece, los humanos seguimos permaneciendo “desnudos”, ya que perdemos la oportunidad de conectarnos con la naturaleza. Sentimos que estamos siendo cautivados por el poder absoluto, que abarca todas las esferas de la vida, que dependemos de las posibilidades y del destino, y que simplemente no podemos formar ningún tipo de actitud subjetiva hacia estas nociones. Esto se convierte en un punto de inflexión que a la larga conducirá a la humanidad a la sabiduría de la Cabalá.

(63334 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/16/2011, “La Paz”)

Del naturalismo al politeísmo

La persona no conoce el mundo en el que vive. De hecho, él pertenece a la naturaleza que lo lanza de un estado a otro. Durante su corta vida de varias décadas no tiene el tiempo suficiente para darse cuenta de lo que está pasando. Curiosamente, hace unos 150 años, la esperanza de vida del hombre no era de 70 años, sino de 40.

A pesar de haberse casi duplicado nuestra esperanza de vida, todavía no comprendemos la esencia de la vida. La humanidad aun no sabe qué está buscando ni dónde encontrarlo. El sentido de la vida sigue siendo ambiguo. ¿Cuándo comienza la vida y hacia dónde nos lleva? ¿Hay un propósito para ella? ¿Qué es lo que sucede con nosotros? Las respuestas son vagas.

Las personas están sujetas a la fuerza de la naturaleza. Nadie recibe un libro con revelaciones desde lo Alto. Todos revelaremos lo que existe dentro de nuestro mundo. Las revelaciones que hacemos construyen nuestra comprensión y conocimiento de la realidad.

A excepción de la sustancia de la que estamos hechos y de nuestros cinco sentidos, el ser humano posee una capacidad inherente para descubrir algo más grande. Sin embargo, todo está en potencia, y en la realidad construimos nuestra actitud ante la vida y la naturaleza sobre la base de lo que vemos. Así fueron creadas las simples teorías de la creación. Ellas están condicionadas por nuestra vida en este mundo.

En primer lugar, el hombre percibió el mundo como si fuera natural. El observó la naturaleza como un todo, como una imagen completa en la que todas las partes están interconectadas. Por lo tanto, se sintió cercano a la naturaleza. Es un enfoque antiguo que fue completamente claro, ya que todo era evidente y revelado.

Más tarde, la gente comenzó a ordenar los fenómenos naturales dentro de lo “bueno” y lo “malo”. El hombre llegó a ser más egoísta, y dejó de sentirse a sí mismo como una parte integral de la naturaleza. Él descubrió que la naturaleza tenía varias limitaciones que parecían positivas o negativas. Ordenó los elementos que lo influían en “benéficos” y “perjudiciales” y así creó las nociones de las fuerzas del bien y del mal.

Al principio hubo una oposición general del bien y del mal, que más tarde comenzó a dividirse en numerosas fuerzas independientes hasta que se crearon las asambleas y panteones de dioses. Por lo tanto, nuestro ego nos distanció de la naturaleza unificada aún más.

(63337 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/16/2011, “La Paz”)

La “religión” como una escuela para el avance hacia el Creador

El Arí escribe en el libro El Árbol de la Vida (siglo 16) que al salir del mundo animal, a través de la etapa de transición de los simios, nosotros adquirimos la forma humana. Esto ocurrió tanto en el nivel físico, corporal, como en el emocional y espiritual: Nos desarrollamos dentro de los deseos inanimado, vegetativo, y animado de la naturaleza, hasta que llegamos a los deseos egoístas del cuarto grado, del grado humano. El grado humanos se subdivide en estos cuatro niveles, pero en su conjunto, la humanidad se distingue del resto en su patrón único de desarrollo.

El desarrollo previo procedió a nivel material, limitándose a absorber y a excretar sustancias. La naturaleza inanimada casi siempre se restringe a procesos internos, la vegetativa a un intercambio de sustancias con el medio ambiente circundante: esta respira, consume, y secreta, pero sólo en una medida pequeña.

