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¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?

Mi nuevo artículo: «¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?«

[Foto de Josh Hild en Unsplash]

Durante la semana pasada, los Estados Unidos literalmente estuvieron en llamas. Lo que comenzó como protesta pacífica, se volvió una zona de guerra. En Manhattan, cientos de saqueadores asaltaron tiendas, la Guardia Nacional fue desplegada y en decenas de ciudades se declaró, durante la noche, estado de sitio. Es claro que hay mucha política involucrada, pero eso no disminuye el dolor ni la escala del problema.

EUA ya tuvo un presidente afroamericano, gobernadores afroamericanos, jueces afroamericanos, estrellas deportivas e iconos de todo tipo. Legalmente, no hay nada en el camino de ninguna persona de color, para que ocupe cualquier puesto. Sin embargo, no hay paz, no hay tranquilidad, ni amor. El abismo no sólo está presente, sino que siempre se profundiza.

Amar no es negar la existencia de diferencias. Amar es cultivar y destacar todas las sutilezas de nuestra singularidad, pero no para competir ni para despertar envidia. Deberíamos usar nuestras diferencias como bloques de construcción para construir puentes de afecto. Las diferencias nunca deben utilizarse para aumentar el orgullo ni la vanidad.

Está escrito: “El amor cubrirá todas las transgresiones”

(Proverbios 10:12).

La transgresión es el odio entre la gente. Y, el odio es un elemento necesario. Así como sin noche no sabríamos cuando es de día, sin odio no podemos saber cuando hay amor. Así, el odio permite la existencia del amor. Además, la luz del amor sigue a la oscuridad más profunda del odio.

Estados Unidos está lleno de odio. Fue construido a base de capas de odio. Exactamente, esa es la razón por la que tiene potencial para convertirse en modelo a seguir, en líder mundial en elevarse por encima de las diferencias y del odio.

La naturaleza no nos creó diferentes sin razón. Hay una intención especial aquí, un propósito. Cualquiera que haya estudiado las reglas de la naturaleza, sabe que ninguna parte de ella, ni siquiera la más pequeña, es redundante. Nada debe ser erradicado ni borrado del mundo, excepto el orgullo y separación. Así que tratar de borrar el color único de piel u otro atributo físico, mental o emocional, es como decir que la naturaleza cometió un error terrible y es nuestro trabajo arreglarlo. Hay gran ignorancia y arrogancia en ese pensamiento.

Debemos relacionarnos con lo que la naturaleza creó y así, avanzar hacia nuestra corrección. La corrección está en nuestras relaciones, es el único lugar donde hay defecto. Aprendamos lo qué es amor y lo que se puede hacer con los atributos que nos fueron dados. Aprendamos a “desarmar” nuestro ego y nuestro tonto orgullo, a acercarnos aceptando cada pedazo de nuestra singularidad y observemos cómo se unen nuestras diferencias en un todo perfecto.

Ahora, todo arde en Estados Unidos; es difícil escuchar un mensaje delicado de amor entre aparadores rotos y gritos llenos de alegría. Pero, si no lo escuchamos, la ola pasará y todo volverá a tener un aire de normalidad, aunque el odio no desaparecerá. Volverá a atacar con más ferocidad porque no lo sanamos; no atendimos el odio que lo alimenta.

Tal vez cuando nos encontremos, de nuevo, en una guerra civil, la angustia nos abrirá los oídos y el corazón, para escuchar el mensaje. Quizá, entonces aceptaremos que ser diferentes es una bendición, cuando queremos unirnos en amor y maldecir el odio en nuestro corazón.

No puedes entrar en el mismo río dos veces

Medium publicó mi nuevo artículo «No puedes entrar en el mismo río dos veces«

La nueva realidad será un mundo diferente, donde la mala voluntad y el maltrato a los demás se volverán despreciables, y la humanidad abandonará el ego de una vez por todas.

Podemos sentirnos aliviados porque la economía se está reabriendo y  salimos del encierro, pero como dijo Heráclito, “No se puede entrar en el mismo río dos veces”. Nuestro estilo de vida anterior al coronavirus no volverá. Estamos en una nueva era y mientras más rápido y más conscientes nos adentremos en ella, más fácil será la transición. Mientras más nos resistamos a la transformación, más traumática será.

La COVID-19 nos trajo a una nueva realidad. Es la primera vez que realmente vemos que la humanidad es una entidad cuyas partes son interdependientes. También es la primera vez que nos damos cuenta de que, pensar en nosotros mismos es inútil, pues otros pueden infectarnos sin importar lo cuidadosos que seamos. Esta pandemia fue la primera lección de responsabilidad mutua que nos dio el coronavirus y es una de muchas otras por venir.

“La sociedad apreciará más a los que promueven el bienestar general, todos se valorarán de acuerdo con su contribución social”.

Ahora que aprendimos que somos responsables unos de otros, gradualmente aprenderemos lo que eso significa, en cada aspecto de nuestra vida. Al principio, es posible que deseemos regresar a la vida anterior, de excesivo consumo y cuidar nuestro derecho, pero eso dará como resultado el regreso del virus o sus “sucesores”. Ya somos conscientes de que nuestro maltrato al medio ambiente nos infligió esta amenaza, por eso, a medida que sufrimos, más y más golpes recibiremos de la naturaleza como “represalia”, entonces aceptaremos que ya no podemos vivir como lo hicimos antes.

Al dejar el capitalismo desenfrenado y la competencia despiadada, inevitablemente habrá altas tasas de desempleo. En ese punto, el virus (o sus implicaciones) enseñan otra lección: las autoridades cuidarán que cada persona obtenga un ingreso básico que le proporcione lo esencial: alimento, ropa, atención médica, vivienda y educación.

A medida que más y más trabajos se automaticen, el nivel de desempleo aumentará y obligará a las autoridades a repensar sus prioridades. La provisión de ingresos básicos mantendrá a la gente en el nivel físico, pero su ociosidad y falta de desafíos afectará su salud mental y la volverá apática e ingobernable.

Aquí es donde entrará en juego la siguiente lección del coronavirus. Para hacer frente a la creciente apatía, las autoridades se verán obligadas a condicionar la recepción del ingreso básico, a la participación en cursos y capacitación. Aquí iniciará la transición real de la sociedad hacia la nueva era.

