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Nueva Vida 1315 – Relaciones con hijos adultos que se van de casa

Nueva Vida 1315 – Relaciones con hijos adultos que se van de casa
Dr. Michael Laitman en conversación con Oren Levi y Nitzah Mazoz

Resumen

Mucho antes de que los niños se vayan de casa, debemos acostumbrarlos a llamar a sus padres una vez al día y visitarlos semanalmente. Es importante que los padres compartan lo que les ha pasado, que demuestren que se preocupan, que hagan preguntas y que den el ejemplo. Los padres deben preparar a sus hijos para la etapa de dejar el hogar y criarlos para que sean independientes.

Los niños que no han recibido la preparación adecuada para la vida se sentirán débiles y les resultará difícil construirse y establecer una conexión con un compañero de vida. Los padres deben dar a sus hijos seguridad, orientación y la sensación de que siempre están ahí para ellos.
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De Kabtv “Nueva Vida 1315 – Relaciones con hijos adultos que se van de casa ” 8/ago/21

David y Goliat, invertidos

Mi nuevo articulo: «David y Goliat, invertidos«

Todos conocemos y amamos la historia de David y Goliat. Es muy fácil simpatizar con David, el pequeño pelirrojo que se enfrentó al gigante, villano, Goliat; David lo derrotó contra todo pronóstico y salvó a Israel de los malvados filisteos. Pero en las últimas décadas, parece que los roles se han invertido e Israel, que alguna vez fue el favorito, puesto que era el más débil, se convirtió en el Goliat de la zona, el villano contra el que los pobres palestinos luchan contra viento y marea.

No es que Israel esté tratando de matar a los palestinos indiscriminadamente. De hecho, ningún ejército se ha acercado jamás a los esfuerzos que están haciendo las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) para evitar herir a personas no involucradas. La otra parte, Hamas, envía cohetes de forma explícita e indiscriminada, a barrios residenciales civiles en ciudades y asentamientos en todo Israel, pero el mundo sólo ve un villano en el conflicto: Israel.

¿El mundo está ciego? ¿la humanidad no ve la verdad? El mundo no está ciego; ve la verdad con mucha claridad y precisamente por eso, se pone del lado de Hamás. Su verdadero agravio contra el Estado de Israel no es que estemos atacando la Franja de Gaza, sino que no permitimos que Hamas nos aniquile. El mundo piensa que eso es lo que nos merecemos, pues siendo los más desarrollados, se supone que debemos llevar al mundo a un mejor lugar, pero el mundo no lo ve y es nuestra culpa, Hamas sólo nos da nuestro bien merecido castigo.

Lamentablemente, no estamos haciendo lo único que podría cambiar la opinión del mundo sobre nosotros: llevar al mundo a una forma de vida sin egoísmo. Con nuestra forma de vida egoísta, provocamos la erupción del ego en la raza humana, en todos los niveles y en todas las direcciones y eso provoca todas las catástrofes que el mundo ha estado experimentando.

Nadie elige conscientemente ser antisemita. La parte más desarrollada de todo, siempre es su cabeza. Dado que la naturaleza humana es egoísta hasta la médula, como dice el versículo, “La inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21) y los judíos son la nación más desarrollada y también la más egoísta. Dado que la cabeza determina lo que sucede en el cuerpo, si la cabeza es egoísta, el mundo entero se contamina del ego y es culpa de la cabeza, es decir, de los judíos. Por eso, desde la perspectiva del mundo, Hamas tiene todo el derecho a dispararnos, nosotros no tenemos derecho a contraatacar y si mata civiles israelíes, lo hace en nombre de la humanidad y es culpa nuestra que lo haga.

Si esta explicación parece descabellada, ve la realidad: el mundo está del lado de Hamas; la ONU acusa exclusivamente a Israel de genocidio; algunos países ya se comprometieron a dar a Hamas más de mil millones de dólares para reparar los daños de la campaña, a pesar de que Hamas declaró que los daños fueron sólo de 350 millones de dólares; y el estatus de Israel en el mundo se está hundiendo mientras que el de Hamas se dispara, sólo porque se enfrentó a nosotros, el David convertido en Goliat, ante los ojos del mundo.