Teniendo en cuenta todo esto, el nivel vegetativo de la naturaleza depende enteramente de las condiciones externas, no se mueve de su lugar y está sujeta a los ciclos de las estaciones. La naturaleza animada tiene menos restricciones: Sus representantes se mueven de un lugar a otro, poseen un deseo más desarrollado, tienen formas especializadas de producir descendencia, y pueden consumir mejor el alimento y excretar los desechos. Y esta, en esencia, es la conclusión del desarrollo externo, material.

A partir de este punto se le añade un cuarto grado especial. Pero primero preguntémonos: ¿Por qué no pudo completarse el proceso en este nivel? ¿Por qué la tercera fase de la Luz directa no fue la fase final?

Keter, también conocida como la raíz, la fase cero, creó el deseo de recibir, la primera fase (Bejina Alef) y la llenó. Entonces este deseo anheló llegar a ser como el superior, lo cual es ya la segunda fase (Bejina Bet), el deseo de otorgar. Para realizar el otorgamiento al superior, la segunda fase toma una decisión: “Tengo que recibir”. Entonces, desde el centro de Bina se forma un nuevo estado por sí mismo, la tercera fase (Bejina Gimel), Zeir Anpin, que recibe con el fin de otorgar.

Entonces ¿qué es lo que falta aquí? ¿Al parecer, la tercera fase lo tiene todo? Lo tiene todo, excepto su independencia, su propia conciencia y la percepción del superior, todo, excepto su propio “yo”. Esta carece del desarrollo interno en relación con el superior. En otras palabras, ella necesita una conexión con sus raíces la cual es la única cosa que puede permitirle continuar su camino.

Es aquí donde surge la cuarta fase (Bejina Dalet) o Maljut. Esta es una fase única, caracterizada por el desarrollo cualitativo, interior.

Hasta este punto el deseo ya se ha desarrollado en su debido proceso. Esto lo vemos en nuestro mundo, que tiene más que suficiente egoísmo. Y ahora tenemos que desarrollarnos cualitativamente para alcanzar la raíz superior. El mundo ya ha realizado su egoísmo y entiende qué puede llenarlo y que no. Se han intentado todas las formas, como resultado de lo cual crecimos y lo destruimos todo. Lo único que queda ahora es la pregunta acerca de la relación con el superior, con el Creador: ¿De dónde vengo y para dónde voy?

Y esta precisamente es la cuarta fase: el grado del verdadero desarrollo del hombre, acompañado por los deseos de las otras fases. A partir de aquí es necesario entender qué es la “religión” en el contexto del desarrollo. Esta es un mecanismo especial, un método especial que nos permite comprender la distancia entre el Creador y yo. Y esta le pertenece sólo el grado humano.

¿Quién puede entonces empezar a hacer este trabajo? Aquel que siente la separación del Creador, quien siente la inclinación hacia el esto. En otras palabras, sólo aquellos que tienen el punto en el corazón. Todos los demás están en las etapas anteriores del desarrollo: inanimado, vegetativo y animado.

Esta es la razón por la que percibimos esta diferencia, la separación, la presión, el impulso hacia algo. Esto desarrolla en nosotros el sentimiento de reconocimiento del mal.

¿Qué es este mal? ¿Tal vez estoy experimentando sensaciones negativas porque no fui capaz de robar algo y de escapar inadvertido? ¿O se debe  a que soy consciente de la relación del mal con el Creador? Por lo tanto, la “religión” en este sentido es una escuela de educación interna y externa, que me revela cuán lejos estoy aun del Creador y cómo puedo superar este abismo.

Esto no tiene absolutamente nada que ver con las nociones tradicionales de “religión”. Existe el hombre, y existe la fuerza superior. La pregunta es sólo en cuanto al reconocimiento de lo opuestos estamos y de cómo superar esta brecha.