Los entrenamientos y cursos se enfocarán en dos categorías: tecnología y sociedad. Los cursos de tecnología dotarán a la gente de las habilidades profesionales requeridas en una era donde los trabajos cambian rápidamente y se evaporan aún más rápidamente. La habilidad de aprendizaje deberá perfeccionarse para que puedan ser flexibles y estar abiertas a los cambios.

La formación más complicada será la social. Primero, la gente aprenderá que el mundo es un sistema integral cuyas partes están interconectadas y son interdependientes.

La gente se siente bien cuando puede vivir de acuerdo con sus valores, la capacitación se centrará en los méritos de los que contribuyen con la colectividad. Gradualmente, se dejará de percibir el éxito como obtener posesiones y se percibirá como el avance de  todo el grupo. Pues la sociedad apreciará más a los que promueven el bienestar general, todos se valorarán de acuerdo con su contribución. Así, se percibirán como parte del cuerpo común de la colectividad y funcionarán en armonía con él.

Una vez que hayamos procesado totalmente estas lecciones, ya no nos maltrataremos entre nosotros ni a la naturaleza. La cosmovisión se volverá expansiva y plena, y se comprenderá la realidad desde el punto de vista de todos y de todo el planeta, nuestro hogar común. La actitud de la gente entre sí y hacia la naturaleza cambiará de negativa a positiva. Así como antes fue natural preocuparnos por nosotros mismos, ahora será natural preocuparnos por los demás. Y dado que todos actuarán igual, la nueva realidad será un mundo diferente, donde la mala voluntad y el maltrato a los demás se volverán despreciables, y la humanidad abandonará el ego de una vez por todas

“Cómo los cambios en el lugar de trabajo cambiarán nuestras relaciones”

Medium publicó mi nuevo artículo   “Como los cambios en el lugar cambiarán nuestras relaciones”

La vida no será la misma después de la pandemia de coronavirus.  Eso es una atenuación, pero ¿cómo podría el proceso de curación mejorar nuestras relaciones interpersonales y nuestras perspectivas de la vida?  Trabajar desde casa, estar físicamente separado de otros compañeros de trabajo, pero pasar más tiempo con la familia nos ha obligado a reevaluar nuestras metas personales en general.  Podemos salir de las crisis más fuertes si re-evaluamos nuestras prioridades y nos damos cuenta de los beneficios potenciales de la nueva realidad.

En la era previa al coronavirus, en promedio, un trabajador estadounidense viaja a diario al menos 54 minutos al día, según la Oficina del Censo de los EE. UU.  El bloqueo del coronavirus cambió las reglas del juego y envió a millones de personas a trabajar desde casa y pasar menos tiempo al volante y más tiempo para redescubrir a la familia.  Hemos llegado a conocer a nuestras familias de una manera diferente de lo que solíamos y nos ha transformado desde adentro.

A medida que re-abremos la economía, cada uno de nosotros traerá el equipaje familiar absorbido por el trabajo en el hogar al lugar de trabajo, y continuaremos sintiéndonos conectados con las personas más cercanas a ellos.  De vuelta en sus trabajos, más allá de su necesidad de ganarse la vida, las personas sentirán que les falta la conexión interna entre ellos.

Otros tendrán que resolver las cosas de manera diferente.  30 millones de estadounidenses han perdido sus empleos desde mediados de marzo debido a la crisis COVID-19.  Una solución a esta complicada situación exigirá un plan nacional para evaluar qué industrias y ocupaciones son esenciales para el bienestar común.  Ahora necesitamos restaurar la producción y distribución de una manera que proporcione a la humanidad los productos y servicios necesarios, pero sin un consumo excesivo, que destruyó casi por completo el mundo.

Dicho plan requerirá establecer un valor especial para que los programas de desarrollo coloquen la conexión humana en la cima.  ¿Por qué es obligatorio este cambio de prioridades?  La respuesta es simple: nunca hemos sido tan derrotados al poner la perfección, el conocimiento, la fuerza, el poder y la influencia en un pedestal.  En nuestra arrogancia, nos consideramos la fuerza suprema de la naturaleza.  Hoy, hemos sido testigos de lo rápido y fácil que puede desmoronarse el mundo aparentemente seguro que habíamos construido.

Por lo tanto, el objetivo de nuestro tiempo es introducir un signo de interrogación en las personas sobre sus vidas, el mundo y, en general, hacia dónde se dirige la humanidad.

¿Ahora que?

El problema de la humanidad ahora radica en darse cuenta de que la única salida correcta de la crisis es transformar las relaciones humanas de egoístas a altruistas.  Regresar a las relaciones comerciales sin corregir las relaciones humanas conducirá a una crisis mayor porque aún no hemos solucionado la raíz de nuestros problemas.

Necesitamos un plan global para que la sociedad humana se recupere del egoísmo.  Por primera vez en la historia, la humanidad se está dando cuenta de lo que pensamos que sabíamos pero que nunca entendimos: el mundo es global e interdependiente;  Es nuestro hogar común.

Comenzaremos a evaluar nuestras vidas como «antes» y «después» de la pandemia.  Este período crítico que enfrentamos sella la historia del desarrollo egoísta de la humanidad y muestra que cualquier sistema basado en nuestro egoísmo producirá resultados negativos.  Por lo tanto, lo que necesitamos corregir no es el sistema en sí, sino nuestra naturaleza egoísta.

Como impacto directo de la crisis, el mundo se está moviendo hacia sentirse más conectado y unificado.  Un problema común que afecta a todos acerca a las personas.  Dejan de pensar en guerras, conflictos entre países, explotaciones de corporaciones y odio a otras personas;  el objetivo principal es sobrevivir al enemigo común.  No debemos esperar a que otra ola de COVID-19 nos haga reaccionar de esta manera y aprender solo a través del sufrimiento.  El sentimiento de hermandad y unidad debe prevalecer si realmente queremos prosperar y lograr una vida más plena.