No tiene porqué ser así.  Estamos contaminando al mundo con egoísmo, por el simple hecho de ser egoístas; pero podremos limpiarlo, si dejamos de serlo. Por eso, las naciones sienten que sus luchas se deben a la mala voluntad que les pasamos; pero, cuando dejemos de ser egoístas, sentirán que su espíritu de amistad y cuidado, viene de nosotros.

En la antigüedad, la ecuación era muy clara: durante la época del Segundo Templo, alrededor del siglo III AEC, los judíos estaban relativamente unidos y se llevaban bien. En ese momento, los eruditos de Grecia vinieron a aprender de los profetas, Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a 70 sabios de Jerusalén para aprender la sabiduría de los judíos y traducir el Pentateuco. Gente de todas las naciones acudía en masa a Jerusalén. durante las tres peregrinaciones anuales, cuando los judíos se reunían. El filósofo Filón de Alejandría escribió que la gente observaba con asombro y que “en la fusión de los corazones … encontraba la prueba definitiva de la unidad”.

El mundo aprende de nuestro ejemplo. Si, entre nosotros, nos comportamos como matones, ellos se comportan como matones y nos culpan. Si nos comportamos con cuidado y compasión, todas las naciones se tratarán bien y nos lo agradecerán. Esto es lo que quiso decir el rabioso antisemita Vasily Shulgin, cuando escribió que si los judíos, a quienes odiaba más que nada, “se elevan a la altura a la que aparentemente subieron [en la antigüedad] … inmediatamente, todas las naciones pedirán: ‘Judíos, denos [instrucciones], sabias, amables, que nos lleven al bien’”.

Encuentra la paz en tu mente

Mi nuevo artículo: «Encuentra la paz en tu mente«

La realidad actual nos da pocas razones para estar tranquilos. La incertidumbre prevalece en todas partes y el futuro es sombrío. Parece que la mejor idea sería encontrar una pequeña cabaña en los límites del campo australiano o en el norte de Canadá, con algunos animales de granja y olvidarnos del mundo. Sin embargo, qué lástima que la mayoría no podamos hacerlo.

Aquí en Israel, pensamos que si no tuviéramos que luchar contra nuestros vecinos, todo estaría bien. Pero, en realidad, ¡sería mucho, mucho peor! Nosotros, los judíos, nos consumiríamos unos a otros. En todo caso, parece como si, desde arriba, nos hubieran dado enemigos para evitar que nos aniquilemos solos. Mientras más nos odiamos, más nos odian, eso a su vez, evita que nos destruyamos nosotros.

Está claro que esto es insostenible. La única forma de encontrar paz mental en el mundo de hoy, es aniquilar el odio entre nosotros. El odio mutuo nos está destruyendo, destruye nuestras relaciones, destruye nuestro planeta y destruye nuestro futuro. Así como nos enseñaron a competir con los demás tan duro como podamos y a esforzarnos por llegar a la cima, debemos aprender a ser cariñosos, considerados y amables.

Está bien que ahora no seamos realmente así; es el principio. Pero si no comenzamos a cultivar interés por otros, nunca la lograremos. Seguiremos luchando y nos destruiremos unos a otros, hasta que destruyamos a la humanidad. Por otro lado, si empezamos a buscar bondad, consideración y cuidado, aprenderemos a cultivar estas cualidades dentro de nosotros. En el proceso, cambiaremos a la humanidad no sólo en nuestra generación, también en la posteridad. Nunca hemos tenido una generación cuyos miembros fueran genuinamente amables. Si creamos el precedente, será mucho más fácil mantener esa actitud pro social, pues seremos testigos de su beneficio.

Pensamos que somos seres separados, pero no lo somos. En verdad, todos estamos conectados y tenemos influencia mutua, lo sepamos o no. Si inducimos mala voluntad en la humanidad, también nos lastimamos a nosotros mismos, incluso si lo hacemos para protegernos de los demás. Por el contrario, si inducimos bondad en el sistema, la bondad se extenderá por sistema y regresará a nosotros. Y si todos lo hacemos con los demás, nos despediremos de los problemas.

