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Si la paz con los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin es buena, ¿dónde están las trompetas?

Mi nuevo articulo: «Si la paz con los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin es buena, ¿dónde están las trompetas?«

Menos de un mes después del acuerdo de normalización con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin también se sumó al tren de la paz. Estoy totalmente de acuerdo; la paz y la normalización siempre son mejores que la guerra y la animosidad. Pero, para ser honesto, no veo que el resto del mundo esté entusiasmado y creo que eso demuestra lo aislados que estamos en el mundo. A pesar de que Israel estableció conexiones con países que antes eran enemigos, nadie vitorea, nadie toca las trompetas festivas. A pesar de nuestros esfuerzos por ser aceptados, Israel y los judíos (aunque tal vez no lo reconozcamos) están excluidos de la familia de naciones.

Dondequiera que aparezca Israel, no es como otro país, lo mismo ocurre con la presencia judía. Es hora de que nos preguntemos por qué; es hora de que entendamos que la forma en que el mundo se relaciona con nosotros depende de nosotros, no del mundo. Las naciones nos darán la bienvenida cuando les demos algo que nosotros no valoramos, pero que ellas consideran que es importante. Hasta entonces, sin importar lo que les demos (tecnología avanzada, desarrollo agrícola, innovaciones en medicina, novelistas, actores y cineastas brillantes), el mundo nos odiará más. No recibiremos ni una pizca de gratitud hasta que les demos lo que realmente quieren de nosotros. No lo expresan, pero debemos resolverlo y hacerlo de todos modos.

Es muy fácil de ver: en un mundo quebrantado, fraccionado por el odio, nosotros, los judíos y el Estado de Israel, con nuestra unidad, tenemos que traer la corrección al mundo, Tikkun Olam. El mundo no aceptará nada menos de nosotros.

Odiamos la idea, pero no somos como los demás. Si no me crees, pregúntele a cualquiera que no sea judío y le dirá que siente que hay algo especial en los judíos. Algunos nos odian, incluso los mismos judíos, pero en realidad casi todos siente que somos diferentes y tiene razón. Ningún otro país o persona tiene que justificar su existencia, nosotros los judíos sí, como nación, como país y como individuos. Debemos reconocerlo, de lo contrario las naciones nos lo dirán como nos lo dijeron los nazis hace ochenta años.

Ninguna nación atrae tanta atención como los judíos, pues no se espera que ninguna otra nación dé ejemplo al mundo. Nos juzgan con un patrón diferente porque se espera que seamos más virtuosos que los demás, más amorosos, más afectuosos y con más responsabilidad mutua entre nosotros, que las demás naciones.

Por decir esto, algunos judíos me han acusado de antisemita. Pero la negación no nos lleva a ninguna parte. Debemos arremangarnos las mangas y ponernos manos a la obra, porque el mundo espera y cada vez está más impaciente.

La demanda de las naciones al pueblo judío, no es un producto de mentes enfermas; nuestros sabios nos han dicho a lo largo de los siglos que debemos ser una nación modelo, “luz para las naciones”. Rav Kook, el líder del sionismo religioso antes del establecimiento del Estado de Israel, articuló este mensaje de manera poética y sucinta en su libro, Orot HaKodesh: “Desde que nos arruinó el odio infundado, el mundo se arruinó con nosotros, seremos reconstruidos con amor infundado y el mundo será reconstruido con nosotros “.

Como acabo de decir, necesitamos unirnos, no por nuestro propio bien, sino para dar ejemplo al mundo. Antes de la ruina del Segundo Templo, hubo un período en el que estábamos tan unidos, que la gente de las naciones acudió en masa a Jerusalén para ver el milagro. El libro Sifrey Devarim detalla que los gentiles “subían a Jerusalén y veían a Israel … y decían: ‘Es bueno aferrarse sólo a esta nación’.

De manera similar, El libro del Zóhar (Ajarei Mot) escribió sobre nuestro odio mutuo y la importancia de nuestra unidad, para el resto del mundo: “Ve, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos también se sienten juntos’. son los amigos cuando se sientan juntos y no están separados uno del otro. Al principio, parecen gente en guerra, deseando matarse unos a otros … luego vuelven a estar en amor fraternal. … Y ustedes, los amigos que están aquí, como antes estaban en cariño y amor, de ahora en adelante tampoco se separarán unos de otros … y por su mérito, habrá paz en el mundo”.

El libro Kol Mevaser también destaca la importancia de la unidad del pueblo de Israel: “Esta es la garantía mutua en la que Moisés trabajó tan duro antes de su muerte, para unir a los hijos de Israel. Todo Israel es responsable uno de otro, es decir, cuando están juntos, sólo ven el bien”.

Por lo tanto, debemos darnos cuenta de que no habrá paz ni armonía mental, hasta que hagamos las paces entre nosotros. Mientras no nos elevemos por encima del odio profundamente arraigado entre nosotros mismos ni nos unamos para servir de ejemplo al mundo, las naciones nos tratarán como parias.