Nueva Vida 1217 – Coronavirus, la conexión dual

Nueva Vida 1217 – Coronavirus, la conexión dual
Dr. Michael Laitman in conversation with Oren Levi

Resumen

No hay amor sin odio. Estos dos polos deben estar equilibrados para que no haya un cortocircuito entre ellos. El coronavirus nos muestra que a veces somos incapaces de ser considerados con nuestros familiares debido al egoísmo humano. Los miembros de la familia deben sentarse y hablar sobre lo que el virus quiere de nosotros y cómo podemos construir relaciones cordiales. Cuando vemos faltas en nuestra pareja, es necesario trabajar en nosotros mismos y comprender que estas son nuestras faltas. Debemos tratar de construir un amor sincero. El amor es como un animal, debe ser alimentado con concesiones mutuas. Después del coronavirus, nuestro mundo habrá cambiado en todos los aspectos de la vida. En las nuevas relaciones habrá más amor.
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De Kabtv “Nueva Vida 1217 – Coronavirus, la conexión dual”, 31/mar/20
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No esperes volver

Dejaremos la cuarentena y entraremos en un mundo nuevo con una economía diferente, diferentes prioridades y perspectivas, con otras limitaciones y oportunidades. Mientras mejor lo comprendamos ahora, más fácil será adaptarnos.

A pesar del drama que los medios aman tanto, cuando expertos apropiados y personas sobrias reflexionan sobre la etapa actual de desarrollo, no lamentan el pasado y encaran el futuro con esperanza.

El denominador común es innegable: el progreso científico y tecnológico que conocemos, se desaceleró hace mucho tiempo y puso al mundo ante amenazas globales, que son sus efectos secundarios e integrales. En pocas palabras, en el camino anterior, nos destruimos desperdiciando recursos sin piedad e inculcando el paradigma de la degradación del consumidor en la mente de la gente.

Denny Dorling, columnista de The Guardian, cree que el coronavirus se volvió una alarma de emergencia, el botón de freno de emergencia que ayudará a la humanidad a despertar y pasar a otra pista. Es hora de romper el estupor.

Nos dijeron que íbamos a un mundo brillante, ilustrado, culto y civilizado, pero al mismo tiempo, éramos conducidos a la oscura realidad de corporaciones internacionales, al capital internacional, trabajo interminable, desempleo desesperado, constantes crisis ambientales y un embotamiento total

Sin embargo, las tendencias se desmoronan, lo queramos o no. El futuro llama a la puerta y no será nada como en el pasado. Si lo rechazamos e ignoramos, el mundo corre el riesgo de caer en una turbulencia, en comparación con la que el coronavirus parecerá un juego de niños. Por eso, es necesario responder a esta llamada de alarma ahora mismo.

Según la sabiduría de la Cabalá, cada nueva etapa incluye cinco pasos. Primero nace, luego aparece realmente, luego comenzamos a prestarle atención, luego nos resistimos a los cambios que enfrentamos y finalmente aceptamos por falta de otra salida.

En este algoritmo de maduración, el coronavirus en sí no será un desencadenante decisivo. Hasta cierto punto, nos aleja de lo viejo, aunque no nos permite acostumbrarnos a lo nuevo y hasta ahora no se revela ni se aclara en nuestra mente.

Sin embargo, el proceso inició y con el tiempo, pensamos que podríamos olvidarlo como una pesadilla, pero no funcionará. Luego pensaremos en cómo construir nuestra vida futura e inevitablemente tendremos que flotar sobre la niebla.

La esencia de la situación actual es que requiere cambio en las relaciones socio económicas y adoptar un nuevo enfoque para asignar el presupuesto. Desde 2008, quedó claro que, en tiempo de crisis, se le dará a la gente una vida digna.

Ahora lo comprendemos: la vida no sólo debe ser tolerable, en general, se debe tener cierto nivel económico y un significado, integral y mutuamente enriquecedor a nivel humano

A esto nos lleva el período de aislamiento y el mundo no puede esperar el final. Ahora, con desesperanza, nos privamos de nuestras alegrías anteriores, porque entendemos que somos responsables unos de otros. ¡Somos responsables incluso sin el virus!

Esta es la lección clave, ¡y no te la debes perder! El contorno de una sociedad futura emerge y es más uniforme, solidario e interconectados; todo necesita ser reestructurado gradualmente: escuelas, profesiones, sistemas y puntos de vista.

Al principio, parecerá artificial, crudo y extraño. ¿Qué puedes hacer? Aún se deben usar zapatos, cultivar fruta, educar a los niños. Pero esto permitirá que el mundo ingrese a una era inevitable y nueva, sin excesos causados ​​por su rechazo total.

Y aquí, nosotros, el pueblo de Israel, debemos desempeñar una misión decisiva. ¿Por qué? Porque siempre estamos abiertos a lo nuevo. No sólo lo aceptamos, lo acercamos y le damos forma. Sorprendentemente, dos opuestos viven en nosotros: un compromiso firme con nuestros fundamentos originales y una disposición fantástica para el cambio, adaptabilidad sin precedentes, búsqueda eterna e impulso eterno.

Desafortunadamente, no queremos entendernos a nosotros mismos ni de dónde viene ni qué significa. Pero el tiempo no espera; demuestra claramente al mundo que esas cualidades nuestras se están volviendo críticamente importantes. Podemos entender y aceptar lo nuevo al dar un buen ejemplo a todos.

Pero, mientras estamos en cuarentena, otras naciones del mundo nos odian cada vez más. No reconocen las verdaderas causas del odio, pero sienten que las estamos perjudicando. Hoy, por supuesto, estamos acusados ​​de esta pandemia y, al mismo tiempo, esperan vacunas de nosotros.

En realidad, todo el mundo espera de los judíos, cura de su dolencia principal: su ego. Y mientras no lo entendamos, el antisemitismo florecerá. Pues, está impregnado de humanidad desde que los judíos se convirtieron en nación al pie del monte Sinaí.

Por eso, sólo una cosa nos ayudará, a nosotros y al mundo: que Israel despierte de la hibernación. Es otra lección del coronavirus. No importa si lo ignoramos, no ayudará. Aún esperan nuestra ayuda, incluso si somos estigmatizados y acusados ​​de pecados totalmente delirantes.

¿Qué podemos darle al mundo? ¿qué aceptará de nosotros con sincera gratitud y reconocerá que es «pago de deudas»?

Comunicación. Podemos darle al mundo una conexión humana que resuelva todos los problemas. Podemos formar una sociedad que cumpla con el desafío del tiempo.