La clave para encontrar tranquilidad, no es huir de la sociedad, sino mejorarla para que todos se concentren en dar tranquilidad a los demás. Sólo así, con un sistema de responsabilidad mutua, encontraremos una paz mental duradera, sólida y feliz en la vida, ahora y en el futuro.

Vamos y contaminemos también a Marte

Mi nuevo artículo: «Vamos y contaminemos también a Marte«

De vez en cuando, a magnates como Elon Musk se les ocurre la locura que tiene que ver con habitar Marte. Según la revista SciTechDaily, “Elon Musk afirmó que para 2050, confía en que habrá una ciudad de 1 millón en Marte, transportada por mil naves estelares, propuestas por su empresa SpaceX”. Entiendo que jugar con naves espaciales puede ser divertido para multimillonarios, pero no ayudará a la humanidad, no mejorará nuestra vida ni nos enseñará nada sobre la vida misma.

Lo peor será replicar en Marte el daño que hicimos en la Tierra. Pues vivir en otro lugar no nos convertirá en personas diferentes, llevaremos a Marte exactamente las mismas fallas en nuestra naturaleza que nos hicieron saquear y agotar nuestro planeta, hasta el punto en que buscamos otro planeta para habitar. Vivir en Marte no nos hará amables ni considerados, ni entre nosotros ni con la naturaleza. La explotación que destruyó a la sociedad humana y a nuestro entorno natural hará lo mismo en Marte. Los que se vayan, estarán tan descontentos como los que se quedan aquí, si no es que más.

En general, buscar nuevas colonias, prolongar la esperanza de vida y otros campos de exploración igual de fantásticos, no hacen más que sembrar falsas esperanzas en el corazón de la gente de que, de algún modo, será más feliz, pero sucederá lo contrario. En Marte, un planeta inadecuado para sustentar a los humanos, la vida será mucho más difícil que en la Tierra. Lo mismo, si gracias a los avances científicos, pudiéramos vivir mucho más que hoy, sólo prolongará nuestra miseria. No sabemos qué hacer con nosotros los ochenta años que tenemos hoy, mucho menos sabríamos si fueran 800 años. La gente se suicidará o se asesinará entre sí; la futilidad la volverá loca.

Si queremos mejorar la calidad de la vida, debemos empezar preguntándonos para qué vivimos. La mayoría aún no está en ese lugar, pero llegará. Cuando lo haga, descubrirá que la vida no es habitar nuevos planetas ni pasar 800 años viajando por el mundo y comiendo en restaurantes elegantes, sino que la vida es conectarnos con los que nos rodean y con el entorno en el que vivimos, buscaremos mantener conexiones cada vez más profundas hasta que lleguen al punto en el que el cuerpo físico pierde sentido y la vida ya no está limitada por la existencia de nuestro cuerpo proteico.

Este es el futuro que nos espera. Podemos hacer que suceda mucho antes si nos enfocamos en cultivar nuestras conexiones aquí y ahora o podemos buscar la felicidad en Marte. Si elegimos la primera opción, sentiremos cambios positivos de inmediato. Si elegimos el segundo, la felicidad quedará muy lejos.

Un nuevo nivel de presión

Mi nuevo articulo: «Un nuevo nivel de presión«

La Operación Guardián de los Muros puede parecer una ronda más en una campaña aparentemente interminable entre israelíes y palestinos, pero no lo es. Según todos los indicios, marca el inicio de un nuevo nivel de presión sobre Israel y los judíos de todo el mundo, uno que nos impulsará a todos a reflexionar más intensamente sobre la razón por la que estamos aquí en Israel y la existencia de nuestra nación en conjunto.

El antisemitismo ya no es exclusivo de republicanos o demócratas, de Europa o de Estados Unidos. Es omnipresente y los judíos de todo el mundo están comenzando a sentir que no hay escape. Es positivo: es claramente un fenómeno natural generalizado que no podemos esquivar. Día a día, la humanidad se divide de una forma que nunca antes habíamos visto: los judíos por un lado y los demás por el otro. Los del lado judío sienten presión cada vez mayor por el odio cada vez más intenso del mundo, mientras que el resto es incitado a odiar a los judíos.