Corona, el virus que nos está reprogramando

Mi nuevo articulo: «Corona, el virus que nos está reprogramando«

Puede que no lo notemos porque es lo que somos, pero la forma en que pensamos sobre la vida, las cosas que queremos, valoramos, preferimos, nuestras aspiraciones, modales, miedos, reacciones, todo está “programado” en nuestra psique, por el entorno social en el que vivimos. Cuando la COVID-19 forzó un cambio en nuestra vida y nos encerró, nos afectó a todos. Para algunos, su impacto fue físico, pero para todos, es emocional. Las implicaciones sociales y de conducta que provoca el coronavirus, apenas están comenzando, pero serán de largo alcance y duraderas. Entramos en una nueva era. Mientras más pronto nos adaptemos, mejor para todos.

Incluso si queremos volver a nuestro estilo de vida anterior, la presencia del virus lo hará muy difícil. Dondequiera que vayamos, existe la posibilidad de que podamos contraer el virus o transmitirlo, incluso si usamos mascarillas y mantenemos nuestra distancia. Poco a poco, el virus nos obliga a reconsiderar lo que solíamos dar por sentado, como salir a bares y restaurantes, tomar el avión para ir de vacaciones, comprar nuevos dispositivos, sólo porque son nuevos o porque nuestros amigos los tienen, etc.

Al obligarnos a comportarnos de manera diferente, el virus, en realidad, nos está “reprogramando”. ¿Quién hubiera pensado hace sólo unos meses, que podríamos imaginar una vida sin la búsqueda interminable de placeres inmediatos (aunque insatisfactorios)? Pero ahora, si sólo tuviéramos el sustento básico garantizado, muchos con gusto saldríamos y diríamos: “Detengan al mundo, que quiero bajarme”, parafraseando el musical de Leslie Bricusse.

El coronavirus no es una epidemia más. Igual que un virus informático, reprograma nuestro sistema operativo y cambia nuestra esencia. Pero no en el mal sentido; por el contrario, baja el ritmo de nuestra vida para que podamos descubrir placeres ocultos que no habíamos visto antes. Al obligarnos a depender de otros para nuestra salud, el virus nos enseña que podemos confiar en los demás, que podemos crear comunidades de apoyo y que podemos encontrar placer en la gente más que en las cosas.

El coronavirus no nos permitirá volver al consumismo desenfrenado, a la explotación sin control del planeta y de los demás. Nos enseñará a construir una vida buena y sostenible para nosotros y para nuestros hijos. Si seguimos sus directivas de buen grado, la transición será rápida y fácil. Si seguimos obstinados, será dolorosa y lenta. De cualquier manera, la COVID-19 ganará. Nos obligará a confinar lo no esencial para la vida y a alcanzar lo esencial para la felicidad.

“¿Cómo puedo aprender a estar calmado en cualquier situación?” (Quora)

Michael Laitman, en Quora: “¿Cómo puedo aprender a estar calmado en cualquier situación?” 

Es imposible estar calmado en cualquier situación. Además, no siempre tenemos que permanecer calmados. 

La naturaleza nos desarrolla al hacer crecer nuestro ego constantemente. Si observamos los eones de desarrollo humano, podemos ver el desarrollo a partir de nuestros deseos básicos de comida, sexo, familia y refugio- deseos que teníamos cuando habitábamos las cavernas- hasta llegar a los deseos egoístas que aparecen cuando nos desarrollamos como civilización: dinero, honor, control y conocimiento. 

Mientras más crece el ego, menos calmados nos volvemos. 

Irritación, agitación y estrés son estados que la naturaleza nos urge que sintamos para llegar a reconocer nuestro ego humano como la causa de la turbulencia y al hacerlo, desarrollar un deseo nuevo y sincero de elevarnos por encima de nuestro ego. 

En esta coyuntura, necesitamos un entorno de apoyo donde sentimos estímulo y confianza con el fin de elevarnos por encima del ego. 

Un aspecto de ese entorno es aprendizaje y actividades regulares dirigidas a elevarnos por encima del ego humano, que nos proteja contra cualquier agravio que llegue a sacarnos del equilibrio. 

En otras palabras, al calibrarnos regularmente con el fin de reconocer el ego como la fuente de nuestro desequilibrio con lo que nos rodea y elevarnos por encima de nuestro ego, necesitaremos reforzar nuestro entorno positivo, el cual en su turno nos ayudará a pasar a través de cualquier estado que experimentemos de forma más rápida que si nos dejaran por nuestra cuenta.

El capitalismo ha terminado, ¿qué sigue?

Mi nuevo articulo: «El capitalismo ha terminado, ¿qué sigue?»

El capitalismo está muriendo desde hace mucho tiempo, pero no lo sabíamos. Pensamos que lo vivíamos; pensamos que era el sistema económico más avanzado que la humanidad hubiera concebido. Pero, de hecho, está liquidado desde hace mucho tiempo o, como lo define el Diccionario Webster, “totalmente terminado, derrotado, destruido, incapaz de funcionar”. De hecho, el capitalismo fue destruido por la fuerza con la que pretendía capitalizar: el ego humano.