En nuestro siglo, en forma peyorativa se le llama «socialismo», yo no le temo a esta palabra. Sí, el socialismo es también nuestra descendencia. Y aunque en él se encuentra la ignominia del experimento soviético, es sólo que no debes tomar una fruta inmadura, es imposible imponer por fuerza relaciones para las que ni la gente las circunstancias están maduras.

Esto lo describió mejor Mark Golansky, doctor en economía, que en 1987 habló del colapso inminente de la URSS como si lo hubiera visto con sus propios ojos: «El tiempo del capitalismo», escribió, «es el período moderno de desarrollo, el tiempo del socialismo es el futuro período de madurez. Estos dos sistemas son en realidad dos etapas sucesivas de la existencia de la humanidad y es mejor que no se crucen en el tiempo.

“El capitalismo no será apto para una sociedad madura. Para mantener el nivel de vida alcanzado, la sociedad necesita un sistema más resistente a la agitación ambiental y menos sensible a la rentabilidad. Esa conclusión inequívocamente guía a pronósticos que dicen en el momento de la transformación del capitalismo en socialismo, es un nivel tan alto de integración del sistema capitalista mundial que se convierte en uno e indivisible”.

Nos acercamos a este hito. El coronavirus, de hecho, es parte del problema ambiental que enfrenta la humanidad.

Cabalá agrega otra capa que lo une todo: hoy, nos enfrentamos, no con la naturaleza, sino con nosotros mismos. La naturaleza no es espontánea, es nuestra madre y siempre nos ayuda con nuestro nivel de desarrollo. Hoy, la presión sobre la naturaleza es causada porque llegó el momento de crecer y cambiar. El mundo está casi maduro ¿quién ayudará a entender lo que sucede si no somos nosotros?
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Después de la pandemia

El mundo parece estar en un puente angosto, lo principal es no tener miedo de dejar atrás el pasado. Tenemos otra preocupación: cómo enfrentar el futuro sin chocar con su espalda, sino afrontando adecuadamente el inevitable mañana

“Sólo si no colapsa, se repara”, dicen. Y añaden, “Algún día”. Yo digo “No se recuperará”. Pero el colapso no es necesario. Todos tenemos la tarea de sobrevivir al actual período, con el mínimo de pérdidas.  Para lograrlo, necesitamos ahorrar nervios y recursos, apoyar a los demás, relajarnos, pero no “desconectarnos”. Y lo más importante, necesitamos entender lo que está sucediendo, para que las consecuencias de la crisis no nos tomen tanto por sorpresa.

Para empezar, sentémonos y tomemos un respiro. El ser humano no fue hecho para el embrollo. Fue creado para pensar y actuar. Así que pensemos: en realidad, ¿qué perdimos? ¿qué nos motivó en esa vida? ¿para qué vivimos? ¿qué hicimos útil y con sentido? ¿qué preparamos para el futuro de nuestros hijos?

Francamente, sólo nos servimos uno a otro por dinero. Con o sin afán, cumplimos el principio formulado claramente por nuestros sabios hace miles de años: “Vayan y saquen provecho unos de otros”.  Parecía que funcionaba. Pero ¿qué atención nos dimos, que nos agotamos como hámster en su rueda de consumismo, sin pensar en nada más?

Imagina por un segundo, si venimos de otro planeta desarrollado y nos vemos unos meses atrás, no habría sido muy buena imagen. No, no en el sentido tecnológico, sino en lo más esencial de nuestra conmoción y ajetreo. Su “beneficio”, como el smog encima de la Tierra, ya se está empezando a dispersar.  Y de pronto, el virus llegó. “Deténganse, paren”, nos dijo. “Miren lo que han hecho al planeta y a ustedes mismos”. Miren más allá del mañana”.

Si realmente analizamos, sin maquillarlo, veremos que íbamos, no sólo hacia el colapso ecológico, sino que pudo haber llegado una guerra. De hecho, íbamos hacia los brazos de la guerra, hacia un estado de globalización desesperada, hacia un callejón sin salida de contradicciones. Así es la naturaleza humana: Cuando se está procesando una masacre, la sacamos de nuestra conciencia y al mismo tiempo, la toleramos, incluso la invocamos.

Aún no llegamos a ese grado de avance, pero la avalancha de consumismo desenfrenado llevó a la humanidad hacia el abismo. Paradójicamente, el virus nos está salvando. Fuimos salvados del egoísmo, en la necesidad de “absolución”, para restablecer el mercado de consumo.

Así que ¿vale la pena regresar? ¿qué olvidamos? ¿hay vida después del virus?

Estamos empezando a conocer de nuevo a nuestra familia, a nuestro mundo y a nosotros mismos.

Antes, muchos sólo dormíamos en casa, ahora vivimos ahí. Usábamos el internet por diversión, ahora nos conectamos con otros.

Hay muchas formas. Por supuesto queremos regresar a la rueda del hámster, con su variedad de placeres constantemente nuevos y distintos, tras los que ir y estar incluso dispuestos a soportar los dolores de que nos empujen desde atrás. Pero aún sin quererlo recordamos la amenaza del colapso, los crímenes desenfrenados, la supresión del malestar, las interrupciones en el abasto y la búsqueda del culpable. Finalmente, podemos usar este período para la reflexión.

Por supuesto,nada es fácil, no todos pueden “aguantar el golpe”, pero la experiencia misma, el cambio de ritmo, la perspectiva ¿no nos da un respiro? En los días despejados de trabajo, en una tarde de calma poco usual, escuchamos el eco de algo nuevo. Estuvimos sentados en casa, como niños en su escritorio para aprender algo, para que este “período” no sea en vano.

En cualquier caso, no podremos salir de la crisis tan pronto como entramos. Lo que está pasando ahora, no es pausa, ni vacaciones, ni destierro. Es un despertar. El virus no nos venció, más bien nos sacudió, nos regresó a la realidad, nos da oportunidad de tomar cuidadosamente el timón.

Hoy nos confronta con la necesidad de redefinir nuestros valores en los albores de una nueva era que requiere una actitud diferente hacia los demás y encontrar el propósito que impedimos. El viento se llevó las ilusiones y nos muestra la verdadera imagen. Así que ¿vamos de nuevo a dejar que la mente se nuble con espejismos? ¿nos reconciliaremos con el pasado, con la vanidad eterna, con la abundancia externa y con la devastación interna?