En cierto sentido, nos recuerda la situación de Abraham, cuando, en su tierra natal, Babilonia, comenzó a hablar sobre la necesidad de unirse y elevarse por encima del ego y encontró desacuerdo con casi todos, incluido el rey y su propio padre, Taré quien apoyó para empujar a su hijo “rebelde” al horno.

No es presión indiscriminada. Las naciones presionan a Israel y a los judíos para que cambien su comportamiento. La demanda en sí es correcta, pero no entendemos la naturaleza del cambio, los judíos lo sienten como odio arbitrario, más que como demanda de corrección específica. Si sigue así, surgirá un intento del mundo, de castigar a los judíos con la aniquilación final. De hecho, la única razón por la que aún no ha sucedido, es que nuestra misión requiere de nuestra presencia. Pero si seguimos evitándolo, nada nos ayudará, igual que desde cierto punto, nada ayudó a los judíos europeos en la década de 1940.

A medida que el mundo se vuelve cada vez más beligerante, la gente siente que el origen de la agresión son los judíos. Incluso si los judíos no lo sienten, es lo que sienten las naciones y lo dicen muy abiertamente. Negarlo no ayudará, pues es lo que sienten y la razón nunca vence a la emoción. Aceptarán cualquier pretexto y no habrá forma de convencerlos de lo contrario y además tienen razón: somos la causa de su desgracia.

La antigua misión del pueblo de Israel, de traer unidad al mundo, de dar ejemplo de “Amar a tu prójimo como a ti mismo”, nunca fue revocada, desde que se nos dio. Como entonces, así ahora, el pueblo de Israel es el punto focal de la humanidad. Fuimos y somos los proveedores de creencias, ideologías e ideas que impulsan la evolución de la humanidad y no podemos optar por no hacerlo. Lo único que el mundo necesita ahora es unidad, solidaridad. Tiene mucho de todo, pero cero amor y responsabilidad mutua. Nuestra nación, que se estableció con base en responsabilidad mutua y amor a los demás y del que las naciones tomaron sus ideales sociales y morales, debe reavivar su compromiso con su misión, establecer unidad interna y convertirse en el ejemplo que todos esperan que sea.

Debemos entender que nuestro conflicto con los árabes, no es realmente con los árabes; es con la humanidad. Por eso, el mundo se pone del lado de Hamas, organización oficialmente proclamada terrorista. De hecho, que la humanidad esté del lado de los terroristas indica que a los ojos del mundo, lo único peor que los terroristas, lo que hace más daño que una organización genocida que utiliza a niños como escudos humanos, es el pueblo judío.

Incluso si no pueden articularlo, lo que nos demandan es unidad. Si nos unimos, nos levantarán sobre sus hombros como en la profecía de Isaías (49:22), pues así, ellos también podrán superar sus conflictos y establecer paz mundial. Si no nos unimos, el mundo se unirá contra nosotros.

Para obtener una explicación más detallada, consulta el enlace a continuación: Como un Manojo de Cañas: Por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día y “La elección judía: Unidad o antisemitismo, Hechos históricos sobre el antisemitismo como reflexión sobre la desunión social entre judíos”.
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El conflicto no es territorial, es espiritual

Mi nuevo articulo: «El conflicto no es territorial, es espiritual«

Creemos que nuestra lucha con los palestinos es por territorio, pero no lo es. Es un conflicto puramente espiritual y no contra los palestinos, sino contra nosotros mismos. Dado que el pueblo judío abandonó su causa, perdió legitimidad para existir como nación. Mientras no restauremos nuestra unidad, seremos parias a los ojos del mundo, que tolerará nuestra presencia sólo porque espera que en algún momento, recordemos y restauremos nuestra solidaridad, la esencia de nuestra nación y que seamos el ejemplo que todos esperan que seamos. Si despertamos a tiempo, el mundo se unirá a nuestro alrededor. Si sobrepasamos su paciencia, se unirá contra nosotros.