Cuando la humanidad aplicó por primera vez el capitalismo, fue lo correcto, en el momento adecuado. Facilitó el progreso, la competencia saludable y, en muchos casos, la oportunidad de construir una buena vida basada en el deseo de trabajar duro. Pero en las últimas décadas, el vínculo entre trabajo e ingreso, se rompió y acabó, lo reemplazó la magia financiera, la explotación del poder financiero para obtener ganancias políticas y viceversa. Sólo para demostrar la desconexión, pregúntate: Si en este momento, la industria y los servicios están rompiendo récords a la baja, ¿cómo es que Wall Street está rompiendo récords al alta? Ese es un vínculo roto entre trabajo e ingreso. Muy pocos obtienen ganancia.

Ahora, gracias al coronavirus, es evidente que el capitalismo siguió su curso. Creo que la marea de acciones que vimos después de la caída inicial, cuando la COVID-19 golpeó por primera vez, fue el canto del cisne del capitalismo, igual que la aparente recuperación repentina de una persona moribunda antes del colapso final. Actualmente, Wall Street está de celebración . Pero será de corta duración. Muy pronto, comenzará su declive final. Puede ser un proceso más largo o más corto, pero, de cualquier manera, el capitalismo terminó su curso.

Para mí, la pregunta más importante es: “¿Qué sigue?” Porque si no tenemos cuidado, los signos nos llevan a una nueva era oscura. Las fuerzas radicales se están volviendo cada vez más descaradas y buscan derrocar a la democracia y al capitalismo, e instalar el totalitarismo. Pueden tomar forma de comunismo, fascismo o nazismo, pero cualquiera que sea, no beneficiará a la gente común.

Sin embargo, esto sucederá sólo si permanecemos inactivos. Es evidente para todos, que el mundo de hoy es un sistema integral, cuyas partes están interconectadas. Lo que cada uno hace, afecta a la humanidad. En este sistema, cuidarnos sólo a nosotros, es una prerrogativa que no podemos permitirnos. Debemos desarrollar un pensamiento inclusivo, donde calculemos nuestras acciones de acuerdo con el beneficio de nuestra comunidad, ciudad, país y, finalmente, el mundo. Si somos conscientes, no tenemos excusa para sentarnos y dejar que los eventos se desarrollen solos. Necesitamos correr la voz de que todos somos responsables unos de otros.

Las luchas violentas que vivimos hoy son contraproducentes para la causa de la responsabilidad mutua, pues aumentan el odio y la separación. Estar interconectados y ser interdependientes significa que nos cuidamos unos a otros. Y así como no actúo con violencia hacia un miembro de mi familia, aunque no esté de acuerdo, también debo evitar la violencia hacia los demás, incluso si, por cualquier razón, no me gustan.

No respaldo el socialismo y ciertamente tampoco ningún tipo de comunismo. Tampoco tengo una afiliación política particular. Mi interés es el bienestar de la humanidad. En consecuencia, respaldo el cuidado, la consideración y la responsabilidad mutua.

El sistema económico resultante después de la desaparición del capitalismo, será algo que nunca antes intentamos, pues nunca nos preocupamos por otros, a menos que fueran familiares (e incluso, no siempre). No hay un esquema claro para esta nueva economía, pues aún, debemos comenzar a cuidar a los demás, pero tan pronto como comencemos a protegernos, sabremos qué debemos hacer.

Es un poco como la madre primeriza. Antes de tener a  su hijo, no tiene idea de cómo ser madre. Pero tan pronto como nace el bebé, de repente lo sabe. Siente lo que debe hacer, porque el amor guía su maternidad.

Lo mismo sucede en una sociedad basada en el amor. Hasta que comencemos a construirla, no sabremos cómo debería ser. Pero una vez que demos nuestro primer paso, el conocimiento vendrá con nuestro cuidado mutuo.

Es posible y es urgente. Si esperamos, las fuerzas radicales y totalitarias ganarán demasiada tracción y pondrán a la sociedad en un camino totalmente opuesto.

¿Qué significa para la humanidad la disminución de la tasa de natalidad?

Mi nuevo artículo: ¿Qué significa para la humanidad la disminución de la tasa de natalidad?

¿Es correcto traer más niños a este mundo? Hoy, esta pregunta parece más relevante que nunca, en estos días en que la incertidumbre económica, social y ambiental hace que las mujeres piensen dos veces en la maternidad. La cantidad de nacimientos en Estados Unidos alcanzó el nivel más bajo de las últimas tres décadas, según un estudio oficial en 2019, publicado recientemente. Se espera que la angustia causada por la pandemia disminuya aún más esas estadísticas récord. Pero más allá de los números, nuestra principal preocupación debería ser mejorar la calidad de vida de la población mundial y la calidad de nuestras relaciones, en beneficio de la sociedad.

La tasa de fertilidad por mujer que se necesita para reemplazar una generación, es de 2.1 niños, un nivel que, según informe reciente del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EUA, actualmente no se cumple. El estudio preliminar encontró que, en promedio, se espera que la mujer, tenga sólo 1.7 niños. También revela que, el año pasado, el número total de nacimientos cayó a 3,7 millones, casi un 1% menos que en 2018.