El mundo parece estar en un puente angosto, lo principal es no tener miedo de dejar atrás el pasado. Tenemos otra preocupación: cómo enfrentar el futuro sin chocar con su espalda, sino afrontando adecuadamente el inevitable mañana.

Nosotros mismos creamos una carrera de ratas y ahora podemos salir de ahí sin tanto golpe externo. Pues, lo principal es lo que está dentro: nuestras conexiones, nuestras relaciones, nuestra participación, la reciprocidad. Es suficiente lograrlo y todos los mecanismos —sociales, financieros, comerciales— empezarán a reestructurarse conforme al nuevo paradigma.

Pensemos en ello: ¿por qué vivimos? ¿cómo podemos construir nuestra vida de forma diferente, sobre principios distintos? La puerta para salir del egoísmo sin límites está abierta, usémosla mientras nuestro ego está golpeado y mudo.

Las aeronaves están en tierra, los barcos en los puertos, deberíamos estar en la escuela. No es humillante. Al contrario, tenemos oportunidad de hacer realmente algo por nosotros mismos.

Toda la vida estuvo dedicada a evitar esa pregunta. Preocupados ante la muerte,  justificandonos lo más posible. Sin embargo, el virus sugiere algo más. Así no podemos huir de la muerte. Para superarla, debemos sobreponernos al egoísmo que nos mata. Nuestro ego limita, nos da una sensación imperfecta y miserable del mundo, con las demandas de nuestro cuerpo. Sintamos el mundo en nuestra estructura general interna, en el alma. Así lo veremos totalmente distinto, infinito, eterno y perfecto.

No tiene nada que ver con la religión. La ciencia de la Cabalá no promueve ninguna creencia. Simplemente desarrolla el alma del hombre y nos hace felices. Ahora, cuando todos nos sentimos dentro de un mismo barco, debemos unir nuestros remos y dirigirnos a un mundo sin fronteras entre los corazones. Así, las barreras que quedan y nos  dividen, desaparecerán. El mundo del mañana se está construyendo ahora.
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Coronavirus: viendo hacia delante

Es como si nos hubiéramos convertido en participantes en un guión de Hollywood y estuviéramos siguiendo el desarrollo de los eventos desde dentro ¿podremos entender la esencia de lo que sucede y anticipar el resultado?

Ya es claro, el coronavirus se convirtió en uno de esos eventos raros, impredecibles con consecuencias a largo plazo que Nassim Taleb llamó “cisnes negros” (eventos no previstos con consecuencias extremas). Más tarde, en retrospectiva, todo se volverá claro y lógico, pero algo ya sucede ahora. Tenemos unas semanas o meses de reflexión ante nosotros y no sería muy sabio perder la oportunidad. Pues, no hay accidentes en la naturaleza y dado que las condiciones necesarias ya están, debemos usarlas con un propósito y no sólo esperar que venga el final.

Frente a nosotros, aparentemente, están varios meses de un estilo de vida inusual. Incluso después de que termine, no regresaremos a la rutina previa. Nuestra vida diaria será diferente ¿cómo exactamente? Depende de si queremos responder las preguntas principales que nos plantea el virus.

“Cuando todo termine, nos preguntaremos por qué tenemos que ir a trabajar a la oficina, ir a la escuela a estudiar o entrenar o ir a comprar en la tienda”, escribe Einat Wilf. Tal vez, ese será el momento en el que dejaremos atrás las estructuras de la revolución industrial.

Analistas, científicos y dirigente de compañías ya están discutiendo el nuevo paradigma digital, cambiando el enfoque de producción, su eficiencia, toma de decisiones y seguridad. La pandemia resaltó el hecho de que nuestro pensamiento inerte no está a la par del ritmo de la tecnología moderna.

Esto, sin embargo, es sólo parte de la imagen. Pues, no se trata tanto de tecnología: el punto es justo el concepto de éxito. Si no perdemos la oportunidad, la humanidad desechará mucho de lo superfluo y vivirá externamente más simple y prácticamente y además, su vida interna será más plena y multifacética. No sólo cambiará nuestra forma de vida, sino la forma en que pensamos y sentimos.

En este punto, lo único que queremos es que todo termine, pero vamos a juntarnos y ver los hechos de frente ¿qué nos dice la situación actual? ¿qué otras enfermedades del mundo nos revela el coronavirus?

El ministerio de salud no nos lo dirá. Sus directivas sólo nos desconectan y nos alejan de la vida que impone la sociedad, de sus valores actuales, ocio y pasatiempos. De pronto, la responsabilidad mutua dejó de ser una simple frase. Las prioridades están cambiando dramáticamente. El entretenimiento se está mudando al espacio virtual.

Es un preludio muy sombrío, pero no trágico. Intentamos aclimatarnos a un nuevo marco. Incluso estamos ayudando a otros, a extraños, eso ayer era una tontería para muchos. Por una parte, estamos limitados. Por otra, estamos descubriendo cosas nuevas inusuales. Es similar a un niño en desarrollo dirigido por su nodriza, ¿no es así?

Siguiendo la ruta de los enfermos, vemos cafés, restaurantes, tiendas, centros comerciales, supermercados y salas de banquetes. En realidad, esta línea punteada de una institución a otra construye casi toda nuestra vida. Viajamos al extranjero y es lo mismo en todos lados: se repite sin fin. Aún cuando en realidad no, sí es finito.

Ahora, viéndolo desde un costado, nos volvemos un poco más maduros y sabios. Imperceptible e implícitamente, una nueva sensación surge en nosotros. Tenemos una nueva actitud hacia ocio y entretenimiento, también hacia otros y hacia nuestra propia vida. La forma antigua se desvaneció como si los lentes se hubieran caído de nuestros ojos y nos expusiéramos a colores nuevos y brillantes.

Lo que hoy parece una prisión, en realidad, nos da la oportunidad de comenzar a tratarnos de forma más profunda y seria. Nos hacemos preguntas que, hasta ahora, fueron diligentemente oscurecidas por el paradigma previo.