Cualquier intento de atribuir un aspecto histórico al conflicto, pierde sentido y nos distrae de nuestra misión. En lugar de intentar demostrar que estuvimos aquí primero, que es el argumento del huevo y la gallina, deberíamos lograr lo que se supone que debemos lograr, esto pondrá fin a todas las discusiones y conflictos, todos nos apoyarán.

Para cumplir con nuestra misión, debemos recordar que la nación judía es diferente a las otras naciones. Comenzó como un grupo ecléctico unido por la idea de que unidad y solidaridad son clave para una sociedad sólida. Los primeros miembros de la nación dejaron su país de origen y a sus compatriotas, para unirse a un grupo de gente desconocida y que a menudo venía de clanes y tribus rivales, pero aceptaron la idea de Abraham, de que la solidaridad debería ser la columna vertebral de la sociedad.

Nuestros antepasados lucharon mucho entre ellos, se elevaron y cayeron según el nivel de su unidad. En la época del Segundo Templo, la palabra de la sociedad innovadora se había difundido por todas partes y gente de todas las naciones vino a ver el milagro. Los eruditos griegos vinieron, aprendieron de los profetas y regresaron a casa para desarrollar la filosofía griega. Ptolomeo II, rey de Egipto, convocó a setenta sabios de Jerusalén para traducir los Cinco libros de Moisés al griego, creando así la primera traducción de la Biblia. Pero antes de que tradujeran, dialogó con ellos y aprendió de ellos. Según Flavius Josephus, después de dos semanas de intenso aprendizaje, dijo que “había aprendido a gobernar a sus súbditos”.

Filón, renombrado filósofo de Alejandría, escribió que los peregrinos judíos, que se reunían en Jerusalén tres veces al año, “hicieron amistad con personas que no habían conocido antes y en la fusión de sus corazones … encontraron la prueba definitiva de unidad”. Del mismo modo, el libro Sifrey Devarim escribe que los gentiles “subían a Jerusalén y veían a Israel … y decían: ‘Es conveniente aferrarse sólo a esta nación”’

Eventualmente, dejamos la unidad y los invasores inundaron la tierra. Primero vinieron los helenistas, judíos conversos que adoptaron la cultura griega y abandonaron la unidad. Luego vinieron los seléucidas, quienes destruyeron el templo. Los macabeos los derrotaron, reconstruyeron el templo, pero no la unidad y luego vinieron los romanos y nos expulsaron.

No perdimos la tierra porque fuéramos débiles; la perdimos porque estábamos divididos. Cuando estamos divididos, el mundo deja de amarnos, deja de vernos como ejemplo a seguir y no nos quiere cerca. Tras aplastar la revuelta de Bar Kokhba en 135 EC, Adriano, emperador romano quiso acabar de una vez por todas con el belicoso pueblo judío. Para lograrlo, no sólo dispersó a los judíos de Judea por todo el Imperio Romano, sino que cambió el nombre de Judea a Siria, Palæstina (lit. Palestina, Siria).

Hasta hoy, el mundo ve esta extensión de tierra como Palestina y no como Israel, pues no hemos estado a la altura del nombre de Israel, que implica responsabilidad mutua y amor por los demás. Si queremos que la tierra de Israel se convierta en Israel una vez más, primero tenemos que convertirnos en el pueblo espiritual de Israel: unidos “como un hombre con un corazón”. Sólo bajo esta condición se terminarán nuestras luchas y encontraremos paz entre nosotros y con las naciones.
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Las escuelas ya estaban muertas y la COVID vino a sepultarlas

Mi nuevo articulo: «Las escuelas ya estaban muertas y la COVID vino a sepultarlas«

Por un lado, queremos que los niños vuelvan a la escuela, así, nosotros podremos retornar al trabajo y volver a la normalidad. Por otro lado, no hay duda de que las escuelas se convertirán en lugares de contagio masivo, pues el distanciamiento social es totalmente antinatural para los niños. No podrán cumplir con las normas y además, es emocionalmente dañino para ellos mantenerse físicamente distanciados.