El baby boom previsto como resultado del bloqueo de COVID-19 no se materializará. Todo lo contrario: en EUA, la solicitud para control de natalidad, casi se duplicó por el brote de virus. Como resultado del aumento del desempleo y la presión económica, los economistas esperan aproximadamente 500,000 nacimientos menos el próximo año.

La sociedad actual no desea tener hijos. A medida que la humanidad evoluciona, se vuelve cada vez más reacia a tener hijos, porque el ego crece, con su enfoque egocéntrico hacia todos los aspectos de la vida.

El ego crece día a día, generación tras generación y hace que la gente se centre cada vez más en complacerse a sí misma, hasta el punto en que hoy, muchos jóvenes ni siquiera quieren casarse. Las parejas desarrollaron un nuevo enfoque de vida, centrado en la satisfacción personal y muchas se preguntan por qué deberían perder su libertad y vincularse para satisfacer las necesidades de los niños.

Al mismo tiempo, los avances médicos nos dan la sensación de control sobre el nacimiento. La mujer ahora puede elegir si quiere hijos o no, cuándo y cómo, dependiendo de su carrera o prioridades de vida. Incluso puede elegir el género del bebé antes de la concepción. De la pareja ingenua de la sociedad pasada, con muy poco conocimiento del embarazo y el parto, nos transformamos en una sociedad de partos bien planeados y cuidadosamente calculados.

La fuerte disminución en la tasa de natalidad se extendió a muchos países, como tendencia mundial, según lo confirman estudios. Pero no es necesariamente una situación negativa. Puedes preguntarte: “Ya que tenemos una población mundial de 8 mil millones, ¿por qué necesitamos aumentarla? ¿para qué?

De hecho, el hombre necesita significado, un propósito más elevado, que sólo vivir, ¿qué le da la fertilidad? La vida de cada uno en esta tierra, tiene un propósito. Cada ser humano está destinado a corregir su naturaleza egoísta. Ese objetivo puede lograrse con un proceso gradual de conexión con otros, hasta que nazca una nueva humanidad, una humanidad con base en responsabilidad y unidad mutuas.

Lo que el mundo necesita ahora es un cambio cualitativo, no cuantitativo.

Una sociedad en la que cada uno se eleve por encima de su naturaleza egoísta y tenga como objetivo el beneficio de su entorno, no requiere miles de millones de personas. Esto nos da un cambio cualitativo, en lugar de uno cuantitativo.

La preocupación de educar a nuestros hijos y no el número de nacimientos, es lo que debería ocupar nuestra mente. Cuando educamos a nuestros hijos para que amen a los demás, para que encuentren el propósito de la vida y descubran nuestra conexión correcta, será el momento de traer tantos niños al mundo como sea posible. En un sistema global e integral, cada niño aporta enormes beneficios al desarrollo de toda la humanidad.

Hambre en los Estados Unidos de América

Mi nuevo artículo: «Hambre en los Estados Unidos de América«

Cuando hablamos de hambre, estamos acostumbrados a pensar en países del sur de Asia, Yemen, Siria o América Latina. Este ya no es el caso. Gracias a la COVID-19, el hambre ahora también es una amenaza real en EUA.

Se espera que, en los próximos seis meses, una ola de hambre golpe a las familias de Minnesota, afirma Frank Vascellaro en CBS Minnesota, un fenómeno que no se ve desde la Gran Depresión, las familias ya están diluyendo la leche para que dure más. Pero no sólo Minnesota sufre por la crisis de la COVID-19. En todo el país los niños pasan hambre. Según un nuevo estudio realizado por la organización sin fines de lucro, Hunger Free América, el hambre infantil se disparó en todo Estados Unidos durante las actuales crisis económicas y de salud, “con el 37 por ciento de padres en todo el país, reduciendo el tamaño de la comida o saltándose algunas comidas de sus hijos, porque no hubo suficiente dinero en el último mes”. Si tenemos en cuenta que el informe fue publicado el 10 de abril, probablemente, ahora, la situación sea aún peor.

He advertido innumerables veces que habrá grandes pérdidas de empleo y que se necesitarán soluciones inmediatas. Ahora, mientras hablamos, está sucediendo. El hambre es la peor crisis que puede haber; la gente hará cualquier cosa para alimentar a sus hijos. Si quieres devastar un país desde adentro, no luches contra él, mátalo de hambre. Esto es lo que está sucediendo hoy en Estados Unidos.

Lo peor de la crisis del hambre, no es que esté sucediendo debido a un enemigo externo, sino sólo por falta de responsabilidad mutua. Hay mucha comida, pero no va a donde se necesita, pues los que la necesitan no pueden pagarla. En ese caso, las autoridades deben hacerse cargo y garantizar que todos tengan alimento.