En realidad, tenemos una oportunidad sin precedentes para reflexionar. El virus nos está llevando hacia la purificación y a una especie de desinfección de la mente y sensaciones. Está elevándonos hacia un nuevo nivel de pensamiento, entendimiento, deseo y conexión. Sin siquiera saberlo, ya estamos en contacto con un sentido que previamente no teníamos.

Adelantemos la cinta; el virus no será sólo una amenaza, también se convertirá en un descubrimiento. Debilita no sólo al cuerpo, sino conceptos y dogmas caducos, nos abre la puerta hacia un nuevo estado de la humanidad.

Nuestro primer impulso fue cerrar la puerta, calmar la situación y eliminar el obstáculo de la forma acostumbrada. Pero espera, no cierres la puerta de la conciencia. En la naturaleza -en ese sistema integral y único- no hay nada malo, nada equivocado. Todas sus respuestas son verdaderas y útiles incluso si, en cierto modo, son destructivas.

No puedes  luchar contra el virus descontando simplemente el sistema en el cual vivimos. El sistema no se irá a ningún lugar y continuará defendiendo su equilibrio ¿de quién?, podrías preguntar. De nosotros. Somos nosotros los que sacudimos el equilibrio general al sacudir el barco. Estamos orientados a consumir al mundo y a los otros en aras de alardear de forma tonta, por el deseo de estar en una posición más elevada y mejor en comparación con otros. Toda nuestra vida está subyugada a esta tarea, oculta detrás de muchos decorados que se ven sólidos pero son huecos.

Como resultado, en el nivel ambiental, destruimos conscientemente la tierra, Greta Thunberg está en lo correcto en este punto. Más importante, arruinamos la ecología social y fracasamos precisamente en la tarea que nos fue asignada por el sistema.

Nuestras relaciones y todo nuestro “progreso”, actúa en oposición a la naturaleza. Traemos desequilibrio y falta de armonía a todo lo que tocamos. Intentamos conquistar el sistema que nos dio a luz. Exigimos de la naturaleza que nos obedezca en nuestros juegos infantiles y sin sentido.

Por supuesto, la naturaleza está en contra. No es coincidencia que el virus nos fuerce a construir vidas más sanas y relaciones más responsables, a abandonar la producción innecesaria y a cuidar a otros.

Tal vez, crearán una vacuna o cuando la mayoría supere la enfermedad, dejaremos el aislamiento, siendo más maduros y viviendo de forma diferente y mejor. Tal vez le daremos significado a esta pandemia, que hasta ahora parece un “cisne negro”, un obstáculo desafortunado y no previsto en nuestra línea punteada.

Más tarde, se encontrará una explicación lógica para todos los “cisnes negros” ¿pero qué explicación daremos? ¿qué evita que lo hagamos ahora?

Por décadas, hemos deambulado por ilusiones de consumo, destruyendo la vida de futuras generaciones. Nos convertimos en ruedas dentadas de una maquinaria de sobre-producción global e indiferencia, que produce basura y quema recursos humanos y naturales en aras del egoísmo ¿para qué volveríamos a esto?

Incluso si consumiéramos dos o tres veces menos, nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos tendremos una vida más sana y colmada de alegría, mucho más creativa, duradera y universal. Un infortunio común puede ser trampolín hacia el éxito común.

El virus, en realidad, nos da oportunidad de sobrevivir. La naturaleza, a diferencia de la humanidad, no arruina ni destruye nada; sólo desarrolla, arregla y corrige. Nuestra percepción aún no ha llega a esa imagen, pero ya podemos extrapolar a partir de nuestro conocimiento, adelantarnos un poco y mirar más allá del horizonte descrito.

Veremos lo hostiles que fuimos con la naturaleza. Como un grupo de guerreros tártaros, pisoteamos los campos de la naturaleza y arrogantemente intentamos someterla a nuestras demandas egoístas.

De pronto nos veremos frente a la naturaleza y cada uno es toda la humanidad. Cada uno es personalmente responsable por mantener el equilibrio del sistema de la naturaleza. El individuo y el colectivo son iguales, dicen los cabalistas.

El virus es resultado del desequilibrio causado por los humanos en el sistema general. El humano es la parte que va al frente del sistema. Todos los impulsos del sistema están vinculados y se enfocan en nosotros. Dentro de sistema, aprendemos a responder el uno por el otro y además a responderle al sistema en sí.

No olvidemos cumplir con la distancia prescrita, quedarnos en cuarentena, cuidar a nuestra familia y ayudar a otros lo más posible. Ignorarlo sería como enterrar la cabeza en la arena mirando el pasado, cuando el mañana aún está en camino. La humanidad difiere de los animales en que se nos dotó de imaginación y sabemos cómo anticipar el futuro y ver hacia adelante. Nuestro “cisne negro” es mucho más de lo que nos parece.
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La era del coronavirus: es hora de calmarse y repensar nuestras vidas

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Antes de que el coronavirus se convirtiera en un fenómeno mundial estábamos en un estado global muy peligroso.

Sentí que se disparaban las alarmas cuando la tensión global y la ansiedad alcanzaban un máximo histórico. Si se trataba de una deuda mundial cada vez más implacable o relaciones internacionales tensas, así como de enormes cantidades de contaminación, entre muchos otros problemas a escala personal, social, global y ecológica, sentí que nos dirigíamos desenfrenadamente hacia otra guerra mundial.

De una forma u otra, todas nuestras relaciones competitivas, incorrectas y egoístas que habíamos establecido alrededor del planeta necesitaban calmarse.

Entonces, de repente, aparentemente de la nada, vino el coronavirus. Surgió precisamente en un momento muy amenazante cuando todas las tensiones globales estaban a punto de estallar.

Por lo tanto, es mejor que las cosas hayan salido como están por el momento, y que no hayan resultado mucho peores.

Además, más allá de las teorías que se expanden sobre las causas del coronavirus, la fuerza suprema de la naturaleza guía a todos y a todo de una manera muy precisa y cuidadosa. En otras palabras, la naturaleza organizó nuestra salida de una manera muy exacta del terrible estado que estábamos enfrentando.

Nosotros, la humanidad, nos empujábamos a un callejón sin salida. Luego, con relativa suavidad, la naturaleza organizó un nuevo estado y una salida a nuestro enredo.