El resultado del enfrentamiento entre reapertura de escuelas y dar potencia a la economía contra cierre de escuelas y la seguridad infantil en su familia, será el colapso permanente y esperado del sistema educativo.

Las escuelas, tal como la conocemos, son un sistema en descomposición que ha estado muerto durante décadas.

Más que conocimiento, “enseñan” a los niños comportamientos desagradables, los expone a sustancias adictivas, alta promiscuidad sexual, acoso, violencia, diferentes tipos de adicciones, desde juegos de computadora hasta drogas fuertes y también los aleja de su entorno familiar.

La COVID-19 nos hizo un gran favor al cerrar el sistema de “educación” y nos hará otro cuando impida reabrirlo. Al final, aprenderemos qué marcos sociales necesitamos abrir y qué tipo de actividades queremos que desarrollen, pero depende de nosotros decidir qué tan rápido queremos que llegue ese buen final.

Florida intentó reabrir su sistema escolar y es ejemplo del costo de insistir en abrir las escuelas. El Departamento de la Salud en Florida informó el aumento de 9,000 casos confirmados en niños, en sólo 15 días desde la reapertura en el estado. Es absurdo pensar que el resultado será diferente.

El desarrollo en los niños depende de su contacto estrecho. Tocarse, jugar entre ellos, intercambiar objetos, compartir y entablar amistad es necesario para su crecimiento. Los niños requieren contacto cercano con sus amigos y compañeros, para formarse como seres sociales. Para ellos es tan vital como la comida.

Aún más grave es el mensaje que les damos al decirles que se mantengan alejados y obedezcan la regla de distanciamiento (anti) social, probablemente los marque para siempre. Los estamos alejando unos de otros. Nuestro instinto de padres nos hace alentar a nuestros hijos a socializar, a hacer amigos, a ser amables con la gente y a cuidarse de las personas que quieran hacerles daño, pues queremos que crezcan y se conviertan en personas íntegras.

Pero con las restricciones por el coronavirus, tenemos que decirles lo contrario: “¡Mantente alejado de todos! Quédate en una esquina alejado; no le des nada a nadie y no tomes nada de otro. ¡Cualquiera puede contagiarte con el virus, aléjate!” ¿Qué esperamos que surja de tales restricciones?

En estas condiciones, es mejor mantener a los niños en casa y que aprendan en línea, donde su comunicación será mínima y monitoreada. La conexión que desarrollarán con sus compañeros en línea será mucho más positiva y menos estresante que la presión social que soportan en clases presenciales y llenarán su necesidad de contacto social con la familia, algunos amigos cercanos donde se sientan cómodos y seguros, donde se minimice el riesgo de contagio.

Lo que la escuela llama conocimiento, se enseñará en clases en línea o grabadas. Para los niños de hoy, el aprendizaje en línea es tan natural como el aprendizaje físico fue para nosotros. De hecho, el aprendizaje físico y la asistencia obligatoria al aula no será natural para ellos.

La presencia de los niños en casa no será gratuita. Un adulto tendrá que estar con ellos durante las horas de “escuela”. En hogares con dos padres, uno tendrá que quedarse con los niños, asegurarse de su alimentación, tiempo de descanso, confirmar que realmente aprenden durante sus clases.

Si es difícil sobrevivir con un solo salario, será mucho más difícil en hogares uniparentales. Pero aquí también habrá que encontrar alguna solución, ya sea con ayuda del gobierno, organizaciones no gubernamentales o por otros medios. Ya sabemos que las escuelas son centros de contagio masivo, no se trata de que los niños se queden en casa, sino de cómo lo vamos a solucionar.

Mientras más rápido aprendamos a adaptarnos a esta nueva realidad, más fácil atravesaremos esta transición.

Cuando, hace unos meses, escribí que no era realista querer volver a la vida pre COVID y que no sería así, nadie podía aceptarlo. Ahora espero que ya puedan ver que es real, pues mientras más pronto adaptemos las políticas e instituciones al hecho de que el virus no se irá, mejor podremos adaptar la educación, economía y todos los demás aspectos de nuestra vida al nuevo mundo que, aparentemente, surgió de la noche a la mañana.