(62077 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/29/2011, “La esencia de la religión y su propósito”)

Aquí no aceptamos amor

Hoy llegamos a la pregunta de “¿Cuál es el significado de mi vida?” y de pronto descubrimos la sabiduría de la Cabalá. La encontramos no porque deseemos otorgar o alcanzar la conexión, el amor, y una preocupación común.

No. Llegamos a ella precisamente a través de las preguntas: “¿Cuál es el significado de mi vida? ¡¿Por qué me siento mal?! ¡Quiero tener poder sobre mi vida! Quiero elevarme por encima de todo esto, comprender la eternidad y la perfección de la naturaleza”. Yo quiero, quiero, quiero… Llegamos a la sabiduría de la Cabalá precisamente a través de preguntas egoístas, y no por medio de un alma delicada, sensible. Por el contrario, somos llevados por el deseo de recibir, de tomar el control sobre nuestras vidas.

Así, cuando llegamos a la sabiduría de la Cabalá y comenzamos a escuchar de lo que habla, muchos no entienden:”¿Por qué hablamos de amor y unidad? ¿Dónde estamos? ¿Es esto un jardín de niños donde se nos enseña a ser buenos? ¿Es esto una sociedad de idealistas? ¡¿De qué están hablando?!”

O la persona llega a la Cabalá a través de la religión y tampoco entiende qué está sucediendo: “¿Quién habla de amor en la religión? Es verdad que hay ahí algunas frases lindas similares, pero en realidad, se trata todo de realizar acciones conocidas por nosotros desde la niñez”. ¿Dónde está la base de una religión que hable de amor, conexión entre las personas, ayuda mutua, e igualdad entre todos? Por mucho tiempo, cada una de ellas ha hablado de que es bueno que las personas las usen para llenar sus necesidades egoístas.

Resulta que por miles de años nos olvidamos completamente y nos distanciamos de la opinión de las personas que sentían la presencia de la fuerza de otorgamiento. Nos distanciamos de la base de las religiones establecidas hace miles de años, que también hablaban de la fuerza de otorgamiento.

En adición a eso, nuestro ego se desarrolló tanto que ni siquiera pensamos en ello, y todos nuestros sistemas están dirigidos a ganar más para ser independiente de otros y distanciarnos de ellos como si no existieran. Todos están dispuestos a llenar la casa con sirvientes y electrodomésticos y a permanecer independientes de todos en lugar de estar con sus familiares y con personas cercanas, amorosas, y que brindan apoyo.

Entonces, cuando llegamos a la sabiduría de la Cabalá, es extremadamente difícil comenzar a escuchar palabras de amor y conexión. Al fin y al cabo, estamos acostumbrados al hecho de que así es como se enseña a los niños pequeños. De forma egoísta queremos que estén protegidos y sin daño, y por lo tanto les enseñamos a no dañar a otros. Les decimos: “Tienes que querer al otro, ser su amigo”. Vemos que cuando una persona aún es joven y dependiente de otros, le beneficia ser bueno y amoroso, y entonces todos la quieren también.

Pero al crecer los niños, les decimos: “¡Tienes que ganar, tienes que ser más grande que todos! ¡Muestra tu fuerza y tu poder y serás grande!” Comenzamos a alentar el ego dentro de él en lugar del amor. Nuestra educación es opuesta al amor.

Resulta que somos llevados hacia la Cabalá por un egoísmo satisfecho en demasía y que por lo tanto sufre.

(63057 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/13/2011, Escritos de Rabash)

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En busca de ti mismo

Pregunta: ¿Cómo puedo reconocer con exactitud el punto de mi libre albedrío?

Respuesta: En primer lugar, descubrimos que no somos libres en absoluto, al cien por ciento. Esta es la realización del mal.

Sin embargo, por otro lado, ¿qué hay de malo en eso? Si yo estoy completamente bajo el poder del Creador, o de la Naturaleza, entonces no se me pide nada. Yo no soy ni bueno ni malo. ¿Qué hay que exigir de mí? No importa lo que yo haga, no soy yo quién lo hace, como está escrito: “Ve donde el artesano que me hizo”.