Una vez que esto se resuelva, las autoridades deben involucrar a todos los ciudadanos en sesiones que les informen de la crisis actual, de porqué no obtienen alimentos, porqué no pueden encontrar trabajo y qué pueden esperar en el futuro. Todos deben saber que encontrar trabajo ya no es un problema personal; es una crisis social que afecta al mundo entero. Y dado que todo el mundo está conectado, una crisis en un lugar, pronto migra a todas partes.

Cuando la gente comprenda que todos en la sociedad dependen de todos, comenzará a cambiar. Se verán más actos de interés mutuo, más servicios comunitarios fundados por la comunidad y para la comunidad. El gobierno, por su parte, debe alentar y apoyar estas iniciativas, pues son la base de la nueva sociedad que surgirá, una sociedad de responsabilidad mutua. Simplemente no habrá otra opción, ninguna otra forma de sobrevivir.

¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?

Mi nuevo artículo: «¿Pueden Aprender a Amar los Estados Unidos?«

[Foto de Josh Hild en Unsplash]

Durante la semana pasada, los Estados Unidos literalmente estuvieron en llamas. Lo que comenzó como protesta pacífica, se volvió una zona de guerra. En Manhattan, cientos de saqueadores asaltaron tiendas, la Guardia Nacional fue desplegada y en decenas de ciudades se declaró, durante la noche, estado de sitio. Es claro que hay mucha política involucrada, pero eso no disminuye el dolor ni la escala del problema.

EUA ya tuvo un presidente afroamericano, gobernadores afroamericanos, jueces afroamericanos, estrellas deportivas e iconos de todo tipo. Legalmente, no hay nada en el camino de ninguna persona de color, para que ocupe cualquier puesto. Sin embargo, no hay paz, no hay tranquilidad, ni amor. El abismo no sólo está presente, sino que siempre se profundiza.

Amar no es negar la existencia de diferencias. Amar es cultivar y destacar todas las sutilezas de nuestra singularidad, pero no para competir ni para despertar envidia. Deberíamos usar nuestras diferencias como bloques de construcción para construir puentes de afecto. Las diferencias nunca deben utilizarse para aumentar el orgullo ni la vanidad.

Está escrito: “El amor cubrirá todas las transgresiones”

(Proverbios 10:12).

La transgresión es el odio entre la gente. Y, el odio es un elemento necesario. Así como sin noche no sabríamos cuando es de día, sin odio no podemos saber cuando hay amor. Así, el odio permite la existencia del amor. Además, la luz del amor sigue a la oscuridad más profunda del odio.

Estados Unidos está lleno de odio. Fue construido a base de capas de odio. Exactamente, esa es la razón por la que tiene potencial para convertirse en modelo a seguir, en líder mundial en elevarse por encima de las diferencias y del odio.

La naturaleza no nos creó diferentes sin razón. Hay una intención especial aquí, un propósito. Cualquiera que haya estudiado las reglas de la naturaleza, sabe que ninguna parte de ella, ni siquiera la más pequeña, es redundante. Nada debe ser erradicado ni borrado del mundo, excepto el orgullo y separación. Así que tratar de borrar el color único de piel u otro atributo físico, mental o emocional, es como decir que la naturaleza cometió un error terrible y es nuestro trabajo arreglarlo. Hay gran ignorancia y arrogancia en ese pensamiento.

Debemos relacionarnos con lo que la naturaleza creó y así, avanzar hacia nuestra corrección. La corrección está en nuestras relaciones, es el único lugar donde hay defecto. Aprendamos lo qué es amor y lo que se puede hacer con los atributos que nos fueron dados. Aprendamos a “desarmar” nuestro ego y nuestro tonto orgullo, a acercarnos aceptando cada pedazo de nuestra singularidad y observemos cómo se unen nuestras diferencias en un todo perfecto.

Ahora, todo arde en Estados Unidos; es difícil escuchar un mensaje delicado de amor entre aparadores rotos y gritos llenos de alegría. Pero, si no lo escuchamos, la ola pasará y todo volverá a tener un aire de normalidad, aunque el odio no desaparecerá. Volverá a atacar con más ferocidad porque no lo sanamos; no atendimos el odio que lo alimenta.

Tal vez cuando nos encontremos, de nuevo, en una guerra civil, la angustia nos abrirá los oídos y el corazón, para escuchar el mensaje. Quizá, entonces aceptaremos que ser diferentes es una bendición, cuando queremos unirnos en amor y maldecir el odio en nuestro corazón.

No puedes entrar en el mismo río dos veces

Medium publicó mi nuevo artículo «No puedes entrar en el mismo río dos veces«

La nueva realidad será un mundo diferente, donde la mala voluntad y el maltrato a los demás se volverán despreciables, y la humanidad abandonará el ego de una vez por todas.

Podemos sentirnos aliviados porque la economía se está reabriendo y  salimos del encierro, pero como dijo Heráclito, “No se puede entrar en el mismo río dos veces”. Nuestro estilo de vida anterior al coronavirus no volverá. Estamos en una nueva era y mientras más rápido y más conscientes nos adentremos en ella, más fácil será la transición. Mientras más nos resistamos a la transformación, más traumática será.