Corona, el virus que nos está reprogramando

Mi nuevo articulo: «Corona, el virus que nos está reprogramando«

Puede que no lo notemos porque es lo que somos, pero la forma en que pensamos sobre la vida, las cosas que queremos, valoramos, preferimos, nuestras aspiraciones, modales, miedos, reacciones, todo está “programado” en nuestra psique, por el entorno social en el que vivimos. Cuando la COVID-19 forzó un cambio en nuestra vida y nos encerró, nos afectó a todos. Para algunos, su impacto fue físico, pero para todos, es emocional. Las implicaciones sociales y de conducta que provoca el coronavirus, apenas están comenzando, pero serán de largo alcance y duraderas. Entramos en una nueva era. Mientras más pronto nos adaptemos, mejor para todos.

Incluso si queremos volver a nuestro estilo de vida anterior, la presencia del virus lo hará muy difícil. Dondequiera que vayamos, existe la posibilidad de que podamos contraer el virus o transmitirlo, incluso si usamos mascarillas y mantenemos nuestra distancia. Poco a poco, el virus nos obliga a reconsiderar lo que solíamos dar por sentado, como salir a bares y restaurantes, tomar el avión para ir de vacaciones, comprar nuevos dispositivos, sólo porque son nuevos o porque nuestros amigos los tienen, etc.

Al obligarnos a comportarnos de manera diferente, el virus, en realidad, nos está “reprogramando”. ¿Quién hubiera pensado hace sólo unos meses, que podríamos imaginar una vida sin la búsqueda interminable de placeres inmediatos (aunque insatisfactorios)? Pero ahora, si sólo tuviéramos el sustento básico garantizado, muchos con gusto saldríamos y diríamos: “Detengan al mundo, que quiero bajarme”, parafraseando el musical de Leslie Bricusse.

El coronavirus no es una epidemia más. Igual que un virus informático, reprograma nuestro sistema operativo y cambia nuestra esencia. Pero no en el mal sentido; por el contrario, baja el ritmo de nuestra vida para que podamos descubrir placeres ocultos que no habíamos visto antes. Al obligarnos a depender de otros para nuestra salud, el virus nos enseña que podemos confiar en los demás, que podemos crear comunidades de apoyo y que podemos encontrar placer en la gente más que en las cosas.

El coronavirus no nos permitirá volver al consumismo desenfrenado, a la explotación sin control del planeta y de los demás. Nos enseñará a construir una vida buena y sostenible para nosotros y para nuestros hijos. Si seguimos sus directivas de buen grado, la transición será rápida y fácil. Si seguimos obstinados, será dolorosa y lenta. De cualquier manera, la COVID-19 ganará. Nos obligará a confinar lo no esencial para la vida y a alcanzar lo esencial para la felicidad.

“¿Cómo puedo aprender a estar calmado en cualquier situación?” (Quora)

Michael Laitman, en Quora: “¿Cómo puedo aprender a estar calmado en cualquier situación?” 

Es imposible estar calmado en cualquier situación. Además, no siempre tenemos que permanecer calmados. 

La naturaleza nos desarrolla al hacer crecer nuestro ego constantemente. Si observamos los eones de desarrollo humano, podemos ver el desarrollo a partir de nuestros deseos básicos de comida, sexo, familia y refugio- deseos que teníamos cuando habitábamos las cavernas- hasta llegar a los deseos egoístas que aparecen cuando nos desarrollamos como civilización: dinero, honor, control y conocimiento. 

Mientras más crece el ego, menos calmados nos volvemos. 

Irritación, agitación y estrés son estados que la naturaleza nos urge que sintamos para llegar a reconocer nuestro ego humano como la causa de la turbulencia y al hacerlo, desarrollar un deseo nuevo y sincero de elevarnos por encima de nuestro ego. 

En esta coyuntura, necesitamos un entorno de apoyo donde sentimos estímulo y confianza con el fin de elevarnos por encima del ego. 