Y así es que hoy muchos de nosotros nos sentamos en casa sin nada que hacer. Las cosas artificiales y no esenciales con las que nos manteníamos ocupados desaparecerán rápidamente debido a que cada vez sentimos menos la necesidad de usarlas.

En cuanto a nuestras vidas, y las de nuestros hijos y nietos, sería prudente crear nuevos departamentos y equipos, tanto a nivel gubernamental como social, que se ocuparán de brindar una atmósfera de apoyo mutuo a la sociedad. Al hacerlo, todos sobreviviremos a través de esta nueva etapa única de nuestro desarrollo hasta que nos acostumbremos a una nueva forma de vida.

Espero que después de esta crisis, todos los países de las superpotencias que estaban flexionando sus músculos y extendiendo sus tentáculos por todo el mundo, financiera, militar e industrialmente, tales como los países de la Unión Europea, China, Estados Unidos, Rusia, Irán y otros, recuperarán la compostura y se normalizarán. Además, espero ver a la gente calmarse de todo el frenesí de viajes en todo el mundo.

Estoy seguro de que veremos tales fenómenos a medida que salgamos de esta era del coronavirus.

Estoy imaginando un mundo nuevo, uno en el que liberemos más y más espacio en nuestras mentes y corazones para considerar por qué estamos vivos, cuál es el significado de la vida y poner fin a todo el ajetreo.

Hasta que el coronavirus nos golpeó, éramos como niños pequeños corriendo de una esquina a otra de la habitación. 

De ahora en adelante, todo va a cambiar.

Nos volvimos más maduros y la naturaleza, como un padre disciplinador, nos señala con el dedo y nos dice: “¡Eso es suficiente! ¡Siéntate y piensa en lo que estás haciendo! “

Hemos entrado en una nueva era histórica en la que debemos detenernos y contemplar cómo y por qué vivimos nuestras vidas, que necesitamos refrescarnos y, después de ser más pacientes, avanzar con más introspección, experiencia y conocimiento sobre cómo vivir nuestras vidas de una manera más equilibrada entre nosotros y con la naturaleza.

La importancia de las personas de la tercera edad para la sociedad

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «La importancia de las personas de la tercera edad para la sociedad«

La conexión entre niños preescolares y personas de la tercera edad, hoy se lo conoce como “integración intergeneracional”, pero en realidad es un vínculo natural que alguna vez existió en cada hogar y familia. Yo mismo crecí en un hogar con abuelos y abuelas de ambos lados, y recibí de ellos más atención de lo que mis padres me podían conceder.

En forma natural los padres están más ocupados con el cuidado diario de los hijos, y, además, sobrecargados de trabajo. A diferencia de los abuelos que pueden conceder una relación más cálida y cordial. Según la Sabiduría de la Cabalá hay tres generaciones interrelacionadas: niños, padres, y abuelos. En este triángulo precisamente, la relación entre los hijos y los abuelos es una conexión más cercana y especial. Ambos están más conectados a la naturaleza. En los niños hay inocencia, no hay en ellos falsedad ni mentiras y los ancianos ya no tienen necesidad de ellas.

En la relación entre ellos existe un beneficio mutuo. Para los ancianos, es muy importante sentir que aportan; esto les da vida y fuerza para actuar, y los niños les procuran esa sensación. Ya que el niño siempre tiene en qué ayudar, lo que aprender y le da la posibilidad de disfrutar. Cuando los ancianos se juntan con más  jóvenes, ellos tratan de comportarse como si fueran niños, y como resultado ocurre un cambio en sus sistemas que comienzan a actuar como en el niño. ¿Y los niños? Ellos ganan en atención y pueden aprender del conocimiento y la experiencia que aportan los ancianos, ya sea del conocimiento profesional de acuerdo a su especialidad y de su enorme experiencia en la vida.

Nuestra sociedad no sabe aprovechar el potencial humano. Cuando una persona se jubila tiende a cerrarse en sí mismo y a perder contacto con la sociedad. Siente que no tiene ninguna función y no contribuye, y este es el peor de los sentimientos. Estar conectado y contribuir a la sociedad es el metabolismo humano, y en el momento que se le da un papel a la persona que lo compromete a expresarse y a dar de sí mismo a los demás, tiene algo por lo que vivir y esto prolonga sus días. La muerte no llega porque el cuerpo envejece, sino como resultado de estar separado de la sociedad.

Hoy las personas viven hasta los noventa años y más, en lugar de utilizar la sabiduría que han acumulado a lo largo de  su vida, para el bien de los demás, los cerramos en hogares de ancianos donde viven en soledad y recibiendo trato inadecuado. El papel de los ancianos en una sociedad sana es ser fuente de la sabiduría de la vida. Si los ancianos desaparecieran del mundo, inmediatamente sentiríamos que el mundo perdió una fuerza, un poder, un sostén. Son una parte inseparable y muy importante de la naturaleza.

Espero que organizaciones sociales de contacto y conexión entre generaciones, se conviertan en algo común, y todos volvamos a sentir que somos una sociedad que se complementa mutuamente, una sociedad en la que cada persona sienta que es importante y necesaria, y juntos disfrutemos uno del otro y vivamos con salud y alegría.

¿Qué perdón debemos pedir en Yom Kipur?

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo «¿Qué perdón debemos pedir en Iom Kipur?«

Nosotros, los judíos, enojamos al Creador –repetidamente, una y otra vez– siempre que dejamos que haya división y odio entre nosotros y no queremos conectarnos.

El Creador desea fuertemente nuestra unidad porque, a partir de esa fuerza de conexión, Él podrá revelarse a la humanidad. Cuando facilita esta acción de conexión, el pueblo judío realmente se convierte en una «luz para las naciones» y un conducto de paz y tranquilidad para todos.

Sin embargo, todo está sucediendo al contrario actualmente.

Debido a nuestra separación, estamos impidiendo que toda la abundancia se propague a través de nosotros por el mundo entero. Y debido a nuestro alejamiento el uno del otro, necesitamos pedir perdón este Yom Kipur (día de la expiación).