La COVID-19 nos trajo a una nueva realidad. Es la primera vez que realmente vemos que la humanidad es una entidad cuyas partes son interdependientes. También es la primera vez que nos damos cuenta de que, pensar en nosotros mismos es inútil, pues otros pueden infectarnos sin importar lo cuidadosos que seamos. Esta pandemia fue la primera lección de responsabilidad mutua que nos dio el coronavirus y es una de muchas otras por venir.

“La sociedad apreciará más a los que promueven el bienestar general, todos se valorarán de acuerdo con su contribución social”.

Ahora que aprendimos que somos responsables unos de otros, gradualmente aprenderemos lo que eso significa, en cada aspecto de nuestra vida. Al principio, es posible que deseemos regresar a la vida anterior, de excesivo consumo y cuidar nuestro derecho, pero eso dará como resultado el regreso del virus o sus “sucesores”. Ya somos conscientes de que nuestro maltrato al medio ambiente nos infligió esta amenaza, por eso, a medida que sufrimos, más y más golpes recibiremos de la naturaleza como “represalia”, entonces aceptaremos que ya no podemos vivir como lo hicimos antes.

Al dejar el capitalismo desenfrenado y la competencia despiadada, inevitablemente habrá altas tasas de desempleo. En ese punto, el virus (o sus implicaciones) enseñan otra lección: las autoridades cuidarán que cada persona obtenga un ingreso básico que le proporcione lo esencial: alimento, ropa, atención médica, vivienda y educación.

A medida que más y más trabajos se automaticen, el nivel de desempleo aumentará y obligará a las autoridades a repensar sus prioridades. La provisión de ingresos básicos mantendrá a la gente en el nivel físico, pero su ociosidad y falta de desafíos afectará su salud mental y la volverá apática e ingobernable.

Aquí es donde entrará en juego la siguiente lección del coronavirus. Para hacer frente a la creciente apatía, las autoridades se verán obligadas a condicionar la recepción del ingreso básico, a la participación en cursos y capacitación. Aquí iniciará la transición real de la sociedad hacia la nueva era.

Los entrenamientos y cursos se enfocarán en dos categorías: tecnología y sociedad. Los cursos de tecnología dotarán a la gente de las habilidades profesionales requeridas en una era donde los trabajos cambian rápidamente y se evaporan aún más rápidamente. La habilidad de aprendizaje deberá perfeccionarse para que puedan ser flexibles y estar abiertas a los cambios.

La formación más complicada será la social. Primero, la gente aprenderá que el mundo es un sistema integral cuyas partes están interconectadas y son interdependientes.

La gente se siente bien cuando puede vivir de acuerdo con sus valores, la capacitación se centrará en los méritos de los que contribuyen con la colectividad. Gradualmente, se dejará de percibir el éxito como obtener posesiones y se percibirá como el avance de  todo el grupo. Pues la sociedad apreciará más a los que promueven el bienestar general, todos se valorarán de acuerdo con su contribución. Así, se percibirán como parte del cuerpo común de la colectividad y funcionarán en armonía con él.

Una vez que hayamos procesado totalmente estas lecciones, ya no nos maltrataremos entre nosotros ni a la naturaleza. La cosmovisión se volverá expansiva y plena, y se comprenderá la realidad desde el punto de vista de todos y de todo el planeta, nuestro hogar común. La actitud de la gente entre sí y hacia la naturaleza cambiará de negativa a positiva. Así como antes fue natural preocuparnos por nosotros mismos, ahora será natural preocuparnos por los demás. Y dado que todos actuarán igual, la nueva realidad será un mundo diferente, donde la mala voluntad y el maltrato a los demás se volverán despreciables, y la humanidad abandonará el ego de una vez por todas

“Cómo los cambios en el lugar de trabajo cambiarán nuestras relaciones”

Medium publicó mi nuevo artículo   “Como los cambios en el lugar cambiarán nuestras relaciones”

La vida no será la misma después de la pandemia de coronavirus.  Eso es una atenuación, pero ¿cómo podría el proceso de curación mejorar nuestras relaciones interpersonales y nuestras perspectivas de la vida?  Trabajar desde casa, estar físicamente separado de otros compañeros de trabajo, pero pasar más tiempo con la familia nos ha obligado a reevaluar nuestras metas personales en general.  Podemos salir de las crisis más fuertes si re-evaluamos nuestras prioridades y nos damos cuenta de los beneficios potenciales de la nueva realidad.

En la era previa al coronavirus, en promedio, un trabajador estadounidense viaja a diario al menos 54 minutos al día, según la Oficina del Censo de los EE. UU.  El bloqueo del coronavirus cambió las reglas del juego y envió a millones de personas a trabajar desde casa y pasar menos tiempo al volante y más tiempo para redescubrir a la familia.  Hemos llegado a conocer a nuestras familias de una manera diferente de lo que solíamos y nos ha transformado desde adentro.

A medida que re-abremos la economía, cada uno de nosotros traerá el equipaje familiar absorbido por el trabajo en el hogar al lugar de trabajo, y continuaremos sintiéndonos conectados con las personas más cercanas a ellos.  De vuelta en sus trabajos, más allá de su necesidad de ganarse la vida, las personas sentirán que les falta la conexión interna entre ellos.