La religión se basa en esto. Yo soy una persona pequeña. Hago todo lo que Él quiere. Si Él dice que lo haga, yo lo hago. De esta manera, todos mis cargos son retirados, las preguntas se cancelan, y me liberé de los problemas.

Sin embargo, en este camino, tú pierdes la independencia y la libertad. Sólo siguiendo los decretos del Creador, aún de mala gana, encontrarás siempre una recompensa para ti que facilita tu tarea a costa de tu verdadero “yo”. Por esta razón la religión es buena para las masas. Cuando todo viene de Arriba, esto añade una sensación de comodidad a la vida y proporciona apoyo sicológico para fluir junto con todo el mundo.

Por otro lado, en la Cabalá, yo demando independencia, en vez de auto anulación. Quiero encontrar el comienzo de mi “yo”. En esta búsqueda, en esta evaluación racional y lógica, descubro que en realidad, yo no existo. Yo no tomé la decisión de nacer en este mundo, no elegí mis cualidades, mi genética, mis padres, mi país, o mi entorno. Yo fui criado y educado por sistemas e instituciones ya formados tales como la guardería, la escuela, los medios de comunicación, y así sucesivamente. ¿Quién soy yo, después de todo esto? Yo soy un pedazo de masa horneada en un horno común dentro de una hogaza corriente de pan.

Cuando veo esto, surge una pregunta en mí: ¿Esta es la vida? ¿Qué es lo que me da, aparte de interminables problemas, una constante huida del sufrimiento, y breves momentos de placer? Este es el reconocimiento del mal: yo comienzo a pensar acerca de la esencia de lo que está sucediendo, sobre mi viaje y su final, y entiendo que yo no existo. Sólo existe una máquina que yo no enciendo ni controlo. Cuando hay un conflicto de algoritmo en el computador, este arroja un mensaje de error. Yo también respondo a los problemas, aunque de una forma sensorial. La presión salta en alguna parte, y siento dolor. Eso es todo que hago.

En este caso, simplemente no tengo ninguna razón para vivir. Muchas personas llegan a esta conclusión. Lo único que las detiene es el miedo instintivo a la muerte, e incluso este no siempre funciona.

Aquí es donde empiezo la búsqueda de la verdadera libertad, de mi verdadera esencia. El camino para llegar a esta yace en volverme como el Creador, no en adorar y cancelarme a sí mismo ante Él, sino en volverme en realidad como Él. Tengo que crecer y ser más como Él. La independencia y libertad absolutas son inherentes al Creador. No existe nadie más que Él en toda la naturaleza. Yo puedo crecer de acuerdo con el mismo principio en el que no haya nadie más aparte de mí en toda la naturaleza.

Este es el método cabalístico. Buscamos la libertad y la independencia. Lo más doloroso es el hecho de que no existen. ¿Dónde puedo encontrar mi “yo”? Esta búsqueda de mi propio “yo” es toda mi vida. Quiero una auto expresión mayor. Quiero gobernar a todo el mundo y recibir. ¿Para qué es todo esto? Es para que mi “yo” se forme y crezca. En este caso, la Cabalá explica que la adquisición de tu “yo” significa la adquisición de las cualidades del Creador, es decir, adquirir la libertad.

Pregunta: Entonces, ¿cómo puedo encontrar a mi “yo” sin libre albedrío?

Respuesta: El punto inicial de mi “yo” se manifiesta a través de preguntas acerca del significado y la esencia de la vida. La persona que viene a la Cabalá ya cuenta con este punto de elección, un punto en el corazón, una chispa, al otro lado de la línea media, el reverso de la libertad, la sensación de vacío y carencia.

No tengo la libertad, y por eso hago preguntas acerca del significado de la vida. Esto es exactamente lo que no tengo. No me importa la vida misma, tengo que encontrar mi “yo”.

(63025- De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/13/2011, “La Libertad”)