El rol del pueblo judío y Yom Kipur

Una parte clave en el servicio de oración de Yom Kipur es leer el libro de Jonás el Profeta. En esa historia, Dios ordena a Jonás decir a los habitantes de Nínive, que se habían vuelto muy abusivos unos otros, que, si querían sobrevivir, debían corregir sus relaciones. Sin embargo, Jonás evade su misión y se lanza al mar en un intento de escapar del mandato de Dios.

Al igual que Jonás, los judíos hemos estado evitando sin darnos cuenta nuestra misión durante los últimos 2.000 años. Esta es la razón por la que hemos sufrido terriblemente. Si queremos evitar más sufrimiento, especialmente hoy en día, en tiempos de crecientes oleadas antisemitas, no podemos permitirnos el lujo de seguir siendo indiferentes al rol que tenemos que cumplir. 

«Dado que fuimos destruidos por un odio infundado y el mundo fue destruido con nosotros, seremos reconstruidos por un amor infundado, y el mundo será reconstruido con nosotros».

Rav Avraham Yitzak HaCohen Kuk, Orot Kodesh (Luces sagradas), vol. 3

Yom Kipur, considerado tradicionalmente el día más sagrado del calendario judío, se observa el 10 de Tishrey. También es conocido como el día del juicio. ¿Pero quién juzga? ¿Y quién es juzgado?

Es el individuo quien se juzga a sí mismo. Estamos acostumbrados a examinar nuestras acciones en el mundo, pero también debemos examinar nuestras intenciones, especialmente con respecto a los demás: como si tomáramos una radiografía de las intenciones de nuestro corazón, comprobando en qué medida fuimos capaces de elevarnos por encima de nuestros propios intereses egoístas para atender las necesidades y deseos de los demás.

¿Por qué? Porque a través de preocupación así, revelamos el mundo tal y como es: un sistema unificado e interdependiente.

El papel del pueblo judío, como explican nuestros sabios, es allanar el camino para la unidad por encima de todas las diferencias como única solución a todos los males del mundo: servir como un ejemplo de unidad para el resto de la humanidad. Sin embargo, ¿qué vemos en lugar de esto? Vemos una división cada vez más profunda y un rechazo mutuo. Y la consecuencia es que las naciones del mundo se quejan de esa conducta perjudicial, nos desprecian, nos castigan e incluso desean aniquilarnos.

Esta hostilidad hacia los judíos se manifiesta en el aumento de los delitos de odio por todo el mundo dirigidos a judíos sin ninguna otra razón que la religión. Solamente en Berlín se denuncian un promedio de dos incidentes antisemitas cada día, un total de 404 casos en 2019 (hasta abril), según ha informado la comisión de la ciudad para la lucha contra el antisemitismo. En la ciudad de Nueva York, los ataques violentos contra judíos están entrando en una espiral fuera de control con un aumento en los delitos antisemitas de hasta un 82% este año en comparación con 2018 (un total de 152 casos hasta ahora, mientras que durante el mismo período del año pasado, hubo 93 incidentes) según las estadísticas del Departamento de Policía.

Día tras día, la compleja sensación de inestabilidad en el mundo hace que aumente la necesidad de calma y satisfacción de las personas. Esto provoca que cada vez haya más sentimientos antisemitas hirviendo en el seno de la humanidad.

La sabiduría de la Cabalá explica que el odio contra los judíos viene desencadenado por nuestra falta de deseo de unirnos: entre nosotros y con el Creador. Cuando estamos divididos y nos rechazamos, bloqueamos el conducto que lleva la fuerza de amor y conexión –y que pasa a través de nosotros– hacia la humanidad. Es entonces cuando emerge con fuerza la demanda insistente de la humanidad por una vida mejor y con mayor unidad; y nos propinan golpes.

«En una generación así, todos los destructores de las naciones del mundo levantan la cabeza y desean principalmente destruir y matar a los hijos de Israel, como está escrito (Yevamot 63): “Ninguna calamidad llega al mundo sino por Israel”». 

Cabalista Yehuda Ashlag, Introducción al Libro de El Zóhar

Transformar un día triste en un día feliz

Yom Kipur es el estado en el que uno revela la fuerza egoísta de separación interna como algo maligno. Una vez que la descubro, puedo acercarme al Creador con este mal y exigirle corrección. Esto transforma el Día de la Expiación en un día de alegría ya que descubro la dolencia del mal que hay dentro de mí, mi naturaleza egoísta. En otras palabras, descubro que mi ego necesita ser corregido para reparar mi relación con los demás: que esa es la causa de toda división, conflicto y crisis en el mundo.

A menudo tendemos a considerar Yom Kipur como un día triste porque no nos damos cuenta de que aquello que se percibe como «malo» puede usarse como trampolín para alcanzar el bien. Lo que se considera bueno o malo depende completamente de la actitud de uno. Pongamos que, durante una visita rutinaria al médico, uno descubre que está enfermo, entonces el mal se revela para que pueda ser tratado y curado. Este es un ejemplo de cómo el descubrimiento de algo malo en ti resulta ser algo bueno.

«No hay un momento más feliz en la vida de una persona que cuando descubre cuán absolutamente impotente es y pierde la fe en sus propias fuerzas, ya que hizo todos los esfuerzos posibles, pero no alcanzó nada. Esto es porque, precisamente en ese momento, durante ese estado, ya está preparado para una plegaria completa y nítida al Creador».

Cabalista Yehuda Ashlag, Pri Jajam: Igrot Kódesh.

Este momento es llamado un «Día de Expiación» personal. Y a partir de entonces, la persona puede estar segura de recibir la luz de la corrección.

Nuestra inscripción en el libro de la vida

Espero sinceramente que empleemos Yom Kipur como una oportunidad para la introspección y nos demos cuenta de la verdadera razón de nuestro sufrimiento y el sufrimiento del mundo con el fin de que podamos cumplir el rol que la humanidad espera de nosotros:

«La nación de Israel fue construida como una especie de puerta de entrada a través de la cual las chispas de la purificación fluirán hacia toda la humanidad, por todo el mundo, hasta que puedan percibir el placer y la serenidad que existen en el núcleo del amor de los demás».

Cabalista Yehuda Ashlag, El Arvut (garantía mutua).

Ojalá todo el pueblo judío sea un ejemplo a seguir y sea inscrito y sellado en el Libro de la Vida, por un buen año.