Un aspecto de ese entorno es aprendizaje y actividades regulares dirigidas a elevarnos por encima del ego humano, que nos proteja contra cualquier agravio que llegue a sacarnos del equilibrio. 

En otras palabras, al calibrarnos regularmente con el fin de reconocer el ego como la fuente de nuestro desequilibrio con lo que nos rodea y elevarnos por encima de nuestro ego, necesitaremos reforzar nuestro entorno positivo, el cual en su turno nos ayudará a pasar a través de cualquier estado que experimentemos de forma más rápida que si nos dejaran por nuestra cuenta.

¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?

Mi nuevo artículo: «¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?«

[Foto de Josh Hild en Unsplash]

Durante la semana pasada, los Estados Unidos literalmente estuvieron en llamas. Lo que comenzó como protesta pacífica, se volvió una zona de guerra. En Manhattan, cientos de saqueadores asaltaron tiendas, la Guardia Nacional fue desplegada y en decenas de ciudades se declaró, durante la noche, estado de sitio. Es claro que hay mucha política involucrada, pero eso no disminuye el dolor ni la escala del problema.

EUA ya tuvo un presidente afroamericano, gobernadores afroamericanos, jueces afroamericanos, estrellas deportivas e iconos de todo tipo. Legalmente, no hay nada en el camino de ninguna persona de color, para que ocupe cualquier puesto. Sin embargo, no hay paz, no hay tranquilidad, ni amor. El abismo no sólo está presente, sino que siempre se profundiza.

Amar no es negar la existencia de diferencias. Amar es cultivar y destacar todas las sutilezas de nuestra singularidad, pero no para competir ni para despertar envidia. Deberíamos usar nuestras diferencias como bloques de construcción para construir puentes de afecto. Las diferencias nunca deben utilizarse para aumentar el orgullo ni la vanidad.

Está escrito: “El amor cubrirá todas las transgresiones”

(Proverbios 10:12).

La transgresión es el odio entre la gente. Y, el odio es un elemento necesario. Así como sin noche no sabríamos cuando es de día, sin odio no podemos saber cuando hay amor. Así, el odio permite la existencia del amor. Además, la luz del amor sigue a la oscuridad más profunda del odio.

Estados Unidos está lleno de odio. Fue construido a base de capas de odio. Exactamente, esa es la razón por la que tiene potencial para convertirse en modelo a seguir, en líder mundial en elevarse por encima de las diferencias y del odio.

La naturaleza no nos creó diferentes sin razón. Hay una intención especial aquí, un propósito. Cualquiera que haya estudiado las reglas de la naturaleza, sabe que ninguna parte de ella, ni siquiera la más pequeña, es redundante. Nada debe ser erradicado ni borrado del mundo, excepto el orgullo y separación. Así que tratar de borrar el color único de piel u otro atributo físico, mental o emocional, es como decir que la naturaleza cometió un error terrible y es nuestro trabajo arreglarlo. Hay gran ignorancia y arrogancia en ese pensamiento.

Debemos relacionarnos con lo que la naturaleza creó y así, avanzar hacia nuestra corrección. La corrección está en nuestras relaciones, es el único lugar donde hay defecto. Aprendamos lo qué es amor y lo que se puede hacer con los atributos que nos fueron dados. Aprendamos a “desarmar” nuestro ego y nuestro tonto orgullo, a acercarnos aceptando cada pedazo de nuestra singularidad y observemos cómo se unen nuestras diferencias en un todo perfecto.

Ahora, todo arde en Estados Unidos; es difícil escuchar un mensaje delicado de amor entre aparadores rotos y gritos llenos de alegría. Pero, si no lo escuchamos, la ola pasará y todo volverá a tener un aire de normalidad, aunque el odio no desaparecerá. Volverá a atacar con más ferocidad porque no lo sanamos; no atendimos el odio que lo alimenta.

Tal vez cuando nos encontremos, de nuevo, en una guerra civil, la angustia nos abrirá los oídos y el corazón, para escuchar el mensaje. Quizá, entonces aceptaremos que ser diferentes es una bendición, cuando queremos unirnos en amor y maldecir el odio en nuestro corazón.