Otros tendrán que resolver las cosas de manera diferente.  30 millones de estadounidenses han perdido sus empleos desde mediados de marzo debido a la crisis COVID-19.  Una solución a esta complicada situación exigirá un plan nacional para evaluar qué industrias y ocupaciones son esenciales para el bienestar común.  Ahora necesitamos restaurar la producción y distribución de una manera que proporcione a la humanidad los productos y servicios necesarios, pero sin un consumo excesivo, que destruyó casi por completo el mundo.

Dicho plan requerirá establecer un valor especial para que los programas de desarrollo coloquen la conexión humana en la cima.  ¿Por qué es obligatorio este cambio de prioridades?  La respuesta es simple: nunca hemos sido tan derrotados al poner la perfección, el conocimiento, la fuerza, el poder y la influencia en un pedestal.  En nuestra arrogancia, nos consideramos la fuerza suprema de la naturaleza.  Hoy, hemos sido testigos de lo rápido y fácil que puede desmoronarse el mundo aparentemente seguro que habíamos construido.

Por lo tanto, el objetivo de nuestro tiempo es introducir un signo de interrogación en las personas sobre sus vidas, el mundo y, en general, hacia dónde se dirige la humanidad.

¿Ahora que?

El problema de la humanidad ahora radica en darse cuenta de que la única salida correcta de la crisis es transformar las relaciones humanas de egoístas a altruistas.  Regresar a las relaciones comerciales sin corregir las relaciones humanas conducirá a una crisis mayor porque aún no hemos solucionado la raíz de nuestros problemas.

Necesitamos un plan global para que la sociedad humana se recupere del egoísmo.  Por primera vez en la historia, la humanidad se está dando cuenta de lo que pensamos que sabíamos pero que nunca entendimos: el mundo es global e interdependiente;  Es nuestro hogar común.

Comenzaremos a evaluar nuestras vidas como «antes» y «después» de la pandemia.  Este período crítico que enfrentamos sella la historia del desarrollo egoísta de la humanidad y muestra que cualquier sistema basado en nuestro egoísmo producirá resultados negativos.  Por lo tanto, lo que necesitamos corregir no es el sistema en sí, sino nuestra naturaleza egoísta.

Como impacto directo de la crisis, el mundo se está moviendo hacia sentirse más conectado y unificado.  Un problema común que afecta a todos acerca a las personas.  Dejan de pensar en guerras, conflictos entre países, explotaciones de corporaciones y odio a otras personas;  el objetivo principal es sobrevivir al enemigo común.  No debemos esperar a que otra ola de COVID-19 nos haga reaccionar de esta manera y aprender solo a través del sufrimiento.  El sentimiento de hermandad y unidad debe prevalecer si realmente queremos prosperar y lograr una vida más plena.

No esperes volver

Dejaremos la cuarentena y entraremos en un mundo nuevo con una economía diferente, diferentes prioridades y perspectivas, con otras limitaciones y oportunidades. Mientras mejor lo comprendamos ahora, más fácil será adaptarnos.

A pesar del drama que los medios aman tanto, cuando expertos apropiados y personas sobrias reflexionan sobre la etapa actual de desarrollo, no lamentan el pasado y encaran el futuro con esperanza.

El denominador común es innegable: el progreso científico y tecnológico que conocemos, se desaceleró hace mucho tiempo y puso al mundo ante amenazas globales, que son sus efectos secundarios e integrales. En pocas palabras, en el camino anterior, nos destruimos desperdiciando recursos sin piedad e inculcando el paradigma de la degradación del consumidor en la mente de la gente.

Denny Dorling, columnista de The Guardian, cree que el coronavirus se volvió una alarma de emergencia, el botón de freno de emergencia que ayudará a la humanidad a despertar y pasar a otra pista. Es hora de romper el estupor.

Nos dijeron que íbamos a un mundo brillante, ilustrado, culto y civilizado, pero al mismo tiempo, éramos conducidos a la oscura realidad de corporaciones internacionales, al capital internacional, trabajo interminable, desempleo desesperado, constantes crisis ambientales y un embotamiento total

Sin embargo, las tendencias se desmoronan, lo queramos o no. El futuro llama a la puerta y no será nada como en el pasado. Si lo rechazamos e ignoramos, el mundo corre el riesgo de caer en una turbulencia, en comparación con la que el coronavirus parecerá un juego de niños. Por eso, es necesario responder a esta llamada de alarma ahora mismo.

Según la sabiduría de la Cabalá, cada nueva etapa incluye cinco pasos. Primero nace, luego aparece realmente, luego comenzamos a prestarle atención, luego nos resistimos a los cambios que enfrentamos y finalmente aceptamos por falta de otra salida.

En este algoritmo de maduración, el coronavirus en sí no será un desencadenante decisivo. Hasta cierto punto, nos aleja de lo viejo, aunque no nos permite acostumbrarnos a lo nuevo y hasta ahora no se revela ni se aclara en nuestra mente.

Sin embargo, el proceso inició y con el tiempo, pensamos que podríamos olvidarlo como una pesadilla, pero no funcionará. Luego pensaremos en cómo construir nuestra vida futura e inevitablemente tendremos que flotar sobre la niebla.

La esencia de la situación actual es que requiere cambio en las relaciones socio económicas y adoptar un nuevo enfoque para asignar el presupuesto. Desde 2008, quedó claro que, en tiempo de crisis, se le dará a la gente una vida digna.

Ahora lo comprendemos: la vida no sólo debe ser tolerable, en general, se debe tener cierto nivel económico y un significado, integral y mutuamente enriquecedor a nivel humano

A esto nos lleva el período de aislamiento y el mundo no puede esperar el final. Ahora, con desesperanza, nos privamos de nuestras alegrías anteriores, porque entendemos que somos responsables unos de otros. ¡Somos responsables incluso sin el virus!

Esta es la lección clave, ¡y no te la debes perder! El contorno de una sociedad futura emerge y es más uniforme, solidario e interconectados; todo necesita ser reestructurado gradualmente: escuelas, profesiones, sistemas y puntos de vista.

Al principio, parecerá artificial, crudo y extraño. ¿Qué puedes hacer? Aún se deben usar zapatos, cultivar fruta, educar a los niños. Pero esto permitirá que el mundo ingrese a una era inevitable y nueva, sin excesos causados ​​por su rechazo total.

Y aquí, nosotros, el pueblo de Israel, debemos desempeñar una misión decisiva. ¿Por qué? Porque siempre estamos abiertos a lo nuevo. No sólo lo aceptamos, lo acercamos y le damos forma. Sorprendentemente, dos opuestos viven en nosotros: un compromiso firme con nuestros fundamentos originales y una disposición fantástica para el cambio, adaptabilidad sin precedentes, búsqueda eterna e impulso eterno.

Desafortunadamente, no queremos entendernos a nosotros mismos ni de dónde viene ni qué significa. Pero el tiempo no espera; demuestra claramente al mundo que esas cualidades nuestras se están volviendo críticamente importantes. Podemos entender y aceptar lo nuevo al dar un buen ejemplo a todos.

Pero, mientras estamos en cuarentena, otras naciones del mundo nos odian cada vez más. No reconocen las verdaderas causas del odio, pero sienten que las estamos perjudicando. Hoy, por supuesto, estamos acusados ​​de esta pandemia y, al mismo tiempo, esperan vacunas de nosotros.

En realidad, todo el mundo espera de los judíos, cura de su dolencia principal: su ego. Y mientras no lo entendamos, el antisemitismo florecerá. Pues, está impregnado de humanidad desde que los judíos se convirtieron en nación al pie del monte Sinaí.

Por eso, sólo una cosa nos ayudará, a nosotros y al mundo: que Israel despierte de la hibernación. Es otra lección del coronavirus. No importa si lo ignoramos, no ayudará. Aún esperan nuestra ayuda, incluso si somos estigmatizados y acusados ​​de pecados totalmente delirantes.

¿Qué podemos darle al mundo? ¿qué aceptará de nosotros con sincera gratitud y reconocerá que es «pago de deudas»?

Comunicación. Podemos darle al mundo una conexión humana que resuelva todos los problemas. Podemos formar una sociedad que cumpla con el desafío del tiempo.

En nuestro siglo, en forma peyorativa se le llama «socialismo», yo no le temo a esta palabra. Sí, el socialismo es también nuestra descendencia. Y aunque en él se encuentra la ignominia del experimento soviético, es sólo que no debes tomar una fruta inmadura, es imposible imponer por fuerza relaciones para las que ni la gente las circunstancias están maduras.

Esto lo describió mejor Mark Golansky, doctor en economía, que en 1987 habló del colapso inminente de la URSS como si lo hubiera visto con sus propios ojos: «El tiempo del capitalismo», escribió, «es el período moderno de desarrollo, el tiempo del socialismo es el futuro período de madurez. Estos dos sistemas son en realidad dos etapas sucesivas de la existencia de la humanidad y es mejor que no se crucen en el tiempo.

“El capitalismo no será apto para una sociedad madura. Para mantener el nivel de vida alcanzado, la sociedad necesita un sistema más resistente a la agitación ambiental y menos sensible a la rentabilidad. Esa conclusión inequívocamente guía a pronósticos que dicen en el momento de la transformación del capitalismo en socialismo, es un nivel tan alto de integración del sistema capitalista mundial que se convierte en uno e indivisible”.

Nos acercamos a este hito. El coronavirus, de hecho, es parte del problema ambiental que enfrenta la humanidad.

Cabalá agrega otra capa que lo une todo: hoy, nos enfrentamos, no con la naturaleza, sino con nosotros mismos. La naturaleza no es espontánea, es nuestra madre y siempre nos ayuda con nuestro nivel de desarrollo. Hoy, la presión sobre la naturaleza es causada porque llegó el momento de crecer y cambiar. El mundo está casi maduro ¿quién ayudará a entender lo que sucede si no somos nosotros?
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